—¿Cómo puedo ayudarte? —le dijo Mariana a una maestra a la que había escuchado exponer sus desafíos en una asamblea en la comunidad de Amilcingo, Morelos.
—¿Tú qué haces? —le respondió ella.
—Soy psicoanalista y escritora.
—¿Escritora? ¡Pues libros! ¡Ayúdame con libros! —pidió la maestra, Jéssica Velázquez.

El equipo Lucha Libris en acción.

Mariana Osorio Gumá me cuenta esta anécdota y recuerdo de inmediato Un puente de libros infantiles (Creotz, 2017), el libro donde Jella Lepman narra una petición parecida: «¡Ah!, los libros para niños. Han dejado de existir y son los que más falta hacían», le dice un amigo librero cuando Jella nota la ausencia de libros en su peregrinar por los caminos destruidos después de la guerra en Múnich. Organizar una exposición y fundar la Biblioteca Internacional de Juventud fueron resultado de aquel compromiso.

Siglos antes, así había empezado ya la historia de la literatura infantil y juvenil, con mujeres como Jella, Mariana y Jessica, y grupos de mujeres, como los que reúne Lucha Libris, que además de escribir, acompañaban orfandades y celebraban la fantasía, contando cuentos en voz alta, habilitando espacios seguros, en escuelas, parques, plazas, bibliotecas, con acervos que les interesaran a niños, niñas y jóvenes. Muchas de estas mujeres miraron crítica y creativamente su contexto y quisieron democratizar el acceso al libro para fortalecer comunidades heridas, desgajadas, incluso perseguidas y bajo asedio.

Sabemos que aquella tarea no ha terminado: los libros, las lecturas y conversaciones que propician, llegaron para quedarse y ayudarnos a enfrentar «la locura del mundo», como llaman Mariana y las luchadoras librescas a la realidad violenta que padecen los pueblos y ciudades en México donde cuentan y cantan; una forma de denunciar también la crisis global de derechos humanos, cuya máxima aberración es todavía hoy el genocidio en Gaza.

«Sherezade lo logró gracias a su elocuente imaginación, memoria y capacidad narrativa porque es desde la ficción desde donde pueden nombrarse a profundidad asuntos que a veces parecieran ser inenarrables. Especialmente cuando se trata de una violencia descarnada como la que existe en nuestro país (y en el mundo) donde habitan los más de ciento treinta mil desaparecidos, los once feminicidios de cada día, los niños sicarios, la pobreza, la injusticia y otras tantas cabezas de la hidra: el ejercicio de una ferocidad implacable como telón de fondo de nuestro habitar cotidiano que, en ocasiones, rebasa las puertas de nuestras moradas.

«Hechos que suelen ser difíciles de nombrar por el efecto desgarrador que generan y que, con gran frecuencia, ignoramos para defendernos del horror. Ese horror que es una cuota de infamia y espanto que provoca una alteración inmanejable de nuestra economía psíquica y que se transforma en trauma. Y eso traumático empuja al silenciamiento, esquiva nombrar o rememorar lo que hiere propiciando así la repetición infinita del trauma mismo: esas heridas no apalabradas generan desolados laberintos -donde se engendran monstruos- que empozan al lenguaje y terminan por fragmentar el tejido social», escribe Mariana Osorio en este cuento de hadas ensayístico o en este ensayo que homenajea la estructura del cuento de hadas, pionero en el arte de vencer ogros.

No puedo imaginar mejor manera para inspirar nuestro trabajo este 30 de abril, Día de la Niña y el Niño en México, que con la lucidez y elocuencia (pensamiento y expresión) de Mariana, una de las escritoras de LIJ más relevantes en México, candidata al Premio Memorial Astrid Lindgren 2026, y comprometida, como tantas mediadoras de lectura en nuestro país y en el mundo, con «fomentar la lectura como puente para remontar dolores individuales y colectivos (…), un propósito complejo de realizar que necesita de mucha imaginación y esfuerzos», dice.

Presentación de Tal vez vuelvan los pájaros en la Librería Rosario Castellanos de la Ciudad de México, el 10 de octubre 2014.

