Alumbran la noche, pero ¿dónde están las editoriales que publican cómic infantojuvenil en México? ¿Y en otros países de Latinoamérica?

A pesar de ser favoritos de muchas niñas, niños y jóvenes, todavía no es tan habitual encontrar historietas y novelas gráficas entre la oferta originalmente creada por editoriales de literatura infantil y juvenil desde Latinoamérica ni en el ecosistema librerías-escuelas-centros culturales-bibliotecas-premios-listados.

En la reciente edición del Premio Fundación Cuatrogatos, por ejemplo, de los 137 premiados (ganadores, finalistas, rescate editorial y recomendados) solamente hay tres cómics entre los recomendados: uno español y dos argentinos: Cuentos de noche. Relatos de Latinoamérica de Liniers (La Editorial Común, 2025, Argentina) y Las aventuras de Ulises de Nicolás Schuff y Mariana Ruiz Johnson (Siglo Veintiuno Editores, 2025, Argentina).

En la selección The White Ravens 2025, ninguno latinoamericano; entre los 109 libros seleccionados, de la Guía de Libros Infantiles y Juveniles de IBBY México 2024 (la última disponible), solamente hay una novela gráfica originalmente creada en México: ¿Feminismo? ¡Eso qué! de Valeria Gallo (Penguin Random House, 2023, México).

En Los Mejores 2025 del Banco del Libro de Venezuela, proporcionalmente, figuran más, pero igual solo uno latinoamericano: Jazmín de Ivar da Coll (Babel, 2023, Colombia), entre los ganadores infantiles, y también dos de Libros del Zorro Rojo, en traducción y en originales juveniles (uno es compra de derechos y otro español).

Si bien no todas las editoriales mandan sus títulos a estos y otros comités de selección, alguna idea de la proporción y varias preguntas provocan estos datos: 

¿Las editoriales de LIJ que participan en premios y guías envían sus cómics con la misma frecuencia que otros géneros? Es decir, ¿confían en sus cómics tanto como en su álbumes, novelas o poemarios? ¿Los sellos especializados en cómic para niñxs y jóvenes se reconocen a sí mismos como parte del campo de la LIJ y envían a estos listados?, ¿o circulan en circuitos paralelos? ¿Los comités de selección miran este género con el mismo interés y cuentan con lectorxs especialistas en cómic infantil y juvenil?, ¿y las editoriales de LIJ, con editorxs especializadxs en cómic?, ¿y lxs editorxs de cómic que incursionan en la LIJ, se asesoran también con expertos de nuestro campo?

Si niñas, niños y jóvenes leen historietas con entusiasmo, ¿por qué esa preferencia no se refleja proporcionalmente en catálogos latinoamericanos de LIJ?, ¿qué otros factores del ecosistema inciden en esa escasez?, ¿formación, políticas editoriales, tiempos y costos de creación/producción, circulación, mediación y legitimación crítica? ¿las crisis económicas y políticas de nuestra región? ¿El espacio del cómic infantil y juvenil está siendo ocupado por manga y cómic estadounidense, europeo o japonés?, ¿prevalece el prejuicio en el mundo LIJ de que es un género menor o hecho con menor profesionalismo?, ¿es justamente por respeto al género que no cualquier editorx le entra?, ¿o se paga tan mal el trabajo autoral que lxs creadorxs prefieren autopublicar o publicar fuera de Latinoamérica?

El argentino Nicolás Arizpe y la mexicana Teresa Martínez, por ejemplo, han publicado más cómics en Italia y en Francia que en sus países de origen. O el costarricense Leo Trinidad, que además de sus proyectos, dibuja para Marvel.

Opina un lector de la comunidad de Linternas y bosques en Facebook: «El prejuicio existe y la resistencia también. Más allá de categorías incluso. También tiene mucho que ver con que mediadoras y mediadores desconocen el tema, porque no son lectores del mismo o no lo consideran relevante (…). Lo bueno es que lectores y lectores obligan a mirar a la academia. Ha pasado ya con otros géneros, particularmente de literatura juvenil. Hay esperanza», escribe Guillermo Antonio Castillo Palma

Sí la hay, ese es el punto de estas entradas. Y lo he ido corroborando en el curso de esta investigación: el ecosistema de cómic y LIJ sigue echando raíz y extendiéndose por diferentes territorios. Ahí mismo, en esos comentarios de Facebook, el investigador y académico Hugo Hinojosa me da otra señal al contar que «en Chile, desde hace años, la Medalla Colibrí de IBBY tiene una categoría de Gráfica, donde se premia Historieta». Y como mencionaba en la primera parte de esta entrada, la selección de los Destacados de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina) asimismo tienen esa categoría y los Premios de la Feria del Libro Infantil de Bologna.

 

Entonces, ¡zhooom! ¿quién publica cómic para niñxs y jóvenes en México?

Ya en la entrada pasada, la primera parte de este artículo, aparecen algunas coordenadas y nombres -de artistas y editoriales- que continúan siendo referentes. Pero una de las mejores noticias y señales más claras de esta tendencia al alza, de incipiente consolidación, ha sido la creación de la colección de cómic Espectrográfica, en el Fondo de Cultura Económica, con todo y el Premio Internacional Espectrográfica de Novela Gráfica Infantil y Juvenil, de convocatoria bianual.

La iniciativa de Horacio de la Rosa, director de Obras para Niños y Jóvenes del FCE, desarrollada al lado de las editoras Susana Figueroa y Eréndira Guzmán y el diseñador Miguel Venegas, consta de cuatro niveles lectores: desde primera infancia hasta jóvenes adultos, un amplio espectro gráfico, gran acierto; y arrancó en 2023 con un conjunto sólido y variado de compra de derechos. Destacaron, para mí, los franceses: la serie de Coco y Mosquita de Mathis, Increíble de Zabus e Hippolyte y Todas las princesas mueren después de media noche de Quentin Zuttion, aunque también disfruté la adaptación a novela gráfica de Bonícula de James Howe y Andrew Donkin y Aventura a cuentagotas de Josephine Mark.

