Vuelo hacia atrás: otra vez a las palabras con las que inicié la ruta de libros ilustrados el año pasado: «un poquito de ensueño te guiará en cada abismo / un poquito de ensueño…», vuelvo a los versos finales de Amado Nervo en su poema «Viejo estribillo». 

Vuelovuelvoleo, y desde ahí, lentamente, continúo («todo principio es continuación», dice Wislawa Szymborska), voy hacia el futuro, a los enunciados de un libro que no he terminado«la belleza al mismo tiempo aporta suavidad, apaciguamiento, envuelve, permite encontrar el ensueño, pero también da forma y significado a eventos sin sentido, pensar lo impensable en lugar de quedar atrapado para siempre en ello»: Michèle Petit en «El infierno, el arte, los libros y la belleza» en Somos animales poéticos (Oceáno, 2023).

Petit recupera experiencias de horror y cómo fueron atravesadas/transformadas por distintas personas generalmente en conversación con otras personas u obras (obras en un sentido amplio: tanto las creadas por humanos, arte, como las creadas por la naturaleza, paisaje; y podríamos decir también, entonces, que Somos animales poéticos, mutando mutuamente).

«El deslumbramiento frente a las obras», lo llama Petit, o «El deslumbramiento frente al enigma», como lo llamó Graciela Montes en “De la consigna al enigma” (en Buscar indicios, construir sentidos, Babel, 2017), lo que da origen al arte y al conocimiento, y lo que permite atravesar/transformar el horror con belleza…

Como los ensueños, igual que Uri Shulevitz, un niño que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial oyendo cuentos asombrosos, leyendo mapas de mundos prometedores y dibujando: «Dibujar -sobre una hoja de un árbol, en el suelo, en la imaginación- era más que una distracción. Era mi hogar», escribió Shulevitz en su notable Suerte (FCE, 2022) y con él, Jacques Demy, otro niño, cuya historia recupera Michèle Petit en su libro, sobreviviente de esa misma guerra: «Fue algo espantoso. […] Parece que nada más atroz puede suceder. Y a partir de eso, soñamos con una existencia ideal. Me impresionó este desastre, y tal vez los sueños surgieron de ese periodo», lo cita Petit y nos cuenta que en esa época, cuando paraban los bombardeos, Demy dibujaba sobre fotogramas para hacer películas.

Esa «existencia ideal», de la que habla Demy, tenía para Shulevitz la forma de un bocado, pero no realmente probado con la boca, sino con el órgano más flexible del cuerpo: la imaginación. Cada vez que su madre le narraba fantasías en donde la guerra había terminado y comían pan con mantequilla y bebían leche con cacao, él: «Devoraba esa historia. Bebía esa historia. No me cansaba nunca de escucharla».

Ensoñaciones de una mesa servida, «un poquito de ensueño», imaginación. 

Con imaginación sobrevivían (¿sobreviven?) también niños y niñas de Colombia, escondidos en sus casas para que no los secuestrara ninguna tropa durante el conflicto armado interno. Con imaginación, una niña que escuchaba de «combates, desapariciones, asesinatos y reclutamientos forzados de sus compañeros de colegio», creció y se volvió una escritora, Marcela Guiral, e inventó a «F», un niño, un personaje en su novela A mediodía llovían pájaros  (Babel, 2023) que, sin lápiz ni tinta ni papel ni escritura, se inventa una forma segura de comunicarse con sus padres en medio de una nueva guerra: «En Gansanares usamos tinta invisible, y yo escribiré con ella. Podré contarles todo lo que quiera, bueno y malo».

Pronto será más lo malo pues en Barbascal, el pueblo donde viven su abuelo y su tío, y a donde lo enviaron para que estuviera seguro, llegan también los soldados, «Los Pantaneros». Como la única forma de comunicarse en ese lugar tan remoto es mediante las palomas mensajeras de su abuelo y éstas son revisadas por los soldados, F tendrá que usar su «tinta invisible» para alertar a sus padres de lo que está pasando: saquean las casas, «empluman» a quienes no quieren entregar a sus hijos y reclutan a más y más adolescentes y hasta niños.

«Fue sacando cada objeto y lo fue colocando al lado del tío. La pluma quemada de un pájaro carpintero; una hoja hecha añicos; un botón mordido; un panal pisoteado. Él no sabía cómo explicar, pero el tío pronto entendió que no iban a ser las cartas las que iban a salvarlos sino la manera de F. de contar esta historia: con su tinta invisible».

