Cuando tenía cinco años mi abuelo me regaló mi primer libro: «Gatos, perros y caballos». Un tomo de la enciclopedia Mis primeros conocimientos (Grolier Incorporated, 1961) que todavía tengo. Lo conservo como un tesoro porque entonces yo no sabía leer, pero, al regalármelo, mi abuelo me estaba diciendo que confiaba en que algún día podría hacerlo y, mientras tanto, ya encontraría yo otras formas de leerlo y disfrutarlo. Y así fue. Me gustaba leer las ilustraciones, acariciar y oler las páginas e imaginar historias. Si hasta pude reconocer en versión dibujo a nuestra perrita Mimí, una cocker negra. ¡Ahí estaba! Igualita.

Cuando empecé a preparar esta entrada sobre libros de perros me di cuenta que pasó el tiempo y nunca leí los textos de aquel libro. ¿Puede ser que uno de los libros más significativos en mi vida haya sido uno que no leí? «Gatos, perros y caballos» se quedó en mi memoria como un símbolo del amor de mi abuelo más allá de lo que hubiera podido aprender sobre esos animales. ¿No nos pasa esto con muchos libros? Algunos parecen más pretexto que texto para quedarse en el mundo. Sus efectos pueden trascender su contenido.

¿Te has puesto a pensar cuánto reinventamos cada objeto -sus funciones, propósito, vida útil- al relacionamos con él? ¿Y cómo cambia (¿¡o no!?) esa relación cuando ese otro es una persona? ¿Cómo conviven en nuestra mente y cuerpo (lo que pensamos y hacemos) personas y objetos? ¿Será que el tomo de «Gatos, perros y caballos» sigue cerca de mí porque representa a mi abuelo (¿mi abuelo es el libro?)? ¿Muchos objetos son guardianes de memorias? ¿Todos los libros son eso? ¿Podemos llegar a amar a un libro más que un humano? ¿Serán formas de amor distintas…? Bueno esto ya parece una serie de preguntas de Wonder Ponder, ¿y los perros? Volvamos a la marcha.

La entrega del libro ocurrió una tarde en que mi abuelo le dio a mi hermano mayor la enciclopedia completa de «Mis primeros conocimientos». Yo quedé excluido del ritual porque no sabía leer, así que me fui a contar hormigas bajo un árbol de mango. De pronto, en mi campo de visión, apareció un libro rojo con la cara de un gato, un perro y un caballo. Sentí que mi abuelo me había leído la mente porque yo deseaba que algo así ocurriera. Su intuición acertaba, además, en el tema de la colección que quizá más cercanía tenía con el mundo de niños y niñas.

Más allá de esta historia, «Gatos, perros y caballos» también se quedó conmigo porque era un objeto bello, que me cautivaba.

Y vaya que hay libros que se quedan con nosotros por cómo dicen lo que dicen, además de cómo nos conectan con los otros. Los 20 que elegí aquí (de 15 editoriales distintas), por ejemplo, algunos ya clásicos, otros más recientes, para grandes y pequeños, me han acompañado de manera especial. Siempre hubo perros en mi primer hogar, pero desde que me fui de allí, a los 17 años, no he vuelto a vivir de manera prolongada con ninguno. Y es algo que extraño, por eso me gusta tanto leer historias de perros. ¡Hay tantas! Y tantos escritores y escritoras que aman a los perros, como a los gatos, a quienes dediqué la entrada pasada.

Il. de Ramón Paris para Un perro en casa.

Quizá el libro que sirve como puente entre las dos entregas sea Ladridos y conjuros de Verónica Murguía (por eso titulé así esta entrada). En esa increíble novela se nota la devoción que tiene Verónica por perros, gatos y libros. La compartimos.

Perros y gatos son esos otros grandes héroes de la pandemia. Consiente ahora a los perros leyéndoles un rato o, mejor para ellos, llevándolos a un parque y dejándolos ser. Por cierto, ¿crees que los humanos del futuro nos verán como bárbaros por llevarlos de aquí para allá con una correa al cuello?, siempre me lo he preguntado. Como viste, los perros me generan muchas preguntas. Que disfruten las que les despierten estas lecturas caninas.

Il. Santiago Solís para Discurso de José Revueltas a los perros en el Parque Hundido.

