Y así, entre cajas que llevaban varias décadas cerradas, y ante los ojos maravillados de Mariano y Florencia, apareció.

Otro garbanzo, musical, insospechado e igualmente prodigioso que su cuento. Y con sus muchas posibles lecturas: «Si un garbanzo te mira bien mirado / y al mirarte te sabe de memoria, / es mejor mirarlo desde lejos…» .Y lleno de partituras, pues era parte de un movimiento artístico de una editora musical de los años 60 en Argentina. 

Esta entrada quiere celebrar muchos aniversarios: los 50 años de ese otro garbanzo, contemporáneo del cuento del mismo nombre que ganó el Premio Casa de las Américas integrado al volumen Monigote en la arena en 1975; los 60 años de La torre de cubos, su famoso libro censurado en la dictadura y, claro, los 90 años de inspirada e inspiradora vida de Laura Devetach. 

Nuevamente, muchísimas gracias a Mariano Medina, amigo músico, escritor y garbanzo cultural del CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil) por enviarme este artículo que hace juego con esta otra maravilla que publicamos el año pasado: ¿Dos elefantes ocupan mucho espacio? Laura Devetach, El Ciervo Encantado y una trama vital entre la literatura y el teatro, por Mariano Medina

Y, nuevamente, resulta un deleite leerle. Por la forma en que nos muestra las tramas que entretejen todo, al tiempo que honra el trabajo de una pionera. Me hace pensar en otras pioneras que ya han soplado al menos 80 velitas en Latinoamérica: María López Vigil (1944), cubana-nicaragüense; Nersys Felipe (1935), de Cuba; Lara Ríos (1934), de Costa Rica; Velia Calvimontes Salinas (1935) de Bolivia, Alicia Yánez Cossío (1928), de Ecuador; Lygia Bojunga (1932), Ruth Rocha (1931) y Ana Maria Machado (1941), de Brasil; Sylvia Puentes de Oyenard (1943), de Uruguay; y Gilda Rincón (1934) y Alicia Molina (1945), de México.

Todas «garbanzos» que han puesto en riesgo los buenos modales y otras opresiones disfrazadas de «cuentitos» a través de una literatura infantil y juvenil desobediente y florífera. Garbanzos porque como escribió Laura: «Las cosas pequeñas implican la incomodidad de ser peligrosas porque se escapan, se esconden, se desparraman y aparecen donde se les da la gana, sin permiso».

¿Y si les preparamos homenajes como hicieron para Laura en Argentina? Pienso en las editoras Verónica Uribe (1942) y Carmen Diana Dearden (1942), reconocidas este año con el Homenaje al Mérito Editorial de la FIL por fundar Ediciones Ekaré y Ekaré Sur, y en el también escritor cordobés Jorge Luján (1943), querido y cercano a Mariano y al CEDILIJ, a quien el jurado convocado por la Fundación SM reconoció  con su premio iberoamericano de LIJ el año pasado. «Llenar sus patios de hojitas, de ramas que parezcan serpentinas, de flores y de vainas llenas de garbanzos peligrosos…»

Adolfo Córdova

 

 

Otro garbanzo peligroso

El libro perdido de Laura Devetach[1]

por Mariano Medina*

 

Como en algunos momentos de la vida no está de más volver a mirar lo que nos hizo bien, voy a comenzar compartiendo un cuento muy conocido, EL GARBANZO PELIGROSO[2]:

Un día un garbanzo peligroso se cayó de la cama. Hizo kec y despertó a la pulga que vivía sobre el gato.
La pulga hizo bú y despertó al gato que se colgó de la soga de la campana.
La campana hizo clin clon y despertó a las palomas azules.
Las palomas hicieron rucucú y despertaron a las gallinas.
Las gallinas hicieron cloqui y despertaron a tía Sidonia para que les diera maíz.
Tía Sidonia hizo muaaa y despertó al ratón que duerme en su zapato.
Y el ratón tropezó con un garbanzo peligroso que estaba debajo de la cama.
-Kiii -dijo el ratón, y salió volando a contar a todos que bajo la cama había un garbanzo peligroso que seguramente estaba por explotar como una bomba.
La pulga del gato, el gato, las palomas, las gallinas y tía Sidonia salieron corriendo de la casa y se sentaron en la vereda de enfrente a esperar que el garbanzo peligroso hiciera buuum.
Pero el garbanzo se había dormido debajo de la cama con un sueño chiquito y redondo.
Como tía Sidonia estaba cansada de esperar, tapándose los oídos, tomó una jaula y una escoba y valientemente fue a cazar al garbanzo peligroso.
Y lo cazó. Y lo encerró en la jaula.
-Un garbanzo peligroso debe ser enterrado -dijo el gato.
Cavó apuradísimo un pocito y allí fue a parar el garbanzo. Las gallinas taparon el pozo con la patas y las palomas con el pico.
Pero entonces el garbanzo peligroso empezó a cantar como cantan los garbanzos cuando están bajo tierra.
Y cantando se puso a brotar y a crecer.
Llenó el patio de hojitas, de ramas que parecían serpentinas, de flores y de vainas llenas de garbanzos peligrosos, redondos, redondos, que ahora sirven a los chicos para contar en la escuela y para jugar a las bolitas.-

Cuando hace ya varios años, me interesé por la obra “cordobesa”, mayormente desconocida y dispersa de Laura Devetach; abrí una búsqueda informal, asistemática y placentera, que me llevó a conocer personas entrañables, reforzar el vínculo con otras, y engordar el afecto.

Este cuento abrió un camino insospechado. Devetach lo escribió a finales de la década de 1960. Seguramente en papelitos, como solía hacer; y luego de contárselo varias veces a hijos, vecinitos y alumnos.

En 1975 lo reunió con un puñadito de otros cuentos de la misma época y los mandó al Concurso Casa de las Américas, en la primera convocatoria destinada a literatura infantil. Y ganó. Y lo publicaron allá, en Cuba, donde son famosos los cocidos con garbanzos. El libro se llamó Monigote en la arena.

Un año después tuvo que insiliarse en Buenos Aires.

En una entrevista[3], la autora cuenta a Elisa Boland que mucha gente lee el cuento Monigote en la arena como si hubiera sido escrito durante la dictadura argentina conocida como El Proceso, “y toma la palabra borrarse como desaparición”. Algo parecido ocurrió también con la canción «Como la cigarra» de María Elena Walsh, grabada en 1972 y dedicada, en general, a los artistas.

