«¡Nooo! ¡Noooo!», gritan niñas y niños a todo pulmón. «¿Lo haré o no lo haré?», se pregunta Conrado acercando a la boca uno de sus irresistibles pulgares. «Hazlo ya, no dudes más», le cantan las voces de la tentación. «¿Lo haré o no lo haré?», sigue indeciso Conrado, desde el centro del escenario. «¡Nooooo!», gritan niños, niñas y adultos con más fuerza, desesperados, algunos levantándose de su asiento en un teatro lleno. «¿El sastre será real? ¿O un cuento de mamá?», pondera Conrado.

Este niño, por supuesto, sabe que las mamás se inventan cosas para que las obedezcan, así que se atreve a dudar de la advertencia que le hace ella antes de salir de casa: «Los pulgares nunca más a la boca meterás o muy pronto llegará el funesto sastre». «Ay, nanita, ¿quién es él?», le pregunta Conrado. «Figurín alargado, siniestro y malvado, si no me crees ya verás, tus dedos cortará».

La advertencia suena profética en voz de la madre que insiste: «Te quedarás solito… y en la noche oscura todo puede suceder… controla tus impulsos ya no eres un bebé… A los niños grandes por chupetear el pulgar, el sastre aterrador no dudará en tajar». 

Pero las voces de la tentación arremeten: «¡Exquisito debe ser, no te lo puedes perder! Chupa y chupa pulgar, chupa que te chuparás». Conrado acerca el pulgar a sus labios. El público grita. Las voces no cesan: «Chupa que chupa pulgar, no te arrepentiras», «¡Nooo! ¡Nooo!». Algunos niños se tapan los ojos. Y, finalmente, Conrado se chupa los deliciosos pulgares y, sí, el sastre malvado y espectral aparece en escena (en la sala hay silencio) y se los taja.

El escalofriante sastre, interpretado por Eduardo Siqueiros, hace su aparición. Foto: Héctor Ortega.

«Ahora el buen Conrado llora desconsolado / dos cascadas de sangre par de charcas dejó. / Su mamá ya regresa, que terrible sorpresa. / El sastre se ha ido, las tijeras se llevó / y el pequeño chupadedo, pobrecito, se murió».

Y se escuchan carcajadas.

 

Los primeros malcriados

En una Navidad de 1844, el médico Heinrich Hoffmann busca el regalo perfecto para su hijo de tres años y medio: un libro que le haga ver las consecuencias de portarse mal. A pesar de que ese tipo de publicaciones infantiles aleccionadoras están de moda, no encuentra ninguno que le convenza. Así que decide escribirle e ilustrarle uno él mismo. Un año después, su amigo editor, Carl-Friedrich Loening, lo convence de publicarlo. 

Historias muy divertidas y estampas aún más graciosas para niños de 3 a 6 años, el título con el que apareció, ya evidenciaba una ruptura didáctica y una apuesta gráfica. Hoffmann realmente quería entretener a los niños y niñas. Que sí aprendieran a obedecer a los mayores, pero con historias rimadas que tuvieran gracia y, muy importante para él, acompañadas de ilustraciones impactantes, «estampas aún más graciosas». Al expresarlo así, le estaba confiriendo mayor peso a la imagen, algo muy inusual en la literatura infantil de la época (podemos considerar que este libro es uno de los pioneros de la narrativa gráfica infantil: tanto de los álbumes ilustrados como del cómic, su descendiente directo es Max y Mortiz de Wilhelm Busch, publicado en 1865).

Una de las primeras ediciones de Pedro Melenas, ya con el título definitivo.

Dos años antes de morir, en 1892, Hoffmann publica una carta en el primer periódico de gran circulación en Alemania, el Die Gartenlaube (El mirador), en donde relata más del origen de los cuentos (para entonces más que célebres). Aquella Navidad de 1844, narra, sólo había encontrado «historias largas y bobas que, tras múltiples exhortos, concluían con la moraleja explícita: ‘Los niños deben ser siempre buenos o Los niños deben ser limpios o decentes, o justos, etc.'»

Es tanto el éxito del libro, que en 1876, se celebra la edición número 100 con esta portada.

