Un abrazo. Eso pidió una de las jóvenes cuando les pasamos el micrófono. «¿Cuándo fue la última vez que abrazaron a sus hijos?», preguntó Evangeline, estudiante de la Telesecundaria Alfonso Reyes, a un público mayoritariamente adulto, y luego continuó cuestionando la falta de comunicación y presencia de lxs adultxs. Su confrontación generó una catarsis entre las otras jóvenes a su lado que compartieron, muy conmovidas, la soledad, la tristeza y el rechazo que sentían en esa etapa de sus vidas: La adolescencia.

Jamie y su padre. Captura de pantalla de la miniserie Adolescencia de Netflix.

Hablamos de la primera infancia, la niñez y la juventud (más tirando a jóvenes adultos; e incluso negando que haya una «literatura juvenil»), pero con mucha frecuencia callamos la adolescencia. Escucho de padres y madres, mediadoras, maestros, editoras y especialistas que hacen falta talleres, libros, círculos de lectura dirigidos a las y los adolescentes; estudios sobre esa franja; y alguna vez escuché en un congreso al escritor uruguayo Federico Ivanier preguntarse dónde estaba la «P» de Pubertad en las siglas LIJ, literatura infantil y juvenil. ¿Apretada en una reducida «v» que echa raíz: «y»? ¿Dónde?

En ese territorio pendular, y a veces insular, de arenas movedizas entre los tirones del cuerpo y la pérdida de la credulidad, entre los 10 y los 19 años, según la Organización Mundial de la Salud, marcado por las fronteras. Lo fronterizo, sabemos, es un espacio, por definición, en tensión (de un lado, del otro; la infancia plena, la juventud adulta), muchas veces en disputa e incómodo, sin respuestas simples. Un «Entre-Aquí-y-Allá», como dice J. M. Barrie, y lo leo de epígrafe en La nostalgia del vacío (Pantalia, 2018), ese libro tan luminoso que escribió Freddy Gonçalves Da Silva sobre sus prácticas de mediación lectora con adolescentes:

—Entonces, ¿no seré una criatura humana? —preguntó Peter.
—No.
—¿Ni tampoco un pájaro?
—No
—¿Qué seré entonces?
—Serás un Entre-Aquí-y-Allá.

Entre-Aquí-y-Allá, pero con entidad, no en un limbo, como se suele juzgar. Desde un limbo miramos nosotrxs; lxs adultxs, sin saber qué decir.

Evangeline y sus compañeras de la Telesecundaria Alfonso Reyes también realizaron carteles para acompañar su lectura performática de Canción de protesta por lxs jóvenes detenidxs desaparecidxs (UNAM, 2023), en Veracruz, en la Semana de Lectura y Cultura Infantil y Juvenil, SeLee 2024, en la que tuvo lugar esa expresión catártica de emociones. En uno de los carteles se leía: «El abuso se alimenta de silencio».

Hablar, ser escuchadas, miradas a los ojos, recibir un abrazo que exprese ese cariño, ese interés; para vivir un mundo así protestaron. Y a veces, los únicos espacios que encuentran para desahogarse, encontrar consuelo e incluso denunciar (en México, lxs adolescentes no están legalmente facultadxs para presentar una denuncia sin acompañamiento adulto) son las redes sociales, que funcionan de micrófono y foro; las social media, que también son negocios controlados por corporaciones (en muchos casos neofascistas) que lucran con su vulnerabilidad.

La nueva mayoría de edad tal vez no sea ya un umbral etario, 18, 21; sino tecnológico, el momento en que se tiene acceso a un dispositivo y nace el perfil virtual. O quizás sí tiene que ver con la edad y lo dicta Instagram que estipula los 13 años como mínimo para abrir una cuenta (Mastodon, una red social libre, recientemente modificó el mínimo a 16 años). ¿Qué implicaciones sociales tiene esta nueva lógica? ¿Puede dar mayor agencia a la adolescencia? ¿La aliena y expone más temprano a normatividades y consumismos?

Fotografía: SeLee 2024.

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La paternidad en la serie Adolescencia

[Atención: a partir de aquí, mi texto incluye revelaciones y datos clave sobre el desenlace de esta serie]

La madre de Jamie, un adolescente de 13 años, personaje central de la miniserie ficticia «Adolescencia», producida por Netflix, se pregunta, al lado de su esposo, si no debería haber hablado más con él, abrir la puerta de su habitación tantas horas cerrada. «Nunca salía de su cuarto. Llegaba a casa, azotaba la puerta y subía las escaleras directo a la computadora», dice la madre. El padre intenta tranquilizarla: «No podíamos hacer nada. Todos los niños son así ahora, ¿no? (…) No podemos vigilarlos todo el tiempo».

En esta línea, otro debate necesario: ¿Cómo acompañar sin vigilar? Cuidar no custodiar. No sólo lxs padres y madres, la escuela, las organizaciones, el Estado.

Pero más adelante, el padre también reconoce su distancia y que en algún momento dejó de inscribir a Jamie a deportes como el futbol y el boxeo, que «lo harían más fuerte», para dejarlo dibujar y comprarle la computadora que les pedía. Luego su negocio crece y se aleja más, se iba a las 6:00 am y regresaba a las 8:00 pm. «Quizá yo lo descuidé». 