El pasaje al que se refiere esa “relectura”, subjetiva como todas las posibles, es muy sugestivo. Y la belleza que contiene, radica tanto en su construcción literaria como en su verdad filosófica. Cuidado por sus amigos hasta correr el riesgo de no ser nada, de vegetar su existencia completa, el personaje pide, afirmándose a sí mismo y determinando su destino: “Soy un monigote de arena. Juguemos, y si me borro, por lo menos me borraré jugando”.

El término jugar, también produce en nosotros un eco particular. El de jugarse por algo. En fin, relecturas.

Devetach piensa que, en realidad, el cuento suyo más vinculado con El Proceso, de forma directa, es “El hombrecito verde y su pájaro”. Fue el primero que escribió en Buenos Aires, “después de muchos trotes”: “ése sí es toda una parábola y una metáfora relativa al único color… de país. Pero no fue intencional, primero fue un cuento y después se le fueron sumando capítulos y tardé diez años en completarlo”, dice.[4]

En el mientras, durante los años 80, el garbanzo rodó hasta las camas de miles de niños mexicanos, al ser incluido en un libro de Lectura para primer grado, editado y distribuido en forma gratuita en todas las escuelas del país por la SEP (Secretaría de Educación Pública).                                         

Monigote en la arena tendrá que esperar la vuelta a la democracia para aparecer en Argentina. En el mismo año, 1984, sería traducido y editado en Eslovaquia y Alemania.[5]

En éste segundo libro de cuentos para niños, aparecen personajes que serán reincidentes en otros textos, y ayudarán a la autora a construir el universo poético abierto en La torre de cubos (de 1966, que como ya es sabido, fue un libro prohibido). Así, en los libros de Laura Devetach siempre conviven elementos ya familiares para el lector, con nuevos que lo invitan a la relectura.

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LA PERTURBACIÓN DE LO COTIDIANO

El personaje de Tía Sidonia es reincidente al punto de llegar a ser, con los años, una especie de alter ego de la autora. Y el garbanzo, como corresponde a todo personaje silencioso, hará su aparición de tanto en tanto, en menor medida y sin mucho protagonismo, pero provocando movimiento en los demás. Ha dejado una marca profunda en nuestra sensibilidad, hasta convertirse en un clásico, una referencia ineludible en el corpus de Devetach.

Este trabajo busca mostrar algo de eso. Este trabajo es, en realidad, parte de eso.

Al reflexionar sobre la prohibición a La torre de cubos, Devetach supo decir[6]:

“…una vez más en el mundo, lo prohibido o peligroso fue LO DIFERENTE (…) En la Torre de Cubos –entre otros libros– empieza a despuntar la óptica del niño, sus deseos, sus críticas, su participación. (…) Creo que incomodaba sobremanera (y sigue incomodando en algunos medios) que los chicos vieran claro, que tuvieran como deseo cambiar su realidad y, por lo tanto, esperasen que el adulto también cambiara.”

Según Mila Cañón[7], “La escritura de Laura Devetach con frecuencia se apoya en la conversión de lo cotidiano en extraordinario[8]”. Esa perturbación, dice, empieza con el mismo título, que constituye casi un oxímoron, figura retórica que multiplica el sentido de una frase al utilizar dos términos contrapuestos. “Si hay algo que no esperamos de un garbanzo es, precisamente, que sea peligroso”. Que cause semejante reacción en cadena de quienes uno sabe con más cualidades que el garbanzo, para ser personajes centrales. Pero no.

“Nunca sabremos porqué este garbanzo era peligroso, porque –una vez enterrado- se comporta como todos los garbanzos”, dice Cañon. Y concluye: “El toque de lo absurdo, que caracterizara hasta entonces a esta historia, queda finalmente reducido cuando el final restituye al garbanzo a su destino de legumbre.”

Sin embargo, la autora prolonga el absurdo fuera de los límites del cuento y del ámbito rural. La intertextualidad, que es otra de las características de su obra, aparece en el mismísimo libro, de manera inmediata: unas páginas más adelante, unos cuentos después, con la ironía de un título que nos remite al cine: «Otra vez el garbanzo peligroso»

Aquí ya aparece el canto del garbanzo. Claro, no es como el de los garbanzos cuando están bajo tierra… porque llegó rodando a un andamio del piso 18 de un altísimo rascacielos de la ciudad. Canta en tono risueño, como despreocupado. Pero nos advierte:

Din, don
el garbanzo
en su sillón.
Din-don-dun-do
¡ay qué loco

es este mundo!

Y el garbanzo vuelve a aparecer en 1990, a meses de la asunción de Carlos Menem en la presidencia. Aún había ganas de confiar y de jugar.

Se trata del libro Las 1001 del garbanzo peligroso[9], realizado con su hija Laura Roldán, nacida en Córdoba en 1961, al borde del golpe de Estado que derrocó al presidente Arturo Frondizi [10]. Vale aclarar que “Laurita”, además del dato coyuntural que acabamos de dar, participó de la construcción del universo Devetach desde su nacimiento, convirtiéndose en uno de los personajes movilizadores de su imaginario literario desde La torre de cubos.

Las 1001 del garbanzo peligroso es un libro para niños niñitos. De hecho, se recomendó para 4 años en adelante. Se trata de una miscelánea, una reunión caprichosa y atractiva de chistes, recetas, versos populares, datos científicos, enigmas, información curiosa y hasta juegos matemáticos para los que el garbanzo es materia dispuesta, siempre con ganas de salirse de la vaina, sumar y multiplicarse…[11]

En ese libro aparece, como único poema de autor, el llamado «Canción del garbanzo peligroso» En él, la escena inicial del cuento sirve solo como detonante, nada más. Pero averiguamos algunas de las razones por las que un garbanzo puede ser temible. Reunimos lecturas. Dice así:

Si escondido debajo de la cama
un garbanzo se hace el misterioso,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

Si un garbanzo se deja el pelo largo
y además es inquieto y es mimoso,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

Si un garbanzo se pone a hacer preguntas
y lo cierto se hace más dudoso,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

Si un garbanzo es el sol en miniatura
y no cobra interés por luminoso,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

Si un garbanzo no deja que lo coman
Porque crece, madura y esas cosas,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

Es un garbanzo peligro, ¿si?
Es un garbanzo peligros, ¿no?
Es un garbanzo peligroso, ¡mmmh!