1. Perro azul

Nadja. Corimbo, 1999. España.

Fue publicado hace más de 20 años, así que ya van varios niños, niñas y jóvenes que lo leen y aman, y que abrazan muy fuerte a Perro Azul, igual que la niña protagonista de la historia. Y quizá varias generaciones de niños, niñas y jóvenes que se hicieron adultos y lo leyeron con otros niños, niñas y jóvenes para compartir esa sensación de seguridad que nos inspira este noble can. Cuando Carlota se pierda en el bosque buscando fresas silvestres, será él quien la salve de la pantera o Espíritu del Bosque que ha venido a comérsela, será Perro Azul quien la regrese sana y salva a casa y se quede a protegerla. «Estaré siempre a tu lado», le dice. Y nosotros volvemos siempre a leerlo.

 

 

2. Un perro en casa

Daniel Nesquens y Ramón París. Ekaré, 2012. España/Venezuela.

«–Sorpresa –dijo papá al entrar en casa. Todos asomamos la cabeza y vimos algo parecido a un perro. Tenía de todo: cuatro patas, dos orejas, un rabo… era un perro». ¿Un perro? Sí, pero esa no es la única sorpresa, ni la mayor. Un libro veloz como la especie de galgo dibujado en sus páginas que, así como llega, se va, ¿cómo? Podríamos decir que imagen y texto dan forma a una microficción ilustrada o a un perro inventado, fantástico e inolvidable.

 

3. Arrullo de perro 

Cinthia López. Ilustraciones de Michelle Veloz. Alas y Raíces, 2020. México. DESCARGA GRATUITA.

Vas a disfrutar especialmente este poemario leído en voz alta o ladrado a todo pulmón. Una verdadera celebración de la vida de los perros con sus muchas manifestaciones de afecto y facetas, incluida la de desear ser gato «¡tan vago!». Otro escritor que amaba a los animales, Isaac Bashevis Singer, tiene un cuento llamado «El perro que se creía gato y el gato que se creía perro» en el que cuenta la historia de una familia humilde que no contaba con un espejo en casa y que tenía un perro y un gato que nunca habían visto a otro de su especie ni su reflejo en ningún sitio y creían que eran lo mismo. El poema «Érase que se es un gato y un perro» en este libro me lo recordó (dicen que los buenos libros te hacen pensar en otros libros). Aquí seguirás leyendo del deseo de ser perro y tener cuatro parras o de que tu perro nunca se vaya, y hasta jugarás «gato ¿o perro?». Una y otra vez, arrullado y despierto.

 

4. Quiere a ese perro

Sharon Creech. Ilustraciones de Alejandro Magallanes. FCE, 2004. México.

Un diario escrito en verso que narra la historia de algo perdido y algo ganado, con muchos poemas en medio. Un niño escribe, primero un poco en contra de su voluntad, luego ya sin que se lo pidan. Menciona un «coche azul», la maestra le pregunta por qué, pero, ¿por qué explicarle?, ¿y por qué escribir de una mascota que ya no tiene?, pregunta el niño. Igual escribe, escribe poemas y lee poemas, y luego escribe qué le parecen los poemas que leyó, y se emociona con la posibilidad de que un poeta visite su escuela y lea los poemas que él y otros compañeros han escrito… En particular ese en el que recuerda a su perro: «Ama a ese perro», «ese desgreñado peludo sonriente perro Sky», que una tarde muy triste, por un coche azul, «cerró los ojos y nunca más los volvió a abrir». 

 

5. Perro zombi

Antonio Ramos Revillas. Ilustraciones de Paula Ventimiglia. Edelvives, 2018. México.

«De cierta manera, pensó Mene, el perro zombi era bonito: sus largas orejas sucias, el hocico reseco, la nariz agrietada y aquella lengua realmente verdosa. Después se fijó bien en las patas delanteras; sí, se veían como si hubieran sido desenterradas después de mucho tiempo, entre descarnadas y polvorientas. Apenas sostenían al perro, que no le quitaba los ojos de encima». Un día Mene «acude al llamado» de un cartel con faltas de ortografía (su obsesión es corregirlas) que promete de regalo un perro zombi. No será exactamente el terror de la cuadra, aunque su peste y aspecto ahuyente a todos. Tampoco encontrarás difícil quererlo, igual que Mene. El triunfo será llevarlo a donde pertenece y despedirte de él. Aunque a este cuento entrañable de repente se le salte un ojo (hay algunas contradicciones), te hará reír y querer llamar «Zombi» al perro más próximo o al próximo perro que llegue a tu vida.