Así que, continúa, «tomé un cuaderno en blanco y le dije a mi esposa: ‘Le voy a hacer al niño el libro ilustrado que necesita’. El niño aprende viendo, le entra todo por los ojos, comprende lo que ve. No hay que hacerle advertencias morales. Cuando le dicen: ‘Lávate; Cuidado con el fuego; Deja eso; ¡Obedece!’, para el niño son conceptos sin sentido. Pero el dibujo de un andrajoso, sucio, de un vestido en llamas, la imagen de la desgracia le instruye más que todo lo que se pueda decir con las mejores intenciones».

Esas desgracias son tan exageradas que era difícil tomárselas en serio. Los niños y niñas disfrutaron (mezcla de susto y gusto) de la tropa de desobedientes (Pedro MelenasDer Struwwelpeter, fue el título definitivo, a partir de la tercera edición), les acompañaron en sus finales tremendos o en sus castigos absurdos, y los padres y madres también. Se trata de «cuentos con moraleja» (cautionary tales), una forma de manual de urbanidad para todos conocida, pero subvertida, liberada de la severidad, atravesada por el humor. Este sentido del humor paródico, con escenas domésticas cercanas y al mismo tiempo caricaturescas, relajó a todas las partes: propuso relaciones familiares más lúdicas, menos opresivas.

Pinocho convertido en burro. Il. Roberto Innocenti.

Aunque para 1845 la Caperucita de los Grimm ya había desobedecido la instrucción de su madre de «no salirse del camino» y La Sirenita de Andersen había hecho tratos con la Bruja del Mar, Pedro Melenas dio «malos pasos» hacia adelante en la tradición del desacato y la conformación del arquetipo del niño o niña desobedientes en la literatura infantil. Todo se centra aquí en esa tensión, la del crimen y el castigo, la indisciplina y sus consecuencias, el terror y el humor. Materias que pasarían con honores los mencionados Max y Moritz (1865) y Pinocho (1883), descendientes de Pedro Melenas. 

También Mark Twain es otro de sus herederos (de hecho hizo una traducción al inglés de Pedro Melenas). Además de haber creado a dos de los rebeldes más entrañables de la historia de la LIJ, Tom Sawyer y Huck Finn, sus textos «Historia de un niño bueno… / Historia de un niñito malo» o «Consejos para niñas pequeñas» son asimismo parodias de los breviarios de buen comportamiento. 

Desde entonces hasta ahora muchos otros desobedientes han desfilado por las narraciones infantiles. Algunos homenajeando específicamente a Hoffmann como Lola se embala y otros cuentos terribles de Von Bredow y Kuhl o Cuentos desobedientes de Jairo Buitrago. 

Hoffmann usó el humor y empujó un tipo de libro ilustrado y paródico inédito en la historia de la LIJ, pero no lo hizo porque creyera en la emancipación infantil o en la inteligencia de niños y niñas para cuestionar las instrucciones. Su intención sí era didáctica y disciplinadora y algunos de los temas y tonos evidencian sus propios prejuicios y el contexto autoritario donde los castigos físicos o psíquicos eran aceptados. Muchos padres y madres sí lo usaban para disciplinar y asustar a sus hijos e hijas. Así que, a pesar de que clásicos como este resulten más transgresores que mucha literatura infantil que circula hoy, conviene leerlo con ojo crítico. Eso hicieron también los adaptadores de esta obra de teatro. 

 

Una melena más grande, un espíritu más desobediente

«¡No, Federico, no!», grita un niño desde su asiento. Federico, el cruel, le saca la lengua. Un coro canta: «Federico, Federico, / insectitos aplastaba, / las alitas les quitaba, / pajaritos desplumaba, / y a los ga y a los ga / y a los gatos maltrataba». Pero Federico acaba mal, muy mal, peor que en la historia original de Hoffmann. Después de que lo muerde un perro al que estaba molestando, un doctor le da remedios que no funcionan. Y mientras la vertiginosa acción sucede en el escenario, escuchamos esta canción que cuenta la fatalidad:

Le dan unas inyecciones / para que el niño mejore, / pero el pie ya está estropeado, / todo verde y putrefacto, / y pues otra opción no queda / y el serrucho grande llega / para la pierna amputar, / Federico va a llorar.

El niño malvado grita / mientras el pie el doc le quita / la cuchilla llega al hueso / cruje y truena uy, ¿qué es eso? / miren bien no sean chillones, / ¡ahora quitan los tendones! / mucha sangre a borbotones / y los gritos por montones.