Esta miniserie de drama criminal, de cuatro capítulos y dirigida por Philip Baranti, gira en torno al feminicidio que comete un adolescente, Jamie, de una compañera de su salón, Katie. El primer capítulo narra el arresto de Jamie; el segundo, la investigación de dos detectives en el colegio al que asistía; el tercero, la entrevista que una psicóloga le realiza en un centro de detención; y el cuarto, del que extraje la conversación antes referida, sigue a su familia, sus padres y su hermana, la mañana del cumpleaños del padre, intentando seguir adelante con sus vidas. 

En ese cuarto capítulo, el padre justifica que no abrieran la puerta del cuarto de Jamie, porque quizá estaba «viendo pornografía o cualquier otra cosa» en su computadora… como un video misógino que le apareció en su celular a él mismo, al azar, en el que un hombre reivindicaba cierto tipo de hombría y trato hacia la mujer. Una clara referencia a la “machósfera” o “manósfera”, esa peligrosa comunidad digital llena de discursos de odio que acusa a los feminismos de arrebatarles derechos a los hombres. 

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La masculinidad en la machósfera

«Dos tercios de los jóvenes interactúan periódicamente con influencers que abordan la masculinidad en línea. Según especialistas, la popularidad del lenguaje extremo empleado en la machoesfera no solo normaliza la violencia contra las mujeres y niñas, sino que además está asociada a la radicalización y a ideologías extremistas», explica ONU Mujeres en su artículo reciente «¿Qué es la machoesfera y por qué debe importarnos?».

Propiciar una reflexión sobre la falta de alfabetización mediática de lxs adultxs y que no conozcamos el contenido dañino al que están expuestxs niñas, niños y adolescentes, es otra de las apuestas de Adolescencia. Activistas feministas como Laura Bates han enfatizado que la manosfera y la cultura incel (acrónimo inglés de «célibe involuntario»), perpetúan ideas sexistas entre los adolescentes sin que padres ni madres se den cuenta. Esta subcultura pasa por inofensiva, de autoayuda o desarrollo de la confianza, pero poco a poco introduce visiones perniciosas entre jóvenes varones sin que salten las señales de advertencia.

El feminicidio que comete Jamie, en efecto, sería en parte resultado de esa machósfera. Jamie es uno de esos adolescentes radicalizados por consumir este tipo de contenidos, acosado en la escuela, etiquetado como incel, deseoso de la aprobación de su padre y con problemas de ira. «Tiene muy mal humor, pero tú también», le dice la madre de Jamie al padre en la conversación final. «No digas eso, no lo heredó de mí, ¿no?», responde él.

La miniserie sí evidencia una cadena de masculinidades tóxicas: «Cuando tenía la edad de Jamie mi papá me golpeaba, una y otra vez con el cinturón, me prometí nunca hacer eso», dice el padre, a quien minutos antes hemos visto en un arranque de ira zarandear a un adolescente y aventar pintura. Tanto la madre como la hermana de Jamie lo miran con miedo.

En el tercer capítulo, la psicóloga que evalúa a Jamie quiere andar ese camino también: ya han abordado en sesiones previas su idea de las mujeres y ahora quisiera hablar de los hombres: «¿Qué se siente ser hombre?», «¿Qué piensas de tu abuelo y de tu padre?», «¿Qué tipo de hombres piensas que son?», «¿Podemos hablar de tu padre?», le pregunta, y Jamie afirma que su papá no es cariñoso, pero que le resultaría extraño que lo fuera, como si estuviera acostumbrado a esa falta de afecto y siguiendo el mandato de esa masculinidad poco expresiva. «¿Malhumorado?», sigue la psicóloga. «Supongo que sí», «¿Se enoja mucho?», «Nunca me ha pegado», aclara Jamie, y luego cuenta que una vez, en otro ataque de rabia, destruyó un cobertizo.

A Jamie no le gustan los deportes. Cuando su papá lo llevaba a jugar futbol los sábados para «hacerlo fuerte», otra idea de virilidad nociva, Jamie sentía su rechazo. «Cuando fallaba, él miraba hacia otro lado», le cuenta a la psicóloga. Ese gesto del padre parece haberle afectado mucho. 

«Lo llevé al futbol porque pensé que lo haría más fuerte. Pero jugaba mal. Siempre lo ponían en el arco. Los otros padres se burlaban de él», cuenta el padre a su esposa en la conversación del cuarto capítulo. Jamie buscaba su mirada, pero él no se la devolvía. «No podía mirar a mi propio hijo», le confiesa entre sollozos. «Te idolatraba», afirma ella. En la sala de interrogatorio, en el primer capítulo, tampoco podrá verlo a la cara después de que los detectives le muestren las cámaras de seguridad que graban el crimen de Jamie; aunque luego ceda y se den un abrazo cerrado, llorando.

Los creadores de esta serie sí querían encarar, y críticamente, los crímenes con arma blanca, perpetuados por adolescentes en el Reino Unido: «Mirar a los ojos la ira masculina moderna», declaró a Vanity Fair Jack Thorne, co-creador de la miniserie, y señalar la influencia de figuras públicas como Andrew Tate, ex kick boxeador acusado de violación y tráfico de personas e influencer/adoctrinador en la machósfera. Y recordemos que Donald Trump es el primer presidente convicto de la historia, declarado culpable de abuso sexual.

Sin embargo, cuando pregunté a Freddy Gonçalves su opinión sobre la serie, me dijo que le parecía que uno de los aspectos a revisar era la constante victimización del agresor y el hecho de que todas las «víctimas» a las que se presta atención sean hombres. El hombre como víctima es un postulado central de la retórica incel que justifica la violencia masculina por «dolor emocional».

