La primera vez que Fernando acompañó a su tío a buscar tenía cinco años. “Era un día como este, así [soleado y caluroso]. Como yo nunca había subido a un cerro me dio mucho trabajo porque te resbalabas. Sentía un poco de nervio que me fuera a caer porque eran tiempos de lluvia y la tierra estaba suelta. Mi tío me dijo que ahí estaba enterrada una persona y la desenterramos y sí estaba ahí. Por información de las personas lo encontramos. Escarbamos con pala y pico. Yo nomás sacaba la tierra. No pensé nada. Solamente pensaba en la persona, que la habían enterrado», así lo recuerda Fernando, que hoy tiene 10 años, así lo cuenta a la periodista y escritora Paula Mónaco Felipe en el informe La Infancia Cuenta en México 2022: niñez y desapariciones publicado hace dos días por la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

Fernando también le dice a Paula que recuerda que aquella vez sintió que una persona iba a «poder regresar a su casa con sus familiares». No le entristecen las búsquedas, lo hacen sentir útil, le ruega a su mamá que lo deje participar, acompañarles a buscar a su otro tío, desaparecido cuando él era bebé, pero ella a veces ni siquiera le permite salir de su casa en Huitzuco, Guerrero, por miedo a las balaceras.

Los encierros para Fernando ya eran previos a la pandemia y todavía no terminan. «La desaparición y la violencia existen, eso es lo que hace más daño. Ahorita que hay balaceras yo le digo ‘no vas a salir porque está feo’. A qué salen los niños a la calle si hay balaceras o un muerto. ‘Ya no vas a salir hasta que esto pase’. Ya que se tranquiliza, empiezan a salir los niños pero sí es más encierro”, así lo narra Mayra Vergara, la mamá de Fernando, a Paula, en marzo pasado.

Fernando con la foto de su tío desaparecido. Fotografía: Miguel Tovar.

Sobre las desapariciones y búsquedas nadie habla en la escuela de Fernando, tampoco en la de Valentina, una niña de su misma edad, que también busca a su tío, pero en Torreón, Coahuila.

En una marcha en la Ciudad de México, Paula entrevista a Valentina: «¿Cómo te sientes como niña y sobrina de alguien desaparecido?», «No es fácil, la verdad, vivir sabiendo que no estás con tu tío, que me falta una persona. Sí tendré más tíos pero él también es importante para mí y me gustaría tenerlo aquí».

Monse, que tenía 13 años cuando desaparecieron a su hermana mayor y hoy tiene 20, dice: “Fue un proceso muy difícil y actualmente sé que existen peligros pero ya no tengo miedo de salir. Me he apoyado en varias personas y me refugié, afortunadamente, en el feminismo”.

¿Tendrían que participar niñas, niños y adolescentes en estas búsquedas y marchas? Varios expertos y les propios padres y madres entrevistades se lo preguntan constantemente en el documento. Fue una pregunta espejo sobre la pertinencia de abordar el terrorismo de Estado en la literatura infantil la que me hizo entrevistar a escritoras y escritores y empezar una serie de entradas sobre la cuestión en 2014.

Y no, claro que no tendrían, si hubiera Estado de derecho, si el Estado nos cuidara y no justo lo contrario, pero el consenso es que si forma parte de su realidad y de sus propias preguntas, excluirlos es una práctica adultocéntrica más. Considerarlos sujetos de derecho significa darles la esperanza, ganas de vivir: ellas y ellos pueden generar un cambio. Hacer carteles de protesta, dibujar teorías y escribir cartas fue lo que hizo a les niñes de quinto grado de primaria con les que hablé de Ayotzinapa expulsar el miedo a desaparecer. 

Interiores del libro La infancia cuenta en México: niñez y desapariciones.

De hecho, excluirles es negarles un derecho. Así lo recuerda Paula Mónaco en este documento luego de compartir la invitación de María Luisa Núñez, madre de Sebastián, un hijo buscador: “No los excluyan, intégrenlos. Desde pequeña edad intégrenlos para que estén preparados porque si los excluyen eso los va a afectar más”.