Queda el niño desangrado, / su maldad así ha acabado, / en la cama para siempre / ya su cuerpo queda inerte. / El perrito ahora llega / y el mochado pie se lleva, / es el fin de la gangrena / y en las calles ya no suena:

Federico, Federico, / insectitos aplastaba, / las alitas les quitaba, / pajaritos desplumaba, / y a los ga y a los ga / y a los gatos maltrataba.

Federico, el cruel, interpretado por Christopher Aguilasocho. Foto: Héctor Ortega.

Federico, acostado en la camilla y sin una pierna, de pronto… ¡se levanta! La amputación de pierna era un truco. Sonríe feliz con nosotros, está orgulloso de lo bien que le ha salido el número. Ya no es Federico, es Pipo, uno de los personajes que representan y nos cuentan estas historias de niños y niñas malcriados. El público aplaude. El show continúa. ¿Veremos finalmente al temible Pedro Melenas? El niño que por no bañarse terminó convertido en un monstruo y cuyas pisadas de gigante hacen tambalear toda la carpa.

Aquí todo puede pasar y ser coreado (es notable lo bien escritas y pegajosas que son las canciones), ya hemos visto a Paulinita incendiarse en un baile y a sus tres gatitas que la despiden muy tristes pero bailando; al soñador Juan Babieca: su imaginación ilimitada lo hace perder el piso y caer por un barranco; a Marlene, la melindrosa, que termina más flaca que un fideo de su sopa y, ¡puf!, desaparece; a Felipe Rabietas que lleva hasta sus últimas consecuencias su acto principal: aguantar la respiración; y a Conrado, chupadedos, de quien ya sabemos el final.

«Pedro Melenas y otras historias para desobedientes» es una adaptación teatral, de Artús Chávez y Froylán Tiscareño, que multiplica las travesuras y rebeldías y estira mucho más el humor negro del libro original. De hecho, en los poemas de Hoffmann, casi todos los protagonistas sobreviven a sus «malos» comportamientos. En esta obra, no. Eso la acerca al tono de Los pequeños macabros de Edward Gorey, más incómodo y menos aceptado en el canon infantil.

Mimí Valmont interpretada por Anahí Allué. Foto: Héctor Ortega.

Pero para suavizar la experiencia vívida del teatro, con tantas muertes en escena, los cuentos están enmarcados en otro cuento: el de un grupo de actores, actrices y músicos, en una carpa, que nos recuerdan constantemente que todo lo que estamos viendo es un montaje. Sí, se trata de un espectáculo clown de variedades, con elementos del burlesque y el freak show del siglo XIX. Así que hay por lo menos dos claves claras para distanciarnos y reconocer (¡y disfrutar!) la ficción: el relato enmarcado y el desplazamiento temporal. Lo que vemos y oímos nos sitúa en otro tiempo (más cercano al del libro original), en un mundo con otras reglas (¡y plagado de reglas que se rompen!), en donde el miedo y la alegría se entrelazan bajo la luz catártica del teatro, del juego.

Todos los niños y niñas representados son anárquicos, no temen ni a un padre ni a un dios; un rasgo del carácter ya bastante adelantado desde el libro (tal arrojo en los personajes llegaría a Latinoamérica 40 años después, con los textos de José Martí). Paulinita, Federico, Juan, Felipe, Marlene, Conrado, pero también Pipo, Marturia, Timoteo, Góndola, Pancho y Mimí, los actores y actrices de la carpa que los interpretan, son más desobedientes, crueles, burlones, tiernos, cínicos, imaginativos, inocentes, tercos y temerarios que los que miran desde las butacas. Esos personajes los hacen disfrazarse, correr, bailar, caerse, gritar, poner a prueba a sus padres, vivir experiencias que no vivirían en su mundo real (incluida la de resultar ahora ellos mejor portados y ser quienes regañan, desde sus asientos), los hacen crecer en la exploración de sus propias emociones, les guiñan el ojo, los y las vuelven gigantes. ¿Qué más se le puede pedir a una adaptación?

Mirar críticamente el pasado. Sí, la nueva mirada excluye un cuento que intenta castigar a un grupo de niños racistas pero que termina evidenciando el propio racismo de Hoffmann y de la sociedad en la que vive. Los directores también incorporan más personajes femeninos, pues en Pedro Melenas casi todos los desobedientes son niños. 