Retomando el camino de la psicóloga, habría que preguntarle a la serie ¿qué piensa sobre las mujeres?, ¿cómo están representadas?, ¿y la mejor amiga de la víctima?, ¿participaron mujeres guionistas o asesoras en su realización? O mejor, como la propia psicóloga propone, más que lanzar preguntas, conversar la serie. «Creo que tú y todas las personas son muy complejas. Las preguntas directas no bastan», le dice.

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No es una patología

Si bien la serie generó muchísima conversación y propone una trama compleja que cuestiona las estructuras opresivas que enfrentan lxs jóvenes, la síntesis que propone el título, Adolescencia, me resultó muy desafortunada. Una vez más, se criminaliza a la adolescencia, como si ser adolescente fuera el problema y no la sociedad adultocéntrica, violenta, machista e hipersexualizada, que defiende supremacías blancas desde presidencias y ampara genocidios. Una sociedad (en donde los padres no son los grandes culpables) que monetiza la atención y deseos de los y las adolescentes, a través de las redes sociales, para mantener esa violencia sistémica que tanto le reditúa. La serie podría enfatizar más que Jamie es producto de una masculinidad tóxica institucionalizada (redes sociales, familia, escuela), no de una etapa vital.

Quizá hubiera sido más justo titularla «Adultez», pero no es el estilo de Netflix que no da un paso sin que su algoritmo le confirme que el contenido será un éxito. Adolescencia, que ya es la segunda serie en inglés más vista en la historia de la plataforma (el primer lugar lo ocupa «Merlina»; el tercero, «Stranger Things»; y el cuarto, «Dahmer. Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer») condensa dos de sus fórmulas más consumidas: Apelar a la nostalgia adulta y los docudramas criminales.

Adolescencia es una serie, dirigida a quienes ya no son adolescentes y, de entrada, se relacionarán afectivamente desde ese tiempo perdido. Según la propia clasificación de Netflix: «Recomendada para público adulto. No apta para menores de 17 años» (la ironía refleja esa moral edadista bajo la que se pretende definir qué sí y qué no es la adolescencia, excluyendo a los propios adolescentes). En un sondeo rápido con cinco adolescentxs en mi entorno, la respuesta general fue que sí les dieron permiso de verla y les aburrió.

El fondo: la nostalgia. Desde los créditos de introducción (fotografías de la niñez de lxs protagonistas que se deslizan con estética de diapositiva antigua) se establece un tono inscrito en la estructura simbólica del fin de la infancia y la inocencia. En la conversación del cuarto y último capítulo, los padres recuerdan a Jamie como «ese niño pequeño, un poco torpe, columpiándose y dibujando monstruos, comiendo helado». Más adelante, en la escena final, veremos al padre llorando y tapando, despidiéndose y pidiendo perdón, a un osito de peluche en la habitación de un Jamie que se nos muestra más niño pequeño que adolescente.

Y la forma: el docudrama. Recuerdo que cuando una amiga me habló por primera vez de esta serie, estaba segura que se basaba en una historia real, lo que la impactaba (y vende) más. Los realizadores han dicho que sí se inspira en casos reales, pero no retoma ninguno en particular. El estilo de «tiempo real» en el que está contada la serie, en un largo plano secuencia (una sola toma, sin cortes), refuerza la inmersión del espectador y la sensación documental. Este acierto técnico y estético, y el virtuosismo actoral, acapara los comentarios en medios (y el boca a boca) y los videos con entrevistas a lxs actorxs que he visto. ¿Y el feminicidio? Me pregunto si todos los fuegos artificiales de la forma no opacan, trivializan, el fondo.

Cuando consulté al consejo editorial juvenil de mi blog su opinión general de la serie, varias de las jóvenes que la habían visto (ya ninguna de ellas adolescente), como Janet Silva Cruz y Michelle Fonseca, dijeron que les hizo ruido que no se nombrara el crimen de Jamie como feminicidio (tanto en Estados Unidos como en Reino Unido, rara vez se emplea esa palabra), lo que invisibiliza la violencia de género (decir «homicidio» en lugar de «feminicidio» niega la misoginia estructural del crimen), y que tampoco se mencionara más a Katie, la víctima (algo que el personaje de la detective en la propia serie también evidencia).

Peor aún, Michelle y otro consejero del blog, Rafael Sebastián Romero, aseguraron que la serie falla al tachar de acosadora/bully a Katie, una línea argumental misógina que fortalece el mito de que las mujeres «provocan» la violencia (y nadie en la serie lo problematiza o desmonta). No ser representada como una persona completa, sino estereotipada como «la acosadora», sigue una lógica incel de que las mujeres existen solo como disparadores del drama masculino, lo que justifica la violencia feminicida y absuelve parcialmente a Jamie, lo victimiza, como señalaba Freddy Gonçalves. Uno de los únicos personajes que amplía el retrato humano de Katie, es su mejor amiga, pero se le muestra marginal, mimetizada con el ecosistema violento de la escuela.

La culpa nuevamente puesta en la adolescencia, representada en la serie como una calamidad. En el segundo capítulo los detectives lanzan frases como: «Es una locura lo que el cerebro te dice que hagas cuando eres un chico», «Es un caos absoluto [la escuela]», «Todas las escuelas siempre tienen ese mismo olor: una mezcla de vómito, coliflor y masturbación. Es un asco».