F, que aún no sabe escribir, envía objetos, como símbolos, como si fueran fotografías, microcuentos para que sus padres lean cómo está. Otrxs niños y niñas escondidxs con él guardan como tesoros objetos que también son un mensaje claro de peligro: 

«Tatiana, apretaba la muñeca que había rescatado de la casa incendiada de sus abuelos; Gustavo, un llavero sin llave de la puerta de su casa, que habían derribado Los Pantaneros buscando comida; Julia, un espejo quebrado de su mamá, contó que ahí se miraba cada mañana. Había lápices sin punta, peines quemados, trozos de telas de paraguas, cucharas dobladas, y cuantos objetos narraban la incertidumbre y la tristeza. Cada uno lo abrazaba, lo miraba». 

El plan de F es que todxs envíen sus objetos en distintas palomas mensajeras a distintas horas para que no llamen la atención de los soldados (ya han exterminado a casi a todas las aves de ese pueblo que solía ser un insólito refugio de pájaros).

Leer objetos, leer imágenes con imaginación para extraer la historia. La forma que tuvo al principio nuestra forma de contar en cuevas.

Vuelo más atrás: hasta la revolución mexicana que le tocó vivir a otro niño, Raúl, el abuelo de la escritora Alicia Molina. En la novela Seguir tus pasos (Ediciones Castillo, 2023, México), Alicia recrea la infancia y adolescencia de su abuelo buscando a sus padres secuestrados por la leva. Cuando Raúl deja el rancho en el que vive en Veracruz y finalmente llega hasta la Ciudad de México, quiere notificar a su amigo Tapia (el hombre que lo crió cuando se queda sin padres) que su búsqueda va bien y que regresará. Pero Tapia es mudo y no sabe leer, así que a Raúl se le ocurre tomarse una fotografía sonriendo y portando la alforja tejida que le regaló Tapia antes de partir. Raúl quiere enviar otro tipo de mensaje en medio de la guerra: no es una llamada de auxilio, es una señal de esperanza. 

«Le platiqué largamente del Tapia y de cuánto me había enseñado con gran paciencia, mucha disciplina y silencio. También le expliqué cómo había aprendido a observar antes de actuar, así como a aquietar a los animales para poder curarlos y a usar yerbas, pociones y medicinas. A confiar en el tacto y a observar cualquier cambio en la piel, en la mirada o en el ánimo».

Ilustración de Santiago Robles para Seguir tus pasos de Alicia Molina (Castillo, 2023).

Ese padre sustituto, Tapia, que no sabe leer ni habla, pero enseña a Raúl a observar atentamente la naturaleza y a cuidar de otros seres vivos (lo que le servirá para abrirse paso en ese viaje imposible), y la alforja, que Tapia le teje, esa bolsa, me recordaron la teoría de la bolsa de ficción de Ursula K. Le Guin y, en particular, como la retoma Donna Haraway en «Sembrar mundos», capítulo 6 de Seguir con el problema (Consonni, 2019):

«Sus teorías, sus relatos, son bolsas espaciosas para recolectar, transportar y contar las cosas de la vida (…). Hay espacio para el conflicto en el relato de Le Guin, pero sus narrativas de la bolsa están llenas de mucho más, en maravillosos relatos enredados para volver a narrar, o volver a sembrar, posibilidades para llevarse bien, ahora y en la profunda historia de la tierra». 

Los personajes de Alicia Molina y Marcela Guiral son esperanzadores, germinales (como lo propone Haraway), cooperadores, antiheroicos (antibélicos: del relato patriarcal y colonial clásico, también siguiendo a Haraway), cuentan la historia desde una perspectiva nueva: son dos varones abriéndose paso en el mundo adultocéntrico y masculino de la guerra sin reproducir ese tipo de masculinidad, y sienten miedo, duda y fragilidad, se duelen y lloran solos y con otras personas, entablan estrechos vínculos a través de comidas compartidas o cuidados a otros seres: configuran familias diversas e interespecie.

Raúl tiene unas ocho familias distintas a lo largo de su búsqueda, todas en franca adaptación por las precariedades y orfandades que implica la guerra, y hacia el final de su viaje habrá de reconocer varias veces a todas esas personas que lo ayudaron sin vanagloriarse:

«A medida que le compartía mi vida a Domingo, yo iba acariciando esa red de afectos que se fueron tejiendo a mi alrededor en la larga búsqueda».

F vive en un pueblo en el que las aves son parte de la vida cotidiana y doméstica de muchas familias, sobre todo de la suya: su tío Eduardo, por ejemplo, es conocido como «El Hombre Palomo», entre otras cosas por cuidar de cientos de palomas, como si fueran sus hijas, él mismo transformado ya en el imaginario de los niños en un humano-paloma con pico y barba de plumas. 

Como antídoto para el horror de la guerra y otras tristezas, además de la imaginación y la lectura de ficción (Raúl lee El periquillo sarmiento cuando se siente solo), el punto de encuentro entre ambas narraciones es la esperanza sostenida en los cuidados. 