En octubre de 2014, un par de semanas después de las desapariciones forzadas de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, moderé la mesa de presentación del libro Tal vez vuelvan los pájaros (Castillo, 2014), una novela de Mariana que fue clave justo entonces, y se quedó como piedra angular para mí, cuando empecé a analizar la literatura infantil y juvenil que encontraba una manera de narrar el horror del terrorismo de Estado (viviré siempre agradecido con Mariana por mostrarme un camino como investigador y escritor). Aquella vez intentamos comprender, entre memorias y ficciones, al lado de Mar, la niña protagonista inspirada en su propia vida, un poco más de nosotrxs y del país violento pero también amoroso en que vivimos. Y creo que por eso terminamos bailoteando y escuchando a todo volumen la canción «Eva María», buscando un sol en la playa, en medio de tanta borrasca. 

Ahora me doy cuenta que, como leerán a continuación, eso sigue haciendo exactamente Mariana a través de Lucha Libris, y al lado de su compañero de vida Antonio Plá, y con la complicidad de la cofundadora del proyecto, Majo Torreblanca. «Aunque Lucha es una, hablamos en plural. Solemos decir que nuestro método es bibliotecador ludocativo, por ende artivista: opera a través de un dispositivo de acción comunitaria». 

Así se desarrolló aquella petición de la maestra normalista, Jéssica Velázquez, «la comadre de Lucha Libris», me cuenta Mariana vía mensaje de texto. «La primera vez que llevamos la biblioteca ambulante (antes de construirla) ella hizo el ritual de ‘bautizo’. Le puso flores al remolque y fue hermoso. Ella es compa y nuestra amiga».

A Mariana y a Majo y a Jéssica, se suman Miriam Martínez, Elisa Corona, Martha Riva Palacio y Liora Stavchansky, otras importantes «incursoras» en esta historia (siguiendo el título de la más reciente audacia de Ana Garralón: Las incursoras, Las Afueras, 2025) para ofrecer un ciclo de conferencias que ayude a sostener, sin caídas ni límite de tiempo, todos los valientes lances de Lucha Libris.

Adolfo Córdova

 

 

Los cuentos y cantos de Lucha Libris, biblioteca andante, contra la locura del mundo

Por Mariana Osorio Gumá*

Había una vez un reino mágico, polícromo y fecundísimo al que llamaban Ombligo de la Luna. Aunque abundaban belleza y encantos sus habitantes vivían con miedo. Esa misma riqueza había atraído la voracidad de ogros odiosos, gigantes desalmados y monstruos sanguinarios. Seres de una glotonería insaciable capaces de devorar hasta su propio corazón. Nadie sabía qué hacer para detener la multiplicación salvaje de bestias que engullían a chicos y grandes a su paso, dejando pantanos de dolor.

A muchos los secuestraban para llevarlos a sus guaridas, alejándolos de sus familias y hogares, obligándolos a trabajar en faenas indignas como esclavos. A otros más, mediante brebajes y hechizos retorcidos, les enseñaban sus artes oscuras hasta convertirlos en sus fieles lacayos y así prolongar su imperio. Las aldeas abandonadas a su suerte, no encontraban la manera de salir de aquel lóbrego laberinto fabricado de heridas ocultas tras el silencio y abandono que, como bien se sabe, es donde se engendran los monstruos. Una de esas mañanas en que los pobladores andaban cabizbajos sin dirigirse ni un buenos días por efecto de la epidemia de miedo, una melodía desconocida los obligó a asomarse al camino. A lo lejos, andando lenta pero a paso firme, distinguieron una figura de larga capa rojinegra, sombrero floripondio y rostro oculto tras peculiar antifaz que le daba un toque misterioso. Su voz cantarina lanzaba al aire una cadencia pegajosa que los cautivó; como no podían confiarse a la primera, a la distancia observaron con prudencia, no fuera a ser otro más de esos seres criminales. Así sonaba la canción que se oía cada vez más y más cerca:

♫♫ Ya va llegando con emoción una guerrera con convicción que trae historias que trae palabras, teatro canciones y libertad… ♫ Yo soy la Lucha Libris te vengo a zarandear, palabras y poemas yo tengo para dar… ♫ soy una chica soy una vieja, soy una bruja, soy un chamán, soy biblioteca yo soy un teatro, soy un vehículo pa´la paz ♫.

