Alumbran la noche, pero ¿dónde están las editoriales que publican cómic infantojuvenil en México? ¿Y en otros países de Latinoamérica?

A pesar de ser favoritos de muchas niñas, niños y jóvenes, todavía no es tan habitual encontrar historietas y novelas gráficas entre la oferta originalmente creada por editoriales de literatura infantil y juvenil desde Latinoamérica ni el circuito librerías-escuelas-centros culturales-bibliotecas-premios-listados.

En la reciente edición del Premio Fundación Cuatrogatos, por ejemplo, de los 137 premiados (ganadores, finalistas, rescate editorial y recomendados) solamente hay tres cómics entre los recomendados: uno español y dos argentinos: Cuentos de noche. Relatos de Latinoamérica de Liniers (La Editorial Común, 2025, Argentina) y Las aventuras de Ulises de Nicolás Schuff y Mariana Ruiz Johnson (Siglo Veintiuno Editores, 2025, Argentina).

En la selección The White Ravens 2025, ninguno latinoamericano; entre los 109 libros seleccionados, de la Guía de Libros Infantiles y Juveniles de IBBY México 2024 (la última disponible), solamente hay una novela gráfica originalmente creada en México: ¿Feminismo? ¡Eso qué! de Valeria Gallo (Penguin Random House, 2023, México).

En Los Mejores 2025 del Banco del Libro de Venezuela, proporcionalmente, figuran más, pero igual solo uno latinoamericano: Jazmín de Ivar da Coll (Babel, 2023, Colombia), entre los ganadores infantiles, y también dos de Libros del Zorro Rojo, en traducción y en originales juveniles (uno es compra de derechos y otro español).

Si bien no todas las editoriales mandan sus títulos a estos y otros comités de selección, alguna idea de la proporción y varias preguntas propician estos datos: 

¿Las editoriales de LIJ que participan en premios y guías envían sus cómics con la misma frecuencia que otros géneros? Es decir, ¿confían en sus cómics tanto como en su álbumes, novelas o poemarios? ¿Los sellos especializados en cómic para niñxs y jóvenes se reconocen a sí mismos como parte del campo de la LIJ y envían a estos listados?, ¿o circulan en circuitos paralelos? ¿Los comités de selección miran este género con el mismo interés y cuentan con lectorxs especialistas en cómic infantil y juvenil?, ¿y las editoriales de LIJ, con editorxs especializadxs en cómic?, ¿y lxs editorxs de cómic que incursionan en la LIJ, se asesoran también con expertos de nuestro campo?

Si niñas, niños y jóvenes leen historietas con entusiasmo, ¿por qué esa preferencia no se refleja proporcionalmente en catálogos latinoamericanos de LIJ?, ¿qué otros factores del ecosistema inciden en esa escasez?, ¿formación, políticas editoriales, tiempos y costos de creación/producción, circulación, mediación y legitimación crítica? ¿las crisis económicas y políticas de nuestra región? ¿El espacio del cómic infantil y juvenil está siendo ocupado por manga y cómic estadounidense, europeo o japonés?, ¿prevalece el prejuicio en el mundo LIJ de que es un género menor o hecho con menor profesionalismo?, ¿es justamente por respeto al género que no cualquier editorx le entra?, ¿o se paga tan mal el trabajo autoral que lxs creadorxs prefieren autopublicar o publicar fuera de Latinoamérica?

El argentino Nicolás Arizpe y la mexicana Teresa Martínez, por ejemplo, han publicado más cómics en Italia y en Francia que en sus países de origen. O el costarricense Leo Trinidad, que además de sus proyectos dibuja para Marvel.