«Y fui a dormirme con una paz nueva que venía de saberme cuidado…», dice Raúl después de conocer a una pareja amiga de sus padres que estaban destinados a ser sus padrinos.

«Hay aves que tienen la misión de cuidar a otros. El trompetero, por ejemplo, cuando siente que un depredador está cerca, hace llamados con un sonido grave, fuerte y resonante que se oye a grandes distancias (…). Cuando canta hay que escucharlo», escribe Marcela Guiral en una de las fichas sobre aves que abren cada capítulo en A mediodía llovían pájaros.

Y recuerdo también a ese otro niño a quien la guerra ha dejado huérfano de madre: Mahito de El niño y la garza (Studio Ghibli, 2023, Japón), la nueva película de Miyasaki. Mahito duerme bajo una mesa rodeado de figuritas de ancianas que lo protegen (como los 24 abuelos y abuelas totonacas que velan la llegada al mundo de todo ser humano), emprende un viaje a otra dimensión en donde se reencuentra con su madre que lo ayuda y rechaza el poder de crear un mundo que le ofrece su abuelo, él sólo quiere salvar la vida que le queda: su tía. 

Fotograma de «El niño y la garza» de Hayao Miyasaki (Studio Ghibli, 2023).

Raúl, F, y Mahito son personajes que no cargan en sus hombros, como héroes, la resolución del conflicto; su supervivencia depende de un intrincado colectivo que no olvida: «Las buenas historias buscan en pasados ricos el sustento de presentes sólidos, con el fin de que continúe la historia para quienes vendrán más adelante», de nuevo Donna Haraway en Seguir con el problema.

En ese sentido esta ruta quiere ser una bandada de libros ilustrados para hacer nidos y compartir lecturas, cuidarnos, una red narrativa o como lo dice desde su título el libro editado por Rafael Mondragón y Shekoufeh MohammadiLa literatura como refugio. Palacios de palabras a lo largo del mundo (UNAM, 2022, México) o, vuelvo a Petit, siempre tan aguda: 

«Hablamos mucho de empatía, pero la belleza creada o contemplada no es suficiente para hacernos sensibles a los sentimientos de los demás, o más benévolos. A menudo hace falta un acompañamiento, una escucha, muchas conversaciones. Para que las palabras de la literatura, el lenguaje del arte o de la ciencia hagan que el mundo sea un poco más amistoso y habitable, son necesarias de entrada otras palabras, las de un iniciador, que acoja y que sueñe el mundo con uno. Y es aquí también donde el papel de los mediadores es tan importante. No confundamos los campos estético, ético y político, pero reconozcamos que la belleza es una dimensión humana fundamental, no un lujo. Y si no lo hace a uno virtuoso, estar privado de ella puede desencadenar una rabia destructiva, una envidia llena de odio. O una fragilidad frente al primer charlatán que pase y se aproveche de nuestro desamparo con frases bien elaboradas».

En este camino de adversidad, en medio de muchas guerras y con preocupantes virajes extremos a la derecha, llena de charlatanes, un itinerario con «historias no contadas, aquellas que necesitan una bolsa de semillas recosida y alguien que viaje y siembre para hacer hueco en algún lugar, y así florecer después de las catástrofes», vuelovuelvoleo a Haraway.

«Hoy más que nunca», dice Silvia Castrillón en Biblioteca escolar (Babel, 2022, Colombia), «cuando la palabra está tan asediada y devaluada y cuando los niños necesitan soportes que les ofrezca alguna posibilidad de entender el mundo en el que empiezan a vivir». 

Porque, sabemos, y basta recordar el surgimiento o función de tantas bibliotecas, salas de lectura y otros espacios de resistencia creativa: la mediación de lectura es mediación de paz.

 

Una ruta de libros ilustrados
para (des)andar el 2024

Para andar, volver a andar y desandar* aquí esta ruta anual de libros ilustrados latinoamericanos, la novena que publico desde que lancé el blog, hace diez años.

He decidido seguir variando el título de esta revisión de libros para restarle cualquier connotación de pugna o competencia porque este ejercicio siempre ha sido personal, por más que siempre lo converse con Mariela, mi compañera, y con personas amigas, colegas y el consejo editorial juvenil del blog: Guardabosques. Este año, en particular, casi no he podido circular los libros entre estas personas y he tardado más en leer lo que compro o que generosamente me envían o entregan en mano los equipos editoriales (editorxs, ilustradorxs, escritorxs, publirrelacionistas o prensa) porque tuve compromisos laborales hasta mediados de diciembre y he tenido la mente puesta en los conflictos en mi país, en Ecuador, Argentina, Palestina e Israel. Decidí, justamente, retrasar más esta publicación, programada para hace dos semanas, para difundir la carta a la Feria del Libro de Bolonia que empezó a circular sobre el infanticidio en Palestina. No deja de asombrarme la falta de posicionamientos desde ferias, instituciones y organizaciones en nuestro campo sobre esta masacre y la insistencia en justificarla.