En 2024, Volver atrás, de Abraham Balcázar, fue la primera novela gráfica desarrollada desde México para la colección, y en diciembre de 2025 vio la luz una primera camada de obras locales (que ya estoy leyendo) que incluyó al ganador de la primera convocatoria del Premio Internacional Espectrográfica de Novela Gráfica Infantil y Juvenil: Imagen no encontrada de Edgar Camacho (el ganador de la segunda convocatoria se anunció hace poco: Rafael Radillo); una nueva edición de Salón destino de Carlos Vélez, publicada originalmente por La Cifra (otra editorial mexicana que es -¿o fue?- coordenada en narrativa gráfica); Marcas de Ferzog y El despegue de David Nieto, Yosh, y Jorge Mendoza.

Aunque resulta evidente y apremiante incluir a historietistas latinoamericanas y quizá el siguiente paso sea que se impulse la colección con artistas de/desde otras filiales del FCE, Espectrográfica puede constituir, por su alcance en la región, una nueva coordenada para el cómic hispano y una nueva marca de identidad en la vanguardista área de libros infantiles y juveniles del Fondo. Nacida en noviembre de 1991, hace 35 años, con la emblemática colección «A la orilla del viento», dirigida por Daniel Goldin e impulsada por un equipo del que ya formaba parte Horacio de la Rosa, hoy, a través de Espectrográfica, esa vocación de innovación se mantiene y renueva.

Sabemos que en todo ecosistema las funciones se distribuyen y complementan; sin embargo, me parece que las preguntas por la escasez de cómic convendría dirigirlas sobre todo a editoriales e instituciones antes que a lxs mediadorxs, cuyo trabajo se sostiene en un vínculo más directo con las comunidades lectoras y en prácticas por lo general más abiertas. Por eso resulta significativo que sea precisamente una editorial estatal la que asuma el desafío de impulsar el cómic en la región. ¿Lo han hecho otros gobiernos en Latinoamérica?

En México, los otros dos premios nacionales del Estado requieren mayor apoyo. El Premio Nacional de Novela Gráfica Joven de Tierra Adentro/FCE va muy retrasado. La ganadora de 2024, Cuidado con los monstruos, de Jorge Alejandro, aún no se publica; tampoco la de la edición 2025, anunciada en agosto pasado: Canciones para el fin del mundo de Katia Álvarez Villegas; le pregunto a Sandra Montoya, coordinadora de Comunicación del FCE, y me comenta, con gusto y alivio, que saldrán en julio.

Y otras obras ganadoras del concurso Las Otras Tintas de Alas y Raíces, de la Secretaría de Cultura federal, como Lapsus de Sofía Cera Siller (2022), La escama de Carlos Daniel Álvarez (2022), El círculo rojo de Jessie T. Arias Guzmán (2024) y 24 días de Isabel Go y David Nieto, Yosh (2025) se difunden poco, algunas denotan falta de acompañamiento editorial y ya ni siquiera se imprimen (aunque se pueden descargar gratuitamente aquí).

El notable cómic Sur de Mr. Power, que ya he mencionado en el blog por su enfoque de crítica social y terror creciente, fue editado por Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura de Puebla en 2022 y circuló gratuitamente en formato impreso, pero sigue sin estar disponible en el librero digital y no parece haber señales de reimpresión.

Tantos millones de pesos destinados a tirajes millonarios para el bienintencionado y mal conceptualizado programa universal de lectura juvenil de Paco Ignacio Taibo II, «25 para el 25», y ni un cómic, («¿qué están leyendo los jóvenes?», ¿le preguntaron al área de LIJ del FCE?). ¿Y alguna alianza para imprimir y distribuir los libros de Alas y Raíces? Recuerdo que desde la Secretaría de Cultura, también la Dirección General de Publicaciones (R.I.P.) editaba o coeditaba cómic, ahora sólo Alas y Raíces, todavía el programa federal de cultura infantil y juvenil más antiguo del país. El monto del premio Las Otras Tintas es bajo para un cómic (50 mil pesos), pero lamentablemente resulta más alto que un adelanto de regalías en una editorial independiente o comercial y por eso muchxs creadorxs le entran. Precarización.

Después de publicar esta nota, la escritora chiapaneca Damaris Disner me contó del concurso de Cómic en lenguas indígenas nacionales del INALI que, aunque no convoca específicamente a creadorxs de cómic infantojuvenil, ha premiado títulos que dirigidos a este público (y la imagen de la convocatoria los sugiere). Tal es el caso de Ja jyapayäjk te’ jamasä’nhkä’y Sokimä’ / El día que no amaneció en Soki de Lyz Sáez y José Luis Pescador, que justo me recomendó Damaris.

El libro recrea la angustiante noche del 28 de marzo de 1982, cuando la vida del pueblo o’de püt (“gente de palabra”) o zoque, cambió dramáticamente tras la erupción del volcán Chichón, «guardián de las Montañas del Norte». En este cómic (tan merecidamente ganador) se narra cómo dos familias enfrentan la catástrofe, con una tensión que lxs autorxs construyen de manera impactante: un sostenido ritmo de relato de terror que irrumpe en la cotidianidad. En medio de ese escenario, una niña atraviesa su primera menstruación, un cruce inesperado con el acontecimiento histórico que hace más original y valiosa la propuesta.