¿Hechicera, chamán? ¿Niña, niño, una vieja? ¡Cuánta confusión! Seguramente no era más que un vagabundo disfrazado de loca. Justo entonces, de entre el gentío, sobresalió la cabecita de una niña gritando con entusiasmo: ¡es Lucha Libris! para luego echarse a correr hacia la visitante, a quien reconocía por haberla visto en una aldea vecina.

Muy pronto distinguieron mejor su fisonomía: andaba sobre cuatro rueditas, dale que dale, insistente en su trasiego, con una banderita blanca sobre su cabeza metálica y, les aseguró la niña, tenía la barriga bien repleta de cuentos y cantos para compartir.

Además no llegaba sola: la saltimbanqui venía con un séquito alegre y dicharachero. La niña les contó lo que había escuchado semanas atrás: que Lucha Libris era una guerrera por la paz, un poco pizpireta, tantito necia pero siempre generosa, dispuesta a contar cuentos, recitar poemas y, sobre todo, presta a escuchar las historias de la gente sin importar lo tristes o difíciles que fueran.

¿Pero para qué sirve todo eso? No creo que algo así nos ayude en nada, dijo un hombre gris que la escuchaba con atención. La nena continuó: pues dicen por ahí que esos son los ingredientes mágicos de sus poderosas pócimas que son remedios para el alma. ¿Remedios para el alma? se oyó decir a un hombre triste, cuya voz apenas se escuchaba al fondo de su laberinto. ¡Sí, remedios que ayudan a salir de estos tormentosos pozos en los que las bestias sanguinarias nos han hundido! exclamó la madre de la niña, quien también conocía a la recién llegada.

En un parpadeo, los habitantes de la aldea rodearon la caravana, aún tantito dudosos, pero ya un poco más dispuestos a darle la bienvenida; deseaban descubrir con sus propios ojos y orejas si aquella forastera de veras sabía buenos ensalmos.

Y es que Lucha Libris, la biblioteca andante, sabe que estamos hechos de historias. Las palabras se entrelazan en nuestro ser, van y vienen imparables, anhelantes, en busca de sentidos. Palabras que en ocasiones surgen desde realidades inhóspitas pero tejen sus hilos de Ariadna para decantarse en ficciones y, al ficcionar, logran abrir compuertas insospechadas, generando un tejido de nuevas realidades. Lucha sabe que la ficción nos humaniza. Y si estamos hechos de relatos por qué no pensar entonces en la poderosa pócima curativa que se guarda en un libro que, como un contenedor mágico, como un frasquito maravilloso hecho de papel y tinta, si no puede curarnos de todo ni del todo y eliminar para siempre a ogros y gigantes criminales que pululan por doquier, al menos nos regala ese hilillo fantástico para tejer salidas personales y colectivas de esos lóbregos laberintos.

También Sherezade nos lo hizo saber hace tiempo. Recordarán que, acompañada por su talento, valentía e ingenio, pasó mil y una noches entreteniendo al sultán Shahriar y así salvó su propia vida y la de miles de doncellas que estaban en peligro de ser asesinadas por los celos irrefrenables de aquel feminicida. Sherezade lo logró gracias a su elocuente imaginación, memoria y capacidad narrativa porque es desde la ficción desde donde pueden nombrarse a profundidad asuntos que a veces parecieran ser inenarrables. Especialmente cuando se trata de una violencia descarnada como la que existe en nuestro país (y en el mundo) donde habitan los más de ciento treinta mil desaparecidos, los once feminicidios de cada día, los niños sicarios, la pobreza, la injusticia y otras tantas cabezas de la hidra: el ejercicio de una ferocidad implacable como telón de fondo de nuestro habitar cotidiano que, en ocasiones, rebasa las puertas de nuestras moradas. Hechos que suelen ser difíciles de nombrar por el efecto desgarrador que generan y que, con gran frecuencia, ignoramos para defendernos del horror. Ese horror que es una cuota de infamia y espanto que provoca una alteración inmanejable de nuestra economía psíquica y que se transforma en trauma. Y eso traumático empuja al silenciamiento, esquiva nombrar o rememorar lo que hiere propiciando así la repetición infinita del trauma mismo: esas heridas no apalabradas generan desolados laberintos -donde se engendran monstruos- que empozan al lenguaje y terminan por fragmentar el tejido social.