Por otro lado, esta vez decidí proyectar la entrada hacia el año en curso, ahora nombrando el 2024 en lugar de enunciar el año en que leí los libros, como había hecho hasta ahora.

Siempre me resulta importante recordar que mi revisión de las novedades no es exhaustiva (no recibo ni tengo la capacidad de adquirir todas las novedades) y tomo en cuenta, para esta entrada, sólo libros ilustrados con algún vínculo latinoamericano (por lo menos una de sus partes de origen latino y priorizando los originales). Este criterio quiere ser una invitación a mirar más los imaginarios y las inventivas y prácticas editoriales en Latinoamérica, tan propensa a los mestizajes y correlatos que amplíen los espacios para pensar con la infancia y juventud. Y para enterarnos también de algunos títulos que difícilmente atraviesan fronteras en nuestra propia región: un comentario crítico al todavía muy colonizador flujo de novedades editoriales, dominado por el norte global, que sigue privilegiando autorxs y agendas blancas.

Igual que el año pasado he agrupado temáticamente los libros luego de identificar parentescos. El punto de partida de la ruta es el punto de partida de la vida: libros que quieren recordarnos un inicio común y nuestra animalidad, entendida desde la biología o desde el mito; siguen los arrullos que nos convencieron de quedarnos en el mundo, salvaje, pero también dulce, cálido y musical; y así, con buen ritmo, levantarse para correr a jugar y decir otra vez había una vez, cerca de las madres, luego alejándonos: creciendo y encontrando nuevos saberes; también migrando y enfrentando pérdidas y tristezas; hasta convertir la guerra de nuevo en un principio de paz. 

Los 15 títulos que nos guían en este recorrido, desde el principio de la vida hasta el futuro de paz soñado son: Un libro de la selva, inusual propuesta para dejarse alucinar, en silencio, con la selva americana y respirar otras formas de vida; Una gran familia, cuento informativo que homenajea a Darwin y evidencia el tallo común del que ramificó toda la vida en la tierra; Arrullo de luciérnagas, compilación de nanas en lenguas originarias que arroja al cielo estrellas olvidadas para adentrarse en una noche más amplia; Me fui en un caballo, una valiente travesía nocturna que rima con el sueño de una niña cuidada por su padre; Bo-to, un álbum de ciencia ficción infantil (rara avis) que aborda, sin culpabilizar, la adicción a las pantallas y la inclusión, en el campo de juegos, de la inteligencia artificial (¡con inteligencia!); El manual de dibujo definitivo, inclasificable juego que revela inesperados, sorprendentes e hilarantes parentescos; La Caperucita criolla, una versión en verso y en selva de una niña más viva que el loboLa reina de la torre, un regreso al cuento de hadas que añade complejidad psicológica a la reina y poderes de hada madrina a la princesa; Sólo apto para mi mismafotolibro en el que una adolescente se describe en fragmentos que revelan una imagen indómita, inaprensible y congruente con sus deseos; La voz de los hermanos mayores, libro informativo, antología poética, gabinete de curiosidades y otras maravillas de un territorio común: nuestra lengua mestiza; La Quitapenas, novela ilustrada que es un viaje a dos voces, vaivén, llegada y partida, entre dos hermanas y una muñequita que guarda tristezas y secretos; Mandrágora, novela gráfica que acompaña en su búsqueda a una madre que encuentra otras formas de traer de regreso a su hijo; Nuestras resistencias, biografías de escritoras, conversadas desde la autobiografía lectora de quienes escriben, que inspiran otras formas de ser y crecer; Seguir tus pasos y A mediodía llovían pájaros, una novela histórica y otra que imagina un futuro en el que el pasado regresa que empecé a reseñar arriba y de las que contaré más una entrada próxima.

Todos los títulos guía y muchos de la ruta ampliada están atravesados por los feminismos (una observación hecha después de mi selección, no a priori, pero es también una tendencia esperanzadora evidente y en aumento desde hace unos años). Espero poco a poco ir publicando entradas con algunas de los temáticas planteadas en la ruta (y agregando otros libros no latinoamericanos) y también las que tengo pendientes del itinerario del año pasado, pero confío en que la identificación de preguntas comunes y selección de títulos en esta entrada tienen ya su función y utilidad, y pueden sumarse a otras conversaciones, itinerarios y prácticas de mediación lectora crítica.

Como tengo ese rezago desde el año pasado, he decidido hacer una pausa en la recepción de títulos este año y retomar hasta el 2025. Por lo que será hasta principios de 2026 cuando publique nuevamente una entrada con una ruta. Pero seguiré sumando algunos títulos a esta lista y los verán reseñados a lo largo del año y mezclados en diversas entradas que no necesariamente seguirán estas mismas agrupaciones.