Y EN EL 2000 TAMBIÉN

En 1999, al final de la gestión de Menem y como retrucándole anticipadamente a la fecha 2000 y toda la perorata de discusiones sobre si ya estábamos o no en otro milenio, vuelve a aparecer Las 1001… en la colección Cuentijuegos coeditada por Altea y Alfaguara, dividido en cuatro títulos, uno de los cuales lleva el sugestivo título de La marca del garbanzo…

Roberto Sotelo, comentando esta reedición dividida y aumentada, dirá que se trata de “Distintas piezas sueltas que sorprendentemente forman un todo a medida que se avanza con la lectura. Pero no un bloque uniforme sino una construcción multifacética que deleitará al lector. Los Cuentijuegos son ideales para compartir: un niño con un adulto o entre varios, poco importan las edades. (…) el magnífico diseño gráfico armoniza textos e ilustraciones transmitiendo al lector el espíritu lúdico y festivo del contenido” [12].

El garbanzo volvía, nuevamente, para decir que todavía es necesario movernos, agitarse.

Aunque más no sea a partir de una serie de juegos mínimos, pistas que nos lleven al intercambio con los demás, gestos cotidianos y solidarios que permitieran sobrevivir y reconstruir, a pesar de la dispersión de la que todos habíamos sido víctimas. Y para recordarnos no solo que podemos hacerlo junto a los niños, sino que debemos hacerlo con ellos. (Como si de atravesar las épocas se tratara… Ed. SM relanzó estos títulos en 2017:
www.smliteratura.com.ar/las-1001-del-garbanzo-peligroso/

 

DESTINO DE LEGUMBRE

Los garbanzos no están muy considerados en nuestra cocina contemporánea, a pesar de haber tenido momentos de mucha aceptación. Por lo que me dicen, sucede algo similar en España. Un chef de allí, asegura que casi todos los grandes escritores gastronómicos ven en ellos a sus fantasmas: uno dijo que tienen cara de vieja y culo de panadera.[13]

El periodista Julio Camba[14] afirma que los garbanzos han sido inventados para retener a las esposas en la casa, porque para ablandarlos hay que cocinarlos muchas horas. Para él, entonces, vendrían a ser una especie de cinturón de castidad. Además, a la ingestión de garbanzos le achacaba la constitución bajita y de mala leche de sus coterráneos. Creo que ni los moros ni los genoveses (a los que debemos el fainá) estarían de acuerdo con esto.

La familia botánica del garbanzo, es la de las papilonáceas, cosa que a ninguno de nosotros interesaría, si no se tratara de una metáfora. El término deriva del latín papilio-papilionis, que significa mariposa.[15] O sea: el científico que tuvo a su cargo la clasificación de la planta, echó mano de un recurso literario para describirla y nombrarla. Y la comparó nada más y nada menos que con un ser alado.

Miremos al garbanzo para tener una opinión personal de esta semejanza. 

(¡Tranquilidad, lectores! En realidad, no se trata de las semillas.
El secreto está en la forma de las vainas al abrirse de forma natural…).

Que no se cuecen en el primer hervor, me consta. Estos que ven en la foto los cociné siguiendo la receta que las Lauras proponen en uno de los libros. Si cocinan, y, luego de probar un garbanzo, no les convence, dense una segunda oportunidad, por una cuestión terapéutica.

Resulta que los garbanzos contienen un aminoácido llamado triptofen, que en cantidad produce serotonina.

Esa es una palabra más amable, ¿no? SE-RO-TO-NI-NA. Suena musical.

Es una sustancia que algunos llaman la ‘hormona del placer’ y la ‘hormona del humor’, por ende, muy beneficiosa para la salud mental.

Parece ser que el mismo aminoácido del garbanzo, que causa la segregación de la serotonina, es el que emplea la farmacología moderna para producir algunos antidepresivos[16].

En una sociedad como la nuestra, pacata y preocupada por el quedirán, es lógico que el garbanzo haya perdido su antigua buena fama. El cocinero y blogger barcelonés Salvador Porqueras, plantea muy claramente el porqué del asunto: “produce pedos, que en soledad son muy gratificantes, y en público, ocasionalmente generan carcajada, y eso ayuda a ser feliz”[17].

¡Que cosa el garbanzo, tan peligroso, tan en los límites de todo!

Del mundo vegetal y el animal, a partir de su nombre.

De la felicidad y la vergüenza, en lo que tiene de volátil.

 

UN GARBANZO EN EL JARDÍN DE LA ESQUINA

Mariana Cincunegui es cantante y maestra de música[18] en Buenos Aires. Justo en 1995, a mitad de camino entre una edición y otra de Las 1001…, tomó el poema Canción del garbanzo peligroso, le puso música y la grabó en el disco Los Pandiya, tercero asociado a El Jardín de la Esquina[19].

Voces de niños otorgan frescura y vitalidad a esa placa. Pero no es austera ni simplemente “escolar”; ninguna de las producciones de El Jardín de la Esquina lo fue. Se trata de un disco profesional, que continuaba la novedosa experiencia que venían desarrollando con la colaboración de músicos de rock. La segunda producción es tal vez la más conocida, Piojos y Piojitos [20].

Me parece importante mencionar que, desde los comienzos de la dictadura de El Proceso, los discos para niños, salvo honrosas excepciones, no llegaban ni cerca a los talones de la obra que María Elena Walsh había compuesto durante los años `60. Ella había demostrado, entre otras cosas, que los pequeñitos de edad preescolar eran capaces, no sólo disfrutar sino también de comprender, acorde a su experiencia, canciones de letras largas. «Manuelita, la tortuga» [21] es el ejemplo más contundente: una historia nada vulgar ni superficial, de una situación ajena (la vejez), cuya secuencia ayuda a construir una idea amplia del mundo y a fortalecer el músculo de la memoria. Y para completarla, ¡nombra cosas, lugares y hasta colores desconocidos!, lejanos a la experiencia cotidiana de los niños, por lo que puede enriquecerla a través de la curiosidad.