«El artículo 138 de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada», escribe Mónaco, «determina que en su calidad de ‘familiares’ tienen derecho a:

´I. Participar dando acompañamiento y ser informados de manera oportuna de aquellas acciones de búsqueda que las autoridades competentes realicen tendientes a la localización de la Persona Desaparecida; II. Proponer diligencias que deban ser llevadas a cabo por la autoridad competente en los programas y acciones de búsqueda, así como brindar opiniones sobre aquellas que las autoridades competentes sugieran o planeen. (…) V. Acceder a las medidas de ayuda, asistencia y atención, particularmente aquellas que faciliten su participación en acciones de búsqueda, incluidas medidas de apoyo psicosocial; VI. Beneficiarse de los programas o acciones de protección que para salvaguarda de su integridad física y emocional emita la Comisión Nacional de Búsqueda o promueva ante autoridad competente’, (entre otros derechos)».

Buscadores como Mario Vergara, el tío de Fernando, afirman haber visto «cientos de niños» saliendo con herramienta rústica a buscar. «Mucha gente dice que los niños no deben estar buscando pero es que eso se está viviendo en México: los niños esperan a su papá, saben que su papá no ha llegado y preguntan dónde está. Pues no ha llegado y hay que salir a buscar», así lo cuenta Mónaco más adelante.

Claro que nadie quiere naturalizar estas búsquedas, ojalá que niñas, niños y adolescentes no tuvieran que salir a buscar. La publicación se debate entre mostrarlo como algo común y al mismo tiempo extraordinario, intentando desnormalizarlo. Lo mismo con la propia crisis de las desapariciones en México. No es normal que niñas, niños y jóvenes tengan miedo a desaparecer.

Niñas, niños y adolescentes en la protesta en el día de las madres. Ciudad de México, 2022. Foto: María José Martínez/REDIM.

Las historias de Fernando y Valentina, junto a las de las hermanas Monse y Jade, de 20 y 11 años de edad, que empezaron a buscar a su hermana cuando tenían 13 y 3; la de Sebastián, de 14, que busca a su hermano en Puebla; y la de Rubí, de 4 años, que busca a su tía y la de Emiliano, de 5 años, que busca a su papá, integran la segunda parte del documento La Infancia Cuenta en México 2022: niñez y desapariciones.

«Es aquí donde las voces de Fernando, Valentina, Monse, Jade, Sebastián, Rubí y Emiliano nos brindan una pauta para poder entender la pesada carga que llevan a cuestas, así como sus madres y otros integrantes de sus familias. Cuando niñas y niños tienen que salir a buscar a sus seres queridos, ¿cómo garantizar sus derechos y considerarles de manera primordial en todas las medidas que les conciernen? Al necesitar la presencia de su madre, su padre o algún familiar, el vacío de la ausencia les convoca a participar en búsquedas que al tiempo que es el ejercicio de un derecho, puede ser una fuente de afectación a varios de sus derechos'», son las palabras de presentación de Guillermo Fernández-Maldonado Castro, representante en México de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Esa segunda parte o «puerta» de la publicación se titula “Infancias buscadoras”; la primera parte o «puerta» se titula «Infancias desaparecidas» y buscar ofrecer un diagnóstico para pensar en las y los 17 mil 605 niñas, niños y adolescentes desaparecidos o no localizados en todo el país desde 1964 (de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, RNPDNO).

 

La crisis de las desapariciones en México

Para Karla Quintana, titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, citada en esta investigación, debería hablarse más sobre la crisis de las desapariciones en México.

“Tenemos casi 100 mil personas oficialmente reportadas como desaparecidas y mi percepción es que a la sociedad mexicana no le importa. Esto tendría que ser un escándalo, objeto de indignación, de marchas masivas, de lo que uno esperaría con este altísimo número de personas desaparecidas y familias afectadas en nuestro país».