Ir hacia atrás y agarrar vuelo para proyectar futuros más amables, memoriosos y justos. Des(andar) porque algo anda mal, para (re)pensar el camino que nos ha conducido a este momento de crisis, para «seguir con el problema», pero remodelar nuestro quehacer de una forma más amorosa, pausada, pacífica y en escucha real a las infancias y juventudes, con ellas y ellos. Cuidados y cuidadas por una comunidad que imagine la paz. Allí el destino final de esta ruta de la que pronto publicaré otra entrada. 

Y aquí, entre libros, recordar que hace falta acompañarnos, como decía Petit; conversarnos, conversar los libros, «ver ahora la lectura como una preparación para la gran fiesta del diálogo y de la conversación que ella puede suscitar», nos recuerda también Silvia Castrillón, entretejiendo a Estanislao Zuleta y William Ospina en su ensayo «Leer y conversar», en Biblioteca escolar (Babel, 2022, Colombia).

Espero que esta ruta de libros ilustrados se sume a sus conversaciones y habilite otras, como quien abre jaulas. 

«La jaula se ha vuelto pájaro», dice Alejandra Pizarnik, leo esta cita de nuevo en A mediodía llovían pájaros, donde también me parece escuchar cerquita la voz de Helena, otra de las mujeres cuidadoras de esa novela: «Aquí seguiremos. Apenas se vayan los soldados poblaremos de nuevo los árboles, los techos y caminos de pájaros». 

Que las jaulas se vuelvan pájaros para imaginar otros vuelos. 

 

*De Gilles Deleuze: «Yo hago, rehago y deshago mis conceptos a partir de un horizonte móvil, de un centro siempre descentrado, de una periferia siempre dislocada, que los repite y los diferencia» en Diferencia y repetición (1968).

 

 

1. Punto de partida: Del musgo a la familia animal

Al principio fuimos musgo. Un solo cuerpo arropando la piedra. Luego nos levantamos y dimos millones de años de pasos hasta ahora. Libros que repiensan nuestra relación con la Naturaleza y todos sus seres y nos recuerdan que somos animales humanos.

Un libro de la selva de Fernando Vázquez (Abuenpaso, 2022, España), Una gran familia de Santiago Ginnobili y Guido Ferro (Ediciones Iamiqué, 2022, Argentina), Rustí. El espíritu de la selva de Carlota Carvallo con ilustraciones de Charo Nuñez de Patrucco y Adrianna Patrucco (Ediciones El Nocedal, 2021, Perú), ¿Iguales o diferentes? Genómica de Francisco Xavier Soberón y Mónica Bergna con ilustraciones de María Elena Valdez (Ediciones Tecolote, 2017, México), ¡A dormir! (como animales) de Kjersti Annesdatter Skomsvold y Mari Kanstad Johnsen (Pílala, 2022, Argentina/España), Somos animales humanos de Rosie Haine (Ekaré, 2022, Venezuela/España), Animal de Daniel Blanco Pantoja (Erdosain, 2014, Chile), ¡No, tú no! de Fanuel Hanan Díaz y Luis Lestón (Ediciones Tecolote, 2018, México), Cautiva de Luis Peña Álvarez (Pozo de arena, 2022, Chile),  Anoche me soñé dragón de Gastón Hauviller (Diego Pun, 2023, Canarias), No tanto de Menena Cottin (Ediciones Tecolote, 2018, México), La familia animal de Randal Jarrel con ilustraciones de Maurice Sendak (Ekaré, 2023, Venezuela/España) y La canción detrás de todas las cosas de Gabriela Damián Miravete con microfotografías de Danny J. Sánchez (Odo ediciones, 2022, México).

 

2. De la voz al libro: mitos y primeras historias

Al principio también fuimos mito. Antes de que adjetiváramos cualquier libro, hubo mitos que nos interesaban y convocaban por igual. Muchas publicaciones los retoman y, en particular, el año pasado tuve la oportunidad de viajar a Lima y descubrir la diversidad de títulos que se publican que recuperan mitos, leyendas y cosmovisiones de culturas originarias.