En la Feria del Libro de Bolonia de 2024 participé en una mesa con la activista y editora maorí Eboni Waitere, quien afirmó que abordajes así deberían marcar la dirección de la literatura infantil y juvenil de pueblos originarios: además de relatos de tradición oral y de usos y costumbres, salir de los encasillamientos y narrar eventos históricos, ciencia ficción, sueños y preocupaciones universales de cualquier niña o niño… Este cómic señala un camino no solo para las y los creadores en lenguas originarias, sino también para la industria editorial de LIJ y cómic en México en general. El día que no amaneció en Soki se puede descargar gratuitamente aquí.

La convocatoria 2026 de este concurso está abierta hasta el 10 de agosto de 2026. Aquí las bases: https://www.inali.gob.mx/…/Comics_en_lenguas…/index.html

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Enmarcados por el mercado: editoriales transnacionales

Claro que el grupo Penguin Random House publica cómic en diferentes sellos o editoriales que han adquirido: Reservoir Gráfica (El Eternauta, Persépolis), Lumen (Mafalda), Bruguera (la emblemática editorial de cómic española, Mortadelo y Filemón) o incluso Debolsillo (adaptaciones de bestsellers como Juego de Tronos). Desde España, en 2022, crearon el sello Distrito Manga (un dato en sí mismo del aumento en lectura de manga en Iberoamérica, que me han confirmado otros especialistas como Claudio Aguilera en Chile y Libertad Margolles en Argentina) y existe el sello Random cómics en el que consiguió entrar, desde México, una novela gráfica de las mexicanas Paulina Márquez y Montserrat Castro.

Sin embargo, en realidad, no hay una apuesta de edición local de historieta desde México ni Latinoamérica. Consulto a David García Escamilla, director editorial de Penguin Random House (y quien fuera mi primer jefe en el periódico Reforma) y me dice que la piratería de cómic afecta mucho al mercado y calcula que 6 de cada 10 cómics comprados son piratas. Puede ser uno de los motivos por los que no le apuestan con creaciones originales.

Atención: desde España se convoca el Premio Internacional de Novela Gráfica FNAC Salamandra Graphic (aquí la convocatoria del año pasado, la edición XIX) dotado con ¡20 mil euros!

Planeta Lector de Planeta México sí publica a historietistas mexicanxs, gracias al experimentado ojo del editor Federico Ponce, pero sin un sello especial de cómic ni visibilidad para los títulos que publican. El paseador de perros de Emmanuel PÑA, que reseñé la entrada pasada, y Lutino de la artista gráfica Jozz Ojeda, que reseño en esta entrega, son memorables. No obstante, supe del primero porque me lo envió su autor, y del segundo, al indagar por historietistas mujeres a Rosario Lucas.

Océano, desde Océano Travesía, con su colección Historias gráficas, sí muestra una apuesta continua en la que destacan sus compras de derechos de libros divulgación como Sólo es un piropo, Herejes o Cómics de Ciencia; sagas como Descender o El primer gato en el espacio comió pizza, bestsellers como Nimona o clásicos de la historieta como Mutts y Calvin y Hobbes. Además distribuyen la colección de Manga de Satori; son editorxs de historietistas nacionales como Richard Zela, Patricio Beteo, Aaron Cruz, BEF y Alejandra Gámez; y publicaron esa maravilla que mezcla lenguajes de cómic que es Malko y papá (gracias a Diana Zela por recordármelo) y Un viaje en lápiz, que aún tengo pendiente leer, ambos de Gusti.

Pregunto a Janine Porras, editora en Ediciones SM México, si contemplan incursionar en el cómic, pues me sorprendió que la edición de 30 aniversario del clásico de LIJ mexicano, ¡Casi medio año! de Mónica B. Brozon (2025), fue ilustrada por El Dee e incluye adaptaciones a historieta particularmente logradas. Me confirma que sí lo están explorando y que desde SM España, cuentan con adaptaciones de sagas como Los Futbolísimos y Ardilla Miedosa.

Bajo esa lógica habitual de adaptaciones, miro con interés un nuevo logo, otra buena señal: «Castillo Cómics» de Ediciones Castillo (Macmillan), en la portada de Petit, el monstruo de Isol en versión historieta (con Fernando Salem y Bernardita Ojeda), y en compras de derechos como Aprendiendo a decir adiós de Bei Lynn y El club de los fantasmas tristes de Lize Meddings. Miriam Martínez, gerente de LIJ de Castillo, reafirma el interés y me cuenta que está trabajando en una novela híbrida con cómic.

También descubrí recientemente en la librería Glaciar, en la CDMX, que Trillas publicó un manhua: Consola, 2073 de Pao-Yen Ding (el manga es originario de Japón; el manhwa, de Corea del Sur y el manhua, de China: cápsula educativa cortesía de Áurea Xaydé Esquivel). Emmanuel PÑA y Richard Zela y Santiago Solís me confirmaron que esta editorial está publicando más cómic, como Ixpule de Sareki López, Dientes de leche de Luis Castillejos (Imosh) y Mentiras Blancas que me dijeron de morrito de Gnomariana y Julian van Bores.

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Fuera del cuadro: independencia y autopublicación

El mundo del cómic ha sido históricamente marginal y sigue abriéndose paso desde la autopublicación y las editoriales independientes, en diferentes formatos, impresos y digitales; aunque también puede alcanzar públicos masivos y, en mercados como el estadounidense o francés, los historietistas tienen agentes y no se les pide que además hagan mole los domingos: pueden vivir de ello. En países como México, la cantidad de trabajo que implica realizar una novela gráfica a color hace casi heroica (y poco redituable) la labor. Ingresar un cómic local en el circuito de ventas de las transnacionales todavía no es frecuente. 

(Sobre los avatares de la creación de historieta en México recomiendo la conversación «¿Cómo hacer cómics y no morir en el intento?» de John Marceline con Claudia Martinez Avila (Cavililla) y Urbano Matatres referentes del cómic independiente en el país).