Opina un lector de la comunidad de Linternas y bosques en Facebook: «El prejuicio existe y la resistencia también. Más allá de categorías incluso. También tiene mucho que ver con que mediadoras y mediadores desconocen el tema, porque no son lectores del mismo o no lo consideran relevante (…). Lo bueno es que lectores y lectores obligan a mirar a la academia. Ha pasado ya con otros géneros, particularmente de literatura juvenil. Hay esperanza», escribe Guillermo Antonio Castillo Palma

Sí la hay, ese es el punto de estas entradas. Y lo he ido corroborando en el curso de esta investigación: el ecosistema de cómic y LIJ sigue echando raíz y extendiéndose por diferentes territorios. Ahí mismo, en esos comentarios de Facebook, el investigador y académico Hugo Hinojosa me da otra señal al contar que «en Chile, desde hace años, la Medalla Colibrí de IBBY tiene una categoría de Gráfica, donde se premia Historieta». Y como mencionaba en la primera parte de esta entrada, también la selección de los Destacados de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina) tienen esa categoría y los Premios de la Feria del Libro Infantil de Bologna.

 

Entonces, ¡zhooom! ¿quién publica cómic para niñxs y jóvenes en México?

Ya en la entrada pasada la primera parte de este artículo aparecen algunas coordenadas y nombres -de artistas y editoriales- que continúan siendo referentes, como se evidencia en mi selección de 12 cómics. Pero una de las mejores noticias y señales más claras de esta tendencia al alza, de incipiente consolidación, ha sido la creación de la colección de cómic Espectrográfica, en el Fondo de Cultura Económica, con todo y el Premio Internacional Espectrográfica de Novela Gráfica Infantil y Juvenil, de convocatoria bianual.

La iniciativa de Horacio de la Rosa, director de Obras para Niños y Jóvenes del FCE, desarrollada al lado de las editoras Susana Figueroa y Eréndira Guzmán y el diseñador Miguel Venegas, consta de cuatro niveles lectores: desde primera infancia hasta jóvenes adultos, un amplio espectro gráfico, gran acierto; y arrancó en 2023 con un conjunto sólido y variado de compra de derechos. Destacaron, para mí, los franceses: la serie de Coco y Mosquita de Mathis, Increíble de Zabus e Hippolyte y Todas las princesas mueren después de media noche de Quentin Zuttion, aunque también disfruté la adaptación a novela gráfica de Bonícula de James Howe y Andrew Donkin y Aventura a cuentagotas de Josephine Mark.

En 2024, Volver atrás, de Abraham Balcázar, fue la primera novela gráfica desarrollada desde México para la colección, y en diciembre de 2025 vio la luz una primera camada de obras locales (que no he leído) que incluyó al ganador de la primera convocatoria del Premio Internacional Espectrográfica de Novela Gráfica Infantil y Juvenil: Imagen no encontrada de Edgar Camacho (el ganador de la segunda convocatoria se anunció hace poco: Rafael Radillo); una nueva edición de Salón destino de Carlos Vélez, publicada originalmente por La Cifra (otra editorial mexicana que es (¿o fue?) coordenada en narrativa gráfica); Marcas de Ferzog y El despegue de David Nieto, Yosh, y Jorge Mendoza.

Aunque resulta evidente y apremiante incluir a historietistas latinoamericanas y quizá el siguiente paso sea que se impulse la colección con artistas de/desde otras filiales del FCE, Espectrográfica puede constituir, por su alcance en la región, una nueva coordenada para el cómic hispano y una nueva marca de identidad en la vanguardista área de libros infantiles y juveniles del Fondo. Nacida en noviembre de 1991, hace 35 años, con la emblemática colección «A la orilla del viento», dirigida por Daniel Goldin e impulsada por un equipo del que ya formaba parte Horacio de la Rosa, hoy, a través de Espectrográfica, esa vocación de innovación se mantiene y renueva.

Sabemos que en todo ecosistema las funciones se distribuyen y complementan; sin embargo, me parece que las preguntas por la escasez de cómic convendría dirigirlas sobre todo a editoriales e instituciones antes que a lxs mediadorxs, cuyo trabajo se sostiene en un vínculo más directo con las comunidades lectoras y en prácticas por lo general más abiertas. Por eso resulta significativo que sea precisamente una editorial estatal la que asuma el desafío de impulsar el cómic en la región.

Y en México, los otros dos premios nacionales del Estado requieren mayor apoyo. El Premio Nacional de Novela Gráfica Joven de Tierra Adentro/FCE va muy retrasado. La ganadora de 2024, Cuidado con los monstruos, de Jorge Alejandro, aún no se publica; tampoco la de la edición 2025, anunciada en agosto pasado: Canciones para el fin del mundo de Katia Álvarez Villegas; le pregunto a Sandra Montoya, coordinadora de Comunicación del FCE, y me comenta, con alivio y gusto, que saldrán en julio.

