Ha decidido dormirse. No le gusta el mundo que los adultos han creado para ella. Esperará hasta que lo piensen todo de nuevo y pueda despertar a jugar segura.

Daria, 7 años. Captura del cortometraje documental «La vida me supera» (Netflix, 2019).

«Hecha un ovillo / en cajones de tiza / la niña sueña», escribe Sandra De la Torre Guarderas en Anhelo de alas rojas (El Naranjo, 2022, México) un poemario inspirado en el llamado «Síndrome de resignación» que sufren cientos de niñas y niños «durmientes», pidiendo asilo, con sus familias, en Suecia, y que han tenido que dejar sus países por la violencia extrema que les rodea.

En «Aurora y Amada», un cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (1711-1780), la joven Aurora, de 16 años de edad, se queda dormida en el bosque mientras descansa, en un paseo, o quizá para evadirse del rechazo que vive en casa porque cuando despierta se da cuenta que, en efecto, ha sido abandonada allí por su cuidador:

Era casi de noche, se levantó e intentó salir del bosque; pero en lugar de encontrar su camino, se extravió aún más. Por fin, vio a lo lejos una luz y tras dirigirse hacia ella, encontró una casita. Aurora llamó a la puerta; una pastora le abrió y le preguntó qué quería.

—Mi buena señora le dijo Aurora—, le ruego por caridad que me permita dormir en su casa, pues si permanezco en el bosque, seré devorada por los lobos.

Otra vez: un lugar donde dormir lejos de los lobos. Y quedarse durmiendo para no ver la orfandad o al ogro.

En 2017, Magnus Wennman tomó una fotografía de las hermanas Ibadeta (17 años) y Djeneta (16 años) en un hospital en Suecia que lo hizo ganar un premio del controversial World Press Photo. Parece que duermen, pero se podría decir más bien que hibernan, mejor eso que regresar a Kosovo, de donde huyeron para salvarse. Su caso se narra en el documental, de 2020, Wake up on Mars (no pude encontrar ninguna actualización para saber si ya despertaron) y otros más, de distintxs niñxs, en La vida me supera, de 2019.

Las hermanas Ibadeta y Djeneta. Foto de Magnus Wennman.

Los padres de Ibadeta y Djeneta las cuidan mientras el gobierno sueco decide si les concede o no el asilo.

¿Qué traes ahí?, me preguntaron. / Les dije: ¿no saben que los niños guardamos / en la mochila anhelos de alas rojas? / Vine a Suecia para pedir algo que / llaman refugio. No es una cosa / que le den a todos. Si te llega una carta / con un NO, podrías quedarte dormido / y no despertar en años. Dijo el médico / que esa enfermedad sucede cuando / en la mochila no queda ni un solo pájaro. 

Es la voz de Natalija, la niña que narra en Anhelo de alas rojas una historia en verso que termina abruptamente, sin que despierte su amigo Pavlusha y con su propio futuro suspendido en el aire de un quizás. De vuelo, sólo la expresión de un deseo: «Oh, Rey de Suecia / ordena que despierten / las tiernas alas». 

En otros poemarios protagonizados por niñas las alas sí crecen. Dialogan con el verso de «Canción sin miedo» de Vivir Quintana: «Nos sembraron miedo, nos crecieron alas». Son niñas y mujeres que acuerpan sus deseos con pluma de pájaro y voz de poema. 

En la imprescindible Escalera al cielo de Andrés Acosta (SM, 2015, México), todavía una de las pocas novelas cortas en verso publicadas en México para niñxs, un padre narra el nacimiento y transformación de su hija en un pájaro libre que encuentra su lugar en el mundo:

«Asomados a la ventana te miramos caer al vacío / unos segundos, para luego desplegar las alas y elevarte / volando; remontar con suavidad el aire y adentrarte / en el cielo nocturno, cada vez más lejos, aleteando, / aleteando…».

Parece la misma niña que, al crecer, se libera de la fortaleza normada en Mujer pájara de Ethel Batista y David Álvarez (FCE, 2021, México). También una relectura de los cuentos de hadas en que las princesas esperan un beso o un salto para despertar. «Un día / la gata salta / y derriba la jaula». Entonces «La mujer pájara / danza en el vacío». Querrán encerrarla de nuevo pero la mujer pájara ha venido anticipando este movimiento y no dejará pasar la oportunidad de escapar, despertar, renacer, aunque sea a través de una poderosa elaboración fantástica, como las protagonistas de la reciente película «Ellas hablan» de Sarah Polley.