Creo necesario reiterar: no es la intención de esta serie de entradas ahondar en el universo cómic: vasto, diverso, complejo y pujante que, desde su libertad, no siempre busca la mirada de una persona editora ni mediadora de lectura ni, prejuicio con el que ese gremio batalla, dirigirse a niñas, niños y jóvenes. «Se le considera infantil», escucho que dicen en un podcast sobre historieta como si ese adjetivo fuera un lastre. Mi intención con estas entradas es elaborar un mapeo, no exhaustivo, de quienes, desde ese mundo, se interesan el mundo de la literatura infantil y juvenil, y viceversa.

Sigo con México (en la próxima entrega otros países de Latinoamérica). Algunas editoriales independientes de LIJ en México cuentan con cómics excepcionales (y que son excepción en el catálogo): En Ediciones El Naranjo, por ejemplo, Aquí es un buen lugar de Anna Pessoa y Joana Estrela (2020) o en Libros para imaginar, Los hermanos Zapata de Torgeir Rebolledo Pedersen y Lilian Brogger (2017). 

Sexto Piso y La Cifra que fueran referente, los publican menos, pero surgen nuevos. En Corda Ediciones, el escritor Diego M. Cara edita la colección de LIJ y me cuenta que publicó un primer cómic: Teléfono de Edkkar (2025), que también recomienda Santiago Solís, y que planea incorporar más, siempre en su línea de literatura fantástica; y además me sugiere que eche ojo a una editorial creada por historietistas: Una Editorial Grande de Iván Mayorquín y David Espinosa, El Dee. Enseguida llaman mi atención sus primeros títulos: el flipcómic Canícula/Motivo de visita, Pastel de Atún y Yo y la muerte. Ellos mismos son los autores de todos, así que, por ahora, el proyecto funciona bajo la lógica de la autopublicación: ese camino clásico de la historieta.

Así me lo cuenta también Richard Zela, ilustrador desde hace muchos años para editoriales de LIJ y uno de los profesionales del cómic más activos en México. Richard fundó y coordina el Almanaque de Narrativa Gráfica Mexicana, una iniciativa que, desde 2020, quiere «crear una memoria histórica de los proyectos de cómic realizados por autorxs mexicanxs, publicados en México y el extranjero», leo en su página de Facebook.

Y me cuenta, vía entrevista en drive, que además de promover los cómics de autorxs mexicanxs, les interesa construir «una comunidad horizontal de artistas donde podamos compartir nuestras experiencias y conocimientos a través de pláticas y talleres, como las pláticas de Ideas & Viñetas: Procesos Creativos de Cómic, donde autorxs profesionales nos hablan de una obra de cómic desde las primeras ideas hasta la publicación de la obra». En la serie han participado creadorxs como: Teresa Martínez, Manuel Monrroy, El Dee, Imosh, Alba Gless, Pau Izumi, Pau Márquez, entre otrxs.

Para agregar al panorama general, Richard Zela también menciona a las editoriales: Resistencia, Familia Usaka (de estética manga) y Candelas y Punto, de pequeños tirajes y con cómic infantil, y el festival Pixelatl.

Por otro lado, desde el Almanaque de Narrativa Gráfica han organizado el Reto 4×4 (4 páginas de cómic, creadas en 4 horas, inspiradas en 4 palabras), del que ya existe una primera antología con 38 historias inéditas. Pueden descargarla gratuitamente aquí, o si quieren realizar un donativo por la publicación, aquí. De hecho, más recientemente se aceptan donativos para sostener la gestión de todo el proyecto.

Otra antología independiente que me recomendó revisar Sara Benavides, mediadora de lectura y coordinadora de SeLee en Veracruz, es Pixán, espíritu de resistencia, de lxs historietistas veracruzanxs Dr. F. Stain y Omar Estévez, con la colaboración de Pedro Ajás y Alberto Calvo. Reúne seis cómics breves de fantasía y ciencia ficción, entre mito, misticismo y búsqueda de sentido que exploran, sobre todo, futuros atravesados por inteligencias artificiales y una reivindicación del México prehispánico. Dialogan bien con los cómics que reseñé en la entrada pasada y con personajes que representan ese «espíritu de resistencia» tan afín al propio género. Este volumen se presentará el 1 de marzo en las XIII Jornadas de Narrativa Gráfica en la 47 FIL en el Palacio de Minería.

Estas últimas dos publicaciones no fueron pensadas para un público infantojuvenil, pero hay mucho cómic sin el adjetivo que puede interesar a niñas, niños y jóvenes, y da continuidad a esa historia de lecturas no pensadas para ese público que igualmente les convoca.

Y a propósito de Veracruz, Emmanuel PÑA me recomienda el documental Tal vez he estado perdiendo el tiempo: Historieta Independiente Veracruzana. 

A partir de la publicación de esta nota también me recuerdan mirar la Editorial Chipotle y la librería Sharkcomics(donde por cierto tienen a la venta Pixán), en efecto otras dos coordenadas importantes de la publicación y difusión del cómic infantojuvenil en México, cuyo panorama en construcción cierro, por ahora, aquí.

¿Y en el resto de Latinoamérica? 

Esta investigación se ha prolongado más de lo que anticipé. En la próxima entrega, un panorama, aún así breve y no exhaustivo, a manera de mapa latinoamericano de cómic para niñas, niños y jóvenes. 

 

12 cómics para niñs y jóvenes⟢

2/3: Segunda de tres entregas.

Primera entrega: 1. Mi buena estrella de Cecilia Pisos y Gastón Caba (Mamut, 2020, España / Periplo, 2025, Argentina), 2. BO-TO de Mariana Ruiz Johnson (Cataplum, 2023, Colombia), 3. Volver atrás de Abraham Balcázar (FCE, 2024, México) y 4. El paseador de perros de Emmanuel PÑA (Planeta Lector, 2024, México).