Interiores del libro La infancia cuenta en México: niñez y desapariciones

Aunque no niega la responsabilidad del Estado, a quien, reconoce, parecen no importarle cierto perfil de menores de de edad de bajos recursos. Y el informe insiste en el fracaso de las autoridades por aplicar y coordinar protocolos de búsqueda o dar seguimiento a los casos. 

Además de conocer que las desapariciones de niños y niñas a partir de 12 años ha incrementado y se agudizó en la pandemia y que las redes sociales son herramienta frecuente de los captores o reclutadores, otro de los datos más reveladores para mí, desarrollado en la primera parte del libro, es que cada día desaparecen en México 14 menores. Sin embargo, y aquí la crisis general de las desapariciones en México arroja un importante indicador diferenciador al tratarse de menores: 8 de cada 10 son localizados.

El problema, que expone Paula apoyada de diversos especialistas, es la imposibilidad, por ahora, de sistematizar un seguimiento a las condiciones en las que son localizados les menores, los motivos de la desaparición, lo ocurrido en el periodo de ausencia, la posibildad de reincidencia, etc., ya que cuando un menor se localiza se cierra el caso. 

«El tema impunidad es central para comprender la desaparición de niñas, niños y adolescentes», explica Mónaco en el documento. «Se trata de una dinámica estructural: hay casi 100% de impunidad en temas de desaparición; hay apenas 36 sentencias en más de 100 mil casos; son datos oficiales recogidos por el Comité contra la desaparición forzada de la ONU. Y si observamos cuántos casos de desapariciones de adolescentes, niñas o niños han sido adecuadamente investigados; en cuántos se ha establecido la responsabilidad, ya sea de personas particulares o servidoras públicas; y en cuántos se ha dictado una sentencia por la desaparición de algún niño, niña o adolescente, la cifra que exhibe la total impunidad es incuestionable: 0 casos». 

Otro indicador revelador es la «desaparición intermitente» que describe Emanuela Borzacchiello. En el apartado «Desaparición como huída», Paula puntualiza: 

«Nos equivocamos si pensamos que todas las niñas, niños y adolescentes desaparecidos en México fueron sustraídos o desaparecidos siempre e inequívocamente por otras personas o enteramente contra su voluntad. Resulta difícil de leer, como tampoco es simple de asimilar:algunas y algunos se van. Huyen.

«Debemos complejizar la desaparición de las infancias porque hay reclutamiento, hay trata, hay secuestros pero también existen factores expulsores. En esos casos no podemos hablar de ausencia voluntaria sino más bien de huída como estrategia de sobrevivencia».

 

Un libro de descarga gratuita con dos puertas

La Infancia Cuenta en México 2022: niñez y desapariciones: cómo la desaparición de personas afecta a niñas, niños y adolescentes en México es parte de un «sistema de indicadores en derechos de la infancia», titulado La infancia cuenta, desarrollado por la REDIM desde 2005 para «hacer visibles las violaciones de los derechos de niñas, niños y adolescentes a través del uso de datos, con el fin de incidir en las políticas públicas a favor de la infancia», como se lee en infanciacuenta.org. Allí también encontrarán publicaciones hechas con y para niñas y niños, como la que expone los derechos de la niñez, disponible aquí.

«La infancia cuenta» está basada en el proyecto «Kids Count» de la Fundación Annie E. Casey (FAEC) que «investiga, monitorea y da seguimiento al estado de bienestar de la infancia a nivel estatal y nacional» en Estados Unidos de América. 

El documento sobre niñez y desapariciones, de descarga gratuita aquí, se divide en dos secciones que Paula Mónaco explica así: «De cara a la dolorosa realidad de infancias y desaparición, la Infancia Cuenta 2022 de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) se plantea como un instrumento con dos puertas. La primera abre y actualiza la situación de las infancias desaparecidas en el país integrando información estadística, voces de expertos/as, análisis de datos, legislaciones y protocolos, así como respuestas oficiales de 6 fiscalías y otras instituciones vía transparencia. Actualiza también a partir de datos de fuentes abiertas y documentaciones propias de organizaciones no gubernamentales así como informes de organizaciones de la sociedad civil y estudios de análisis de contexto.