Pero la Mujer pájara no ha sido la única que se ha transformado. La narración gráfica de David Álvarez indica que un soldado también ha seguido su vuelo, con lo que amplía la subversión. 

Volverse ave será un encantamiento en pareja en la muy delicada y notable versión de El lago de los cisnes de Ernesto Rodríguez Abad, ilustrada por Gabriel Pacheco (Diego Pun Ediciones, 2022, Islas Canarias). Despertar allí será sentirse amado, recuperar la forma humana:

Una mano se dibujó entre las plumas. / De un ala se formó el brazo, / unos labios del hiriente pico, / una pierna envuelta en plumas…

En La durmiente de María Teresa Andruetto (Alfaguara, 2010, Argentina), reescritura de «La bella durmiente del bosque», la princesa decide, como lxs ninxs hibernando en Suecia, cerrar los ojos a una realidad injusta. En este caso para no ser cómplice del reino corrompido de sus padres. «Pero porque el príncipe no llegaba / o por no ver lo que sucedía en el reino, la princesa siguió durmiendo». Y más adelante: 

Hasta que el pueblo hizo sonar trompetas. Y tambores. / Y arcabuces. / Y cañones. 

La despierta una revolución.

Y otra revolución interior y exterior propone Enmirlada de Blanca Hernández Rojas y Beatrice Steele (Libros del Pez Espiral, 2022, Chile). Niña-mirlo que protesta, como la niña-loba de Martha Riva Palacio en Lunática (FCE, 2015, México), con trino, en vez de aullido, contra las voces adultas que intentan cortarle las alas: «Por qué pones esa cara / si las niñas bonitas cautivan», «Es de mala educación / al menos inténtalo / ¡mira como todos se han dado cuenta!», «No te quejes tanto», «Qué lindas tacitas te han regalado / qué hermoso delantal te han zurcido». 

«Ya te están preparando», dice, cómplice, la niña-mirlo, que también nombra la renuncia a esos roles: «Sales corriendo y trinando / hacia ese árbol que te llama». 

Porque esta niña-mirlo habla con una voz lírica que se desdobla, que corta el aire para rebelarse colectivamente. La voz en los poemas de Blanca Hernández quiere ser coro, convoca a una bandada de niñas todo el tiempo, busca su complicidad para emprender un vuelo conjunto: «Con aspaviento y alharaca / agitas tus alas / negro espejeante / no necesitas el reflejo del agua / tus plumas bastan».

Unimos nuestras manos / en una ronda agitada y sonora // Risas de mirlo brillante. // Ya es la hora de partir a las casas / pero nuestras manos se aferran / no ceden ante la llamada de la puerta / se metamorfosean en cientos de pájaros. 

Son todos libros que conversan entre sí y con otros como La chica pájaro de Paula Bombara o Pluma de ganso de Nilma Lacerda y dan vuelo a muchas conversaciones.

Y es precisamente Blanca Hernández Rojas la experta invitada que generosamente comparte el siguiente artículo en el que trenza otros tres poemarios protagonizados por niñas (al que podría sumarse su propia voz enmirlada) para pensar en las formas en que, desde la poesía, es posible redibujar infancias femeninas:

Los espejos de Anaclara de Mercedes Calvo y Fernando Vilela, que revisita el motivo fantástico clásico de «el espejo», ese objeto mágico, para reflejar un inesperado mundo interior; Arroz con leche, de Natalí Tentori e Elizabeth Builes, que igual que ese otro Arroz con leche, ilustrado por Paula Ortiz, cuestiona el disciplinamiento que evoca la canción infantil; y Fieras de Gabriela Paz que usa otra metáfora animal recurrente, en el poema de cierre, para provocar un rugido contra «las creencias patriarcales», escribe Blanca, quien también habilita una ampliación de su pregunta: «¿Qué es ser niño? Sería interesante ver en un nuevo título cómo se derriban aquellos límites en la relación hombre-mujer, padre-hija, niño-niña, vínculos que necesitan reinventarse en la literatura infantil y juvenil».

¿Qué otros poemarios podrían sumar ustedes que se inscriban en las observaciones de Blanca Hernández? Como ella nos sugiere al final de su texto seguro que hay muchos más.

Me siento muy agradecido con Blanca por su escucha y voluntad de diálogo, por su mirada crítica e investigativa que profundiza en una cuestión que algunxs investigadorxs habíamos señalado como tendencia (el protagonismo femenino en la LIJ actual) y por sus ganas de hacer comunidad lectora, cualidad que también despliega en el proyecto La otra LIJ. 