Los hijos del sol de Micaela Chirif y Juan Palomino (Kalandraka, 2023, España), Antarki, el chasqui volador de Kari De la Vega con ilustraciones de Pamela Monzón (Kuyay Editores, 2022, Perú), Antiguamente en el monte los animales, las plantas y otros seres eran gente de Bawan Jisbë, Inin Metsa, Shöyan Sheca y Rember Yahuarcani (Casa de la Literatura Peruana, 2017, Perú), Akeké y la jutía de Miguel Barnet con ilustraciones de Roberto Fabulo (Editorial Gente Nueva, 2001, Cuba), Mitos y leyendas del Perú de Carlos Garayar y Jéssica Rodríguez con ilustraciones de Eunice Espinoza  (Panamericana Editorial, 2019, Perú), La Yacana y otros relatos de Cecilia Linares, Mary Malca, Miriam Vargas y Gustavo von Bischoffshausen con ilustraciones de Christain Ayuni (Editorial Bermudas, 2023, Perú), Nyasi, el cazador, mito siriono de Liliana De la Quintana y Juan José Aramayo (Editorial Nicobis, 2011, Bolivia) y El traje del armadillo y otras leyendas de Latinoamérica de Teresa Icaza y Lucho Rodríguez (Ediciones Tecolote, 2018, México).

 

3. Arrullos y rimas en libros que cantan

Un primer arrullo nos invitó a entrar al mundo (y a quedarnos) con el ritmo de las rimas que cantan en los libros, como en aquel título emblemático de Yolanda Reyes. Un recorrido que suena de la cuna al patio de juegos. 

Arrullo de luciérnagas: nanas en lenguas originarias de Puebla coordinado por Abigail Rodríguez Contreras con ilustraciones de Amanda Mijangos y Armando Fonseca (Alas y Raíces, 2022, México), Me fui en un caballo de María Baranda y Estelí Meza (El Naranjo, 2022, México), Vaivén de Laura Forchetti y Mariana Ruiz Johnson (Ojoreja, 2021, Argentina), Canción para dormir a pastillita de Miguel N. Lira y Angelina Beloff (UNAM, 2023, México), 20 motivos para despertar a una niña de Ana Camusso y David Wapner (Ediciones De La Terraza, 2023, Argentina), Arrullos para dormir ovejas de Yolanda Reyes y Manu Montoya (Cataplum, 2023, Colombia), Cantan las formas cantan de Jorge Luján y Nazli Tahvili (Planeta, 2022, México), Raíz del nido de Elizabeth Reinosa Aliaga y Karina Cocq (FCE, 2022, México), Trinares de Felipe Munita y Sozapato (FCE, 2023, México), Coplitas con preguntón de Cecilia Pisos y Eleonora Arroyo (Vincens Vives, 2018, Argentina), Rosalía cuenta… de Guiomar Du Bois y Susana Venegas (Alaluna, 2020, Perú), Arroró. Antología de nanas hispanoamericanas de Pedro C. Cerrillo y César Sánchez Ortiz, con ilustraciones de Luis San Vicente (Diego Pun Ediciones, 2018, España), Peces de a mentiras de Becky Rubinstein y Esther Guinzberg (Ediciones del lirio, 2020, México), Entre canela y naranja, la abuela y su loca granja de Bernardita Hurtado Low y Talía Álavarez Rodenbeek (Gobierno Regional de Los Lagos, 2021, Chile), Canto libre en la floresta de Ana Luisa Ríos (ICPNA, 2023, Perú) y Dice el sol, dice la luna de Mar Benegas y Blanco Pantoja (Claraboya ediciones, 2023, Chile).

 

4. Ponerse de pie y correr a ¡jugar!

Los primeros pasos son también los de descubrir el juego cuerpo a cuerpo con el mundo. Libros que proponen también salir de las páginas y seguir jugando en casa, fuera, en familia, con amigxs y usando mucho la imaginación.

El manual de dibujo definitivo de Enric Max (Ediciones Ekaré, 2023, Venezuela/España), Bo-To de Mariana Ruiz Johnson (Cataplum, 2023, Colombia), Juegos de niñxs 1999-2022 de Francis Alys (MUAC, 2023, México), Enciclopedia fantástica de medicina de Pedro Mañas y Mariana Alcántara (Alboroto, 2023, México), Óscar de Joaquín Camp (FCE, 2023, México), Mi hermano derecha de Pamela Pulido con ilustraciones de Alex Herrerías (SM, 2017, México), Un poquito tarde de Cristina Sitja Rubio (Claraboya ediciones, 2023, Chile), Fígaro de Beatriz Helena Robledo con ilustraciones de Santiago Guevara (SM, 2019, Colombia), Corre y se va corriendo… ¡Lotería! de Erika Zepeda y Cuauhtémco Wetzka (Planeta, 2018, México), El recreo de Javier Peñalosa M. y Luisa F. Arellano (SM, 2022, México), En pausa de Eleonora Garriga y Sabina Á. Schürmann (Lectura, 2020, Argentina), Encuentro al atardecer de Sergio Andricaín y Roger Ycaza (Océano, 2023, México), Cuando juegan las palabras de Silvia Katz y Tammy B. Pérez (SM/CEPLI, 2021, España) y Puertas de papel de Maikel Rodríguez Calviño con ilustraciones de Roldán Lauzán Eiras (Editorial Gente Nueva, 2012, Cuba).