Y otras obras ganadoras del concurso Las Otras Tintas de Alas y Raíces, de la Secretaría de Cultura federal, como Lapsus de Sofía Cera Siller (2022), La escama de Carlos Daniel Álvarez (2022), El círculo rojo de Jessie T. Arias Guzmán (2024) y 24 días de Isabel Go y David Nieto, Yosh (2025) se difunden poco, algunas denotan falta de acompañamiento editorial y ya ni siquiera se imprimen (aunque se pueden descargar gratuitamente aquí).

El notable cómic Sur de Mr. Power, que ya he mencionado en el blog por su enfoque de crítica social y terror creciente, fue editado por Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura de Puebla en 2022 y circuló gratuitamente en formato impreso, pero sigue sin estar disponible en el librero digital y no parece haber señales de reimpresión.

¡Tantos millones de pesos destinados a tirajes millonarios!, para el programa universal de lectura juvenil de Paco Ignacio Taibo II, «25 para el 25». Y allí, ni un cómic, («¿qué están leyendo los jóvenes?», ¿le preguntaron al área de LIJ del FCE?, seguro que no) ni presupuesto ni alianzas para imprimir y distribuir los libros de Alas y Raíces. Recuerdo que desde la Secretaría de Cultura, también la Dirección General de Publicaciones (R.I.P.) editaba o coeditaba cómic, ahora sólo Alas y Raíces, todavía el programa federal de cultura infantil y juvenil más antiguo del país. El monto del premio Las Otras Tintas es bajo para un cómic (50 mil pesos), pero lamentablemente resulta más alto que un adelanto de regalías en una editorial independiente o comercial.

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Enmarcados por el mercado: editoriales transnacionales

Claro que el grupo Penguin Random House publica cómic en diferentes sellos o editoriales que han adquirido: Reservoir Gráfica (El Eternauta, Persépolis), Lumen (Mafalda), Bruguera (la emblemática editorial de cómic española, Mortadelo y Filemón) o incluso Debolsillo (adaptaciones de bestsellers como Juego de Tronos), e incluso creó, desde España, en 2022, el sello Distrito Manga (un. dato en sí mismo del aumento en lectura de manga en Iberoamérica, que me han confirmado otros especialistas como Claudio Aguilera en Chile y Libertad Margolles en Argentina). Sin embargo, en realidad, no hay una apuesta de edición local de historieta desde México ni Latinoamérica. Consulto a David García Escamilla, director editorial de Penguin Random House (y quien fuera mi primer jefe en el periódico Reforma) y me dice que la piratería de cómic afecta mucho al mercado y calcula que 6 de cada 10 cómics comprados son piratas. 

Atención: desde España se convoca el Premio Internacional de Novela Gráfica FNAC Salamandra Graphic (aquí la convocatoria del año pasado, la edición XIX) dotado con ¡20 mil euros!

Planeta Lector de Planeta México sí publica a historietistas mexicanxs, gracias al experimentado ojo del editor Federico Ponce, pero sin un sello especial de cómic ni visibilidad para los títulos que publican. El paseador de perros de Emmanuel PÑA, que reseñé la entrada pasada, y Lutino de la artista gráfica Jozz Ojeda, que reseño en esta entrega, son memorables. No obstante, supe del primero porque me lo envió su autor, y del segundo, al indagar por colegas mujeres a Rosario Lucas.

Océano, desde Océano Travesía y a través de su colección Historias gráficas, sí muestra una apuesta continua en la que destacan sus compras de derechos de libros divulgación como Sólo es un piropo, Herejes o Cómics de Ciencia; sagas como Descender o El primer gato en el espacio comió pizza, bestsellers como Nimona o clásicos de la historieta como Mutts y Calvin y Hobbes. Además distribuyen la colección de Manga de Satori; son editorxs de historietistas nacionales como Richard Zela, Patricio Beteo, Aaron Cruz, BEF y Alejandra Gámez; y publicaron esa maravilla que mezcla lenguajes de cómic que es Malko y papá (gracias a Diana Zela por recordármelo) y Un viaje en lápiz, que aún tengo pendiente leer, ambos de Gusti.