A juzgar por el TOP 4 de las series más vistas en la historia de Netflix, también la adolescencia en sí misma es tema; una adolescencia disruptiva pues tanto Merlina (titulada originalmente Wednesday) como Stranger Things están protagonizados por adolescentes «rebeldes», «ingobernables», «fuera de control», que hacen cosas atípicas. Adolescencia propone un cruce con La historia de Jeffrey Dahmer, un asesino serial de adolescentes y jóvenes. Cómo se alternan en este TOP 4 la fantasía y el documental, podría ser sintomático de la forma en que ficción y no ficción se mezclan en las redes y de lo bien que Netflix comercializa la nostalgia y el crimen.

Otra serie, también de Netflix, que recomiendo, es «Malas influencias: El lado oscuro de las redes en la infancia», Jenna Rosher y Kief Davidson, que aborda igualmente la ausencia o presencia tóxica de padres y madres, los estándares de belleza imposibles, la exposición al acoso y la explotación de los cuerpos adolescentes como objeto de consumo en las redes sociales.

 

Adolescencia: crecer hacia, no carecer de

La palabra «adolescencia» guarda en su etimología una paradoja reveladora. Viene del latín adolescere («crecer hacia»), compuesto por «ad» (hacia) y «olescere» (crecer, nutrirse). En su origen, designaba sencillamente un proceso de maduración, sin connotaciones patológicas. Los romanos usaban adulescens para referirse a jóvenes entre 15 y 30 años en formación social y política. Sin embargo, este concepto se distorsionó radicalmente a partir del siglo XVIII, cuando pensadores como Jean Jacques Rousseau y G. Stanley Hall medicalizaron la etapa, asociándola con una «tormenta emocional». Luego el capitalismo la redujo a estereotipos de rebeldía e ingobernabilidad y convirtió a lxs adolescentes en chivos expiatorios de fallas sistémicas.

La ironía es notable. Mientras la raíz «alere» (nutrir) hablaba de potencial, hoy el término se asocia a crisis y peligro, como muestran esta serie y otros contenidos, y a otra palabra con un origen distinto: adolecer.

«Adolecer» proviene de adolere («arder, quemar»), que evolucionó al castellano como «padecer». La coincidencia fonética entre «Adolescencia» y «Adolecer» provocó una contaminación semántica e hizo que, desde el siglo XVII, se asociara el crecimiento juvenil con padecimiento o la falta: «adolecen de madurez», «de juicio», «de responsabilidad».

Toda la tergiversación, tanto la evolución del significado de la palabra adolescente como la trampa lingüística de la palabra «adolecer» no es casual: responde a ese sistema adultocéntrico que comercializa sus identidades mientras niega su voz. Reclamar la adolescencia como etapa legítima, no como limbo patológico, es un acto político. La adolescencia puede ser alegría, enamoramiento, libertad, descubrimiento… con todo y redes sociales (pero no exclusivamente con ellas). El problema nunca han sido lxs jóvenes, sino la sociedad que usa «déficit» o «falla» como sinónimo de adolescencia y la criminaliza para evadir su propia responsabilidad en las violencias que genera.

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Otras adolescencias y paternidades

El cierre de la serie me hizo recordar ese libro álbum de pedagogía para padres, de los 80, Ahora no, Bernardo, de David McKee, en el que un monstruo devora a un hijo que había advertido una y otra vez a su papá y a su mamá que existía esa amenaza. 

Adolescencia examina la paternidad contemporánea, su conciencia (o falta de) sobre las influencias insidiosas a las que están expuestxs muchxs adolescentes en el mundo digital y las devastadoras implicaciones. Y, tal vez en menor medida, examina el fracaso colectivo en el que se inserta esa paternidad: la crisis de la educación y las fallas en el sistema de justicia. 

En el segundo capítulo, cuando lxs detectives acuden a la escuela de Jamie, desde una perspectiva latinoamericana, el retrato social raya con lo caricaturesco. La ineptitud y falta de injerencia del personal docente y la prepotencia del alumnado, podrían resultar lejanos a nuestro contexto. No obstante, este capítulo cuenta también una posibilidad más luminosa, un punto de inflexión crucial en la investigación: Adam, el hijo adolescente del detective, que asiste a esa misma escuela y también sufre de acoso escolar, ayuda su padre, le da claves para vincular el crimen con las publicaciones de Jamie en Instagram.

Cuando Adam le explica a su padre el término incel, no solo comparte información, sino que abre un espacio de confianza. En lugar de imponer autoridad, el padre lo escucha con apertura, asumiendo su desconocimiento y aprendiendo de él. Ese momento de diálogo íntimo ofrece un correlato esperanzador a las relaciones paternofiliales marcadas por la desconexión emocional, como la que vivió Jamie.

Romper el ciclo de las relaciones emocionalmente desconectadas («creo que sería bueno que aceptemos que quizá deberíamos haber hecho más», expresa la madre de Jamie), requiere que lxs adultxs vuelvan a mirar a los ojos a las y los adolescentes, abandonen una posición de superioridad, cocreen espacios de participación y conversación (también virtuales), se involucren como aprendices junto a lxs adolescentes y reconozcan su potencial transformador (como muestran tantos movimientos climáticos o feministas liderados por activistas como Greta Thunberg o Malala Yousafzai, que empezaron de adolescentes).

En entradas recientes he abordado los cuidados mutuos, cómo lxs niñxs y adolescentes se cuidan entre sí y saben cuidar de las personas adultas a su alrededor y cómo nos recuerdan nuestra responsabilidad compartida. De esta última recupero las palabras de varios niños, niñas y adolescentes de San Pedro Pochutla, Oaxaca, parte del círculo de lectura de Isaac Corales. 