 

6. Bigudí

Delphine Perret y Sébastien Mourrain. Limonero, 2016. Argentina. 

La simpática Bigudí lleva una ajetreada vida con su querido perro Alfonso. Juntos van a tomar el desayuno al bar de Luigi, se ponen guapos en la peluquería de Orlando, pasean en el parque, se prueban zapatos, comparten la comida, van a clases de cerámica, se ejercitan en el gimnasio, juegan a las cartas en casa de Beatriz y miran las estrellas desde su ventana en el piso 156 antes de irse a dormir. Pero un día Alfonso, ya entrado en años, da su último suspiro. ¿Cómo hará Bigudí para sobreponerse? La acompañamos en su dolor en este conmovedor sobre el adiós a esos compañeros tan fieles.

 

 

 

 

7. ¡Dídola Pídola Pon! o La vida debe ofrecer algo más

Maurice Sendak. Kalandraka, 2018. España.

Algunos pocos personajes no emprenden ese famoso «viaje del héroe» porque les falte algo, sino precisamente porque lo tienen todo. A veces, como el consentido de Buck, en El llamado de lo salvaje, el narrador es quien le impone el viaje e inventa un secuestro. Otras veces, es el propio personaje quien decide irse.

Antes de partir, una planta en la ventana le recuerda a la perrita de esta historia, Jennie, que lo tiene todo: «Dos almohadones, dos cuencos, un jersey rojo de lana, gotas para los ojos, gotas para los oídos, dos clases de píldoras, un termómetro y encima él te quiere». «Eso es cierto», responde Jennie. «Entonces, ¿por qué te vas?», insiste la planta. «Porque (…) estoy insatisfecha. Quiero algo que no tengo. La vida ¡tiene que ofrecer algo más que tenerlo todo!».

Y allá se va en una travesía surreal, o sería más preciso decir, en una comilona interminable en la que conocerá a un cerdo, un gato lechero, una doncella, una Nena inapetente, un león y un fresno hasta encontrar su función en el Teatro Mundial de Mamá Oca.

Esta historia de Maurice Sendak también se diferencia del viaje clásico de un personaje en que no hay un regreso a casa. Recuerdo un hermoso cuento de Marina Colasanti que Panamericana publicó hace un par de años: Ofelia, la oveja, donde su protagonista, Ofelia, parte en busca de una nueva piel y, luego de sortear muchos peligros, vuelve al redil, pero ya no es la misma: «Seguía siendo tal vez una oveja sin mucha gracia, algo sucia como todas las demás. Pero había andado sola por el mundo. Y ahora, aunque oveja entre ovejas, era única…».  Jennie abandona su realidad de almohadones y medicinas para quedarse en el mundo fantástico. No vuelve. Cuando mucho le envía una carta, nada nostálgica y hasta un poco indiferente, a su antiguo amo.

Y ese amo era Sendak, que le dedicó este libro a su perra Jennie y a quien divertiría eso que a muchos de nosotros asombra y divierte que es el apetito inagotable de algunos perros. Si quieres saber más de la Jennie real y del libro, te recomiendo esta nota de nuestro blog amigo, que justo se llama «Dídola, Pídola, Pon» en honor a este libro extraño y maravilloso. 

 

8. Siwar, el jaguar guardián

Cristina Falcón Maldonado. Ilustraciones de Francesca Massai. FCE, 2020. México.

Te encariñarás con la voz de esta historia. La cuenta un perro callejero, igual que el de Elvis nunca se equivoca, y como él, terminará cerca de Sisa, una niña, guiado por Siwar, un admirable jaguar guardián. Tanto el perro como el jaguar disfrutan de la naturaleza, pero Siwar debe cuidar a Sisa. El perro no está seguro de poder ir detrás de un humano todo el día, ama su libertad. Aunque hay cielos llenos de estrellas que parecen disfrutarse más en compañía. ¿Lo querría a él Sisa? ¿Y quién es Siwar? ¿Los demás pueden verlo? ¿Por qué sabe tanto de la vida de Sisa? El cuento ilustrado también recuerda un poco al ya mencionado clásico: El llamado de lo salvaje, donde Buck, un perro de casa, termina encontrándose con sus ancestros los lobos, que le muestran otra forma de vivir. Eso hará igualmente este trío tan especial.

