Los libros para niños, niñas y jóvenes como tú gozan de una incorregible gatomanía. Cierra los ojos y elige un libro al azar. ¡Te apuesto a que salta algún gato, aunque sea uno fugaz, entre sus páginas! Y si no, es que ya se fue.

¿Será que nos gusta leer gatos porque, misteriosos como son, funcionan de puente entre el mundo que conocemos y el que no? Y así, ¿resultan personajes perfectos para las ficciones? 

«…no puedo descifrar un gato…», escribió el poeta Pablo Neruda en su famosa «Oda al gato».

Domésticos pero salvajes, quizá también por eso causan fascinación. Como si su cercanía nos conectara a un pasado más libre e indomable. 

Ya desde los primeros cuentos escritos, junto a Caperucita, hubo un astuto gato que se calzó unas botas e hizo mil maravillas para ayudar a un humano. Y siguen (re)inventándose tantos que cada uno de los que seleccioné aquí lo publicó alguien diferente. ¿Será que exista editorial de literatura infantil y juvenil sin un gato de papel? (¡si hasta hay algunas que publican solo libros de gatos!). No creo, tampoco debe faltarle a ninguna un perro (de ellos, en otra entrada). ¿Será porque gatos y perros son más cercanos y cómplices de niños y niñas que muchos adultos?

Aquí vamos con los primeros. Acomódate con el gato que maúlle cerca de ti (o en tu mente) y léele estos u otros ronroneos. Ordenados de menor a mayor cantidad de horas de vuelo lector, desde bebés hasta jóvenes.

La preciosa gata de la foto es Tula. Es muy mimosa. Le gusta pasar tiempo en el cuello de su humano, Armando, y tomar siestas sobre libros (otro buen uso). Las fotos son capturas de pantalla de un video que le grabó su humana, Amanda.

Aunque nunca he vivido con gatos, me sumo a la pregunta por su enigma, pero esta entrada va dedicada a algunos de mis amigas y amigos más queridos que sí comparten su vida con ellos, y en especial a dos que hace poco tuvieron que despedirse de uno. Y si tú, niño, niña, joven o adulto que lees has tenido que pasar por una pena así también, quizá estos libros sean una forma de recordar y agradecer el tiempo que compartieron juntos. El novelista y poeta japonés, Natsume Soseki, escribió este haikú a manera de epitafio para su gato:

Yace aquí abajo
todo un atardecer,
con posible tormenta.

 

 

1. Niño gato agua pato

Ellen Duthie y Daniela Martagón. Wonder Ponder Mini, 2019. España.

Para un bebé o persona pequeña cerca de ti. Una representación teatral, tras la cortina de una bañera, para leer en voz alta y mover el cuerpo. ¿Y si se cambian todos de lugar cada vez que, «Niña, gato, agua, pato. ¡Cambio!», lo diga el libro? Terminarán bañados en el trabalenguas y trabaojos que proponen las autoras: de un lado, poema, y del otro, ilustración. ¿Quién cambió de lugar con quién? ¿El gato al agua? «¡Miaaauuu!» ¡No, por favor! ¿Y el libro…? ¿Resistirán la tentación de llevarlo a dar un verdadero chapuzón? ¿O de leer el otro libro de la serie Niño huevo perro hueso? Ese tampoco merece menos que un aplauso.

 


2.
Cosas de casa

Jairo Buitrago y Rael Yockteng. El Naranjo, 2020. México.

Hay entre las «cosas de casa» una puerta por la que entra el sol, una ventana en la que se posa un pájaro, una caja de juguetes o escondite de gato, una bañera con un bebé o un hermanito y un sillón donde se sienta una mujer silenciosa, la abuelita del niño que nos va guiando y contando los afectos que habitan en las cosas de casa. Y hasta los sueños viven aquí. 

 


3. Renata y su gato

Aline Pettersson y Manuel Monroy. Loqueleo, 2019. México.