Lucha Libris en Xantetelco.

Estos embates del monstruo de la violencia dificultan resimbolizar la realidad para producir representaciones capaces de capturar al mundo y, en el mejor de los casos, reapropiárselo a partir de su reinvención. Embates que sufren sobre todo niños, niñas y adolescentes en comunidades marginales de nuestro país y que suelen quedar desamparados al interior de esos dédalos insalubres hasta convertirse en minotauros desahuciados, presas de una existencia sin esperanza.

Ha sido justamente este panorama desolador lo que nos llevó a imaginar a Lucha Libris. Un proyecto que reinserta cierta dosis de confianza e ilusión entre los más jóvenes, aunque no exclusivamente pues el trabajo suele alcanzar a la gente mayor. Un proyecto autogestivo apoyado en ese objeto mágico -que es hilo, puente, río, lazo, árbol- al que llamamos libro. Un proyecto al que hemos nombrado Bibliotecando con Lucha Libris porque toma forma en una caravana que es biblioteca ambulante, teatro y tantito circo. Detrás del rostro de hechicera cuentacuentos van un montón de cabezas y brazos que la impulsan por los caminos de Morelos, a ritmo de cumbia, desde hace ya 9 años.

El bibliotecar de Lucha es una acción y consiste en donar bibliotecas a comunidades marginales donde no hay libros, en territorios vulnerables o vulnerados por la violencia social. Y a partir de esa acción apoyada por su presencia recurrente a través de varias sesiones consecutivas de los bibliotecadores luchalibrescos (las cabezas y brazos: psicoanalistas, biblioterapeutas, antropólogos, cuentacuentos, actores, diseñadores, arquitectos, músicos, escritores y otros personajes) busca suscitar espacios de encuentro capaces de revitalizar lazos creativos a través de la lectura y los libros.

Y es que, como bien dice don Quijote: quien canta, sus males espanta. Y sabemos que el viejo caballero andante tiene toda la razón en citar ese proverbio español pues la palabra es un poderoso soberano, que con un cuerpo pequeñísimo e invisible realiza empresas extraordinarias: eliminar el temor o al menos amortiguarlo, suprimir la tristeza o de perdis diluirla, infundir alegría, aumentar la compasión. Y cuando es musical y/o poética, cuando es ficcional, suele ser aún más generosa y eficaz para abrir las compuertas a esos espacios inéditos donde es posible que ocurran todo tipo de cosas a nivel de la representación y la metáfora, suscitando así, eventualmente, una transformación al iluminar salidas posibles de esos infames estados de odio, confusión y caos.

Desde los inicios del proyecto supimos que donar una biblioteca y fomentar la lectura como puente para remontar dolores individuales y colectivos, si bien es una idea muy loable, es sobre todo, un propósito complejo de realizar que necesita de mucha imaginación y esfuerzos. Por eso, aunque Lucha es una, hablamos en plural. Solemos decir que nuestro método es bibliotecador ludocativo, por ende artivista: opera a través de un dispositivo de acción comunitaria que se abre, cada sesión, en un abanico de cuatro tiempos que duran dos horas y media.

Cada sesión se lleva a cabo mensual o bimestralmente, a lo largo de un año por comunidad. Esas dos horas y media inician con una preparación del cuerpo a través de juegos entre los participantes, pues sabemos que es en el cuerpo donde suceden las cosas y es jugando como empiezan a hilarse las primeras puntadas de la confianza con el otro.