Misha Marks y Deborah Silberer. Foto: Héctor Ortega.

¿Y qué más? Una musicalización en vivo, de Deborah Silberer y Misha Marks, emocionante, que marca el ritmo con suspenso, y a veces festiva, con tonadas klezmer; un diseño de iluminación y escenografía, de Félix Arroyo, que no teme a la oscuridad; un vestuario vibrante, de Giselle Sandiel, que acentúa el carácter de los personajes; y un despliegue de virtuosismo actoral. Impecable puesta en escena que celebra la determinación a jugar (rehacer el mundo, desobedecer el mandato único) de niños y niñas.

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‘Pedro Melenas se comió a su domador’

Entrevista a Artús Chávez y Froylán Tiscareño, directores y creadores de «Pedro Melenas y otras historias para desobedientes».

Estos niños y niñas hacen lo que se les da la gana aunque les cuesta la vida. Y ¿cómo le hicieron los profesionales para representarlo de una forma tan impecable? Todo empezó hace unos diez años, con el recuerdo de una lectura de infancia de Deborah Silberer, su amiga cercana y la compositora musical de la obra, que al fin se materializó en un montaje soñado. Entrevisté vía correo electrónico a Artús Chavez, director, que ya había incursionado en la adaptación de un libro infantil con «Príncipe y príncipe» (Rey y rey de Linda de Haan y Stern Nijland) y a Froylán Tiscareño, codirector, para conocer más de la propuesta. Sus respuestas echan luz tanto para quienes interese hacer teatro para niños y niñas como para quienes crean en el teatro como maravilloso compañero de juegos en la infancia.

Foto: Héctor Ortega.

1. ¿Por qué decidieron hacer una adaptación de Pedro Melenas? 

Fue una propuesta de nuestra amiga y colaboradora Deborah Silberer. Ella creció en Alemania y nos contó que esos eran parte de los cuentos de su infancia. Recordaba con nostalgia y cariño la combinación de curiosidad y terror que le daban las historias. Eso nos pareció interesante. Así que leímos el libro y nos pareció mágico traer al público contemporáneo un texto escrito en el siglo XIX, ofreciendo este espectáculo como un viaje al pasado y una reflexión sobre las distintas perspectivas sobre la infancia y la educación. Uno de los mayores desafíos era mantener el espíritu del texto sin volvernos absolutamente terroríficos, así que decidimos hacer una combinación de comedia y horror para generar tensión y distensión a lo largo de la obra. Nos preocupaba que los adultos lo consideraran demasiado «fuerte» para las infancias, no porque nosotros pensemos que sea fuerte, sino porque algunas personas tienen preocupación de que sus hijas e hijos vean sangre, por ejemplo. Por eso toda la sangre que se usa en la obra es festiva, fársica, no parece real. Así generamos cierta distancia entre el público y el contenido, subrayando el hecho de que «es ficción».

2. ¿Cómo fueron del libro al escenario?

Con improvisaciones, nosotros le llamamos «escribir de pie». Cuando tenemos una idea para un nuevo show, hacemos una escaleta de escenas pensando en cómo nos imaginamos la progresión del espectáculo. Froylán tenía la idea de que sucediera en una carpa de freaks y fue quien hizo la escaleta de escenas y personajes de Pedro Melenas. En el salón de ensayos, tomamos una de las escenas, por ejemplo, el cuento de Federico el Cruel, y lo leemos con el elenco. Juntos, reflexionamos sobre los personajes, la situación, contamos anécdotas paralelas de nuestra historia personal y con toda esa información en la mente, le pedimos al elenco que pase al escenario a improvisar la escena. Las improvisaciones son mágicas porque es una manera de jugar en escena y permitir que el inconsciente de cada actriz y actor se manifieste a través de la libertad del juego. El resultado es sorprendente porque en el calor del momento, el elenco descubre cosas de las escenas que no están en el papel. Digamos que las ideas que estaban en nuestras mentes se nutren de la imaginación del colectivo y habitan la multidimensionalidad del escenario. Michelle Mota, asistente de dirección, filma las improvisaciones y las transcribe. Nosotros las releemos, vemos los vídeos, y hacemos una edición generando la escena final. Una vez que la escena está escrita, la montamos como cualquier escena de teatro, pero con la libertad de que, como nosotros la escribimos, podemos cambiarla en cualquier momento según lo que la escena exige.