«La segunda puerta se asoma al universo de niñas, niños y adolescentes buscadores: les escuchamos. Hablan de por qué buscan, cómo se sienten al hacerlo, cómo viven la desaparición a su alrededor. Dicen lo que quieren decir, conjuran silencios».

A continuación reproduzco las conclusiones de este notable informe coordinado por Valeria Geremia y Tania Ramírez Hernández de la REDIM y cuya investigación y redacción corrió a cargo de Paula Mónaco Felipe. Agradezco infinitamente a Paula y a la REDIM por todas las facilidades para difundir este trabajo en mi blog. ¡Muchas gracias por su compromiso con las infancias y juventudes!

Adolfo Córdova.

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La Infancia Cuenta en México 2022: niñez y desapariciones: Conclusiones.

por Paula Mónaco Felipe* para la REDIM**.

[El resaltado en negritas es mío]

Catorce niños, niñas y adolescentes desaparecen en México cada día. Y aunque ocho de cada diez son localizados, 1,896 de quienes desaparecieron durante el año 2021 siguen sin ser ubicados. Pero en realidad las personas afectadas por esta situación son muchas más: miles quienes han visto – y ven – sus vidas opacadas, oscurecidas, vueltas gris por la desaparición de un ser querido.

Así describen su presente: gris y oscuro. Así lo narran Fernando, Sebastián, Monse, Jade, Valentina, Emiliano y Rubí. Fuimos a conocerles, preguntarles, escuchar de sus propias voces cómo afecta la desaparición a hermanos y hermanas; sobrinos y sobrinas; niñas, niños y adolescentes que sufren la ausencia de un ser querido dentro de sus familias. Desaparecido no está sólo el ausente, dicen cada vez más alto las infancias de México. Yo también soy víctima, dicen. Y nos ponen a repensar la categoría, ¿a quién nombra y a quién debería nombrar hoy la palabra víctima? ¿solo al ausente?

En la legislación está presente un concepto amplio de víctima que les incluye, más en la vida cotidiana en general se considera como víctima solamente a hijos, parejas y padres de la o el desaparecido. Pero las niñas, niños y adolescentes consultados nos revelan que no se sienten acompañados.

¿Cuántas infancias viven lo que ellas y ellos? Con sólo multiplicar la cifra de 100 mil personas desaparecidas, todo indica que hoy se cuentan por cientos de miles las niñas, niños y adolescentes víctimas, tocados por esa oscuridad que es la desaparición de un ser querido.

Si en 2020 había 35,219,141 hogares contabilizados en México por el INEGI y suponemos que cada persona desaparecida vivía en un hogar distinto, uno de cada 352 hogares del país podría tener a una persona integrante desaparecida. Y si suponemos que hay al menos un niño por hogar, uno de cada 352 niñas, niños y adolescentes vive la desaparición en su propia casa.

Son estimaciones. No tenemos precisiones estadísticas ni podemos aportarlas aquí porque no existen: no han sido censados ni contabilizados en específico. Pero sirva este ejercicio como primer paso para mirar hacia ese lado. Pensarles, nombrarles, escucharles.

Voltear hacia esas infancias que sufren la ausencia de padres, hermanas, tíos. Que viven en casas vacías, silenciosas. Sentados solos a la mesa a la hora de desayunar, sin nadie que revise sus tareas y encargándose de hacer las compras, cuidar su casa, cuidarse a ellos mismos. Niñas, niños y adolescentes solos porque sus familiares salen con premura a buscar a los ausentes. Tratando de salir adelante así pese a que la tristeza también es suya.

“Perdí a mi hermana y también a mi mamá”, dicen. “Mi mamá ya ni me mira, al final yo también estoy como desaparecida”.