A partir de ese primer entretejernos, nos deslizamos hacia el tiempo de lectura compartida de cuentos o poesía siempre elegidos en función de lo que fuimos escuchando en visitas previas con cada comunidad en particular; desde ahí vamos hacia un tercer tiempo, que es tiempo de poiesis: momento creativo donde los implicados gestan un objeto que puede ser personal o colectivo: cuento, poema, juguete, pieza musical, mural o algo que corresponda a una propuesta hecha por Lucha en función de los intereses de esa colectividad. Un momento en que la lectura tiene un efecto visible donde resuenan como campanillas, a veces como bombas o disparos, las inquietudes que subyacen entre la gente. Inquietudes que no siempre son explícitas y que requieren de una escucha entrenada para detectar lo latente y tras ese desciframiento, acompañar la verbalización de lo oculto tras lo manifiesto.

De allí se desemboca en un cuarto tiempo: el momento de compartir, de socializar lo creado. Instantes que albergan una genuina alegría, al tener un efecto de integración psíquica pues se ha permitido la salida a eventos que no habían encontrado la manera de ser expresados y representados; esa elaboración trae consigo el contento que alberga el acto creativo en sí mismo y la posibilidad de repartir la belleza de ese hecho profundo e íntimo. Un momento clave del engranaje con el que trabajamos, que nos ha permitido atestiguar sus alcances transformadores.

Durante esos cuatro tiempos del encuentro, se crea un espacio transicional: frontera indómita, donde suelen ser apalabradas las heridas que a su paso han dejado la impiedad de criaturas sanguinarias. Desde allí también se pueden surcir o retejer las desgarraduras en el tejido social, desde la elaboración que permite la contención y escucha grupal. Cabe insistir en que la urdimbre y trama comunitarias están hechas de historias que se habitan, de narraciones que son actuales y también de algunas venidas de otros tiempos; y lo que enferma a ese mismo tejido colectivo es el silenciamiento provocado por las incisiones mismas de lo traumático.

Con esos conjuros curativos Lucha Libris ha transitado por los caminos de Morelos. En la comunidad de Amilcingo, violentada con la imposición de un gaseoducto y una termoeléctrica que roba el agua e invade territorios y donde han sido asesinados defensores de las comunidades, Lucha levantó una biblioteca comunitaria y dos de aula en la escuela del centro. Supo que su trabajo empezaba a tener efectos cuando notó que, avisados de su llegada o advertidos de su partida, los más pequeños corrían a saludarla o despedirse solicitando nuevos títulos e historias para leer. Otros niños, niñas, jóvenes y ancianos, a través de los talleres, pudieron representar asuntos dolorosos sobre algunos sucesos criminales recientemente ocurridos.

De Amilcingo, Lucha Libris viajó a Jojutla, también en Morelos, una comunidad diezmada por el crimen organizado donde junto a las escuelas y casas han sido halladas fosas clandestinas con cientos de cuerpos; con un índice altísimo de violencia intrafamiliar -incesto, abusos y embarazos de adolescentes- los laberintos cenagosos con cientos de atrapados, pululan por doquier. Lucha bibliotecó allí en una secundaria que carecía de libros. Los profesores a cargo y el grupo de estudiantes recibieron con entusiasmo la donación de, hasta hoy, alrededor de seiscientos ejemplares y la propuesta de bibliotecar conjuntamente una vez al mes. Durante ese año escolar, a cada regreso de Lucha, los jóvenes le pedían recomendaciones de lecturas, le contaban con orgullo sobre novelas o cuentos recién leídos y le compartieron sus canciones de amor y desamor haciendo uso de las destrezas musicales que ya venían trabajando. Un grupo de chicas, insertas en una cultura profundamente machista, se fue transformando en uno de lectoras entusiastas y propusieron un taller de creación literaria pues querían ser escritoras. Lucha había sembrado la semilla y ya crecía por su cuenta, bien cuidada y sostenida por los mismos profesores.

Lucha Libris en Xantetelco.