A la pregunta «¿De qué modo piensas que la violencia afecta la vida de las niñas y de los niños?», Melannie no dudó en responder: «En la vida de las niñas son los abusos, sexual y también mental, y también para los niños». Abdí Jersaí dijo que la violencia «los pone deprimidos, pone en riesgo su forma de ser, los puede poner un poco agresivos y siempre tristes». Para Milán Saíd hace que no puedan jugar libres ni salir, tener miedo… y «nunca los van a dejar salir porque allá afuera hay un mal», y para Odette la violencia hace que niñas y niños tengan «miedo a las personas grandes y no confían».

Su voces también pidieron, como Evangeline, que lxs adultxs pasen más tiempo con ellas y ellos, les apoyen, ayuden, «no sean tan groseras». Un abrazo. «¡Queremos vivir, no sobrevivir!», protestan los jóvenes de la Telesecundaria Alfonso Reyes.

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Recientemente…

Hackear la Digitalidad: cuidado mutuo y creatividad en los espacios digitales

1.er Encuentro de niñas, niños, niñxs, adolescentes y digitalidades en el Centro de Cultura Digital en Ciudad de México. Todas las mesas se pueden ver en la liga de arriba.

Leer Iberoamérica Lee

Puentes de la literatura. Juventudes en tránsito. La jornada completa en la liga.

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Próximamente…

Ya nadie lee: Primeras Jornadas de mediación, lectura y jóvenes. 

Freddy Gonçalves Da Silva coordina este encuentro que pondrá el foco en las muchas formas de leer (y resistir) en la adolescencia. 

Centro de América: Primer Encuentro de Literatura Infantil.

Gloria Carrión coordina este primer espacio para pensar la LIJ en Centroamérica en el marco de la FILGUA 2025.

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Entrada No. 266
Autor: Adolfo Córdova.
Portada: Imagen promocional de la serie Adolescencia de Netflix. Fecha original de publicación: 17 de junio de 2025.

 

9 Comentarios »

  1. LA CANCIÓN SIGUE SIENDO LA MISMA

    Cuando cantarla es callar, entrar es quedarse afuera y actuar es ser espectador. 

    «No sólo hay que mirar la Luna y el dedo que la señala, sino también, a la otra mano que intenta robar la cartera»

    ¿Qué se diría de alguien que ejecuta la fuerza bruta, el engaño y la corrupción para gobernar un jardín de infantes?

    ¿Qué códigos comunicativos se preservan en ese tipo de molde?

    De una aberrante separación sobreviene la inercia de una lógica unión de lo inocente y lo perverso, lo femenino y masculino, configurándose así una quimera que posee un particular lenguaje de carencia y desmesura, péndulo carcelario entre represión y liberación que juega por la noche y el día. Una afectación en el núcleo familiar que condiciona las relaciones y organización del cuerpo y mente social. 

    «En la oscuridad, cualquier luz es suficiente, sin embargo una polilla podría dirigirse hacia una equivocada»

    Los adultos se acostumbran, pero qué escucharían de sus niños.

    ¿Dónde empieza y en dónde termina el jardín de infantes en realidad?

    Otros preguntarán, cuándo…

     La estupidez, no sólo puede ser correcta, distinguida, refinada, reconocida, premiada y asimilada, andar bien vestida y ser ilustrada, también puede viajar en carreta o a la velocidad de la luz o estár en más de un sitio al mismo tiempo.

     La estupidez cuántica no escapa a la relatividad en dónde se convierte en infinita, porque allí fue engendrada. Y fue el cómico y cósmico, Albert Einstein, el que descubrió que su engaño se desvanece cuando su masa es cero.

    El producto y resultado de una fábrica, es lo que es, no puede ser algo más del propósito para lo que fue programado. Y en ella trabaja mucha gente que la confunde con La Vida, siendo simple teatro.  Lucro en el defecto y la resiliencia en la virtud, se hermanan y establecen «la normalidad» en la cadena de montaje de la empresa.

     El resultado del adiestramiento con premios y castigos es convertir al premio en no ser castigado, asegurando la mínima ventaja. Consecuentemente, ninguna persona es ajena a los efectos de la descomunicación. Aunque se adapte y compense el defecto y se terciarice la responsabilidad, la realidad terminará tocando a cada puerta dejando en evidencia el principio de armonía. Las señales son inequívocas, las virtudes y defectos nunca mienten, el dolor y  sufrimiento siempre tienen razón.

    ¿Quién escribe el guión?

    Unos miran hacia la pantalla de cine y dicen, ¡es sólo ficción! y cuando le dan la espalda hablan seriamente de realidad, de un show por el que también han pagado, pagan y pagarán.

    Éste dilema se soluciona dándose cuenta quién queda de un lado y quién del otro, y del qué, que se lleva a cuestas y el que se debe dejar.

    Pero…

    ¿Quién es el intermediario, ese extraño relator que cuenta lo que sucedió y sucederá, y lo que nunca ocurrirá oculto en su silencio?

     Es una encrucijada interesante, pero si nos adentramos al inframundo griego del defecto, nos remitirá al cercano mito de Jesús en su crucifixión. El ritual del sacrificio de la verdad, la libertad, el amor y la justicia, de la vida, que justifica al verdugo, al que se le transfiere ilusoriamente una responsabilidad que regresa mas temprano que tarde a cobrar la cuenta y el que se posiciona como agente evolutivo o azote divino autorizado. Y por el otro lado nos encontramos con su resurrección en virtud, Cristo, una refrescante consciencia renacida lógicamente en el mismo cuerpo, que observa y comprende el fenómeno de la cruz y ficción.