El Jardín de la Esquina tomaba esa posta cuando hacía cantar a los pibes, junto a Fito Páez, una canción emblemática del rock nacional, himno a la libertad compuesto por Moris durante la dictadura de Onganía (1966-1970): El Oso, de una simpleza deslumbrante, contiene 160 palabras divididas en 6 estrofas de versos mayoritariamente dodecasílabos.

¿Una locura total, ¿no? ¡Es hasta un poquito más larga que Manuelita!

Sin embargo… quienes en ese momento trabajábamos en instituciones con jardín de infantes en alguna ciudad, hemos visto a las maestras animadas por esta canción, y disfrutado de escuchar a los chicos cantando El Oso con total naturalidad. Memoria, voluntad, esfuerzo, placer y canto colectivo. ¿Qué más se puede pedir?

En el disco Los Pandiya, crece el protagonismo de Cincunegui. En la diversidad que propone, la «Canción del Garbanzo Peligroso» aparece junto al histórico y bello poema El sapito Glolglogló de José Sebastián Tallon y una reversión del iracundo Tontos, otro hito del rock nacional que señalaba:

Existen tontos, tontos
tan tan solo tontos,
ya sean hippies, yupis
o tipos de chalecos cortos

Tontos que ensucian la sangre a otros,
tontos que chupan la sangre a otros
tontos que tienen la sangre
de todos los tontos.[22]

Díganme si se puede ser más claro y autocrítico en era menemista… Pleno año de la reelección… Y al lado de eso:

Si un garbanzo se pone a hacer preguntas
y lo cierto se hace más dudoso,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

 

PAPAPEPELIPITOPOS

Hace un tiempo, trabajando para diferentes proyectos junto a Florencia Ortiz, volvimos a reunirnos con Devetach. Prevenida de nuestras intenciones de hurguetear el pasado, había aceptado no sólo conversar con nosotros, sino aprovechar nuestra compañía para abrir cajas que permanecían cerradas desde hacía décadas.

Florencia buscaba huellas del humor para analizar sus estrategias frente a los años duros. A mí me interesaban los cruces que había tenido su literatura con otras artes y con los medios de comunicación. Venía de escribir Ni borrón ni cuenta nueva, intentando reubicar a Devetach en la gestación de la Literatura Infantil Argentina como campo de estudio y producción. Ésto se debía a que en los panoramas históricos se la mencionaba recién en los años 80, época de la consolidación post dictadura, desconociendo su inmensa labor previa. No vamos a volver ahora sobre ésto, que los interesados pueden leer en el libro Artepalabra. Voces en la poética de la infancia, publicado por Lugar Editorial [23].

 

Ese nuevo encuentro significó, de manera inmediata, la escritura conjunta, con Ortiz, del artículo Los discos de Laura Devetach: Una historia con Canela y la digitalización de los mismos, de 1966, para su descarga gratuita desde la web de CEDILIJ: http://cedilijargentina.blogspot.com.ar/p/discos.html

Luego de esa experiencia compositiva con Horacio Vaggione, Devetach trabajó con otros músicos. Con el dúo de Claudina y Alberto Gambino, en su obra teatral Bichoscopio (Premio nacional Argentores rubro Mejor Producción Teatral para Niños 1972)[24]; y con el trío Pupo conformado por Nora Zaga, Delia Caffieri y Cacho Rud, en el proyecto televisivo Pipirrulines (emitido por Canal 10, de Córdoba, Premio Martín Fierro 1972).

Los Gambino eran músicos de reconocimiento creciente. Acababan de grabar temas de Georges Brassens por primera vez en castellano, acompañado a Maria Escudero y girado por los países vecinos. Tenían una propuesta artística social y contestataria con un gran nivel poético en los textos, y desde lo musical, un trabajo armónico renovador, que sobresalía entre los intérpretes de la época.

Todo esto viene a cuenta de lo siguiente:

Devetach nos recibió aquella vez y al mostrarnos las viejas cajas, apareció… ¡otro garbanzo peligroso! Un libro olvidado, que a partir de ese momento comenzamos a compartir, y que no figuraba hasta entonces en sus bibliografías.

La obra tiene varias particularidades. La primera es su título, así de simple: El garbanzo peligroso. Pero no es ni el cuento ni la poesía. Esta vez se trata de un libro de Canciones para chicos, con sus partituras.

Otra cosa interesante es que se trata de un libro compartido. Todas las músicas fueron compuestas por Alberto Gambino, pero en las letras rotan Devetach y Claudina.

Una tercer ancla significativa, es que el libro pertenece a la Editorial Lagos.

En este punto puede ser importante ramificar la información. En la década de 1960 existió toda una movilización artística alrededor de esta editora musical, gracias a Rómulo Lagos, a quien se ha definido como propiciador cultural por haber captado con inteligencia las demandas culturales de la sociedad y tener el suficiente poder de convicción para que los artistas produjeran en respuesta a ellas. Dentro de sus proyectos sobresalió la colección Canción Estampa, que reunía a músicos con poetas y pintores y les proponía un trabajo conjunto que motivaba encuentros y ediciones; una especie de red creativa y cooperativa. Por eso las partituras iban ilustradas por obras pictóricas realizadas especialmente. Según Silvina Luz Mansilla, investigadora de la UBA[25], la colección constituyó una expresión “popular”, que vino a ser continuadora de la tradición nacionalista en la artes, propio de la Argentina de la mitad del siglo XX[26]. Circuitos novedosos para la época, como el disco, la televisión, la radio y los festivales folklóricos periódicos, canalizaron “cruces” interdisciplinarios generando lo que ella llama un arte popular de vanguardia. Para Canción Estampa crearon Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez, Atahualpa Yupanqui, Carlos Guastavino, Norberto Ambrós, Horacio Guarany, Ariel Petrocelli, Iván Cosentino, Antonio Berni y Carlos Alonso entre muchos otros artistas.

Esa red, funcionó hasta mediados de la década de 1970, bajo el contexto creciente de censura, persecución y prohibiciones que sufrieron, entre otros, los artistas mencionados. Y la empresa decayó ante la imposibilidad de ofrecer un material considerado… «peligroso”. [27]

 

EL HIJO “DESAPARECIDO”

Sé que el término en este subtítulo es poco feliz. Pero es apropiado, si pensamos que esta edición estuvo ausente hasta de la memoria de la autora. Y podemos, aunque sea en esta trivialidad, sentir alivio de que, junto al garbanzo encontrado, la palabra “desaparecido” pierde su triste cualidad sustantiva.