 

5. Otra vez había una vez, mamá

Recordaba al principio de esta entrada los versos de Wislawa Szymborska que me resuenan como poética personal y en particular para regresar a clásicos: «Todo principio / no es más que una continuación/ y el libro de los acontecimientos / se encuentra siempre abierto a la mitad». Aquí también, a propósito de La reina de la torre, también incluyo un par de títulos en donde voces infantiles exploran el reino personal de la madre. 

La Caperucita Criolla de Aquiles Nazoa, Stefano Di Cristofaro y Ana Palmero Cáceres (Ediciones Curiara, 2022, Venezuela), La reina de la torre de Kari de la Vega y Fátima Ordinola (FCE, 2023, Perú), Mi mamá de Sandra Siemens y Rocío Araya (Lecturita, 2022, Argentina), Ayer pasé por tu torre de Cecilia Pisos y Sara Niett (Loqueleo, 2019, Argentina), El bolso de María José Ferrada y Ana Palmero Cáceres (Alboroto, 2021, México), ¿Y comieron perdices? de Laura Wittner, Juan Nadalini y Eleonora Arroyo (Calibroscopio, 2023, Argentina), Gregorio, el insecto monstruoso de Alonso Núñez y Alex Dukal (CIDCLI, 2019, México), Cartografía del cuento popular de Nono Granero (Ediciones Ekaré, 2023, Venezuela/España), Ítaca de Alberto Sánchez Argüello y Dorota Wünsch (Libros para niños, 2017, Nicaragua), El velo de Helena de María García Esperón, con ilustraciones de Claudia Navarro (El Naranjo, 2019, México), Niñas bestias de Lina María Parra Ochoa y Alejandra Vélez Giraldo (Alcaldía de Medellín, 2023), De cuento en cuento de Matías Prado (Amanuta, 2018, Chile), Rescatando a Don Quijote de Karina Echevarría y Roger Ycaza (Libresa, 2016, Ecuador) y Quijote de Ernesto Rodríguez Abad, Benigno León Felipe y Luis San Vicente (Diego Pun, 2021, Canarias).

 

6. Crecer y saber

Dar los primeros pasos, correr, volver a los primeros cuentos y a los brazos de la madre, pero luego correr otra vez, mientras crece y cambia el cuerpo, y el territorio interior y exterior se expande. Ganas de crecer y saber con libros que exploran la adolescencia, los nuevos saberes y, en particular, la vida secreta de las palabras y las letras.

La voz de los hermanos mayores de Clarisa Ruiz y Alekos (SM, Colombia, 2015), Sólo apto para mi misma de Juanita Escobar y Sarai Reyes (La Luminosa, 2022, Argentina), Pubertad en marcha de Gloria A. Calvo, Camila Lynn, Agostina Miles y Marina Trach (Ediciones Iamiqué, 2021, Argentina), Como todos los días de Javier Garrido (Calibroscopio, 2023, Argentina), Un árbol crece y nadie la pregunta por qué de Eugénio Roda y Cecilia Afonso Esteves (Portaculturas, 2018, Argentina/Yekibud Editores, 2020, España)Sabor de Micaela Chirif, Ignacio Medina y Andrea Antinori (Océano, 2023, México), Sabores y saberes de la milpa coordinado por Josefa Ortega y María Angélica Palma Rodríguez (Casa Gallina/Calpulli Tecalco, 2023, México), Tipos curiosos. Breve historia de las letras de Ricardo Henriques, Madalena Matoso y Rúben Dias (FCE, 2022, Chile) y El día en que la O se escapó del abecedario para ser más cosas que una letra de Diana López Font (Edición de autor, 2021, México).

 

7. Migración, búsqueda y resistencia

Irse y enfrentar cambios y dificultades, a veces involuntariamente, a veces tras el deseo de una vida mejor, y encontrar en el camino a quienes buscan a otros y otras que fueron secuestrados por quien debería cuidarte. Y desde allí también testimonios de resistencia. Para continuar con mis entradas sobre terrorismo de Estado y sumar feminismos a una entrada pendiente desde el año pasado.