    “La frustración del iniciado ante la creída e inalcanzable perfección es la que se rinde ante el mas fuerte, la seductora muerte, y con ello adorar al intermediario, el que tiene el poder de matar y de su amenaza.

     Nadie luchó, lucha ni luchará por su vida mientras no muera la apariencia, como bien dice el manual”

     Sin embargo, ésta historia comienza una ficción antes, con la de un paraíso perdido y secuestrado llamado Dios, luego Estado, y ahora «I.A.», con la promesa de regreso hacia la tierra prometida, que es un muro de los lamentos. 

    «Cuando la esperanza es lo último que queda, ya no hay miedo a esperar o de esperar la amenaza, y se la devuelve al baúl de los recuerdos para cuando se la necesite en primer lugar»

     Un mito conserva una condición existencial que puede ser una cárcel en la relatividad del defecto o bien un ejercicio para la virtud. Es un sedimento, símbolo, contenedor, artefacto y vehículo de consciencia, como lo son las palabras, geometrías, matemáticas y sistemas, ajustados al desarrollo de consciencia. 

    Por eso la vida es cuento y la palabra ficción, y nos encantan sean bellos o de horror, pero mucho más vivirlos y compartirlos.

     La mecánica es la misma durante el tránsito o éxodo desde la sensación de ausencia hasta la presencia de consciencia. Los sueños de ausencia, claman por los de presencia, necesitando a los que lleven a su destino. Y en el puente aparece el intermediario que bien cobra o paga según se requiera. Es el genio de la lámpara que vende infinitos e insoportables futuros llamados deuda, que embargan presentes para enterrar pasados y así alimentar el bucle de un autónomo circuito. Innumerables rayos simulan movimiento en su periferia, que hacen decir es cierto, es realidad, olvidando el centro desde donde parten.

     Los puentes del defecto nunca unen nada porque su objetivo es aislar en la medida y convertirla en la única y verdadera, expulsando lo que sobra hacia el laberíntico misterio.

     El error se conserva en la memoria junto con su bastón adaptativo y compensatorio, que oculta un defecto represor de una virtud desfogada condicionalmente. Y es en el ritual de liberación, en dónde en confusión, el cliente, en su impulso natural a la desobediencia ante la imposición de una regla que protege a la autoridad y dueño con la cual lo subyuga, tiende a una transgresión, no hacia el látigo «divino», sino en una agresión en trance contra su propia consciencia, bajo el estigma y péndulo lógico de víctima y victimario, inferior y superior. Es en el aprendizaje, la repetición como purga, tiene su función y lógica hasta lograr la integración de lo despojado forzadamente.

    “Un puente se construye de una sola manera, ¡bien!” 

     El principio creativo no se hace esperar, el núcleo familiar requiere un mínimo de dos para dar a luz un hijo.

    «La luz y los ojos tienen sentido siendo uno, la vista, y su fruto en lo observado. Los ojos de vida ven vida y los de muerte lo suyo. Mientras cuerpo y mente es en la carne y su fruto en lo amado, un reflejo del espíritu. Odiar amar o amar odiar, es lo mismo en la sombra»

     El (1;1); (1;0); (0;1) y (0;0), recrean el presente en el equilibrio de los polos, pasado en el retorno a la esencia, futuro en el avance trascendente y silencio del todo en la nada. No hay contradicción. 

    Sin embargo se simula una cuando existe conflicto entre los polos. Cuánto más pequeño el mundo resultante, más intenso y efectivo el infierno, estado y estructura temporal en dónde igualmente se aplican los mismos principios vitales y su magna pero condicionada abundancia.

     En la dualidad del defecto, se encuentra la mafia de los autoelegidos en el lado bueno cedido, mientras del otro los auto expulsados, los esclavos.

     El Angel, Rey y Soberano, es el que custodia el reino con su espada de fuego, de hierro y antivirus.

    Mapa amo; territorio esclavo. La ficción es a su teatro, la interferencia a su intervención, la simulación en su simulacro. Su sistema de control es un conjunto de círculos de poder concéntricos que aparentan estár desvinculados unos de otros.

     Los oficiales juegan a favor de los intereses de la empresa, mientras los opositores en contra, de lo que se interpone a esos intereses. Mientras los que brillan suelen ser captados para arrear a los incautos hacia el templo en donde sepultan la verdad. Sectas individualistas y colectivistas bailan al mismo son.

     El arquetipo «amo y esclavo» son extremos de una misma vara o cuerda disonante. En el medio, ficciones fantásticas, legales y técnicas conforman la imaginaria frontera y manto de impunidad, un can Cerbero que muchos llaman verdad, acuñados con libros sagrados, constituciones y softwares. Todo es perfecto hasta que no. Básica y consecuentemente, lo que se desea, sueña, piensa, dice y hace puede ser usado en contra del cliente y en favor de la empresa. 

     El amo parasita el sistema aprovechándose del proceso del desarrollo natural y apropiándose de los resultados de la virtud y el defecto en el gobierno de la carencia, utilizando el símbolo de la verdad como instrumento. Pero es un esclavo mas al estar obligado a sostener la consciencia ideal y relativa dónde brillan en la mediocridad, en su intento de llenar el vacío con lo superfluo. 

     Por eso suplen su carencia con la fuerza bruta, el engaño y la corrupción, que muchos creen y llaman inteligencia. 

     El matrimonio confunde el desarrollo de su consciencia con la sofisticación de su simbólico artificio físico y virtual que los ordena, al que delegan toda su responsabilidad.