Las mariposas bebiendo néctar, los pájaros alimentando a sus polluelos, los árboles contándose secretos, «todos parecen muy ocupados», se queja Renata. Pero no está sola, un gato es su gran compañero, aunque tampoco sabe qué hacer. «Quiero jugar con ustedes», pide Renata. Nadie le contesta. Así que su gato y ella se entretienen mirando cómo dibujan personajes las nubes, hasta que una gota los hace refugiarse dentro de su casa. El gato pega un brinco y desperdiga unas hojas de papel, y a Renata se le ocurre ponerse a dibujar igual que las nubes. ¡Ya está ocupada! El gato se acurruca cerca de ella y ronronea. Tú también querrás acurrucarte cerquita de este lindo libro.

 


4. La caracola de Damiana

Martha Ordaz y Catalina Carvajal. Pearson, 2015. México.

A Damiana le encanta caminar por la playa con Toña, su gata negra. En uno de sus recorridos descubren una hermosa caracola que las conduce a las profundidades de otro mar: uno en el que escuchan un coro de monstruos marinos, navegan en espuma de malvavisco en un barco de papel, mientras Toña intenta pescar; conducen un submarino de cuerda en donde se oye a los Beatles y Damiana se vuelve sirena. Parece increíble que una sencilla caracola pueda contener dentro tanta aventura. Igual que este libro. 

 


5. ¿Y tú, qué crees? 

Marta Comín. A buen paso, 2019. España.

Voy a arruinarte la sorpresa, perdón, pero te prometo que la disfrutarás igual: todo el cuento es narrado por un gato. Él es un atento observador del mundo en su casa, por eso nota muy bien que aquello que resulta un mal día para el niño, Guille, encerrado por la lluvia, es un día muy divertido para la perra, Lúa, que juega a mojarse. Cada página es un cambio de acciones y perspectivas. Cada cabeza es un mundo y este libro contiene muchos. El gato cree que es adorable, aunque arañe las cortinas, ¿tú, qué crees?

 


6. Tangram Gato

Maranke Rinck y Martijn van der Linden. Ediciones Ekaré, 2017. España/Venezuela.

Un cuadrado azul, grande y aburrido, se rompe en siete piezas con las que se anima la página blanca y el espacio en la mente de un niño. Con esas siete piezas, ¡tangram!, se pueden armar muchas formas y más si en ellas dibujas lo que sea que te imagines. Aquí, primero nace un gato y para el gato ¿una casa? ¿un pescado? ¿otro gato compañero? ¡Pero sale un perro! Luego un cocodrilo y hasta un dinosaurio y una bandada de pájaros coloridos. Ya verás que incluso tú cabes en este libro-juego que incluye las siete piezas del ¡tangram!

 


7. Desde la rama más alta

Alberto Pocasangre y Cecilia Rébora. Fondo Editorial Libros para Niños, 2017. Nicaragua. 

«¿Un gato? Sí, un gato. Un gato como todos los demás, con su cola fastidiosa que no para de moverse, sus bigotes largos como hilo de cometa y esa expresión de somnolencia que tienen todos los gatos de aquí hasta China». Y ese gato está subido en la rama más alta de un árbol. Desde allí mira a los niños y niñas que proponen mil maneras para ayudarlo a bajar. A los periodistas sólo les interesará hacer una nota para el noticiario nocturno y después de ellos, poco a poco, la gente volverá a sus casas. ¿Y el gato? ¿No querrá volver también para verse en la televisión?

 


8. El gato que buscaba un nombre

Fumiko Takeshita y Naoko Machida. Akal Infantil, 2020. México.

Escucha la voz: «Soy un gato sin nombre. Nadie me ha dado uno». Y el recuento de nombres vecinos: Leo y Harry; Pulga, «Ahora soy grande, pero de cachorro era muy pequeñito»; Fideo, el del restaurante de la esquina; Concha y Nata, las gatas de la panadería; Doña Moka o Panela, ella hasta tiene dos nombres; y Dharma, la gata del templo. Es Dharma quien le sugiere al gato sin nombre que busque uno él mismo. Ninguno le convence y se lamenta más cuando oye «Gordo», «Pelusa»: ¡incluso los perros tienen nombre! A él solo lo llaman «callejero», «mugriento», «loco», «¡fuera de aquí!», «¡largo!». Hasta que una tarde lluviosa… escucha… escucha la voz: una voz muy dulce y, al fin, su nombre. Creo que te enternecerán tanto este álbum y su protagonista que acariciarás las páginas como si fueran pelaje. 