Foto: Héctor Ortega.

De la misma manera, en las improvisaciones vamos descubriendo quiénes quedan en qué personajes, según su personalidad y aptitudes. Les pedimos que se vistan como ese personaje (con ropa vieja que todos traemos de nuestras casas) y vamos encontrando las particularidades de cada uno. El resultado son personajes hechos «a la medida» como un buen vestido hecho por una costurera.

En Pedro Melenas, además, le pedimos a cada miembro del elenco que re-escribiera en verso uno de los cuentos del libro original. Así, Margarita Lozano escribió Paulinita y las Cerillas, Christopher Aguilasocho escribió Federico el Cruel y Juan Babieca, Anahí Allué escribió el tango de Felipe Rabietas y Eduardo Siqueiros escribió Conrado el Chupadedos. Nosotros les dimos guía y dirección. Así mismo, Nohemí Espinosa nos ayudó a pulir el trabajo de clown en Felipe Rabietas y Anahí Allué hizo la coreografía de los gatos en Paulinita y las cerillas. El trabajo se vuelve más personal cuando es colectivo, y el sentido de pertenencia del proyecto crece.

3. ¿Cuál es la lógica de la obra?

Decidimos enmarcar los cuentos dentro del universo del «freak show» de las ferias y carnavales de antaño. Nuestros personajes son Pancho, el hombre fuerte; Marturia, la hipnotista; Mimí, la bella dama en decadencia; Timoteo, el presentador tacaño; Góndola, la payasa deprimida; y Pipo, el payaso oscuro, que en este caso, es además el intendente de la carpa. Todos los personajes tienen algún tipo de deformidad, ya sea física o mental y un rasgo de locura. Ellos son la línea dramática que conduce el espectáculo, son los personajes «de la realidad» que cuentan los cuentos de Hoffman mientras que Paulinita, Federico, Conrado, Marlene y los demás son los personajes «de la ficción». La idea es que la audiencia pudiera seguir el hilo de personajes de la carpa cuyo objetivo es llegar al final del show a pesar de que la «atracción principal», Pedro Melenas, el niño monstruo, se ha rebelado, no ha querido salir a escena y la noche anterior se comió a su domador.

Foto: Hécto Ortega.

Cada uno de los personajes de la carpa tiene una función dramática. Por ejemplo, Pipo, el payaso oscuro, está pensado como reflejo del público infantil. Su mirada es la mirada de las niñas y niños. Es el alma más tierna e inocente, es un monstruo hermoso. Pipo comienza siendo rechazado por el resto del elenco y termina siendo el héroe. Está lleno de cualidades: es valiente, noble y generoso. Su nobleza se comprueba cuando accidentalmente le rompe a Góndola su más grande tesoro: su globo Gondi. Pipo rápidamente lo reemplaza con un globo aún más grande y hermoso. Así, Góndola cumple su sueño de volar a un lugar mejor y Pipo se consagra como la estrella del show. Todos los personajes terminan abrazados, hermanados en la bondad. Ese es el contenido del show. Los cuentos de Hoffmann son, casi, un pretexto para divertirnos, reírnos de lo trágico que puede ser la vida y gozar de números de cabaret con canciones, magia, comedia, títeres, slapstick, bailes y botargas. Los ordenamos del más tierno al más oscuro para ir metiendo al público en un viaje cada vez más tenebroso sin que se sientan atacados. Es una forma de llevarlos de la mano al abismo, y de regreso a la realidad que es tan bella como dolorosa.

4. ¿Cómo son los niños y niñas que tenían en su cabeza al hacer la adaptación?

Nos imaginamos un público de niñas y niños que han estado encerrados en una pandemia de dos años, llenos de vida, con ganas de sentirse vivos, de sentir el poder de la risa, del miedo, con deseos de gritar, de expresarse, de participar, de manifestar sus emociones con mucha pasión. La idea de que son «desobedientes» es una ironía, porque el gritar, el ser curiosos, el ser aventureros, no es sinónimo de rebeldía. Es signo de que son niñas y niños. La ironía está en que «desobedientes» es la visión que tienen los adultos de los infantes: tienen que sentarse bien, no gritar, ser buenos y calladitos. Y eso es una infancia aburrida. Así que escribimos el espectáculo deseando que gritaran fuerte, que cantaran y bailaran, que mostraran todo lo que llevan dentro. Y por supuesto, que se sintieran identificados con los personajes, ya que las anécdotas de los cuentos de Hoffmann hablan de ellas y ellos: de quedarse solos en casa, de chuparse el dedo, de fijarse por donde caminan, de no querer comer. Problemas de niños y niñas.