Cuando empezó a bibliotecar en una secundaria de Amatlán, Morelos, la interrumpió la pandemia. No pudo concluir ese proyecto, pero hizo una importante donación de buena literatura a su pequeña biblioteca, además de que logró iniciar un taller en el que los jóvenes se convirtieron en videonarradores de las historias de terror de su comunidad. Durante ese periodo de encierro, aunque no logró bibliotecar en todo el sentido de esa acción, enriqueció los acervos ya creados.

En cuanto el tiempo de aislamiento cesó, retomó sus andanzas en un hermoso Centro Comunitario construido por las mujeres del pueblo de Xantetelco, a través de una propuesta de integrar a los ancianos en la recuperación de las historias del lugar. Se trabajó con mapas gigantes del pueblo para contar anécdotas de calles, casas, árboles, ríos, acueductos, cerros y personajes; se confeccionaron juguetes relacionados con esas historias, se editó un fanzine con una memoria del lugar; se escuchó a los ancianos cantar y contar relatos que venían de lejos y a los más pequeños narrar historias de espantos.

En agosto de 2024 Lucha bibliotecó con niñas y niños migrantes apostados en la Plaza de la Soledad, en Ciudad de México. Ha sido hasta ahora, su tarea más exigente en términos del impacto que tuvo en ella. Entre precarias e improvisadas construcciones leyó cuentos, escuchó y resintió en sus entrañas, la desesperación de chicos y grandes y junto con ellas y ellos fabricó juguetes que representaban su esperanza de una vida digna. Allí se activó una bibliomigrancia hecha de libros, cuadernos y lápices donados a través de sus redes, bajo la consigna de intercambiar los ejemplares entre ellos, de ser posible. Lucha descubrió que un cuaderno y un libro representaban el único lugar propio para varios de los peques. Pero no se achicopaló (aunque sí, y mucho) porque sabía que su tarea consistía en construir un universo de juego y palabras que fuera hogar: uno capaz de protejerles del desamparo y la soledad, aunque fuera por un instante para atesorar en sus recuerdos.

Hasta el momento Lucha ha creado 7 bibliotecas: 2 de aula, 2 comunitarias, 2 centrales escolares y 1 biblioteca ambulante, además de la bibliomigrancia que son esos libros que van y vienen de unas manos a otras sin lugar fijo. En total se han donado cerca de 2500 ejemplares y se han realizado alrededor de 50 talleres y presentaciones. Todo ha sido autogestivo, pues Lucha con todas sus cabezas y brazos ha sido capaz de generar, creativamente, sus propios recursos a partir del apoyo solidario de la comunidad, organizando eventos con apoyo de artistas y profesionales que donan su tiempo y talentos para acompañarla en sus andanzas. Mucha gente se suma, colabora y asiste para formar parte, desde esos bastiones, de su bibliotecar. Ha experimentado que, en efecto, hay otros mundos -u otras maneras de vivir el mundo- y están en éste.

Lucha Libris Mensajera, lenta pero insistente, es la próxima peripecia; recorrerá a partir de mayo los caminos de Morelos para conectar a las y los lectores de las 6 bibliotecas creadas anteriormente. Además de alimentar los acervos con nuevas donaciones, con ayuda de su método bibliotecador ludocativo favorecerá un trueque intercomunitario de recomendaciones de libros a través de cartas-narradas, cartas-dibujadas, cartas-mensajes de voz y videos-cartas. Llevará en su panza de metal el correo generado, de comunidad en comunidad, que se expondrá como invitación abierta para explorar nuevos títulos y, a su vez, generar nuevas cartas hasta el siguiente destino. El objetivo es construir inter-comunidad a través de la correspondencia entre localidades vecinas en geografía, historia y sufrimientos. Los encuentros están dirigidos a niños, niñas y jóvenes para sembrar lecturas y lectores, cálidos lazos, desde el interior de las bibliotecas ya creadas y extendiendo estas prácticas por el territorio. Y así, esta guerrera por la paz, lenta, pero porfiada, irá por los caminos del Ombligo de la Luna para repartir y compartir cuentos y cantos y así seguir resistiéndose a la locura del mundo.

Lucha cuentacuento en Xante.