    «A las tonterías, por ser tontas no se les presta atención, sólo cuando comienzan a dar cosquillas o comezón, y luego al hacer daño es cuando se les llama problema y sin falta aparece un veloz carro de bomberos que siempre llega tarde, cuando ya se ha cosechado y cumplida la misión»

     Ningún iniciado, cliente, paciente, consumidor o creyente elige al presidente, papa o rey, tampoco al director, juez, gerente, pastor ni general, y menos al dueño de la tierra, del dinero o de la empresa en donde trabaja, pero es más entretenido creer que si, jugando en un carrusel movilizado por una montaña rusa de sensaciones. Un circo, teatro y casino donde la casa siempre gana.

     El contrato es entre el uno y los ceros detrás de él. Unos saben, deciden y mandan, y otros ignoran, obedecen y se adaptan. A cada parte le corresponde lo suyo, su administración y refugio.

     La libertad condicional es al amor condicional y se comercia en el permiso como derecho, en donde el pez grande termina devorando al pequeño.

    «Roma, el mal mayor y menor beben de una misma fuente, en cambio Amor, sólo hay uno»

     El amor es ciego y siempre jura eternidad en el matrimonio con la apariencia, sin embargo en la separación se quedará con lo amado. 

    Por eso el cornudo es el último en enterarse pero el primero en saberlo. 

    Más allá de la dictadura, sea una democrática, militar, teocrática, monárquica, tecnocrática o un pentágono de ellas, la humanidad avanza y siempre prevalece lo verdadero. 

    La gente seguirá protegiendo lo amado, construido y festejado, cada vez más, sin sus cadenas.

    «El sentido común, la común unidad y común acción, obtiene su fruto en la sabiduría, reflejo de nuestra consciencia, del buen humor»

     A pesar de todo, no hay que ser tan duros ni egoístas, porque el engaño, la mentira y la apariencia, tienen sentimientos, aunque también sus días contados.

     La muerte de la apariencia es inevitable, y sucede en su transparencia dejando a todos desnudos, convirtiéndose la complejidad en materia prima creativa para enriquecer y dar alegría en la simplicidad de ser humanos.

     Nadie puede esconderse ni esconder nada, y nada escapa a la mecánica con la que se programan los trucos. Sin embargo desde niños nos encanta jugar a las escondidas, ser encontrados y encontrar, recreando puertas y llaves en la ilusión.

     Es lógico e inevitable inclinarse hacia la belleza, las estructuras perfectas armonizan por sí solas cuando sintonizan con otra en la que resuenan, especialmente en hechos más que palabras. 

    Mientras la estructura ordenada de un sistema artificial que la simula, nunca es garantía de nada, si el que le da vida no la supera.

    «La mano guía al martillo y no el martillo a la mano. Pero si se quiere clavar un clavo con un revólver, hay que tener mucho cuidado, porque el arma no distingue entre amigo o enemigo, por eso, a las armas las carga el diablo»

     Si alguien descuidado se adentra en el cuento ajeno, no irá a dónde quiera, sino a dónde está predefinido ir. Y aunque esté confiado en lo que crée, sabe y obedece, es el programador el que los deja sin efecto para instalar una nueva regla. Una vez programado el Alfa y el Omega, las variantes serán anecdóticas y sumarán las estadísticas. El programador creerá ser amo del tiempo, mientras el esclavo, estar en alguna parte de la secuencia. 

     La conformidad emergerá de máximos falsos con mínimos verdaderos, de constantes mecanizadas en un mar de mecánicas variables que juegan a la incertidumbre. El redil constituido entre el mal mayor y menor, guiará el camino.

     «Engañador y engañado; encontrador y encontrado; soñador y soñado; amo y esclavo; pendulan mientras alguien lo vive»

     En tal caso, el cuento sólo será contado cuando lo haga suyo y le haya dado un fin, porque la verdad es de todos y no tiene dueño. Y aunque el cuento sea tan sólo un sueño, cuando despierte, podrá sentir que realmente ha amado, visto y escuchado, comprendido.

     Una vez en el reencuentro con esa inocencia, antes perdida y adulterada, podrá realmente darse cuenta y saber elegir. Así cae la roca rompiendo la vara, el hechizo.

    La carne, al final de cuentas, concilia hasta las posibilidades más extremas y aberrantes con la fragmentación en el olvido y la reproducción en el recuerdo.

    «Lo que pasa en Las Vegas, queda en Las Vegas»

     La apariencia al Arte, el engaño a los sentidos, la autoridad a la íntima consciencia, mientras la idiotez a su correspondiente museo. Entonces cumpliremos con el gran deseo del idiota emperador, el de quedar inmortalizado siendo un eco, soberano en su incapacidad de amar y de ser amado.

    …y así nos despedimos de la estupidez, esclavitud y la tiranía, aunque muchos dirán hasta luego.