La desaparición se multiplica dentro de los hogares de México y se ahonda en las escuelas donde nadie habla de eso, escuelas del silencio. Son miles las infancias que crecen solas, a ratos abandonadas, pero además se sienten invisibles.

Al enfocar más allá de hijos e hijas, al buscarles sin mediación de adultos, encontramos las ondas expansivas que la desaparición genera en las infancias. Efectos concretos, palpables, que dan sustento a eso que en la teoría se cataloga como delito grave y de lesa humanidad. En la oscuridad que invade sus vidas podemos sentir qué tanto implican esas palabras más allá de lo formal.

Encontramos también que, aún desde la soledad y la tristeza, logran encontrar los colores que faltan a sus vidas. Fernando, Sebastián, Monse, Jade, Valentina, Emiliano y Rubí son buscadores. Se asumen activas y activos. Participan de diversas formas, intentan aportar a las búsquedas de sus seres queridos.

Asisten a protestas. Sostienen fotografías. Coordinan esfuerzos por redes sociales, un mundo que conocen. Salen a los cerros con pico y pala tras de fosas clandestinas. Quienes crecen entre ausencias hallan así una forma de sentirse útiles, de compartir espacios con sus familiares y sumar su esfuerzo.

A los adultos dicen que les escuchen y dejen participar. Que a otros niños “no los excluyan, intégrenlos” en los procesos de búsqueda.

En esta investigación encontramos también datos actualizados y nuevas formas de abordar la situación de infancias desaparecidas, privadas de su libertad y de su derecho a la vida.

Durante el año 2021, niñas, niños y adolescentes desaparecieron en todos los estados del país pero en mayor número en Estado de México, Tamaulipas y Jalisco. Esas tres entidades concentran el 40% de los casos, cuatro de cada diez niños, niñas y adolescentes han desaparecido allí.[1]

Un 80% de las y los desaparecidos son localizados, un índice elevado y optimista en comparación con lo que ocurre a personas adultas. Sin embargo hay un detalle importante: no sabemos qué ocurre mientras están desaparecidos y, por tanto, poco podemos prevenir que esa cifra siga creciendo. Detectamos aquí un ámbito donde urge se genere y difunda más información.

Aún frente a esa falencia, las estadísticas han ido definiendo con más claridad quiénes son las víctimas: adolescentes en su mayoría, a nivel nacional más mujeres que hombres aunque en algunos estados la tendencia es inversa (como en Jalisco y Nayarit).

Hemos comenzado a saber también algunas características del modo en que son desaparecidos y la realidad derriba mitos porque no siempre es de noche ni en calles solitarias. Pero mirando a detalle, resulta importante atender a cómo se vive en los lugares donde más niñas, niños y adolescentes han sido y están siendo desaparecidos. Crecen en condiciones de pobreza, marginación y escasas oportunidades con vistas al futuro. Crecen abandonando o sin ingresar siquiera al sistema educativo (cerca de dos millones de niñas, niños y adolescentes excluidos). Crecen entre carencias que sin duda funcionan como factores que ahondan su vulnerabilidad y les expulsan muchas veces hacia la trata y el reclutamiento por redes criminales.

En esta búsqueda por entender cómo, cuándo y por qué desaparecen las infancias, también comienza a construirse una nueva categoría: “desaparición intermitente” y aparece de nueva cuenta una razón de desaparición que ya conocemos y debemos seguir analizando, la desaparición como huída de las violencias.

Entre quienes regresan, es decir niñas, niños y adolescentes que estuvieron desaparecidos, algunes revelan que huían de la situación en la que vivían, lo que nos pone frente a un problema complejo: ¿cómo les vamos a proteger si el peligro está dentro de casa, en su colonia o comunidad? En la atención de esas causas estructurales está, en gran medida, la respuesta a la prevención.

Por otra parte, en líneas generales, en cuanto a desaparición de niñas, niños y adolescentes, podemos concluir que en años recientes hemos avanzado en el acceso a datos cuantitativos y estadísticas. Es destacable el esfuerzo del RNPDNO, que sin dudas tiene el desafío de seguir creciendo en la inclusión de variables por parte de quienes aportan información para nutrirle.