En esta segunda entrega toda una buena banda… dibujada: 5. Equis y Zeta de Jorge Luján e Isol (Alfaguara infantil, 2001, México; Ecoval, 2024, México/Argentina), 6. Chepita de Guillermo Durán, Guidú (Grafito Ediciones, 2024, Chile), 7. Lutino de Jozz Ojeda (Planeta Lector, 2024, México), 8. ¡Pombástico! de Silvia Guzmán y Camilo Vieco (Venturia Animation Studios/Cohete Cómics, 2025, Colombia).

Cuatro cómics para regresar en el tiempo y viajar a otros mundos. Primero los rescates: Equis y Zeta, un poecómic publicado originalmente hace veinticinco años, y Chepita, cuya historia se remonta medio siglo atrás. Luego Lutino, el inicio de una saga de fantasía épica atravesada por imaginarios mesoamericanos, y ¡Pombástico!, una relectura de Rafael Pombo que homenajea los orígenes de la LIJ en Latinoamérica.

 

5. Equis y Zeta

Jorge Luján e Isol. Alfaguara infantil, 2001, México; Sudamericana, 2008, Argentina; Ecoval, 2024, México/Argentina.

Esta hermandad empezó con Equis y Zeta. Jorge Luján le propuso a Isol que hicieran una serie de historietas a partir de las notas que él guardaba en un cuaderno con anécdotas y frases dichas por lxs hermanxs Uriel y Nicole, sus hijos (un Jorge etnógrafo de su paternidad). Lo demás, es historieta. Dos volúmenes, ahora reunidos en uno solo por Ecoval, que obtuvieron premios y fueron traducidos a varios idiomas; y una amistad de siete libros juntos y dos carreras que han hecho escuela en la LIJ en Iberoamérica.

Vi por primera vez las tiras cómicas de Equis y Zeta (qué genial título, remate de abecedario: equis-y-griega-y-zeta) en 2008, cuando trabajaba en el periódico Reforma y conocí a Jorge; intenté entonces que el diario las incorporara en su semanario sabatino Gente Chiquita (también lo intenté con Macanudo de Liniers), pero se me argumentó que no iba con el corte (que tendía a lo clásico y bien peinado) del diario.

Levantarse temprano y despertar a mamá y a papá, con mucha emoción, para preguntar: «¿estoy contento?». Y también: «¿Por qué lloro?, ¿Qué les pasó a los dinosaurios?, ¿se marchitaron?, Papi, ¿cómo subió Dios al cielo?». Las muchas preguntas compartidas y otros momentos tiernos y sabios, en los que las personas adultas igualmente nos detenemos a pensar, fueron registradas y elegidas con mimo, casi siempre inalteradas, por el oído poeta de Jorge, que elogia la brevedad y concentra la emoción en pocas palabras. «Intentaba que la modificación [de las anécdotas y frases] fuera mínima porque me daba cuenta que cualquier agregado mío era una visión de adulto y que esa mezcla de infracción, invención y  frescura, se tenía que rescatar tal como había sido», me cuenta por mensaje de voz.

La otra mitad de esa naranja -infracción, invención y frescura- la aporta Isol, con sus expresivos dibujos de ternura bizarra y ojos desorbitados, que ya había explorado en Vida de perros (FCE, 1998) e Intercambio cultural (FCE, 2000), pero aquí aparece una línea distinta y también ese uso del color por bloques, como fondos desfasados, que se salen de los márgenes, que integrará luego a su estilo de manera muy visible en El globo (FCE, 2002) y Petit, el monstruo (Calibroscopio, 2006).

En una entrevista a la revista Peonza (No.85, 2008), Isol habla de cómo la colaboración con Jorge para estas historietas la hizo buscar una estética nueva, que se correspondiera a la estética textual «muy simple y delicada, dulce», que le proponía Jorge. La xilografía desfasada de los años 60 es un claro antecedente. Y Jorge me cuenta sobre algún momento, en esas conversaciones, cuando pensaban que las tiras cómicas serían en blanco y negro, en que la aparición de un cuadro de Paul Klee también fue determinante.

A propósito de una charla entre Isol y Liniers, que acompañé en LIBRAQ, en Barranquilla, Isol me contó previamente por correo electrónico de sus influencias artísticas, entre las que aparecen los libros del cantante Pipo Pescador y de la colección Polidoro (Ayax Barnes, Napoleón, Amalia Cernadas) y Poncho Negro, un radioteatro e historieta creada por su propio abuelo A. Ortiz Noguera, en los años 40 en Argentina. Además, claro, de maestros del humor gráfico como Fontanarrosa, Oski y Quino y «la revista grande de humor infantil», HuMI. «Las historietas de la revista Fierro, los discos de rock de mis padres y sus gráficas, las imágenes precolombinas que mi madre copiaba en sus cerámicas, y los libros de arte de mi padre, que me hacían volar, arte naif o no académico (por ejemplo, Rousseau), art brut, folklórico…», me dice por mail.

Equis y Zeta es parte de una primera etapa en la carrera de Isol que ya había iniciado con cómic; el primer premio que obtuvo como ilustradora fue el Premio de Historieta de la Bienal de Arte Joven en 1994, y al que ahora regresa con la serie historietas inspiradas en su personaje Petit, que en México empezó a publicar el año pasado Ediciones Castillo.

Es quizá por esa separación entre el mundo del cómic y el de la literatura infantil y juvenil que no encuentro a Isol en el Archivo de Autoras de la Historieta Argentina de la colectiva Feminismo Gráfico, un movimiento que conocí gracias al blog derivado del libro La historieta va a la escuela de Libertad Margolles, y que publicó Nosotras contamos, una muy necesaria revisión de autoras de historieta. O quizá sea sencillamente porque no ha centrado su carrera en el cómic, pero sin duda es heredera de esa tradición.