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9. Perros. De depredadores a protectores. 

Andy Hirsch. Oceáno, 2019. México.

Este libro cuenta la historia evolutiva del perro, sus cualidades y las claves para entender su comportamiento. Y lo hace de una manera tan ágil y precisa que te vendrá a la cabeza la imagen de un perro listo atrapando una pelota en un solo salto… como el de la portada. Ese es Rudy, nuestro guía en el fascinante mundo del Canis lupus familiaris, la especie más diversa, físicamente hablando, del mundo. ¿Cómo es que se convirtieron en «el mejor amigo del humano»? Al parecer, por pura supervivencia. «Patas veloces, buena nariz, muy sociable, gran cerebro», dice Rudy. Con esa buena nariz, nos dice, un perro puede distinguir entre dos gemelos idénticos solo por el olor o reconocer una manifestación de cáncer. «Los perros podemos detectar olores diluidos hasta una o dos partes por billón» y «aunque no podemos pronunciarlas hay perros que conocen cientos o miles de palabras».

Si ya amabas a los perros, ahora quizá te sume a una asociación para protegerlos o, si no te gustaban tanto y eras más «una persona de gatos», seguro darás tu primer ladrido.

 

10. Lo mejor de Mutts

Patrick McDonnell. Océano, 2018. España / México.

«Para los perros cada día es Navidad», dice Earl. Una biblioteca gatuna y perruna se completa con el gato Mooch y el perro Earl. Si aún no conoces a este par y a su pandilla, te recomiendo este libro en el que su autor recopila diez años de las mejores tiras cómicas de su universo tierno, sencillo, bello, consciente y hasta zen. Aquí, los comportamientos típicos de gatos y perros son motivo de risa y la observación de la naturaleza, los otros, el paisaje, el tiempo… amplía nuestras formas de ser y estar aquí. Mutts retoma esa máxima de «aprender de los perros y gatos», algo así como una filosofía que muestra que la vida puede ser mejor si se mira un poco como gato o perro.

 

11. Ladridos y conjuros

Verónica Murguía. Ilustraciones de Ixchel Estrada. Ediciones SM, 2005. México.

«Mago salió como un rayo de debajo del sillón. Se acercó a la mesa y, con mucha delicadeza, tomó el libro con los dientes. Lo tiró sobre la alfombra y comenzó a pasar las páginas con la lengua, deteniendo el libro con la pata derecha. Leía despacio, pero muy bien. Por fin, encontró el hechizo que estaba buscando: en la página diez el encabezado decía: ‘Hechizo para librarse de los enemigos’.

—Ahora sí Mino, te va a ir como en feria». 

Mino es un gato mágico, pariente del gato de Alicia en el país de las maravillas, aparece y desaparece a voluntad y le basta «mover un poquito los bigotes y tartamudear» para convertir a las moscas en dulces de chocolate o murmurar hechizos antirratas para mantener alejados a estos roedores del parque de San Lorenzo. Aunque, en esto último, ha estado flojeando y viendo telenovelas y las ratas, lideradas por Ratacuacha, han vuelto, y arman una elaborada intriga que podría desatar un enfrentamiento épico entre perros y gatos. El plan de Ratacuacha es recuperar el territorio del parque y luego invadir todo el barrio: «Dormiremos en las camas de la gente, entre ellos y sobre ellos, como hacen los perros y los gatos», anuncia furiosa, no sabe a quién detesta más si a los gatos «con sus hechizos y sus garras, o a los perros, veloces, dientones y serviciales». 