Porque, de acuerdo a lo encontrado tras la consulta a diversas autoridades y personas expertas, se desprende que al momento de reportar desapariciones y localizaciones de niñas, niños y adolescentes no se están registrando detalles importantes del cautiverio ni de perpetradores, ni de posibles violencias sufridas por las infancias durante el tiempo en que estuvieron desaparecidas. Casi nada aunque existe una herramienta de unos 400 casilleros por llenar, formatos que las autoridades tienen disponible cada vez que registran un nuevo caso. Resulta imprescindible que no se cierren las investigaciones una vez que sucede la localización, porque esto nos deja sin información sobre dinámica y móvil de la desaparición, además de sumar a la impunidad reinante en estos casos. Es sin dudas un aspecto a mejorar.

Urge contar con más datos cuantitativos así como seguir relevando la información cualitativa que funcionarios de búsqueda y procuración de justicia están encontrando en su hacer. Iluminan tanto los datos estadísticos como los relatos de quienes trabajan en terreno, en comisiones de búsqueda y organizaciones no gubernamentales.

Y continuar trazando estrategias para búsqueda en vida, porque los datos revelan elevado índice de localización -en comparación con personas adultas- pero además, como dice Elvira, abuela de Elliot, desaparecido en Guanajuato, en las fosas clandestinas no aparecen cuerpos de personas menores de 17 años.

Un terreno de avance innegable es el de instrumentos legales y directrices para una búsqueda enfocada en particularidades de las infancias. Destaca el Protocolo Adicional para la Búsqueda de Niñas, Niños y Adolescentes (PABNNA),[2] aprobado en 2021. No puede realizarse aún una evaluación porque su aplicación resulta incipiente y son todavía pocos las y los funcionarios que han sido capacitados en comparación con el universo total. Sin embargo, hallamos la coincidencia de todas las personas aquí consultadas en la importancia de: 1) comunicar su existencia y las posibilidades que abre; 2) seguir avanzando en capacitación tanto a funcionariado público como a población en general: 3) armonizar los diversos mecanismos disponibles.

Después de escuchar a las infancias, como también a expertos, activistas y funcionarios, el retrato muestra un presente complejo. Una imagen en la cual el gris-oscuro avanza pero también, hay muchas niñas, niños, adolescentes intentando darle luz y color. Ellos son faros a quienes mirar para seguir. Porque al buscar a sus seres queridos están trazando formas de resistir, seguir, al mismo tiempo que aportan a la construcción de un mundo mejor, más justo, más feliz. Como adultes tenemos la oportunidad de acompañarles en ese esfuerzo.

 

[1] REDIM, Red por los Derechos de la Infancia en México. 30 de Junio de 2022. Niñez desaparecida en México. https://public.tableau.com/app/profile/indicadores.redim/viz/NiezdesaparecidaenMexico/Desaparecidas

[2] Gobierno de México, Diario Oficial de la Federación, 6 de octubre de 2020, Protocolo 

Adicional para la Búsqueda de Niñas, Niños y Adolescentes, PABNNA. https://www.gob.mx/sipinna/documentos/protocolo-adicional-para-la-busqueda-de-ninas-ninos-y-adolescentes-panna-sistema-nacional-de-busqueda-de-personas

 