Y ¿por qué Jorge e Isol no continuaron con estos gags cómico-filosóficos? Jorge me cuenta que tuvo que ver con que la editora que empezó publicando Equis y Zeta se fue de Alfaguara. Pero de alguna, de muchas maneras, continuaron, algo de ese niño travieso está en Petit, y algo de Petit está en la primera novela infantil de Jorge, Lucas y Naíta (Ecoval, 2024), que, como él mismo dice, podría considerarse una secuela de Equis y Zeta.

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6. Chepita

Guillermo Durán, Guidú. Grafito Ediciones, 2024, Chile.

«¿Sabían que en Chile se han hecho cómics desde hace más de 100 años? Les invitamos a conocer a algunos queridos personajes del cómic chileno». Esta es la bienvenida del atípico y muy valioso portal «Chile para niños» de la Biblioteca Nacional Digital. Allí, otra buena banda dibujada: Mampato, Federico von Pilsener, Ondita, Pelusita, Pablo, Toño, Cuca, Cachupín y Condorito, toda una genealogía de riesgos estéticos y temáticos que preparó la llegada de Chepita, esa niña curiosa y bien informada que, acompañada de su cabra Paloma y su amigo Chumingo, enfrenta situaciones verdaderamente extraordinarias.

Me sorprende la audacia con la que empieza el cómic: En la primera página, cinco viñetas después del arranque, un bandido disfrazado de viejecilla, a la usanza de lobo feroz, apunta con un arma a Chepita y le roba a Paloma. En la siguiente página, la amordaza y la ata a un árbol. «Dos horas después», llega Chimingo, quien la desata. Chepita le cuenta que el «viejo o vieja» contrabandista le dijo que necesitaba a la cabra para transportar un moai robado de la Isla de Pascua y que luego se la comería al horno. ¡Menuda misión de rescate! En la siguiente se internan en una gruta y enfrentan aves prehistóricas; en otra, más cotidiana, Chepita deberá sortear comentarios sexistas para recuperar una cometa; más adelante vendrán extraterrestres que crían ranas venenosas que se tornan gigantescas y hasta una planta carnívora intentará devorarlos.

La mirada sobre lo extraordinario también se consigue en modo clase de biología, con un tono informativo (más de observación para el dominio científico que de conciencia ecológica), en el que Chepita, Chumingo y otros personajes explican el comportamiento de distintas especies de flora y fauna, como las hormigas, a las que verán cara a cara, pues otros extraterrestres los encogen con un rayo láser y descienden a las profundidades de un hormiguero.

En una de las historias más largas y complejas conocen a Luchín, un niñito-mariposa que les pide ayuda: «En donde vivo estamos sometidos por unos seres con forma de larvas», que les prohíben volar. Una clara referencia a la dictadura militar chilena por la que Guidú había tenido que exiliarse. Chepita, Chumingo y Paloma enseñarán a Luchín a volar y vencerán entre todos a legiones de larvas opresoras, incluido el jefe con gorra de soldado. Aquí aparecerá un personaje muy significativo, otro niño mariposa llamado El Negro José, un homenaje al candombe del folclore musical latinoamericano compuesto por Roberto Ternán y que entonaban las personas presas políticas en los centros de detención de Pinochet cuando alguna compañera salía libre.

Los escenarios inusitados, con ecos de los viajes extraordinarios de Julio Verne, por momentos me remitieron más bien a Las aventuras de Tintín, sobre todo por ciertas representaciones problemáticas. Cuando visitan a Cucumani, un niño aymara, se topan con un “loco” que afirma ser un Villac Umu, sumo sacerdote inca, quien los emborracha para sacrificarlos. El ritual y el personaje aparecen fuertemente caricaturizados. Sin embargo, el episodio puede leerse asimismo como una aproximación menos romantizante a la representación de prácticas rituales violentas, aunque atravesada por prejuicios raciales de la época.

Por otro lado, si bien Chepita da nombre a la historieta, su participación no siempre es muy activa. Se trata más bien de un personaje colectivo protagonista (Chepita, Chumingo y Paloma) el que encarna el espíritu explorador e inspira valentía para enfrentar desafíos en la tradición de Pulgarcito: pequeño-grande.

En cualquier caso, más allá de ciertos marcos ideológicos de la época, el cómic tiene mucho de fascinante. Las peripecias con elementos fantásticos no están al servicio de un mensaje moral explícito, sino que parecen dirigidas a estimular la imaginación y el deseo de descubrimiento, e invitan a recorrer un rico universo visual donde lo imprevisible es la norma.

También gráficamente se celebra la infancia, no sólo por la explosión de colores y las composiciones tan dinámicas, sino por la propuesta misma del diseño de personajes. Así como en la época victoriana muchos libros infantiles representaban a lxs niñxs como pequeñxs adultxs (con vestimenta formal y gestos contenidos, coherentes con una concepción moralizante de la infancia), en las décadas de 1950 y 1960 se consolidó, en la ilustración y la historieta, una tendencia casi inversa: figuras infantiles de cabezas amplias, rasgos redondeados y cuerpos abreviados, próximos a lo que se ha llamado «neotenia» rasgos juveniles exagerados), la estética de lo adorable (Walt Disney) o el “esquema de bebé” (y que en México podríamos llamar «esquema axolote»).

Esta prolongación de la niñez no era solo un recurso gráfico, sino el síntoma de un desplazamiento cultural: la infancia ya no se piensa únicamente como antesala disciplinaria de la adultez, se afirma como territorio autónomo. En ese marco visual y simbólico se inscribe Chepita: niñas y niños con cuerpos de bebés que recién aprendieron a caminar realizando hazañas juveniles sin padres ni madres. Una estética que intensifica lo infantil con agencia, curiosidad científica y vocación aventurera.