 


9. El hombre de los gatos

Irene Latham, Karim Shamsi-Basha y Yuko Shimizu. Océano Travesía, 2021. México.

Alaa ama su ciudad, Alepo, una de las más antiguas del mundo. Y cuando la guerra llega, él no se va. Conduce una ambulancia entre escombros ayudando a la gente… pero también observa a los gatos abandonados. ¡Hay muchísimos! «Deambulan por edificios agrietados y merodean entre callejuelas llenas de basura, buscando comida», así que decide empezar a darles carne y agua. «Una docena se convierte en veinte, y veinte se vuelven cincuenta. Alaa ya no puede cuidar de los gatos él solo». Las donaciones llegan de distintos lugares gracias a las redes sociales. Y Alaa construye un refugio en el que también empieza a recibir otros animales y acondiciona un patio de juego para niños y niñas. La paz no ha regresado a Alepo pero la esperanza maúlla. Si gugleas el nombre completo de Alaa: Mohammad Alaa Aljaleel, te sorprenderás al ver cómo esta historia saltó de la realidad a un libro inspirador. 

 


10. El ratón que corre y pasa

José Manuel Mateo, Raúl Eduardo González, Ricardo Gutiérrez y Andrés Mario Ramírez Cuevas. Ideazapato/Conaculta/INBA, 2013. México.

«Estaba el gato sentado / en un banco de cocina / el ratón que va pasando / y el gato se le echa encima». En nuestra imaginación, y la imaginación que han alimentado las caricaturas (en papel y pantalla), no hay nadie más astuto que un gato… ¿no? Hasta que aparece un ratón. Y el de este cuento se la pasa muy bien escapando cada vez y tranquilamente mientras el gato hace corajes. El cuento en verso rimado está inspirado en una canción ranchera, así que no te extrañes si se te antoja bailar entre tanta corredera. También te recomiendo otro libro de esta misma editorial y con dos de estos mismos autores: En este cuento. Allí juegan perros y gatos en versos muy alocados y sonoros.

 

11. Dos pequeñas gatas japonesas

Paula Bombara. Ilustraciones de Natalia Ninomiya. Norma, 2019. Argentina.

«Una vez mamá nos contó un cuento que decía que cuando una familia decide vivir con un gato, tiene que acostumbrarse a que el gato será el rey. Yo hasta ahora nunca había tenido una mascota y de pronto tengo dos. Es rarísimo y es lindísimo». El origen de Brian es muy peculiar: nació en Argentina, con un hermano gemelo, de una mamá con ascendencia irlandesa y un papá con ascendencia japonesa. Su nombre significa «el fuerte» en celta y deberá abrazar ese significado pues, por un descuido médico, perdió la vista al nacer. A sus diez años, su vida da nuevos vuelcos: desde Japón llegan dos gatitas japonesas, Kara y Bree, que serán sus grandes aliadas para pasar más tiempo con Agus, la niña que le gusta: «Después de una tarde entera conversando con Agustina, el amor tiene su perfume y ocupa todo el aire que mis brazos abiertos pueden tocar cuando giro». Cuando habla de amor, Brian se expresa de una forma poética. De hecho, cada capítulo inicia con un haikú, así que hay poesía de principio a fin, y una manera de ver de Brian que extenderá la tuya.

 

12. Mina (o cómo vivir en un tejado sin usar sombrilla)

Armando Salgado y Ángel Pahuamba. Puertabierta Editores/Gobierno del Estado de Colima, 2016. México,

«La nieve es una gata albina que no puede estar quieta». «La arena / pertenece al gran gato amarillo: / el desierto». «Una espiral / es un / gato / enroscado / en el tronco / de un árbol: / sueña un árbol / enroscado / en el centro / de una espiral». «La luna / es un lunar blanco / en el pelaje de un / gato / negro». Pondrás ojos de gato cuando leas estos poemas salvajemente ilustrados. Entre gato y gato, Mina y Mino, los gatos que acompañan la voz del poeta que escribe, para quien todo siempre es culpa de las ratas y todos llevamos dentro algo de mininos. 