Mago y su jauría de perros amigos, Pancho, Lucas, Sami, Cholo y Bu, son todo eso y más, y sí, también son los primeros en convencerse de que la culpa de un reciente desastre en el parque es de los gatos. Pero Mago realiza un inesperado conjuro, que tiene la forma de un mono llamado Simbad, que les revelará, a Mino y a él, una verdad para ponerlos patas arriba. Eso y los consejos del sabio, extravagante y viejísimo gato Deuteronomio, que ama leer La gatomaquia de Lope de Vega, les darán la solución para librarse de las ratas y vivir entretenidos y en paz. 

Esta escritora, experta en magia que conmueve y sorprende como en Loba o Fuego verde, aquí demuestra, además, que es una maga del humor. Leerás Ladridos y conjuros con sonrisa de gato invisible y alegría de perro suelto en el parque.

 

12. Lucas, una aventura en cuatro patas

Rudy Terceros. Ilustraciones de Omar Condori. Loqueleo, 2018. Bolivia.

Encontrar un hogar, sentirse querido, tener una familia, tal vez sean maneras de nombrar un mismo deseo: el de no estar solos, el de construirnos en conjunto. Y esa es la búsqueda de muchos personajes en la literatura. Lucas, lo ejemplifica heroicamente. Un cachorro, abandonado por un comerciante que no consigue venderlo, viajará por distintas ciudades de Bolivia buscando su lugar. Conocerá a muchos otros personajes en el camino, algunos lo ayudarán, son especialmente inolvidables uno grupo de gatos, liderados por Grandhigrad, otros intentarán hacerle daño, pero él no desistirá en su deseo de ser nombrado y cobijado.

 

13. El perro de arena

Alejandra Estrada y Claudia Aguirre. Tragaluz, 2014. Colombia.

«¡Lo volví a ver! Su pelo es de arena, pero no se deshace al correr ni al jugar con los cangrejos. Su piel parece elástica, como si los granos se acomodaran al ritmo de su respiración. No sé si en la foto se ve bien; no quise asustarlo y por eso se quedó lejos, pero pude sentir su olor a sal y a conchas de mar, como el olor de la brisa…».

Clara le escribe cartas a su añorada prima María, ya quiere que ella venga a visitarla, ¿por qué tarda tanto?, ¿alcanzará a conocer al misterioso perro de arena?, ese que ladra, ¿o es el mar que ruge?, y que aúlla al mar, ¿o es chillido de gaviota? A Clara le parece ver tantas formas en la arena, incluso elefantes. Pero las fotos que toma con su nueva cámara son una prueba de que el perro existe, igual que el deseo de que su prima vuelva. ¿Existe? ¿Volverá?

 

14. La espera

Daniela Iride Murgia. FCE, 2016. México.

«¿Puedo tener un perrito?», una de las preguntas más recurrentes cuando somos niños. «Ya veremos…», también una de las respuestas más comunes. Y esa respuesta se mantiene mes a mes aunque vaya cambiando la forma en que el niño plantea la pregunta: «¡Diez en ciencias! ¡No pueden decir que no!», «Caminé en cuatro patas con el periódico en mi boca hacia el sofá donde estaban leyendo», «Lo llamaré Mancha, será peludo y muy suave…». Con cada negativa, se despliega un mundo lleno de otros compañeros de juego que pían como pollitos o se deslizan como serpientes. Pero la espera, un colorido desfile ilustrado, vale la pena.

 

15. Mi perro y yo 

Kaye Blegvard. Libros del Zorro Rojo, 2019. Argentina/España/México.

Este perro es indomable. Muerde a su dueña, ¡incluso ha intentado comérsela!, no la defiende si está en peligro y hasta destruye su trabajo. Pero ella está con él desde que nació, como si fuera su sombra, y ha aprendido a aceptarlo (no es la única con un demonio de perro). Eso ha mejorado la relación, cada vez pareciera calmarse con mayor facilidad. Así nos lo narra esta ingeniosa autora, con humor negro y algo de ternura. Sus palabras y dibujos despiertan compasión, pero también una extraña simpatía por el perro, por indomable.

 

16. Llegaron con el viento

Laura Santullo. Ilustraciones de Laura Catalán. Edelvives, 2016. México.