Pregunto a Janine Porras, editora en Ediciones SM México, si contemplan incursionar en el cómic, pues me sorprendió que la edición de 30 aniversario del clásico de LIJ mexicano, ¡Casi medio año! de Mónica B. Brozon (2025), fue ilustrada por El Dee e incluye adaptaciones a historieta particularmente logradas. Me confirma que sí lo están explorando y que desde SM España, cuentan con adaptaciones de sagas como Los Futbolísimos y Ardilla Miedosa.

Bajo esa lógica habitual de adaptaciones, miro con interés un nuevo logo, otra buena señal: «Castillo Cómics» de Ediciones Castillo (Macmillan), en la portada de Petit, el monstruo de Isol en versión historieta (con Fernando Salem y Bernardita Ojeda), y en compras de derechos como Aprendiendo a decir adiós de Bei Lynn y El club de los fantasmas tristes de Lize Meddings. Y Miriam Martínez, gerente de LIJ de Castillo, me cuenta que está trabajando en una novela híbrida con cómic.

También descubrí recientemente en la librería Glaciar, en la CDMX, que Trillas publicó un manhua: Consola, 2073 de Pao-Yen Ding (el manga es originario de Japón; el manhwa, de Corea del Sur y el manhua, de China: cápsula educativa cortesía de Áurea Xaydé Esquivel). Emmanuel PÑA y Richard Zela me confirmaron que esta editorial está publicando más cómic, como Ixpule de Sareki López, Dientes de leche de Luis Castillejos (Imosh) y Mentiras Blancas que me dijeron de morrito de Gnomariana y Julian van Bores.

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Fuera del cuadro: independencia y autopublicación

El mundo del cómic ha sido históricamente marginal y sigue abriéndose paso desde la autopublicación y las editoriales independientes, en diferentes formatos, impresos y digitales; aunque también puede alcanzar públicos masivos y en mercados como el estadounidense o francés los historietistas tienen agentes y no se les pide que también hagan mole los domingos: pueden vivir de ello. En países como México, la cantidad de trabajo que implica realizar una novela gráfica a color hace casi heroica (y poco redituable) la labor. Ingresar un cómic local en el circuito de ventas de las transnacionales todavía no es frecuente. 

(Sobre los avatares de la creación de historieta en México recomiendo la conversación «¿Cómo hacer cómics y no morir en el intento?» de John Marceline con Claudia Martinez Avila (Cavililla) y Urbano Matatres referentes del cómic independiente en el país).

Creo necesario reiterar: no es la intención de esta serie de entradas ahondar en el universo cómic: vasto, diverso, complejo y pujante que, desde su libertad, no siempre busca la mirada de una persona editora ni mediadora de lectura ni, prejuicio con el que ese gremio batalla, dirigirse a niñas, niños y jóvenes. «Se le considera infantil», escucho que dicen en un podcast como si ese adjetivo fuera un lastre. Mi intención con estas entradas es elaborar un mapeo, no exhaustivo, de quienes, desde ese mundo, se interesan el mundo de la literatura infantil y juvenil, y viceversa.

Sigo: Algunas editoriales independientes de LIJ en México cuentan con cómics excepcionales, pero como excepciones: En Ediciones El Naranjo, por ejemplo, Aquí es un buen lugar de Anna Pessoa y Joana Estrela (2020) o en Libros para imaginar, Los hermanos Zapata de Torgeir Rebolledo Pedersen y Lilian Brogger (2017). 

Sexto Piso y La Cifra que fueran referente, los publican mucho menos. En Corda Ediciones, el escritor Diego M. Cara edita la colección de LIJ y me cuenta que publicó un primer cómic: Teléfono de Edkkar (2025) y que planea publicar más, siempre en su línea de literatura fantástica; y además me sugiere que eche ojo a una nueva editorial creada por historietistas: Una Editorial Grande de Iván Mayorquín y David Espinosa, El Dee. Enseguida llaman mi atención sus primeros títulos: el flipcómic Canícula/Motivo de visita, Pastel de Atún y Yo y la muerte. Ellos mismos son los autores de todos, así que, por ahora, el proyecto funciona bajo la lógica de la autopublicación: ese camino clásico de la historieta.