Había decidido dormirse y soñar otro mundo a su modo, otro modo, otro orden, otra lógica, otras palabras.

«Mamá, ¿estaba dormida?», pregunta Daria en el documental «La vida me supera». «Sí eras una princesa durmiente, pero ahora estás despierta y todo estará bien», le responde su mamá. Luego vemos a Daria jugando de nuevo. Aurora, una de las hermanas del cuento de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont, es adoptada por aquella pastora que le abre la puerta. Ella le enseña que la lectura es uno de los secretos para no sentirse sola nunca.

Adolfo Córdova

 

Infancias femeninas dibujadas en el poema

por Blanca Hernández Rojas*

 

Desde fuera

Leer poesía infantil, disfrutarla, estudiarla y teorizarla son verbos en sí problemáticos. Pareciera que la poesía es un terreno árido, del que se espera obtener grandes verdades y respuestas, como si cada verso estuviese encriptado y solo algunas personas lograran, cual Edipo ante la Esfinge, descubrir el acertijo.

Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez (2016) señalan cinco prejuicios que enfrenta la poesía: la caricatura que se ha creado del poeta-artista lleno de aspavientos; la creencia de que el terreno de la poesía es solo de mujeres o de voces afeminadas; la forma en que se aborda el género en la escuela, buscándole razones a cada uno de los versos; el elitismo al que se le asocia; y la convicción de que el gusto por la poesía es maniqueísta y dicotómico, “me gusta” o “no me gusta”, como si la poesía fuese un único bloque macizo.

La claridad y la oscuridad, concepciones cuestionables a la hora de pensar en poesía apta para la niñez, deberían eliminarse para dejar de juzgar como adultos lo que necesitan comprender o no las-os niñas-os.

Se trata, sí, de «nadar en aguas inquietas», como indica Cecilia Bajour (2019), y no estáticas. La poesía puede abrirse y adaptarse a distintos temas, estructuras y formas: “Todo puede ser tematizado en la poesía. También en la poesía infantil que sólo tiene que tener cuidado de no caer en el infantilismo poético, en el achicamiento de temas y lenguajes”, sigue Bajour. Esta es, justamente, una de las advertencias necesarias para no reducir la poesía infantil a rimas caprichosas o a una función moralizadora.

A la poesía no solo se le teme —ya lo planteó así el título de Marcela Labraña (et al.) en ¿Quién le teme a la poesía? (2019)— sino que, además, existe poca teoría al alcance de cualquiera que quisiera estudiarla más allá de una investigación pedagógica.

El título de este artículo se inspira en el estudio de Felipe Munita: “El niño dibujado en el verso: aproximaciones a la nueva poesía infantil en la lengua española” (2013). En este contexto particular pretendo analizar una muestra de tres poemarios escritos por poetas mujeres del Cono Sur que responden a una tendencia creciente en los últimos trece años, aproximadamente, sobre el agenciamiento de la niña como sujeto lírico, cuyo mundo interior se destaca por su profundidad. Y a Adolfo Córdova en Dentro de una nuez: Tres reflejos de la poesía del trienio (2013-2016) y una pregunta” (2019) reconoce una constante de niñas protagonistas y construcciones de infancias solitarias, caracterizadas por “viajes simbólicos” y “pasajes afectivos complejos y ricos”.

Por lo tanto, siguiendo aquella constante, como una nuez misteriosa que debe seguir mirándose desde el corazón hasta la cáscara, me propongo conversar con esa investigación hacia el sujeto de enunciación femenino en la poesía infantojuvenil actual, particularmente escrito por poetas mujeres, con el propósito de valorar críticamente los imaginarios de las niñas en el verso desde un enfoque de género. Me interesa fijar la mirada específicamente en la poesía, pues ya existe una vasta investigación sobre identidad y género en la narrativa infantojuvenil.

A continuación, menciono sólo algunos de los tantos títulos que resultan aportes significativos a la hora de examinar, principalmente, narraciones: The feminine subject in children’s literature (children’s literature and culture) de Christine Wilkie-Stibbs (2002), “Princesitas con tatuaje: las nuevas caras del sexismo en la ficción juvenil” de Teresa Colomer e Isabel Olid (2009), “Entre chicos y chicas. La fuerza de los estereotipos. La nueva «chick lit» para adolescentes” de Isabel Olid (2009), La construcción del género en la literatura infantil y juvenil de Graciela Perriconi (2015) y “El problema de las narrativas de empoderamiento para niñas” de Macarena García González (2021).