El garbanzo peligroso no comparte las características plásticas de Canción Estampa, al punto que ni siquiera se sabe el nombre del artista que ilustró la tapa.

Consultada al respecto, Devetach no recuerda los pormenores de esa edición, que atribuye a “el tesón y el interés de Alberto”[28], con quien hasta el día de hoy han sido infructuosos mis intentos de comunicación.

Algunas razones de este agujero pueden deducirse al revisar fechas, justamente.

Los autores tuvieron otras cosas de las que preocuparse. Los Gambino se exiliaron tempranamente en España, donde aún viven. Si ellos movilizaron el proyecto de edición, tal vez hayan tenido que abandonarlo a su suerte.

El libro tiene por fecha de impresión el 10 de agosto del mismísimo 1976. Hubiera sido un buen regalo anticipando el 40° cumpleaños de Laura, si en ese momento hubiera tenido tiempo de cantar[29]. En septiembre se había despidió de Córdoba “con apenas un pañuelito”, y llegado a Buenos Aires buscando algo de anonimato. Contó, 29 años después: “me quedó una imagen muy fuerte de la última vez que vi el Cabildo: tristes recovas rodeadas por militares, manchas verdes diluidas por mis lágrimas, rodeadas de perros, parapetados todos entre bolsas de arena. Una trinchera. Y adentro, más dolor del que yo pueda nombrar. Me fui pero seguí estando, como están los cuentos o las canciones, sin que se los vea ni se los oiga”.[30]

 

LA CANCIÓN NO ES LA MISMA

Las 10 canciones de este libro están destinadas a niños pequeños, al igual que los Cuentijuegos. Y si bien no son anónimas, incluyen rondas e historias lúdicas con propuestas de movimientos, acciones de aprestamiento y juegos de palabras.

No se trata de las que integraron la premiada obra de teatro Bichoscopio. Aparentemente, fueron canciones que Claudina y Alberto interpretaban en pequeños recitales.

Para captar algunas de sus propuestas hay realmente que ponerlas en funcionamiento…

Hay una canción para saludar, por ejemplo, donde el saludo varía según el personaje en que el jugador se “convierte”. El texto es abierto y sin pretensiones literarias: su propuesta poética se asienta en la psicomotricidad.

El pato mueve la cola.
Si yo lo saludo, me saludará.
¿Cómo saluda el pato?

¿Cómo saluda el timbre?

¿Cómo saluda el bombo?

Etc.

Aunque no hayan sido escritas con el objeto de reflejar la época que se vivía (y de hecho, no lo hacen), la canción «En esta calle, señores» me resulta especialmente significativa. Algo dice de los mecanismos de comunicación encontrados, y las frágiles formas de organización frente a la incertidumbre y el miedo. Cuando estaba prohibido agruparse, toda reunión tenía etiqueta de clandestina, y podía disolverse a la velocidad del rayo, ante la primera señal de alarma.

Dice la primera estrofa:

Todos traemos la calle,
nos ponemos a jugar
hasta que llegue el momento
de guardarla y saludar.

¡Armemos la calle!

 

Todas las letras del libro son simples, exceptuando justamente, la de El garbanzo peligroso, cuyo poema-base es el mismo que musicalizaría veinte años más tarde Mariana Cincunegui.

Es el mismo, y a la vez su diferencia es notable, si lo comparamos con la versión que leímos.

Puede que para Las 1001 del garbanzo…, Devetach viera una confusión en las características constructiva del “personaje” y decidiera reducir las estrofas, dejando exclusivamente lo pertinente a los destinatarios del nuevo libro: Los niños pequeños, esos “soles en miniatura que no cobran interés” por compartir su luz. Pero no hay idealización ni pasteurización: Esos garbanzos son tan ángeles como demonios. La concepción de autonomía y libre pensamiento se sostiene allí, poniéndonos en riesgo cuando aparecen sus preguntas y los garbanzos pretenden crecer, madurar… (“esas cosas”, se remarca con leve ironía).

En la versión del libro de partituras, contrariamente al resto de las canciones, la relación metafórica pone al garbanzo más cerca de los jóvenes (y de la idea de sí mismos que tienen los autores, ya adultos). Las alusiones, por explícitas, desplazan un poco la poesía. El garbanzo de pelo largo, en vez de ser inquieto y mimoso, “es callado y estudioso”. Y…

Si un garbanzo pasea en bicicleta
y se ríe del auto más lujoso
es mejor mirarlo desde lejos…

Si un garbanzo te mira bien mirado
y al mirarte te sabe de memoria,
es mejor mirarlo desde lejos…

Ya sabemos por qué: es un garbanzo peligroso.

Luego del encuentro con el libro, descubrimos que Canela había grabado la canción en La luna de Canela, disco de vinilo de 1973, olvidado también, e inhallable[31]. Y también apareció un casette con una grabación casera de esta canción con rasguido de rumba[32], donde escuchamos otras dos estrofas preexistentes y excluidas incluso del libro de partituras. ¿Habrá sido una decisión estética, o autocensura ante los días que se presentaban?

Si un garbanzo no quiere que haya guerra
porque el mundo en paz es más hermoso,
es mejor mirarlo desde lejos…

Si un garbanzo parece en la palmera
pero canta y apunta al mentiroso,
es mejor mirarlo desde lejos.
¿Por qué?
Porque
es un garbanzo peligroso.

 

FINAL SIN FINAL

¿Por qué nos ponemos a rastrear y dar marco a un libro así, que, visto dentro del amplio corpus de Laura, parecería insignificante?

Pues justamente por su circunstancia.

El libro destella marcas de época, y de lo que la época provoca en la vida de las personas.

Fue un momento en que la obra de Laura Devetach, que ascendía un camino de publicaciones, obras y premios, queda momentáneamente silenciada. Demorada, en un sentido de estricta publicación. Pero también, en parte, dispersa, como estamos viendo. Y justamente la parte dispersa, es la fuertemente compartida con otros, en su proceso de creación y difusión.

El Garbanzo Peligroso es un libro colectivo, donde la presencia de Devetach no se desdibuja, pero comparte protagonismo sin sobresalir, privilegiando a un sujeto destinatario que, en este caso, no pudo disfrutar la invitación al juego. ¿Quién ha visto este libro antes?