 

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*Mariana Osorio Gumá es una escritora y psicoanalista mexicana que radica entre Ciudad de México y Amatlán, Morelos y que ha ejercido la docencia en diversas universidades y centros de estudio nacionales e internacionales. Coordina talleres y seminarios de escritura creativa y clínica psicoanalítica. Practica el psicoanálisis desde hace más de tres décadas, con niños, adolescentes y adultos.

Es autora de más de diez libros entre cuentos, novelas y ensayos que han ganado premios y reconocimientos internacionales, entre los que destacan el Premio Lipp Brasserie 2013 por su novela Tal vez vuelvan los pájaros, el Premio del Banco del Libro de Venezuela por el libro de cuentos Las siete vidas de un gato en el rubro de historias inclasificables y, recientemente, ha sido nominada al Premio Memorial Astrid Lindgren 2026 por la calidad de su obra. Su novela El paraíso de las moscas ha sido publicada en España, bajo el sello Ediciones B (2011) y Cuando llegues al otro lado (Grijalbo, México, 2019 y Grijalbo, Colombia 2024) fue traducida al inglés bajo el sello Cinco Puntos Press, (Estados Unidos, 2022). Ha publicado ensayos en distintas revistas de circulación nacional e internacional. Es cofundadora y coordinadora del proyecto Bibliotecando con Lucha Libris, colectivo de intervención comunitaria a través de la lectura y el arte, que opera desde 2017 entre la ciudad de México y Morelos y que ha sido distinguido y apoyado por el programa Ambulante, Levantemos México en 2019 en el rubro Nuevos Actores Sociales.

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Y así se presenta Lucha Libris…

Lucha Libris. Soy Lucha Libris una biblioteca andante que camina impulsada por un proyecto colectivo de intervención psicosocial fundado en 2017 por un grupo de psicoanalistas; a través de un método creado con base en ciertos postulados provenientes del psicoanálisis y la antropología de la lectura, me dedico a acercar libros, juego y arte a diversas comunidades mediante la construcción de bibliotecas comunitarias, talleres de expresión artística y cuenta cuentos, fomentando inclusión, educación popular y construcción de tejido comunitario dañado por la violencia. Trabajo con niñez, adolescentes y adultos, generando espacios de encuentro y escucha en escuelas, plazas y centros culturales, prioritariamente en el Estado de Morelos, aunque también he trabajado recientemente con población migrante que pasó por la ciudad de México. Soy presumida (jeje): hasta ahora he construido 7 bibliotecas (una móvil, 4 escolares y 2 comunitarias) así como la bibliomigrancia (libros libres donados a niñez y personas migrantes, para ser intercambiados entre ellos). Actualmente estoy hecha de muchas cabezas, ojos, manos, orejitas y brazos: psicoanalistas, arquitectos, antropólogos, músicos, diseñadores, ilustradores, escritores, cuentacuentos y gestores culturales. (Más para presumir, jiji): he obtenido reconocimientos y menciones nacionales e internacionales, por mi originalidad, fomento a la lectura y capacidad de autogestión, de la que me siento muy orgullosa.🚛📖📚📘🖊❤️💜 ¡Y hasta hoy, sigo bibliotecando!

Síganla en Facebook. Y aquí un videito: https://www.facebook.com/reel/4266760926871137

 

¡Que no caiga esta luchadora!

Ni dos ni tres caídas, que siga bibliotecando, sin límite de tiempo, la muy querida Lucha Libris. Aquí una iniciativa formativa con «seis amorosas mujeres» que «compartirán sus reflexiones sobre infancias, lectura, libros, psicoanálisis, cantos y cuentos para seguir luchando contra la locura del mundo», y para que Lucha Libris, «pueda seguir bibliotecando por los caminos de México».

Más información aquí. Inscríbete aquí: cep_cis@yahoo.com.mx

 

 

Entrada No. 281
Autora del ensayo invitado: Mariana Osorio Gumá. Autor de la intro: Adolfo Córdova.
Ilustración de portada: Antonio Plá, Xavier Rodríguez y Ilallali Hernández para Lucha Libris.
Fecha original de publicación: 30 de abril de 2026.

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