5. ¿En qué se parece y en que se diferencia esta adaptación de su anterior «Príncipe y príncipe?»

Somos prácticamente el mismo equipo de «Príncipe y Príncipe». David Castillo es el productor general, Giselle Sandiel es la diseñadora de vestuario y Félix Arroyo es el diseñador de escenografía e iluminación. El elenco es el mismo, con la adición de Rodrigo Virago como Pancho, el hombre fuerte y Nohemí Espinosa como la payasa Góndola. Y los nuevos integrantes del equipo de producción son Froylán Tiscareño como co-director, Michelle Mota como asistente de dirección y Deborah Silberer como compositora y pianista en vivo, así como Misha Marks como músico. La otra similitud es que «Príncipe y Príncipe» también trata un tema «delicado» para algunos adultos -más no para los niños- y lo toca sin condescendencia. Es decir, tratamos al público infantil y juvenil como los seres inteligentes que son, sin disfrazar los temas. Hablamos de las cosas como son, solo que lo hacemos con la ligereza de la comedia, esa herramienta mágica que nos permite abordar todo sin tapujos y sin emociones «conflictivas».

6. ¿Por qué les interesa hacer teatro para niños y niñas? 

En realidad no pensamos en nosotros mismos como que hacemos teatro para niñas y niños. Hacemos teatro para toda la familia. Como nos gustan el clown y el bufón como medios expresivos, eso nos ha permitido experimentar con temas serios y no tan serios a partir de la risa. «Guerra» ha sido nuestro espectáculo maestro en ese sentido, nos ha enseñado mucho. El humor del clown es blanco, no hay groserías y no hay albures y eso lo vuelve familiar. El humor blanco no es soez. Es humano. Toca las fibras del alma del espectador sin importar su edad. Así que sí, hacemos teatro para todas y todos. Lo más importante para nosotros es que el espectáculo sea entretenido, que tenga juego, que los momentos sucedan «de verdad». Para Froylán era importante generar momentos de magia «real», él quería reproducir sus sensaciones de niño en las «Casas de los sustos» de parques temáticos, donde realmente había creído haber visto fantasmas y monstruos. Así, buscamos que los espectadores se lleven una experiencia con subidas y bajadas, con emociones variadas como la risa, el llanto, el enojo y el miedo, que salgan sintiendo que vivieron una aventura llena de picos y valles, de locura y sobre todo, de vida.

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Tres rebeldes con causa 

Nohemí Espinosa, Christopher Aguilasocho y Magartina Lozano, tres de los impresionantes artistas, clowns, cuerpo y corazón de la insurrección en escena, que gozan como niñes la obra, respondieron también tres preguntas. 

 

Ser actriz, su desobediencia: Nohemí Espinosa.

Nohemí como Góndola. Foto: Héctor Ortega.

¿Qué es lo que más disfrutas Pedro Melenas?

Disfruto cada momento de hacer este espectáculo. Desde maquillarme  y preparar cada detalle para contar la historia de Góndola, que para mí es la historia de una vida de principio a fin. El vínculo que Góndola hace con las niñas y niños pequeños, pues se sienten identificados con sus temores y emociones, es lo que más disfruto.

¿Cuál ha sido tu desobediencia más reciente?

Mí desobediencia resiente es dedicarme a mi vida profesional artística, rompiendo estereotipos sobre la posición que “deberíamos” tener las mujeres y sobre las recomendaciones de no dedicarnos al arte pues “moriríamos de hambre”.

¿Y una que recuerdes de tu infancia?

Un día que quedé sola en casa, se me ocurrió abrir una pecera en la que mi hermano tenía como mascotas, una docena de ranitas (tal vez eran menos, pero yo tenía la sensación de  que eran muchas). Todas salieron saltando por todo el departamento. Quise atraparlas y volverlas a meter, pero eran diminutas y todas se escondieron bien. Solo quedaron como tres dentro de esa pecera. Yo la volví a tapar y no dije nada. Cuando ese recuerdo vuelve a mi memoria, me despierta la angustia de aquella experiencia, que fue una pesadilla para mi corta edad.