La reedición de esta historieta por Grafito no solo reintroduce un personaje clásico de la historieta chilena al presente, sino que actúa como un puente entre generaciones de lectores. Un cómic que puede leerse tanto como obra de entretenimiento como pieza de patrimonio gráfico, que invita a nuevas lectoras y lectores a dejarse sorprender por el mundo a través de los ojos de una triada protagonista audaz.

«Vamos al campo antes que mi mamá me llame para que lave los platos», dice Chepita en una línea que condensa, con humor, un gesto de fuga, y que podría volverse lema, consigna.

Conocer este cómic, gracias a Claudio Aguilera, reeditado en un solo volumen, fue toda una revelación. ¿Dónde había estado antes? Tan viajera Chepita, ¡ojalá viajara por toda Latinoamérica!

 

7. Lutino

Jozz Ojeda. Planeta Lector, 2024, México.

Si esta novela gráfica de Jozz Ojeda, historietista mexicana, se hubiera publicado en Estados Unidos, Francia o Japón, creo que ya sería un fenómeno editorial y Netflix estaría a punto de comprar los derechos para hacerla serie animada. Sin embargo, como no es al revés (que primero haya sido una serie o película de Disney, por ejemplo) Planeta la tiene sepultada bajo sus bestsellers de Lilo y Stich, Gravity Falls y Zootopia… Ni siquiera la destaca en su sección de cómic, acaparado por manga. ¿La mandarían a algún premio o selección de LIJ? No creo. Algo parecido le ocurre a otros cómics como El paseador de perros de Emmanuel PÑA, que reseñé la entrada pasada, o Informe negro de Richard Zela y Francisco Hinojosa (2018), Foráneo de David Espinosa, El Dee (2023) y Fisk y el misterio del gato músico de B. Alvarez M. y Jorge A. Estrada (2023). El porqué Planeta no difunde algunos de los mejores títulos que publica no es asunto a profundizar aquí aunque tampoco es un enigma que requiera desvelos.

¡Enigma interesante el de Lutino! Ignis y Cinza, dos misteriosos hechiceros de fluida identidad y argollas mágicas (similares a orejeras mesoamericanas, aquí llamadas «astros») han huido de un pasado en llamas en busca de un objeto con forma de pájaro amarillo, «con el poder de transformar a quien lo posea en aquello que más desee». Siguiendo un mapa roto, se adentran en las brumosas montañas del Continente de Origen hasta toparse con una encantadora viejecita llamada Brote, que siempre evoca los consejos de su abuelita y pertenece a la antigua y casi extinta tribu de «Los murmullos del bosque», una de las nueve civilizaciones originarias de esa realidad.

Brote les ofrece comida, descanso y más pistas, y los acompaña por una gruta, cuya entrada, revelada a Cinza en un sueño, por Murci, una suerte de espíritu de murciélago, conduce a un antiguo reino subterráneo. Allí continuarán engarzándose misterios enmascarados, maldiciones terribles y hongos sabrosos.

Con humorismo, una prosa muy pulida y un arte cautivante, de una imaginería rica, variada y en constante movimiento, la obra erige una arquitectura narrativa ambiciosa, de múltiples tramas y capas (¡incluidas capas mágicas!), sentando las bases de una saga que se proyecta amplia. Me hizo pensar en La saga de los confines, de Liliana Bodoc, pues estamos ante una fantasía épica latinoamericana ¡en cómic! Al leer, con entusiasmo creciente, me sentía a la vez en El señor de los anillos y en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Jozz Ojeda me confirma su inspiración en Camazotz, dios murciélago del inframundo maya, así como en el imaginario visual zapoteca, al diseñar algunos de sus personajes. Y hay muchos detalles más: los dientes de Ignis, por ejemplo, afilados como jaguar.

Nada más terminar de leerlo, se convirtió en uno de mis nuevos libros favoritos. Para calmar la urgencia de disfrutar la siguiente entrega (habrá que tener paciencia pues el trabajo es minucioso), volví a empezarlo.

Como sucede con mucha literatura fantástica, Lutino propone una mirada crítica del orden mundo. Resultan evidentes, en el arranque, los paralelismos con la realidad mexicana: Ignis y Cinza desconfían; les cuesta creer que Brote sea genuinamente bondadosa. «Cuidar los unos de los otros es lo normal», le dice ella a Cinza. «Lo normal se siente raro», piensa el joven hechicero, e Ignis recuerda: «Las personas que tenían que cuidarnos nos lo arrebataron todo». En efecto, han dejado atrás una cadena de odio, «Quiero romper este ciclo de sufrimiento», en la que yo leo narco terrorismo de Estado.

¿Cómo contarle a niñxs que quien debería cuidarte a veces es cómplice de lo contrario?, me sorprendió escuchar tan nítidamente en este cómic una de las preguntas que guían más de 25 entradas en mi blog desde la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Jozz nació en Querétaro y estudió Artes Visuales en la Universidad de Guanajuato y una Maestría en Narrativa Gráfica en Guadalajara, y precisamente realizó una residencia artística en Zapopan, Jalisco, para desarrollar Lutino. Ahora participa en otra residencia célebre, en Angulema, Francia. Dado los acontecimientos recientes en nuestro país, centrados en Jalisco, reconforta saber que, por ahora, se encuentra, como sus personajes, en un territorio más luminoso buscando otras maneras de «transfigurar el horror en belleza», como dice Michèle Petit, de encontrar Lutino… y quien encuentre este cómic, encontrará, también, un tesoro.

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8. ¡Pombástico!

Silvia Guzmán y Camilo Vieco. Venturia Animation Studios/Cohete Cómics, 2025, Colombia.

Mientras preparaba esta entrada, hallé en mi biblioteca una novela gráfica de un rural fantástico, con ecos de Pedro Páramo, que compré en un viaje a Bogotá y me gusta mucho: El baile de San Pascual (Cohete Cómics, 2019). Entonces me pregunté en qué andaría su autor, Camilo Vieco, y lo busqué en Instagram. Así apareció, ¿o hizo erupción?, fosforescente y vibrante, ¡Pombástico!