Algunas tesis que se extraen de los textos mencionados apuntan al peligro que subyace en los estereotipos de los roles de sexo-género, por ejemplo, en las formas de mostrar al padre y a la madre, quienes fácilmente se perfilan en los binarismos patriarcales, con referentes masculinos independientes y fuertes, que se caracterizan por sus profesiones diversas y en espacios públicos, siendo fuentes de inspiración y amor platónico para sus hijas o, por el contrario, sujetos ausentes del rol paterno e, incluso, tiranos absolutos. En definitiva, representaciones dicotómicas de la paternidad.

En cuanto a las madres, es habitual encontrar personajes construidos al interior del hogar o con profesiones vinculadas al cuidado; mujeres dóciles o enemigas de las hijas. Por otro lado, es común hallar protagonistas niñas o adolescentes que buscan patrones masculinos al momento de rebelarse o bien se enmarcan en características tradicionalmente femeninas con un paradigma maternal como un destino de la mujer, teniendo objetivos amorosos y desconfianza hacia las amistades que puedan acechar al novio, que, muchas veces, es el chico popular con una belleza hegemónica.

Esta lectura crítica entrega pistas reveladoras para analizar los repertorios narrativos en función del estudio de sexo-género. Sin embargo, considero que en poesía también sería interesante revisar los imaginarios y las figuras construidas tras el hablante o voz lírica, pues, de esta manera, podemos observar cómo se representan las infancias, qué agenciamiento tiene la niña y el niño, de qué manera se construyen y si acaso existen problemáticas peligrosas que perpetúan los estereotipos ya mencionados.

 

Hacia adentro

Ya centrándonos en la figura del sujeto lírico, ha existido una variante entre un hablante externo, algunas veces similar a un narrador omnisciente, que enuncia y narra, y un yo poético con actitud carmínica (una voz en primera persona que revela sus emociones) desde la voz de un-a niño-a. Esto se conjuga con el tipo de mundo que se presenta, que puede ser factual o abstracto, para sumirse en la interioridad del hablante.

Lo anterior es trascendente para comprender una tendencia en la poesía infantil y juvenil contemporánea en el rol protagónico de niñas y su construcción a partir de la visualización de mundos interiores, infancias solitarias, independientes y curiosas.

Algunos ejemplos son Los espejos de Anaclara (Mercedes Calvo, ilustraciones de Fernando Vilela; 2009), El vuelo de Luci (Gerardo Villanueva, ilustraciones de Estrada Ixchel, 2012), Lunática (Martha Riva Palacio, ilustraciones de Mercè López, 2015), Diente de León (María Baranda, ilustraciones de Isidro R. Esquivel, 2012), El idioma secreto (María José Ferrada, ilustraciones de Zuzanna Celej, 2012), Donde nace la noche (Laura Forchetti, ilustraciones de María Elina, 2014), Escalera al cielo (Andrés Acosta, ilustraciones de Richard Zela, 2015), Ema y el silencio (Laura Escudero, ilustraciones de Roger Icaza,  2015), Arroz con leche (Natalí Tentori, iustraciones de Elizabeth Builes, 2017) y, un caso interesante de revisar, Fieras (Gabriela Paz, 2018), cuya temática aborda la femineidad y el cuerpo. Estos y otros títulos reivindican a la poesía infanto-juvenil desde un espacio en el que la rima, la ronda y el folclore no son sus únicas características.

¿Será que poemarios como los mencionados anteriormente necesitan de una métrica, ritmo y sonoridad diferentes a la clásica y tradicional rima consonante?  ¿Sus protagonistas niñas escapan de ciertas restricciones del verso para hallar la libertad condicional como diría María Teresa Andruetto o la sencillez de diamante referida por Cecilia Bajour?

En estas obras nos encontramos con niñas aladas o metamorfoseadas; niñas críticas de los binarismos patriarcales; niñas reflexivas y en construcción, que, lejos de entregar mensajes de empoderamientos problemáticos, conforman múltiples y complejas formas de abordar el género.

Como ha mencionado Macarena García González (2021), los imaginarios de mujeres y niñas en la literatura infantil y juvenil han sido examinados en su profundidad, no obstante, y, atendiendo a la preocupación de la investigadora chilena, antes de concluir si un texto es feminista o no, es necesario prestar atención a las maneras en que la literatura visibiliza y/o problematiza las normas patriarcales de acuerdo a las interpretaciones que podamos hacer del texto más allá de la autoría. En ese sentido, el análisis que se pretende hacer a continuación se enfocará en los discursos propios que puedan extraerse de los sujetos líricos, aquellas voces que aluden a construcciones de infancias femeninas que sí dan espacios para pensar el género fuera de patrones maniqueístas, a través de tres miradas hacia subjetividades otras.