 

Causar risa y terror: Christopher Aguilasocho.

Christopher como Juan Babieca. Foto: Héctor Ortega.

¿Qué es lo que más disfrutas Pedro Melenas?

Lo que más disfruto es tener la posibilidad de jugar un personaje desde lo grotesco, lo tierno y lo inocente, y ponerlo a favor del objetivo de provocar algo en lxs ninxs, causarles terror y risas. Son increíbles los momentos en los que participan y gritan y se meten de lleno en la historia y se relacionan de manera directa a través de su voz con lo que están viendo. Que sea un espectáculo de carpa ayuda mucho a que esta interacción se genere y es hermoso cuando pasa.

¿Cuál ha sido tu desobediencia más reciente? 

Mi desobediencia más reciente fue después de una lesión de rodilla, no hacer caso al doctor y amigxs de dejar de jugar fútbol y seguí jugando.

¿Y una que recuerdes de tu infancia?

Una vez que mi mamá me dijo llegara temprano al departamento y no lo hice por estar jugando con mis mejores amigos de la cuadra y cuando regresé me dijo que si esa familia me gustaba más hiciera mis maletas y me fuera. Un par de horas después mi hermano le fue a preguntar a mi mamá que me había dicho, ella ya no sé acordaba, y él le dijo que estaba en mi cuarto llorando, pero eso sí, haciendo maleta muy decidido para irme a vivir a casa de mis amigos.

 

La música y el arte, los aliados: Margarita Lozano 

Margarita Lozano como Marturia Arenas. Foto: Héctor Ortega.

¿Qué es lo que más disfrutas de hacer Pedro Melenas?

Revivir la desobediencia frustrada de niña, y las prohibiciones de las que todo el tiempo somos receptores los niños.

Y gracias a Pedro Melenas he descubierto que ser desobediente crea mucha seguridad sobre quién eres, qué puedes llegar a hacer y qué no, aprendes a poner tus propios límites. Es un regalo de mí para mí. Me divierte además hacerlo cantando, gritando, jugando el rol de varios tipos de madre, mística, niña, hija, etc…

¿Cuál ha sido tu desobediencia más reciente?

Seguir haciendo teatro.

¿Y una que recuerdes de tu infancia?

De niña era muy obediente, pero en el fondo siempre hacía lo que quería, la música y el arte siempre fueron mis grandes aliados.

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Viernes de la escuela al teatro

Si viven en la Ciudad de México corran la voz entre profes y aprovechen el programa de teatro escolar del INBA. No se me ocurre una mejor excursión y regreso a los teatros después de dos años de pandemia.
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¡Últimas semanas de Melenas!

Regresar a los teatros, que tanto la sufrieron, para cerrar el mes del libro y de los niños y niñas. La adaptación del director Artús Chávez y el codirector Froylán Tiscareño está basada en improvisaciones, personajes e ideas de los actores y actrices Nohemí Espinosa, Margarita Lozano, Christopher Aguilasocho, Anahí Allué, Eduardo Siqueiros y Rodrigo Virago y la asistente de dirección, Michelle Mota. La musicalización es de Deborah Silberer y Misha Marks. El diseño de escenografía e iluminación de Félix Arroyo y el diseño de vestuario, maquillaje y peluquería de Giselle Sandiel. La coordinación general y producción ejecutiva es de David Castillo.

¿Dónde? ¿Hasta cuándo? Todos los sábados y domingos a las 12:30 horas en el Teatro Julio Castillo en la Ciudad de México. Hasta el domingo 8 de mayo.

Entrada No. 227. Autor: Adolfo Córdova.

Fotografía de portada: Héctor Ortega.

Fecha original de publicación: 23 de abril de 2022.

4 Comentarios »

  1. Vimos la obra el viernes pasado y es una verdadera maravilla. La disfrutamos niñas, abuelos y papás por igual. Ya el libro nos fascina y la adaptación es genial.

  2. Excelente entrada Adolfo!! Qué genial que se haya teatralizado de una forma tan magistral una obra tan importante como Pedro Melenas!!

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