«—Si ven llegar a un perro rojo, ¿podrían darle agua? (…). Se llama Fuego y es mío —insistió—. Viene retrasado pero sé que va a llegar de un momento a otro.» La que habla es Tiana. Su familia y ella tuvieron que dejar Tierra Alta porque la sequía estaba matándolos. El padre de Tiana había decidido dejar al perro en el monte pues su raza es cazadora y no tendría problema para sobrevivir, pero Fuego dio con Tiana, allá abajo, en Bayadona. Ella tenía razón, sabía que vendría a buscarla y ahora debe mantenerlo oculto en una barranca porque su familia a duras penas ha conseguido para comer. La gente de Bayadona no los ha recibido bien. Sólo los hermanos Mateo y Tomás, con el apoyo de su abuelo, ayudan a Tiana y a Fuego. Ignoran que un peligro mayor los acecha allí también, y a todos por igual, baja por los ríos contaminados. Los nuevos amigos intentarán superarlo juntos. Esta novela te mantendrá muy intrigado leyendo y te hará pensar en las personas que deben dejar su hogar. Sobre esa situación que atraviesan tantos he reseñado muchos libros más aquí.

 

17. Discurso de José Revueltas a los perros en el Parque Hundido

Enrique González Rojo Arthur y Santiago Solís. Ideazapato, 2013. México.

«Compañeros canes: / Aprovecho esta concentración / para tomar por asalto la palabra / y decirles mi desdén, mi resistencia, mi furia / por la vida de perros / a que se les ha sometido / y que ustedes aceptan / sumisamente / con una larga, peluda y roñosa / cobardía entre las patas / (animación en el parque)», así comienza este divertido poema, inspirado en una historia real y que, aunque no fue escrito originalmente para niños, niñas o jóvenes, como suele ocurrir, podría interesarte mucho, y más así, acompañado de unas alocadas ilustraciones. El poema completo, la anécdota detrás del poema y algunas ilustraciones se pueden leer aquí.

 

 

18. Perro Dog

David Martín del Campo. Loqueleo, 2017. México.

Doce cuentos que muerden como esos perros feroces que no sueltan a su presa. Aunque sólo haya perros protagonistas en dos, ambos callejeros: uno que tiene muy mala suerte, y un final crudo e injusto, como de cuento de Juan Rulfo, y otro que parece reírse del que acaba de pisar su excremento y quizá nunca llegue a una cita importante. No nos sueltan hasta terminarlos igual que «Niño perdido», Coco-fizz», «Milagro en la Chontalpa». Todos los cuentos del volumen parecen escritos para dar lección de cómo escribir un cuento.

 

 

 

 

19. Miscelánea de invenciones breves

Alejandro Flores Ramírez. Proyecto Almendra/CCH/UNAM, 2016. México. DESCARGA GRATUITA.

Uno de estos cinco cuentos está narrado por un perro, pero no puedo decirte cuál porque te arruinaría la sorpresa. De hecho, cuando lo descubras compártelo con alguien más sin decirle nada. La sorpresa es grande porque el escritor elabora una voz con hondura psicológica, compleja y atormentada, más cercana a la de un personaje condenado de Edgar Allan Poe que a la que podríamos imaginar saliendo de la mente de un can. Pero el final no deja dudas y, en unas cuantas líneas y sin perder el tono, el autor toma todos los hilos de su relato, los amarra y aprieta fuerte, y a nosotros con su personaje. Sentimos que esa complejidad y profundidad que construye para reflejar la tristeza que experimenta el perro, le hace justicia a los perros de la vida real. ¿No es eso lo que logran las grandes narraciones? ¿Hacer hablar a las ficciones de lo que no alcanzamos a entender o describir en la realidad? Este libro lo consigue, y Alejandro Flores lo escribió cuando tenía 17 años. Seguramente no será la última vez que lo reseñe. 

 

 

20. Aventuras y desventuras de Casiperro del hambre

Graciela Montes. Colihue, 1995. Argentina.

«Me vio saltar confiado sobre el pollito elegido, que me miraba desde su gancho como diciéndome ‘soy tuyo’. Fue verme y correrme. Y agarrarme. Y apalearme y darme de patadas y pedradas y cachiporrazos, y hasta de cuchilladas creo, sino hubiese por fin logrado zafar de esa selva de patas envueltas en zapatos y correr desesperadamente hasta nuestro refugio en el terraplén, aterrado y maltrecho, a lamer heridas y frotar moretones».