Primera buena señal: Desconocer el sobrevalorado «estilo» del artista. ¿Es Camilo Vieco? Lo conocía a una tinta, sobrio y sombrío; este era fuscia, verde, amarillo, anaranjado, pero sí, también explosivo y rico en sus trazos (ya en El baile de San Pascual me habían llamado la atención sus distintos acentos y variaciones de registro en una misma secuencia de viñetas). Aquí, en ¡Pombástico!, más hiperbólico y cercano a las caricaturas (el proyecto surgió de un estudio de animación y Camilo fue acompañado por un equipo de animadores).

Todo esto nomás al ver portada y algunas páginas interiores. Entré en contacto con la coautora, Silvia Guzmán, quien me hizo llegar el cómic ¡y la luz! Segunda buena señal: se trataba de una adaptación radical que realmente hacía honor a su nombre y al nombre que evoca: Rafael Pombo.

Las adaptaciones de clásicos son fundacionales de la cultura infantil y juvenil, tanto a otros géneros literarios y formatos de libro, como a otras disciplinas artísticas y soportes. Las busco con especial interés. Prefiero las que menos se parecen al referente y exploran el nuevo género y/o soporte con libertad y atendiendo a las reglas propias del «idioma» al que se traduce. Todavía tarareo las canciones del Pedro Melenas mexicano y musical, sigo recordando con asombro la puesta en escena de títeres y actores de A la deriva, Joc (Huckleberry Finn) de La Liga Teatro Elástico y experimenté emocionantes misiones con el videojuego ochentero de Tom Sawyer de Nintendo y la película La historia interminable 2 (aunque muchos, incluido Ende, la odiaran).

Muchísimos niñxs van familiarizándose con fábulas, cuentos de hadas y novelas de aventuras a través de obras de teatro, videojuegos, películas, series… y ¡cómics! como ¡Pombástico! Y cuán necesaria y refrescante una actualización de uno de nuestros clásicos latinoamericanos, que seguramente Pombo hubiera disfrutado mucho, él mismo un brillante adaptador de cuentos y canciones tradicionales inglesas.

Rinrín, el renacuajo paseador; Mirringa Mirronga, la gata; Simón, el bobito; Michín, el gato bandido y una pobre viejecita, son algunos de los personajes que inmortalizó en sus versiones (parte de la cultura popular colombiana e incluso latinoamericana) y que viajan hasta nuestros días para mezclarse en una misma historia.

Inspirados libremente en los originales, Silvia Guzmán y Camilo Vieco, nos presentan a un Rinrín, muy rapero, enamorado de una Mirringa, muy fashion, quien, como en los versos de Pombo «va a dar un convite jugando escondite» para celebrar el cumpleaños más trendy de la ciudad. Ambos asisten a la misma escuela, también Michín, Perro, Ratico, Pastorcita y otros animales de fábulas de Pombo. Rinrín planea con Ratico cantarle a Mirringa en su fiesta y Michín, igualmente enamorado de la gatita, quiere darle un accesorio vintage de regalo. ¿Pero dónde conseguirlo? Quizá pueda servirle su amigo, Simón el bobito, que debe hacer de niñero de orquídeas en la mansión de Papalina, una pobre viejecita millonaria devenida espectro.

Cada cual encontrará en la fiesta un desenlace para sus deseos y la promesa de una continuación igual de pombástica.

El aire de lección, ya parodiado por Pombo, se explora también aquí con humor, a través de diálogos y trazos ágiles y nuevos gestos de irreverencia, sin que lxs autorxs recuperen textos íntegros, como sí hiciera el historiesta francés Sébastien Lumineau en otra reinterpretación similar de un clásico (Fables de La Fontaine, Éditions Cronélius, 2022, inédito en castellano). Pero nadie es castigado ni devorado en esta versión (o no hasta ahora) centrada en reflejar algunos sueños y preocupaciones de la juventud actual, desde volverse virales en redes sociales hasta destacar por la apariencia; así como en reconciliar diferencias de clase (a la Chavo del Ocho, con la señora Rana, mamá de Rinrín, homenajeando a Doña Florinda) y valorar la amistad.

¿Implica esto una despolitización del conflicto moral que atravesaba los cuentos en verso? ¿O se trata, más bien, de otra forma de pedagogía, menos punitiva y más afectiva? Quizá estamos ante una ética de la convivencia que sustituye la lógica del castigo por la negociación y el reconocimiento mutuo, una apuesta especialmente significativa hoy. Y, al mismo tiempo, ante una propuesta que no renuncia al placer narrativo: si algo prima aquí, afortunadamente, es el impulso de contar una historia ingeniosa y divertida.

¿Y se convertirá también en una serie animada? Quizás, aquí una probadita, pero mientras tanto hacen más falta aventuras así en papel.

En esta biblioteca virtual pueden encontrar todos los Cuentos pintados para niños y los Cuentos morales para niños formales que inspiran ¡Pombástico! Y aquí algunas de las ediciones originales.

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Y en la tercera y última entrega… ⋙✷—ø

9. La búsqueda de Natalia Colombo (Ojoreja, 2021, Argentina), 10. El tungsteno de Fabli Soto y Jorge Lévano (Casa de la Literatura Peruana, 2020, Perú), 11. Salvar el fuego de Julio Serrano Echeverría y Rosario Lucas (Agencia Ocote/Editorial Celcius 232, 2022, Guatemala), 12. La inocencia de los árboles de Valentina Medina Pabón (Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, 2025, Colombia).

Entrada No. 279
Autor: Adolfo Córdova.
Ilustración de portada: Jozz Ojeda.
Fecha original de publicación: 28 de febrero de 2026. Última actualización: 27 de marzo de 2026.

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