 

13. Panthera tigris

Sylvain Alzial y Hélène Rajcak. Alboroto Ediciones, 20219. 

Escribió el poeta Jairo Aníbal Niño que «el gato es una gota de tigre», así que no podía faltar en este recuento la historia de un tigre que fascinará a los gatos a tu alrededor. Un viejo explorador que sabía todo de todo descubre un día que no sabe nada de nada del tigre de Bengala y decide estudiar mucho y luego hacer un viaje para verlo de frente. Allí conocerá a un joven guía al que le presumirá todo lo que aprendió sobre el tigre (y de paso aprendemos nosotros también) sin prestar atención a una importante advertencia. Si, en efecto, notaste que a tu gato le encantan las historias de tigres escribí una entrada con un montón más aquí. 

 

 

14. El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya

T. S. Eliot. Ilustraciones de Edward Gorey. Nórdica Libros, 2017. España.

Este libro es un ejemplo más de literatura escrita pensando en niños y niñas. T. S. Eliot compuso estos alocados poemas, de gatos estrafalarios, en diversas cartas para sus ahijados en la década de 1930. Quería entretenerlos y compartir su gatomanía. Se publicaron como libro en 1939 y desde entonces han inspirado a ilustradores con mucho sentido del humor, como Edward Gorey, y hasta fueron el punto de partida de ese musical llamado Cats: «Los gatos melifluos de rostro agradable, / los gatos melifluos, de negra mirada, / les gusta ensayar sus cantes y bailes / mientras a la meliflua luna aguardan». En el primer poema, La Vieja Zarigüeya (así se hace llamar T. S. Eliot en este libro) dice algo muy bonito sobre los nombres de los gatos: que hay uno que sólo el propio gato conoce y que es su gran secreto. Aunque es muy muy difícil traducir del inglés al castellano los juegos de palabras y las ocurrentes rimas, el de esta edición es un buen intento, que además incluye los poemas originales.

 

15. Historias de Espiralia

Miguel Lupián. Ilustraciones de Daniela Martín del Campo. Edelvives, 2019. México.

En Espiralia, una de las colonias alrededor de la Gran Ciudad, sobrevive una gata, La Cobra, la última de su especie, la única mascota que toleró la contaminación que ha dejado con árboles fosforescentes ese mundo distópico. Ella le cuenta historias extrañas a su humano, algo que ella misma llama «miauteratura», un revoltijo de cofres, duendes, alienígenas, autómatas, boinas mágicas, flautas de cristal, máquinas del tiempo, ajolotes y escritoras perversas. No hay mucho de gatos en lo que cuenta La Cobra, pero sí algunas conexiones inquietantes y una narración en imágenes, a cargo de Daniela Martín del Campo, que alimentarán a la Mary Shelley que llevas dentro.

 

16. Un viejo gato gris mirando por la ventana

Toño Malpica. Ilustraciones De Alba Marina Rivera. FCE, 2018. México.

Pasan las páginas, ¿y el gato?, y te prometo que no podrás dejar de pasarlas, pero, ¿y el gato?, ni Mario ni su chofer ni sus padres ni el limpiaparabrisas mencionan al gato, tampoco el abuelo de Mario, que es el narrador de la historia, uno muy especial porque lo sabe todo y está en todas partes: es un abuelo del que ya sólo queda el espíritu, pero no es que se haya metido en el cuerpo de un gato y desde allí cuente todo, no, aunque los gatos sean ágiles y parezca que están siempre allí, observándote, aun no puedan traspasar paredes. Y este narrador necesita hacer eso y más para alcanzar al imparable Mario. El abuelo nos cuenta cómo ese niño de 11 años se hace una gran pregunta: ¿qué es la felicidad?, y con esa otras: ¿dónde está? ¿cómo se llega a ella? ¿por qué el limpiaparabrisas está siempre feliz? Y pondrá de cabeza su casa para averiguarlo. ¿Y el gato? Sí hay, este escritor cumple lo que promete, pero hacia el final de su breve e inolvidable novela. Será Doña Catita quien nos hablará del gato (Catita, ¿ven cómo escondía al gato en su nombre?). Su aparición es triunfal porque será el gato la gran metáfora de la felicidad. 