Esta autora es más conocida por sus reflexiones sobre la lectura y la literatura infantil y juvenil, pero es una escritora de ficción extraordinaria. Este libro es una prueba. Impresiona la forma en la que escribe con tanta precisión y fluidez, como si estuviera transcribiendo el relato contado en voz alta por un perro. Tal es su maestría, porque, aunque ella nos lo haga dudar, no, los perros no hablan.

Casiperro la pasa mal pero no se pierde ninguna alegría, y vuelve a empezar cada vez con la misma determinación del día de su nacimiento, cuando descubre los malabares que habrá de inventarse para sobrevivir y saciar su hambre:

«Y ahí me di cuenta de que lo mejor que podía hacer era asociarme. De manera que me abrí camino como pude, me trepé con encima del Colita, corrí al Bigotes, que ya se había quedado dormido con la teta en la boca, y me ubiqué bien cerca del Tigre. El Tigre sí que estaba despierto, y chupaba. Chupaba con tanta fuerza y con tanto ruido que salían de mi madre chorros de leche tibia, tan gruesos y caudalosos que la boca no le daba abasto para tragarlos. Los dulces restos se le escurrían por el morro. Y ahí estaba yo, al lado de él, lamiéndole los pelos del morro, tratando de recoger esa delicia que él desperdiciaba, por nadar en la abundancia. Me fui alimentando de esa manera esforzada durante varios días. A la semana seguía teniendo yo unas patas frágiles y quebradizas, que apenas me sostenían el paso, pero mi ingenio, en cambio, se había robustecido mucho a fuerza de hambre…».

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Galería perruna

Otros libros (de) perros ya reseñados en el blogEl perro del peregrino, Elvis nunca se equivoca, Buenas noches, Laika, Lo que no sabe Pupeta, Antonia va al río, Martín y el rey del bosque, Mambrú perdió la guerra, La casa de los tres perros, y El llamado de lo salvaje. Completan la galería otros clásicos como Vida de perros, el primer libro de Isol, o Flush de Virginia Woolf, recomendaciones de los Guardabosques (Consejo Editorial Juvenil del blog) y otros títulos que he visto por ahí.

 

Entrada No. 220.

Autor: Adolfo Córdova.
Ilustración de portada: Il. Alejandro Magallanes para Quiere a ese perro.

Fecha original de publicación: 25 de agosto de 2021.

 

2 Comentarios »

  1. Querido Adolfo:

    (Me atrevo a llamarte así puesto que a pesar de que no te conozco más que por tus palabras en el blog -que es como conocerte en persona- siento por ti un cariño muy particular).

    Disculpa que escriba en esta entrada de perros, mi comentario sobre la entrada de los gatos. Conseguí, no me preguntes cómo, la versión impresa de “Dos pequeñas gatas japonesas” de Paula Bombara y Natalia Ninomiya, porque la edición está agotada. Me recordó tanto a mi yo de adolescente y me llevó a descubrir que mi yo adulto es ciego para muchas cosas y para otras tiene la intuición de colores de Brian. Mi ceguera, lejos de ser como la que proclama el Principito, que lleva a descubrir lo esencial con los ojos del alma, es más bien como la de los ciegos de Saramago que se encuentran imposibilitados para ver lo realmente importante. El texto me llevó a pensar que a medida que crecemos, a fuerza de obligarnos a no querer ver, nos volvemos ciegos. Cerramos los ojos a los niños en situaciones de calle, y dejamos de ver a todos los niños. No deseamos ver más a la persona que una vez amamos y no vemos en consecuencia, el amor que desfila ante nuestra mirada. Por miedo (u otras razones) no queremos ver al niño que fuimos y en consecuencia no vemos a los hombres que somos… entonces, al final, resultamos ciegos voluntarios.

    Te decía líneas arriba que las circunstancias que describe Paula me llevaron a mis tiempos de secundaria y primeros amores ¿Quién no recuerda su primer amor? ¿Esas cosquillas en la panza cuando sabes que verás a la persona que te gusta? ¿Ese escalofrío tibio cuando tomas entre tu mano la suya? ¿Ese tambor en el que se convierte el corazón cuando el momento del encuentro se acerca? Por cierto, muero por leer tu “Para la niña detrás del árbol”, (que también se encuentra agotado) seguro que igual es una delicia.