El breve itinerario anterior introduce el análisis que se pretende hacer a tres títulos de poetas —y no poetisas, pues no necesitan diferenciación, se es poeta o no— del Cono Sur, contemporáneas, que destacan por mostrar la otredad en sus voces poéticas, por su perspectiva de género y por salirse de la poesía infantil tradicional mencionada previamente. Asimismo, cada uno de los poemarios se estudiará a partir de algunos de los niveles de análisis que propone Felipe Munita (2019). En cuanto a lo formal: estructura del libro y del poema; y, respecto de la enunciación: el sujeto, mundo y modo.

 

Buscando a la otra niña

Los espejos de Anaclara.
Mercedes Calvo.
Ilustraciones de Fernando Vilela.

Espejo, espejito

Espejo, espejito
yo no quiero saber quién es más bella.
Sólo dime tres cosas
espejito:
quién soy
quién fui
quién seré.

 

Me encierro en mi cuarto

Me encierro en mi cuarto
busco en el espejo
sé que estoy oculta
dentro de mi cuerpo.

Miro por la puerta
de mi ojo izquierdo
y veo un camino
que lleva muy lejos.

Duerme en los relojes
prisionero el tiempo.
Desfleca la noche
los dedos del viento.

Cuando en la mañana
ría el limonero
me traerá mi madre
su cesta de besos.

Yo no diré nada.
Guardaré el secreto.
¡No sabrá que anduve
dentro del espejo!

Detrás de estos ojos
¿hay otros ojos?

 

Me preguntó mi nombre

Me preguntó mi nombre
la lluvia clara
yo le dije paloma
de la mañana.

Me preguntó mi casa
dónde quedaba
yo le dije en el viento
entre las ramas.

Me preguntó mi vuelo
quién lo guiaba
yo le dije los pinos
de la montaña.

Me preguntó quién era
la voz de mi alma.
No supe contestarle.
Quedé callada.

 

 

La obra que abre esta selección corresponde a Los espejos de Anaclara, ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía para Niños 2008, de la poeta y mediadora cultural Mercedes Calvo, quien ha dedicado su estudio a la escuela y las maneras diversas de llevar la poesía al aula por medio de experiencias personales, lúdicas y ajenas al análisis métrico tradicional. Me parece interesante subrayar que este es uno de los pocos libros de poesía para niñas y niños que conozco de una autora uruguaya, lo que no resulta extraño si se amplía al campo de la LIJ uruguaya, cargada aún por las sombras de la censura editorial (Magdalena Helguera, 2016, citada por Anahí Troncoso, 2022). Consecuentemente con la producción tardía y desconocida, el desarrollo de los movimientos feministas y el ingreso a las universidades por parte de las mujeres fue más lento que en los países vecinos.

Los espejos de Anaclara se configura como una suerte de supranarración, aun cuando algunos poemas son autoconclusivos, pero teniendo como motor a la niña que se dibuja en los versos, una sujeta lírica protagonista y autónoma de sus propios pensamientos que le permiten preguntarse por la realidad y la otredad, aquello que está detrás del espejo, o sea, lo que no alcanzamos a ver. Con una rima cadenciosa, los versos se aceleran entre una estrofa y otra para mostrarnos las inquietudes de Anaclara, una voz que se cuestiona el lugar donde se encuentra, pues sueña que está en otra parte y se oculta:  “El viento me dice un nombre/ el nombre me trae un sueño/ sueño que me pone alas/ alas que me llevan lejos. / Vuelan juntas, esta noche/ mis alas y las del viento”.

Los versos de Mercedes Calvo juegan con los mensajes a través de palabras invertidas cual espejos, discutiendo lo que es verdadero y lo que no, mirando las sombras desde una contemplación propia que evoca a la infancia, pero lejos de esa mirada inocente y sin opinión. La niña presente en el poemario se sumerge en su mundo interior, en aquella subjetividad que necesita para comprender a la otra niña que está a través del espejo y de la sombra, un sujeto que se construye en el lenguaje y que permite una lectura que inquieta al/la lector/a.

 

Genealogía de identidades diversas

Arroz con leche.
Natalí Tentori.
Ilustraciones de Elizabeth Builes.