 

17. Las siete vidas de un gato

Mariana Osorio Gumá. Ilustraciones de Pamela Medina. Ediciones Castillo, 2019. México,

Esta escritora también es una especialista en la mente humana, quizá por eso construye personajes de papel que parecen de carne y hueso… y de pelaje suave, ojos hechizantes y orejas puntiagudas. En particular en este libro lleno de gatos. Los siete cuentos aquí reunidos proponen vidas muy distintas, sólo unidas por lo extraño o fantástico, a veces macabro o incluso trágico, otra veces delirante y divertido o salpicado de humor negro. Gatos cruelmente entrenados para estafar influencers; un niño salvaje que se cree gato, contado con la voz de un gato callejero (este es mi cuento favorito); un gato adoptado que parece una escalera entre dos mundos (y así lo dibuja Pamela Medina), único cómplice de un recuerdo lleno de criaturas luminosas y un «ramillete de ojitos color aguamarina»; un gato telépata, tratado como niño consentido por su refinado dueño, y un ladrón, cuya voz hecha de refranes quisiera encontrar la calma en «ladrón que roba a ladrón»; gatos como espectros o sombras de un peligroso vagabundo; un gato doméstico, primero testigo, luego víctima de una tragedia familiar; y una jauría de gatos encerrados en un departamento, con mucha hambre, y una anciana que no puede levantarse. Este volumen promete siete vidas, pero cumple muchas más, y seguramente se quedará maullando un largo rato en la tuya.

 

Biblioteca gatomaniaca

Otros libros con gatos que ya he reseñado aquí: Kitsunebi, fuego de zorro, El hombre bajo el farol y en esta entrada de libros de terror incluí: Cuatro brujas y un gato negro, El gato negro y otros cuentos de terror y El gato de Brasil.  A continuación una galería «gatomaniaca» con algunos nuevos clásicos como el hilarante El diario de un gato asesino o Digo de noche un gato, otros que han recomendado lectorxs del blog o que he visto por ahí, aunque, advierto, yo no he leído. ¿Se suman con más en los comentarios?

 

Entrada No. 219.

Autor: Adolfo Córdova.
Ilustración de portada: Pamela Medina para Las siete vidas de un gato.

Fecha original de publicación: 10 de agosto de 2021.

6 Comentarios »

  1. Hola Ana ! Qué linda entrada. Otros hermosos libros sobre gatos, son Gato y Pez, de Joan Grant y Neil Curtis Ediciones Continente 2007, Buenos Aires; Un día de gatos, de Francisco Cunha, Ed. del Naranjo, Montevideo y La semana del gato valiente. Un libro sobre el tiempo y otros descubrimientos, de Istvansch, A-Z editora, Buenos Aires. ¡Saludos desde Argentina!

    • Mónica querida, muchas gracias por tu comentario y aportaciones de libros de gatos. Haces crecer el recorrido. Me los anoto. Me cambian mucho el nombre y no tengo problema, Alfredo, Alonso, Rodolfo, Arturo, pero nunca me habían dicho Ana, lo anoto en mi lista, jejeje. Si es por mi amiga querida y reseñadora, Ana Garralón, pues un honor. ¡Abrazote!

  2. Buen día. Soy Susana López, de Buenos Aires, Argentina.
    Excelente publicación sobre los gatos. Es que ellos son verdaderamente excepcionales.
    Decía Cortázar, que ellos abren puertas a otros mundos.
    «Descubrí bruscamente que los gatos son teléfonos. Así nomás, cómo siempre las cosas geniales.. Desde luego, un descubrimiento parecido, suscita una cierta sorpresa, puesto que nadie está habituado a qué los teléfonos vayan y vengan y sobre todo que beban leche y adoren el pescado»
    Julio Cortázar. Cómo se pasa de lado, 1979.

    • ¡Hola, Susana! Qué gusto saludarte. Perdona por tardar tanto en responder. Muchísimas gracias por tus comentarios y la cita de Cortázar. Una alegría para animar esta conversación gatuna. ¡Abrazo enorme!

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