Paradójicamente, la migración de la familia Roldán-Devetach a Buenos Aires, terminó significando un aporte fundamental para el desarrollo de la Literatura Infantil y Juvenil argentina y latinoamericana. Tanto Laura Devetach como su esposo Gustavo Roldán no sólo siguieron escribiendo, sino que tras la apertura democrática se constituyeron en directores, creadores e ideólogos de algunas de las colecciones más populares y a la vez vanguardistas que ha tenido nuestro país. Como apunta Mónica Klibanski, Cuentos del Pajarito Remendado[33], Libros del Malabarista[34], Los Morochitos[35] y Los Fileteados[36] “revalorizaban a los chicos como sujetos lectores de obras literarias” y postulaban un lector diferente al de los libros de texto escolares.[37].

Devetach y Roldán, en vez de exiliarse o esconderse en algún pueblito, rodaron hacia las cornisas capitalinas. Silenciosos, siempre en riesgo. Presentes.

Fueron garbanzos peligrosos en Buenos Aires. Y al igual que el garbanzo, hicieron ¡BUM! a su manera, plantando libros propios y ajenos en las calles de nuestro corazón.

Mariano Medina
CEDILIJ
Córdoba, Argentina
esacasacat@gmail.com

 

Votos

por Laura Devetach

Una vez escribí un cuento que se llama El garbanzo peligroso. Cada vez me parecen más importantes las cosas pequeñas y complejas como los garbanzos –esos que nos cuesta tanto ganarnos a los argentinos–  tan importantes que quiero celebrarlas también con ustedes.

Las cosas pequeñas implican la incomodidad de ser peligrosas porque se escapan, se esconden, se desparraman y aparecen donde se les da la gana, sin permiso.

Igual que los cuentos y los poemas que están en los libros. Celebremos los libros, entonces.

Voto por que todos tengamos cuentos y poemas para hacer rodar, oportunidades para aprender y enseñar, bibliotecas propias y ajenas para poder leer.

Voto por los equilibristas de los renglones y de la vida. Por todos los que mueren de amor y de deseo, cada día, para lograr un mundo más justo.

Voto en el mismo momento en que muchos dueños del mundo globalizado recitan esas palabras, pero en el fondo creen que todas esas cosas son bobadas. Y los que esto dicen, lo dicen con el temor de que sus cajas registradoras reemplacen billetes por poemas, cheques por cuentos, impunidad por garbanzos peligrosos.

Fragmento de “Palabras para la 20° Feria del Libro de Córdoba” 13/9/05. Subtitulado de Mariano Medina; para ser repartido al final de la lectura de la ponencia Otro garbanzo peligroso. El libro perdido de Laura Devetach.

 

CRONOLOGÍA DEL GARBANZO + Links

Década del 60, Córdoba, Argentina
Laura Devetach escribe del poema “El garbanzo peligroso” y de los cuentos “El garbanzo peligroso” y “Otra vez el garbanzo peligroso”.

1971
El cuento “El garbanzo peligroso” es incluido en “Había una vez…” (Expositor multiplano, juego literario y plástico), textos de Laura Devetach, ilustraciones de Crist, Ed. José Koren. 

1972
Cuento incluido en tres antologías literarias: “Los picotes en Aldeavieja 2” (Comp. Ana María Pelegrin, Ed. Edelvives, Zaragoza, España); “Cuentos para leer y contar” (Comp. Susana Itzcovich, Buenos Aires, Ed. Huemul) y “Narrando cuentos n° 1” (Comp. Marta Gómez de Rodríguez Brito, Ed. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza).

1973
Canción con música de Alberto Gambino, incluida en el disco “La luna de Canela”, de Gigliola Zecchin. Ed. Trova, Bs As

 
1975
Cuento incluido –junto a “Otra vez el garbanzo peligroso”- en el libro de cuentos “Monigote en la arena”, Premio Casa de las Américas 1975, Lista de Honor IBBY 1986. Ediciones: Ed. Casa de las Américas (Cuba, 1975); Ed. Libros del Malabarista (Argentina, 1982), Ed. Colihue (Argentina, 1984), Ed. Mladé Letá (Bratislava, Eslovaquia, 1984), Ed. Derkin Derbuchverlag (Berlin, Alemania, 1984), Ed. Alfaguara/Santillana (Argentina, 2011) y Ed. Loqueleo (Argentina, 2015).

1976.
Se edita el libro de partituras “El garbanzo peligroso. Canciones para chicos”, que incluye la canción con música de Alberto Gambino. Ed. Lagos, Bs As
https://drive.google.com/drive/folders/1OAyeTEsIINXZ7tVdxCCnwhjj9Uj7Az9N?usp=sharing

1980
Canción con música del dúo Nora y delia (Nora Zaga y Delia Caffieri), parte del espectáculo “La guitarra está de farra”, México. En cartel hasta 1984.

1982
El cuento “Otra vez el garbanzo peligroso” integra el libro “Historia de Ratita”, Ed. Libros del Malabarista, Bs As 1982.

1988
Cuento incluido en “Mi libro de primero”, Ed. Secretaría de Educación Pública de México, distribuido de forma gratuita por todo el país. (El garbanzo peligroso alcanza popularidad tal, que en Toluca hay una banda musical de cumbia que lleva ese nombre).

1990
Poema incluido en el libro “Las 1001 del garbanzo peligroso”, Ed. Libros del Quirquincho, Bs As. Ediciones siguientes, todas argentinas: Ed. Altea (1999), Ed. Alfaguara (2007) y Ed. SM (2017).

1993
El cuento El garbanzo peligroso se edita como libro independiente en Estados Unidos, con ilustraciones Terry Kovalcik (Ed. Macmillan, Nueva York). También como libro unitario, con ilustraciones de Oscar Saúl Rojas, será editado en Argentina en 1995 (Ed. Colihue, Distinción “Los mejores de 1997”, del Banco del Libro, Venezuela)

1995
Canción con música de Mariana Cincunegui, incluida en disco “Los Pandiya”, Ed. El Jardín de la Esquina, Bs As
Video de la grabación (ver minuto 2,27): https://www.youtube.com/watch?v=4qdAw3fWBCY

1997
El cuento “Otra vez el garbanzo peligroso” se incluye en una de las antologías de la serie “Selecciones literarias” publicada por Pearson Prentice Hall, pensada para la enseñanza de la literatura y el idioma (Ed. Cooper, Estados Unidos)

1998
Canción con música de Mariana Cincunegui, incluida en el libro de cifrados “Canciones infantiles para tocar”, Ed. Ricordi, Bs As.