Lavar

Esa mujer y su hija han sacado
ollas, frascos, tazas y tachitos,
y en el jardín esperan
tomadas de la mano
que la lluvia haga espuma
los cabellos de la niña,
sapos corran por el pasto,
pájaros hundan el pico,
encuentren lombrices embarradas.
Desde adentro de alguna habitación
alguien les grita: ¿qué hacen allá?
¡La casa es un desorden!
Y una que espera a la lluvia
responde:
¡Cosas importantes!
Dice esa última <<tes>>
y la primera gota
moja su nariz.

 

Tejer

Se sientan en un círculo
unas mujeres
y tejen
sueños, bufandas,
mantas, caminos posibles.
Prenden velas
con el aroma del bosque
sueltan sus cabellos
a los cuatro vientos
apoyan las manos en el pasto
beben de un mismo cuenco
agua fresca.
Detrás de ellas, sentadas,
sus sombras
se ponen de pie.
Son siluetas de niñas
tomadas de las manos
jugando a la ronda.

 

Natalí Tentori realiza una apuesta por una identidad más colectiva. En Arroz con lecheganadora del Premio de Poesía para Niños y Niñas, Ciudad de Orihuela (2016), el yo poético resulta de una conexión entre mujeres que se unen desde su genealogía. Generaciones de abuelas, madres e hijas que aprenden juntas las labores tradicionalmente asignadas como barrer, hilar, lavar, criticando la visión patriarcal de aquellos roles de sexo-género impuestos en función del hogar: “Desde adentro de alguna habitación/ alguien les grita: ¿qué hacen allá? / ¡La casa es un desorden! / Y una que espera a la lluvia / responde: / ¡Cosas importantes!” (2017).

Los sujetos femeninos de estos poemas son conscientes y valoran lo que significa trenzar, descansar, jugar o cantar, como actos heredados de sus genealogías. Otros infinitivos que unen a bisabuelas, abuelas y nietas en espacios íntimos y colectivos llenos de recuerdos de vida, unión con la naturaleza y trabajos sacrificados, relevando el acto de cansarse y llorar, ya sea por deporte o por carencias: “Se sientan en círculo / unas mujeres / y tejen / sueños, bufandas, / mantas, caminos posibles.”.

En palabras de Laura Scarano: “La experiencia del lenguaje no puede ser sino ‘intersubjetiva’ y abre el texto a su naturaleza dialógica con la noción de sujetos pluralizados en la escritura” (1997). Lejos de entregar mensajes, Natalí Tentori apuesta por construir subjetividades diversas, aunque en comunión y complicidad: “Una anciana viaja / medio día en burro / a visitar a su amiga / de sorpresa. / Cuando llega, / la otra está esperando el mate calentito, / tortas fritas recién hechas. / Se ven y estalla una risa de tormenta”.

El colectivo de sujetos se construye también con los sujetos que leen, en mi caso, con una lectora que busca las distintas representaciones de las subjetividades femeninas en la poesía para infancia.

Hasta el momento las dos obras analizadas permiten considerar la importancia de las identidades que se construyen en los versos: las voces y cuerpos que habitan en ellos.

A diferencia de la obra uruguaya, Arroz con leche se caracteriza por sus poemas autoconclusivos, cada uno con un verbo en infinitivo, integrados por versos de diferente extensión y una métrica más libre. Destacan las estrofas narrativas que saltan de un yo poético a un símil de narrador omnisciente, cuya mirada hacia el mundo de las mujeres que aparecen genera una lectura nostálgica del encuentro maternal y sororo. Así se observa en el epílogo del libro que alude a Otro arroz con leche, una reescritura crítica de la tradicional ronda, que circuló en 2015 a propósito de la jornada #NIUNAMENOS en Argentina:

Arroz con leche
yo quiero encontrar
a una compañera
que quiera soñar

que crea en sí misma
y salga a luchar
por conquistar sus sueños
de más libertad.

 

Al rescate de los lugares convencionalmente masculinos 

Fieras.
Poemas e ilustraciones de Gabriela Paz.

Eres una niña

Dime tú
¿Qué miras cuando observas
O te ven?
¿Eres una niña?
No me nombres partes
del cuerpo.
Cuéntame
tus ideas qué formas tienen
de qué color son tus preguntas
cómo corres cuando giras, caminas, trepas,
saltas, gritas o cantas, susurras o bailas.
Eres una niña
¿Qué es una niña?
No me nombres partes del cuerpo.

 

Eres somos

¿Como una flor o como un bosque?
¿Cómo un matorral o la nube?
¿Cómo selva sureña o pampa del norte?
¿Tamarugal o zarzamora?