    Gracias por la recomendación. Leer sobre Brian, su familia, sus amores y sueños, fue como volver a abrir los ojos a algo que había permanecido oculto por miedo a que se revelara aquello que no me gusta. Ahora mismo me viene a la mente la imagen de la navaja que está a punto de cortar el ojo, en la película de Dalí y Buñuel. El significado para mi es semejante. Abrir los ojos duele, pero es necesario. Sin embargo, la forma de contar, de decir de Paula, lleva como como corolario que detrás del dolor esta lo hermoso del descubrimiento y yo me quedo con eso.

    Aprovecho que te escribo ahora, para decir que te dejé un comentario en la entrada “La ardilla que soñó y otros libros que dicen adiós” y que me temo, por el desfase entre la fecha de su publicación y en la que escribí, no hayas leído. Si puedes, hazlo.

    Me despido Adolfo, prometiendo revisar con detenimiento las recomendaciones perrunas que dejas en este post. Seguro encuentro algo que me sacuda otro sentido. Tal vez ahora el del humor, que mucha falta me hace.

    Con afecto.

    Pedro R.

    • Pedro querido, claro, el cariño es recíproco. Esta comunidad alrededor de Linternas y bosques me ha dado amistades como la tuya, construidas como en otros tiempos: mediante lectura y escritura pausada, pensada, sensible… casi epistolar, extensa. La he valorado y la valoro especialmente desde hace años y más ahora que la virtualidad te avisa los minutos que invertirás si lees un texto, como convenciéndote de robarle unos minutitos al tiempo en redes sociales, y en donde empieza a sentirse contracorriente publicar entradas largas frente a tanta cultura del tuit o videoreseñas de libros de un par de minutos (e igual hay videoreseñistas que me gustan mucho pero también se siente una saturación). Así que gracias por leerme y por tomarte un tiempo así de valioso para escribir tu respuesta.

      Muchas gracias por tu comentario sobre el libro de Paula. ¿Viste qué bello libro? Paula es experta construyendo personajes que te dan ganas de correr a abrazar. A mí me conmovió mucho. Como habrás leído aquí soy lector puntual de su obra. ¡Oye y qué maravilla que lo conseguiste! Ni yo que lo reseñé lo tengo, ¡leí una copia electrónica! Me encanta lo que dices desde tu experiencia de lectura y como te hizo reabrir ojos (que cada libro nos hiciera un poquito eso, ¿no?), muy bello e inspirador, y cómo demuestras, con tu comentario, que cada uno de estos libros solito podría detonar conversaciones muy largas. Es decir, me gusta que te concentraste en uno solo título. Yo para este tipo de entrada, como sabes, reduzco lo que cuento de cada libro para poder incluir muchos, pero comentarios como el tuyo extienden mi experiencia de lectura, la hacen más comunitaria. Muy buenos comentarios se quedan en las publicaciones de la entrada que hago en Facebook o Instagram, y está bien, esas son otras comunidades, pero me gustaría que hubiera más aquí, porque acá dialogan directamente «y para siempre» con la entrada. También reconozco que yo tardo mucho en contestar. No he visto el de La ardilla, por ejemplo, pero no es porque lo hayas publicado después, WordPress me avisa de cada comentario, sólo que luego no puedo darles seguimiento.

      Gracias por tu interés en Para la niña detrás del árbol, sí, es muy del estilo de «Dos pequeñas gatas japonesas», otra historia de amor, en este caso más autobiográfica. Es el proyecto más personal que haya escrito porque fue mi primer libro y escribí de lo que mejor conocía, jeje. Viejo truco. Se supone que saldría el año pasado con una nueva editorial (porque Pearson cerró ya su colección de literatura) pero se ha postergado todo por el COVID. Ojalá que para el próximo.

      Para el humor que pides te recomiendo en particular y ya quedándome en esta entrada y no en la de gatos: Ladridos y conjuros (una verdadera revelación que tenía pendiente desde hacía años), Lo mejor de Mutts, Perro zombi, Dídola, Pídola, Pon y, con tu dealer de libros argentinos, Casiperro del hambre.

      Te mando un abrazo grande, amigo querido y virtual.

      Adolfo

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