2014
Canción con música de Alberto Gambino, incluida en el disco “Quiensabe” de Guillo Bonaparte, Mariano Medina y Ceci Raspo (Ed. MOMUSI Córdoba, Argentina). Actualmente en plataformas digitales, distribuido por el sello Planeta Inquieto, España.
https://youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_nb8bsV-IK6yQH12ol5LtLpDbi2xz1hl6M&si=EcD1LaFGfLkWe6kK

2020
Videoclip. Canción con música de Alberto Gambino, rescate de filmaciones de la producción del disco “Quiensabe”. Ed. Balbuceandoteatro, Argentina

 

NOTAS

[1] Esta ponencia permanecía inédita hasta esta edición de Linternas y bosques. Fue presentada por primera vez el 29 abril de 2011 en las Jornadas “Literatura Infantil y Juvenil y dictadura” (organizada por PROPALE y Secretaría de Extensión. Facultad de Filosofía y Humanidades. UNC). Luego fue replicada en otras oportunidades: la 4º Feria Infantil del Libro Córdoba (11 de julio de 2011), el Encuentro Coscoíno de Música para la Infancia (org. MOMUSI, Cosquín, 27 de enero de 2012), las I Jornadas Literatura y Lenguaje (org. EDUVIN, Villa María 14 de agosto 2013), el III Foro Internacional de LIJ (Posadas, Misiones, 17 de mayo 2014) y las Jornadas CEDILIJ 2014 “Autores y lectores: una cartografía abierta”. También se programó para la 10° Feria del Libro de Jujuy (26 de Junio 2014) sin poder llevarse a cabo.

[2] Escrito a fines de la década del `60, integró el libro Monigote en la arena (Premio Casa de las Américas 1975), editado en Cuba, Argentina, Alemania y Eslovaquia. El cuento además se editó de forma independiente y/o en antologías en México, España y Estados Unidos. 

[3] De cómo escribir en la arena. Revista La Mancha. Papeles de literatura infantil y juvenil, Año 5, N° 14. Bs A, 2001.

[4] El hombrecito verde y su pájaro fue editado en Buenos Aires en 1987 por Editorial Colihue.

[5] En Editorial Mladé Letá, Brastilava y Derkin Derbuchverlag, Berlin.

[6] Devetach, Laura. Algunas ideas sobre la Torre de Cubos. Revista Imaginaria, 2006.

[7] Cañon, Mila. El exilio de las librerías, las escuelas y los lectores. Del silencio público al éxito editorial. II Congreso Internacional CELEHIS de literatura. 2004.

[8] “un rasgo que es común a cierta producción de la literatura infantil argentina, publicada desde los años ochenta”, sostiene Cañon.

[9] Seguido de Las 1002 del garbanzo peligroso, ambos en coautoría con Laura Roldán, fueron editados en Buenos Aires por Libros del Quirquincho y tuvieron luego reediciones corregidas y aumentadas en las editoriales Altea, Alfaguara y finalmente SM.

[10] El gobierno de Frondizi comenzó el 1 de mayo de 1958 y se extendió hasta el golpe de estado del 29 de marzo de 1962. Estuvo muy restringido por la presión del poder militar, que le llegó a imponer los ministros de Economía liberales Álvaro Alsogaray y Roberto Alemann. En su línea, impulsó el desarrollo de la industria pesada con la instalación de empresas multinacionales. Su política sociolaboral, petrolera y educativa tuvo picos de alta conflictividad, con grandes manifestaciones y huelgas del movimiento obrero y del movimiento estudiantil, En cuanto a la política exterior, Frondizi buscó acercarse a la administración demócrata de Kennedy en Estados Unidos, pero mantuvo una línea independiente e incluso llegó a reunirse en secreto con Ernesto «Che» Guevara.

Frondizi es considerado por muchos políticos argentinos como el último presidente en implementar un proyecto estratégico de país, y también en ser el último presidente con ideales industriales o desarrollistas. (Fuente: wikipedia.org)

La fundación Konex le condecoró de forma póstuma en 1998 con el Premio Konex de Honor, convirtiéndolo así en el único ex presidente en recibir esta condecoración.

[11] Ver libro ¡Ay, Tarará!, de la autora. Última edición: Ed. SM, 2017.

[12] Reseñas de libros. Imaginaria n° 19. 23 de febrero de 2000.

[13] Néstor Luján

[14] Julio Camba (1882-1962), autor español. Entre sus libros están «La casa de Lúculo y El arte de comer: Nueva fisiología del gusto.

[15] Calvo Sotelo, Joaquin. La bolsa de las palabras. Ed. Prensa Española, Madrid, 1975.

[16] Como el Prozac.

[17] http://salvadorporqueras.artelista.com/

[18] Actualmente desarrolla un taller experimental de música para chicos. http://maricincutaller.blogspot.com/

[19] En Los Pandilla (Sello Emsa 1995), la banda que acompañó a Cincunegui (Voz) estuvo integrada por Mono Fontana (Teclados), G. Arrom (Guitarras), G Vadala (Bajo), J. Morelli (Batería), C. Villavicencio (Cuerdas), y contó con la participación de Ricardo Mollo (Divididos), Fito Páez, Horacio Fontova, Osvaldo Fatorusso y Gabriel Carambula,

[20] Editado En 1991, Piojos y Piojitos contó con la producción de Fito Páez y Daniel Grinbank. 

[21] Manuelita, la tortuga. Disco EP Doña disparate y Bambuco, del dúo Leda y Maria (Sello PLIN, 1961). Luego grabado en Canciones para mí, primer disco solista de Walsh. (sello CBS, 1964).

[22] Tontos, canción originalmente grabada por Billy Bond y La Pesada del Rock en 1972.

[23] Ni borrón ni cuenta nueva. Una mirada sobre la LIJ argentina relacionada con la dictadura, fue presentada en el 28º Congreso Mundial de IBBY Cuba, en La Habana, en octubre de 2003. En 2008 fue incluida en el libro citado, compilación de María Emilia López.