Eres
laguna o mar, salar
fiordo, continente, isla
arena o piedrita girando
huracana o camanchaca
brizna o vendaval.

Eres
geografía tendida en alma
surcada con vapor de estela
que en cada respiración
gobierna
el propio territorio.

 

Finalmente, el tercer poemario seleccionado pertenece a Gabriela Paz, una joven escritora chilena, quien, casi a pura autoedición, publica su texto e ilustraciones: narración en verso libre sobre los espacios que han tenido que reconquistar los cuerpos femeninos representados en niñas.

Fieras (2018) da inicio con una historia sobre el origen de todo el universo para hablarle directamente a esa lectora que resulta ser la especie-maga de toda la creación, y, por ende, de “un labrado extraordinario”. Desde ahí comienza este viaje que recorre distintos itinerarios de diversas protagonistas, renunciando a esencialismos y despojando el carácter único de ser niña.

Niñas pájaros, valientes, ágiles y libres son algunos de los imaginarios que tienen cabida en el poemario Fieras de Gabriela Paz, quien habilita un espacio necesario para cuestionar el rol que se les ha dado a las niñas en la sociedad con breves narraciones que se pueden leer en clave poética.

Es interesante revisar cómo se muestra la figura de la mujer, de la niña y de la madre en este poemario. En “Mamá quiero ser sirena”, la hija escucha a su madre, quien le abre el horizonte de sus deseos, porque ser sirena es un lindo sueño, mas no es suficiente: “Pero las sirenas hija mía / se quedan / claustradas en la finitud del coral / y tu designio de sirena mi niña / siempre fue / dejar el mar / marinera de la ancha costa / infinita magistral.”

La diferencia y el vínculo intrínseco con la naturaleza, son solo una parte de lo que podría definir a las distintas niñas: “Eres / laguna o mar, salar / fiordo, continente, isla / arena o piedrita girando / huracana o camanchaca / brizna o vendaval”,  pues, también, se observan niñas que se destacan en áreas científicas, matemáticas y deportistas, libres de poder elegir caminos sin limitaciones de sexo-género.

El último título homónimo corona el libro con una protagonista llamada Libertad, cuyo enfrentamiento a las creencias patriarcales la llevan a encontrar en la animalidad humana su posibilidad de ser una fiera como las Leonas, Tigresas y Panteras. Todas con mayúscula.

 

Fieras

En la escuela hoy Libertad aprendió sobre las fieras
conoció Leonas, Tigresas y Panteras.
Libertad sintió cierta envidia de las bestias,
Según sabía y le habían contado, en sus largos cortos años
al ser una niña no podía ser
ni tan feroz, ni tan libre, ni tan inquieta
Libertad estaba profundamente MOLESTA.
Pero poco le duró porque lo que más le asombró
fue cuando su maestra
le dijo:
“Humanos y humanas también son animales de la naturaleza”
y que la única diferencia sería que piensan
“Cómo no lo supe antes” – Pensó Libertad.
Dio un bronco hasta el techo y gritó
¡SOY UNA FIERA!
¡Qué revelación
más genial!
y
se le erizó la piel
y
encendieron todas las hebras
del pensamiento.

El protagonismo femenino es tal que no hay hombres, ni hijos ni padres ni novios en ningún poema, lo que no resta implicancia para un niño que lea la obra y pueda realizarse la misma pregunta: ¿qué es ser niño? Sería interesante ver en un nuevo título cómo se derriban aquellos límites en la relación hombre-mujer, padre-hija, niño-niña, vínculos que necesitan reinventarse en la literatura infantil y juvenil.

 

Colofón

Cada una de estas voces son sujetos con género (Patricia Violi, 1991), que se presentan como niñas con identidades diversas, ricas y misteriosas. Aportan una mirada genuina que no busca un reflejo masculino; entregan múltiples representaciones sin trampas estereotipadas, por el contrario, ofrecen experiencias distintas de lectura que abogan por la reescritura de un discurso social que delimita su lugar de enunciación.

Cada una de sus subjetividades poéticas se manifiesta en términos sociales, culturales y políticos, posicionándose desde una vereda de sexo-género, lejana a una visión biologista y universal de lo que implica ser Niña. Las obras presentes se destacan por una compleja configuración de mundos interiores y subjetivos, de representaciones varias de aquellas heroínas solitarias que buscan más que explicarse, dibujarse y desdibujarse en el verso.