Paula Mónaco Felipe es una periodista independiente que escribe, produce e investiga. Publica en medios como The New York Times, Gatopardo, La Jornada; y ha colaborado con Al Jazeera Witness, RedFish, Vice, entre otros. Fue corresponsal de teleSUR y El Telégrafo y es fundadora y editora de Bocado.lat y becaria del Centro Pulitzer y Rainforest Fund en equipo con Soledad Barruti y Miguel Tovar. Escribió el libro Ayotzinapa, horas eternas (con tres ediciones Ediciones B, Eduvim y Brigada para Leer en Libertad ) y es co-autora de los libros Palabras como golpes, como balas. Crónicas infrarrealistas (Rayuela, 2019) y Let’s talk about your wall (The News Press, 2020) y y Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra(Grijalbo, 2020); Crónica #4 (UNAM, 2021). Junto a John Gibler y Daniela Rea, hizo la investigación para el documental VIVOS, dirigido por Ai Wei Wei (2020). Trabajó en Los días de Ayotzinapa (Netflix, 2019) y Blood in the wall (National Geographic/Junger Quested, 2020) Endangered (HBO/Loki Films, 2022). Investigó y condujo el capítulo México-Estados Unidos de la serie Después de la Guerra (Muzungu-teleSUR, 2019). Escribió el informe Ya nadie publica eso. Derecho a la verdad, violencia contra la prensa y afectaciones a comunidades y colegas (Article 19, 2020). En 2019 obtuvo Premio Nacional de Periodismo de México, en equipo con Wendy Selene Pérez y Miguel Tovar. Sitio web: https://paulamonacofelipe.com

** La REDIM es una coalición de 77 organizaciones de la sociedad civil mexicana que desarrollan programas a favor de niñas, niños y adolescentes mexicanos en situaciones de vulnerabilidad y que operan en 17 Estados de la República Mexicana. La Asamblea Constitutiva de la Red se realizó el 27 de marzo de 2001 y en ella se aprobaron de manera general los estatutos y líneas estratégicas. Sin embargo los antecedentes de esta Red datan desde al menos 1995. Dichas organizaciones han trabajado en la promoción de la adecuación de la Convención de los Derechos del Niño en los marcos legales mexicanos; en el diseño y seguimiento de políticas públicas relacionadas con la infancia; en la promoción de espacios y experiencias de participación infantil y en la difusión y capacitación sobre los derechos de la niñez. Sitio web: https://derechosinfancia.org.mx/v1/

 

 

Entrada No. 229.

Autor: Adolfo Córdova. / Autora de las conclusiones de «La Infancia Cuenta en México 2022: niñez y desapariciones»: Paula Mónaco Felipe para REDIM. / Fotografía de portada: Miguel Tovar para REDIM. 

Fecha original de publicación: 31 de agosto de 2022.

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TERRORISMO DE ESTADO Y LIJ:

Ésta es la entrada número 23 que publico que toca este tema. A continuación un listado con el resto:

Terrorismo de Estado y libros para niños

Terrorismo de Estado y libros para niños II

Ellos no quieren que los leas: libros prohibidos

¿Dónde están? Escritores sobre #Ayotz1napa

Leer al desaparecido

Las madres rastreadoras y la muerte

Los pájaros mudos. 40 años del golpe militar argentino

Abuelas con identidad

¡No se olvida! Resistencia y desapariciones en la voz de 8 escritoras

México recuerda. De Irulana y el ogronte a Olivia y los más de 30 mil desaparecidos

La biblioteca roja. A 50 años del 68, más de 50 libros para niños y jóvenes que lo nombran: Fue el Estado

¿Cómo contarles Ayotzinapa? A cinco años de la desaparición forzada de 43 estudiantes

Sr. Presidente, ¿dónde los tienen? 

Infancia, dictadura y migración

Exiliaditas, ese pequeño y gigante: ¿te acuerdas? 

Canción de cuna para gobernante. Música para despertar la protesta a 6 años de Ayotzinapa

Pitchipoï, El último viaje, Cajas chinas, Nuestra voz… libros que no olvidan

¡Basta de callarnos! La voz que protesta en el álbum político y comprometido

 

De Expertos invitados:

Literatura y memoria: María Teresa Andruetto.

La insistencia. El uso de lo simbólico para nombrar el dolor y un recuerdo de mi tía la triste: María José Ferrada

¿A las barricadas? Literatura políticamente comprometida: Clémentine Beauvais 

Exilios, nacionalismos, represión, multiculturalidad: panorama de temas políticos para niños y jóvenes, por Jochen Weber + M68

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