[24] Bichoscopio también recibió el Premio Diario Córdoba, en el rubro Mejor Espectáculo Infantil de la temporada 1970.

[25] Cita del ensayo “Carlos Guastavino y la Canción Estampa. Convergencias entre plástica, música y poesía”. Cátedra Seminario de Música Argentina, FACM, Universidad Católica Argentina.

[26] Mansilla, Silvina Luz. Un aporte de Carlos Guastavino y Lima Quintana al mundo de la Nueva Canción argentina. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, Argentina. silman@filo.uba.ar

[27] La Editorial Lagos pasó más tarde a integrar el catálogo de WARNER PUBLISING, quien no ha hecho reediciones de las partituras mencionadas.

[28] Devetach, email a Medina del 4 de abril 2011.

[29] Laura Devetach nació el 5 de octubre de 1936 en Reconquista, provincia de Santa Fe.

[30] Devetach, L.  Palabras para la Feria del Libro nº 20 de Córdoba. 13 de septiembre de 2005.

[31] La Luna de Canela, Sello Trova, Bs As. 1973. Además de El garbanzo peligroso, también figura Un, Dos, La lala, de Claudina y Alberto Gambino, que se incluirá en el libro de 1976 de Editorial Lagos. El disco fue grabado en estudios ION entre abril y junio de 1972. Con arreglos y dirección musical de Mike Ribas, contiene canciones que Canela había cantado en el programa televisivo La luna de Canela emitido por Canal 7, Buenos Aires, en el período 1972-1973.

[32] Se trata de un casete que los Gambino enviaron de regalo a Laura Devetach desde España. Sin fecha.

[33] Klivanski, fuente citada: La colección, lanzada en 1983, conjugó una cuidada selección de textos de autores universales y nacionales, editados en formato pequeño, a precios muy económicos, y que, además de comercializarse en las librerías convencionales, podían adquirirse en kioscos de diarios y revistas, lo que ayudó a la popularización de estos libros y a la apertura de un mercado por fuera de la escuela. La propuesta editorial rompió con los clisés impuestos por la dictadura respecto al uso de un lenguaje neutro, la preeminencia de narraciones paternalistas y simplonas, llenas de estereotipos y lugares comunes, con mensajes morales. En cambio, Pajarito Remendado reunió historias de autores consagrados (Banchs, Collodi, Andersen, los Grimm, Villafañe, Afanasiev, Nalé Roxlo) y de autores nuevos, que poco a poco ganaron prestigio (Ema Wolf, Graciela Montes, Oche Califa, Ricardo Mariño, Graciela Cabal), y puso en circulación textos literarios destinados a la infancia con una genuina aspiración estética y cultural. En lugar de dividir la serie por edades, según la frecuente convención en la literatura infantil y Juvenil, Devetach y Roldán implementaron un criterio de clasificación que adjudicaba un color a cada tipo de género: clásicos de la literatura universal; cuentos populares argentinos y latinoamericanos; relatos de autores contemporáneos; y otras formas del folklore oral.

[34] Klivanski, fuente citada: Bajo la dirección de Roldán, la colección Libros del Malabarista desnaturalizó el supuesto de que todos libros para chicos debían ser ilustrados. Los libros de esta nueva colección apelaban a chicos que querían leer libros «todos llenos de letras», como los de los grandes, sin ningún dibujo, para que las imágenes surgieran de los lectores. La serie contempló diversos géneros narrativos (teatro, novela, cuentos, poesía), siempre manteniendo como rasgos: calidad de los textos; especial atención de la dimensión objetual y material del libro buscando originalidad en el diseño y la gráfica y explorando diferentes opciones dentro del formato pequeño; una clara pretensión de diversidad al enlazar voces de autores clásicos con las de nuevos narradores, dándoles representatibidad a los mundos simbólicos y lingüísticos de todas las regiones del país; y siempre conservando la premisa de ofrecer libros a precios accesibles.

[35] Klivanski, fuente citada: Con Los Morochitos  redoblaron la apuesta hacia la experimentalidad. La serie ofrecía libros de poesía ilustrados únicamente en blanco y negro, transgrediendo la idea de que los libros a todo color son los más atractivos para los niños. Convocaron a artistas plásticos de una inusitada variedad de estilos y estéticas, incluso alejados de lo figurativo, algo bastante infrecuente hasta ese momento en este segmento editorial. La propuesta era mantener un mismo nivel de calidad entre el texto y las imágenes, asumiendo el límite de la «falta» de color como una posibilidad para la búsqueda creativa de formas, texturas y matices. La letra imprenta mayúscula de los textos capitalizaba de manera ingeniosa una demanda didáctica del mercado «escolar» sin perder de vista al libro como obra de arte portadora de múltiples sentidos. Podríamos ubicar esta colección como un posible antecedente de la explosión ulterior del libro-álbum en la Argentina, porque apuntaba a la mixtura de diversos lenguajes artísticos e interpelaba a un lector sensible a todos esos discursos estéticos.

[36] Klivanski, fuente citada: Los Fileteados fue otra de las iniciativas que llevó adelante la pareja en Ediciones Colihue. Esta nueva colección procuraba el rescate de un conjunto heterogéneo de textos procedente de la literatura oral: aforismos, cuentos callejeros, chistes, coplas, cuentos pícaros, piropos, etc. Se planteaban como libros para todos, en los que las marcas de lo «infantil» y/o «juvenil» quedaron desdibujadas.

[37] Educar, El portal educativo del Estado argentino. 25 de octubre de 2010. 

*Mariano Javier Medina es escritor, músico y animador sociocultural. Ha desarrollado una variada actividad en el terreno artístico y periodístico, especializándose tanto en obras de difusión sobre naturaleza y cultura como en talleres de animación a la lectura y a la escritura. Como miembro del CEDILIJ (Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil) ha capacitado a docentes de diferentes países latinoamericanos y elaborado cuadernillos pedagógicos para muestras interactivas de Barrilete, Museo de los niños.

 

Entrada No. 287
Autor de la intro: Adolfo Córdova. Autor del artículo: Mariano Medina.
Fotografía de portada: Archivo Laura Devetach.
Fecha original de publicación: 31 de octubre de 2026, en el mes de celebraciones por los 90 años de Laura Devetach

 

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