Mandrágora de Santiago Moyao (Tierra Adentro/FCE, 2023, México), Nuestras resistencias compilado por Arianna Aquino Ortega e Ilse Pérez Morales (Loqueleo, 2023, México), Sukuchi Ntava, niños que vuelan de Nadia López García Niño y Víctor Mortales (IEAL, 2022, España), Códice peregrino de Vivian Mansour y Emmanuel Valtierra (FCE, 2022, México), Los bisontes de Jairo Buitrago y Blanco Pantoja (Erdosain, 2021, Chile), Tengo 14 años y no es una buena noticia de Jo Witek y Jimena Estíbaliz (El Naranjo, 2022, México), Un manantial en el desierto de Juan José Cavero con ilustraciones de Natalia Revilla (SM, 2017, Perú), Mi abuela de El Esperpento (Ediciones De La Terraza, 2023, Argentina), Sur de Mr. Power (Alas y Raíces/Secretaría de Cultura de Puebla, 2022, México), Myrtho, te llama el director de Myrthokleia González Gallardo con ilustraciones de Irma Bastida Herrera (Centro Cultural Universitario Tlatelolco/UNAM, 2022, México), El vestido de María Teresa Andruetto y Ana Luisa Stok (Diego Pun, 2023, Canarias) y Ella se siente a veces… Una historia de Alaíde Foppa de Áurea Esquivel y Ely Galvar (Centro Cultural Universitario Tlatelolco/UNAM, 2022, México).

 

8. Dolerse, decir adiós

Cuando el miedo a la pérdida o la tristeza se instalan en el cuerpo, ¿cómo nombrarse en el mundo? ¿cómo reacomodarse? ¿Pueden vivirse la muerte y la pérdida?, ¿transformar el miedo en creación? Libros que se duelen y reconocen la tristeza, pero que también admiten el humor al decir adiós.

La Quitapenas de Juliana Muñoz Toro con ilustraciones de Elizabeth Builes (Vincens Vives, 2020, España), Breve historia de una pompa de jabón de Germán Machado e Iratxe López de Munáin (Kireei, 2017, España), ¿Así es la muerte? 38 preguntas mortales de niñas y niños de Ellen Duthie, Anna Juan Cantavella y Andrea Antinori (Wonder Ponder, 2023, España), La soledad de los peces de María José Ferrada y Mariana Alcántara (Alboroto, 2023, México), Ikigai de Ezequiel Dellutri con ilustraciones de Israel Hernández (El Naranjo, 2023, México), Ceniza roja de Socorro Venegas y Gabriel Pacheco (Páginas de espuma, 2022, España), ¡Ay, barquito de papel! de María Emilia López y Laura Varsky (Ojoreja, 2023, Argentina), Kintsugi de Issa Watanabe (Zorro Rojo, 2023, Argentina/España), Otra lluvia de Laura Devetach y María Wernicke (Calibroscopio, 2023, Argentina), Un cuento y una canción de Sheila Alvarado (SM, 2019, Perú), Adiós, Chester Binder de Ángeles Durini con ilustraciones de Anabel Fernández Rey (Loqueleo, 2022, Argentina), Casa de Rosario Lucas (Dzitts & Hihanox Ediciones, 2023, México), De papel de Claudia Novaro y Armando Fonseca (Kalandraka, 2022, España), Y fue entonces de Helena Hiriarte e Iván Rickenmann (Babel, 2021, Colombia), El libro de las muertes extraordinarias de Cecilia Ruiz (Avenauta, 2019, España) y La muerte del yatmandú de Luis Salazar Orsi con ilustraciones de César Chujutalli (Casa de la Literatura Peruana, 2023, Perú).

 

9. De la casa al mundo, entre la guerra a la paz: destino final.

En el principio era la pelea en casa; luego, las diferencias entre vecinos; después, la disputa entre barrios, la competencia entre ciudades, el combate entre países, la guerra mundial. ¿Cómo desandar ese camino para volver a mirarnos por primera vez y sin violencias? ¿O como andar hacia adelante al encuentro de una realidad que no secuestre ni torture ni arroje bombas sobre nadie?

Seguir tus pasos de Alicia Molina con grabados de Santiago Robles (Ediciones Castillo, 2023, México), A mediodía llovían pájaros de Marcela Guiral con ilustraciones de Alejandra Estrada (Babel, 2022, Colombia), Todo mal de Juan Gedovius (FCE, 2023, México), Baile del Tun de María López Vigil y Nivio López Vigil (Libros para niños, 2014, Nicaragua), Pequeña historia de un desacuerdo. Ciudadanía para niños de Claudio Fuentes S. y Gabriela Lyon (Ekaré Sur, 2017, Chile), La verdadera historia de Juan Soldado que metió al Diablo en un costal de Carlos Nogueira y Andrés Mario Ramírez Cuevas (Ideazapato, 2012, México), La cruzada de los niños. Vamos a cambiar el mundo de Afonso Cruz (Panamericana, 2016, Colombia), Declaración de amor o los derechos del niño de Arturo Corcuera, ilustrado por Rosamar Corcuera (Ediciones el Nocedal, 2021, Perú). Aquí la entrada con las reseñas y más.

 

 

 

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Selección de libros ilustrados 2015

Entrada No. 243
Autor: Adolfo Córdova. 
Ilustración de portada: Alejandra Estrada para A mediodía llovían pájaros (Babel, 2022)
Fecha original de publicación: 5 de febrero de 2024.

 

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