Los poemas incluidos en este artículo constituyen una selección de textos representativos de los planteamientos abordados: la otredad, característica en los versos de Mercedes Calvo; la ronda, que resignifica los lugares privados asignados culturalmente a las genealogías de mujeres en los poemas de Natalí Tentori; y, por último, las niñas diversas y genuinas, valientes e inquietas de Gabriela Paz. Todos estos sujetos líricos dan cuenta de niñas que construyen su infancia y subjetividad, algunas desde espacios solitarios y otras en colectividad. Tres muestras que nos invitan a seguir leyendo y buscando más infancias femeninas dibujadas en el poema.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

OBRAS LITERARIAS

Acosta, A. (2015). Escalera al cielo. Ilustr. Richard Zela. Ciudad de México: SM.

Baranda, M. (2012). Diente de León. Ilustr. Isidro R. Esquivel. México D.F: Ediciones del Naranjo.

Calvo, M. (2015). Los espejos de Anaclara. Ilustr. Fernando Villela. México: FCE.

Escudero, L. (2016). Ema y el silencio. Ilustr. Roger Icaza. Ciudad de México: FCE.

Ferrada, M. J. (2013). El idioma secreto. Ilustr. Zuzanna Celej. Pontevedra: Kalandraka.

Forchetti, L. Donde nace la noche (2014). Ilustr. María Elina. Pontevedra: Kalandraka.

Palacio Obón, M. R. (2015). Lunática. Ilustr. Mercè López. México D.F: FCE.

Paz, G. (2018). Fieras. Santiago: Editorial Signo.

Tentori, N. (2016) Arroz con leche. Ilustr. Elizabeth Builes Pontevedra: Kalandraka.

Villanueva, G. (2012). El vuelo de Luci (cuaderno de tareas). Ilustr. Estrada Ixchel. México D.F: FCE.

 

OBRAS DE CONSULTA

Andruetto, M. T. (2009). Hacia una literatura sin adjetivos. Córdoba: Comunicarte.

Andricaín, S. y Rodríguez, A. (2016). Escuela y poesía ¿Y qué hago con el poema? Madrid: Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha.

Bajour, C. (2019). “Nadar en aguas inquietas: una aproximación a la poesía infantil de hoy (1998-2011)”. En Córdova, A. (Coord.). Renovar el asombro: Un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español (pp. 47-72). Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha.

Carrasco, G., Cussen, F., Labraña, M., Urzúa, M., Salinas, M. (2019). ¿Quién le teme a la poesía?  Santiago: Laurel.

Colomer, T., & Olid, I. (2009). “Princesitas con tatuaje: las nuevas caras del sexismo en la ficción juvenil”. Textos de Didáctica de la Lengua y la Literatura, 51, 55-67.

Córdova. A. (2019). “Dentro de una nuez: Tres reflejos de la poesía del trienio (2013-2016) y una pregunta”. En Córdova, A. (Coord.). Renovar el asombro: Un panorama de la poesía infantil y juvenil contemporánea en español (pp. 73-102). Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha.

García González, M. (2021).  “El problema de las narrativas de empoderamiento para niñas”. En Enseñando a sentir. Repertorios éticos en la ficción infantil. (pp. 105-123). Santiago: Ediciones Metales pesados.

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Perriconi, G. (2015) La construcción del género en la literatura infantil y juvenil. Buenos Aires: Lugar Editorial.

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Troncoso, A. (2022). “Memorias de niñas: Narrativas del secreto en la literatura para infancia del Cono Sur”. En Salomone, A. Memorias culturales y urgencias del presente. Prácticas estético-políticas en Chile, Argentina, Uruguay y Colombia. (pp. 107-131). Buenos Aires: Ediciones Corregidor.

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*Blanca Hernández Rojas (Santiago, Chile).

Autora de Enmirlada (2022), álbum lírico en la colección Joya (LIJ) de la editorial Pez Espiral. Es Master en Libros (UAB), Magíster en Didáctica de la Lengua y la Literatura (UMCE), Licenciada en Pedagogía de Lengua Castellana y Comunicación (UDP) y Licenciada en Literatura Creativa (UDP). Actualmente, es docente e investigadora en áreas de didáctica, mediación lectora y evaluación en la Universidad Diego Portales. Además, es docente en el Diplomado en Literatura infantil y juvenil (USACH). Es parte de La Otra LIJ, espacio de investigación y divulgación sobre literatura infantil y juvenil.

 

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Entrada No. 235
Autor de la intro: Adolfo Córdova. Autora del texto invitado: Blanca Hernández Rojas.
Ilustración de portada de Elizabeth Builes para Arroz con leche.
Fecha original de publicación: 11 de abril de 2023.

 

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