                                                                                       Fin

  2. Me encantó, está para pasarlo por el grupo de whatss de mamás del colegio de Sofi (saludos desde MTY), a mi lo que me incomodó más fue la crítica mediática de los «buenos» padres, que con toda autoridad recriminaban a las juventudes de hoy. Se les olvida que ya pasamos por ahí, y lo solos que nos sentíamos a veces. Mediar lecturas con los adolescentes ha sido mi camino como madre y mediadora de lectura para vincular, para abrir espacios de escucha respetuosa, para que sientan que los miro, que los escucho, que son importantes. Recuerdo en un principio cuando me propusieron mediar por primera vez un grupo de mujeres adolescentes, fue en la pandemia, y la petición fue algo así como, sino hacemos nada con ellas o terminan embarazadas o de novias de malitos. Las mediadoras acompañantes de esa primera experiencia fueron mujeres jóvenes adultas de entre 19 y 21 años, que hicieron su servicio social aprendiendo a mediar un club de lectura. Leímos Mary Jo de Anna Pessoa, yo » supervisaba» la experiencia, en realidad fueron ellas quienes me recordaron como reconectar con mi yo de 13,14,15 años… y fueron esas chicas participantes quienes nos enseñaron a las mediadoras y a mí, que la escucha sorora, respetuosa, amorosa sin juicio, nos hace más humanas, más fuertes, menos vulnerables. Desde ese momento supe que tenía que intentarlo, los adolescentes nos necesitan, incluso en eventos, cursos y talleres, la oferta es limitada, porque nadie se atreve a «lidiar» con ellos, ¿será más bien que no nos atrevemos a respetar su esencia». Por cierto este semestre leímos Ana en Todas partes, amaron el test….Gracias por las reflexiones Adolfo

    • Lulú querida, muchas gracias por sumar tu testimonio en esta sección de comentarios y a propósito de estos asuntos que tanto nos importan. Qué buena esa experiencia que compartes. Justamente la situación que atraviesan madres adolescentes es otro aspecto para el que ya había escuchado de otras iniciativas. Fíjate que yo tengo muy presente una conversación con un grupo de sexto año de primaria en una escuela pública en la CDMX a la que asistía como lector voluntario. En la última sesión del año, luego de leerles el cuento de La Sirenita, hablamos de sus deseos y de sus miedos en la nueva etapa que estaban por comenzar, la secundaria. Siempre recordaré como varias chicas empezaron a comentar que les daba miedo quedar embarazadas. Me impactó mucho que a sus 11, 12 años, ese ya fuera un temor instalado en una etapa que debería ser para ejercer una libertad más plena. Como dices, tenemos mucho que aprender de ellas y ellos y muchos prejuicios que quitarnos. Hace poquito estuve en unas jornadas sobre lectura y adolescencia llamadas «Ya nadie lee» y Freddy Gonçalves, el organizador, hablaba de cómo él aprendía a gestionar mejor las tecnologías y las redes sociales de los propios jóvenes. Coincido. Hace unos meses, conversando con una sobrina, me contó que estaba en un «detox» de instagram, que se había vuelto como un reto con sus amigas a ver quién aguantaba más. Me sentí muy en sincronía porque yo venía pensando alejarme un tiempo y a partir de esa conversación decidí hacerlo. Muchas gracias por leer Ana en todas partes, que, claro, también quiere hablar justamente a adolescentes. Ya me contarás. Te mando un abrazo grande y otro para tus chamacxs.

  3. La entrada es muy acertada. Me gustó mucho porque hay cosas que yo no había visto, como por ejemplo, en como Netflix usa los temas de adolescencia para manejar su top de más vistos y sus narrativas.

    Y ya analizando bien la serie pues si tiene muchas fallas en forma y fondo del mensaje que quiere según quiere dar.

    La observación de Freddy Gonçalves dio en el punto, la mayoría de los hombres se apegan a la narrativa de dolor emocional para ser violentos.

    También sobre las y los adolescentes de la telesecundaria veo como ha cambiado la experiencia de vida con el uso de la tecnología. O sea, hace 15 años era bien diferente. Lo que a nosotros millennials nos funcionaba como canal de comunicación y diversión, ahora es un sistema más complejo donde la violencia está también presente. Pero también funcionan como espacio para encontrar justicia porque acá en la realidad es insuficiente o nula.

    Excelente análisis y reflexión, me hizo notar muchas cosas que no había visto 👏🏼

    • Muchas gracias, Mich, y por tu opinión sobre la serie. Sí, la socialización en las pantallas ha cambiado radicalmente la forma en la que lxs adolescentxs hacen comunidad hoy. Por un lado, sí son un medio de denuncia y expresión que ha dado cohesión y muchas cosas positivas se fraguan ahí, pero también los discursos de odio y acosos que mencioné aquí. Para mí también fue revelador lo de Netflix, pero en Facebook alguien puso un comentario de que la serie había generado que instituciones limitaran más el uso de redes sociales en menores… para seguir pensando.

      • Oh, no sabía lo de limitar el uso de redes sociales para los menores pero me parece una medida pertinente porque sí necesitan una guía para empezar a saber que contenido les puede ser de ayuda y cual puede perjudicarlos a la hora de establecer vínculos.

      • Sí, creo que requiere de una conversación con ellos y ellas, para que no se vuelva una medida de vigilancia más, sino una oportunidad de encontrar espacios alternativos de intercambio e interacción.

  4. Vi la serie y sentí una incomodidad respecto al perfil del personaje central…había un punto en donde era tanto su carisma, su fuerza, que acabas admirando y empatizando con su violencia y astucia. Luego recordé niños de esa edad que golpeaban y atemorizaban a sus hermanas…uno de los niños que era así y con el que conviví acabó preso. Hay que atender a las infancias, todas.

    • Exacto Tessie, Freddy Gonçalves también me comentó algo así. El retrato del chico hace «imposible de creer» que él lo haya hecho. Obviamente es una perspectiva deliberada para reforzar el shock del padre (el nuestro), pero también me incomodó. Al final, como cuento aquí no creo que Netflix le interese más denunciar que vender. Hay que atender a todas las infancias y adolescencias, sí, y mirar críticamente cómo participamos de las violencias sistémicas.

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