Así me lo cuenta también Richard Zela, ilustrador desde hace muchos años para editoriales de LIJ y uno de los profesionales del cómic más activos en México. Richard fundó y coordina el Almanaque de Narrativa Gráfica Mexicana, una iniciativa que, desde 2020, quiere «crear una memoria histórica de los proyectos de cómic realizados por autorxs mexicanxs, publicados en México y el extranjero», leo en su página de Facebook.

Y me cuenta, vía drive, que además de promover los cómics de autorxs mexicanxs, les interesa construir «una comunidad horizontal de artistas donde podamos compartir nuestras experiencias y conocimientos a través de pláticas y talleres, como las pláticas de Ideas & Viñetas: Procesos Creativos de Cómic, donde autorxs profesionales nos hablan de una obra de cómic desde las primeras ideas hasta la publicación de la obra». En la serie han participado creadorxs como: Teresa Martínez, Manuel Monrroy, El Dee, Imosh, Alba Gless, Pau Izumi, Pau Márquez, entre otrxs.

Para agregar al panorama general, Richard Zela también menciona a las editoriales: Resistencia, Familia Usaka (de estética manga) y Candelas y Punto, de pequeños tirajes y con cómic infantil, y el festival Pixelatl.

Por otro lado, desde el Almanaque de Narrativa Gráfica han organizado el Reto 4×4 (4 páginas de cómic, creadas en 4 horas, inspiradas en 4 palabras), del que ya existe una primera antología con 38 historias inéditas. Pueden descargarla gratuitamente aquí, o si quieren realizar un donativo por la publicación, aquí. De hecho, más recientemente se aceptan donativos para sostener la gestión de todo el proyecto.

Otra antología independiente que me recomendó revisar Sara Benavides, mediadora de lectura y coordinadora de SeLee en Veracruz, es Pixán, espíritu de resistencia, de lxs historietistas veracruzanxs Dr. F. Stain y Omar Estévez, con la colaboración de Pedro Ajás y Alberto Calvo. Reúne seis cómics breves de fantasía y ciencia ficción, entre mito, misticismo y búsqueda de sentido que exploran, sobre todo, futuros atravesados por inteligencias artificiales y una reivindicación del México prehispánico. Dialogan bien con los cómics que reseñé en la entrada pasada y con personajes que representan ese «espíritu de resistencia» tan afín al propio género. Este volumen se presentará el 1 de marzo en las XIII Jornadas de Narrativa Gráfica en la 47 FIL en el Palacio de Minería.

Estas últimas dos publicaciones no fueron pensadas para un público infantojuvenil, pero hay mucho cómic sin el adjetivo que puede interesar a niñas, niños y jóvenes, y da continuidad a esa historia de lecturas no pensadas para ese público que igualmente les convoca.

Y a propósito de Veracruz, Emmanuel PÑA me recomienda el documental Tal vez he estado perdiendo el tiempo: Historieta Independiente Veracruzana. 

¿Y en el resto de Latinoamérica? 

Esta investigación se ha prolongado más de lo que anticipé. En la próxima entrega: un panorama, aún así breve y no exhaustivo, a manera de mapa latinoamericano de cómic para niñas, niños y jóvenes. Y tanto en la primera entrega como en lo escrito con respecto a las editoriales transnacionales en México y en los ejemplos que siguen, hay claves del comportamiento latino del cómic infantojuvenil. 

 

12 cómics para niñs y jóvenes⟢

2/3: Segunda de tres entregas.

Primera entrega: 1. Mi buena estrella de Cecilia Pisos y Gastón Caba (Mamut, 2020, España / Periplo, 2025, Argentina), 2. BO-TO de Mariana Ruiz Johnson (Cataplum, 2023, Colombia), 3. Volver atrás de Abraham Balcázar (FCE, 2024, México) y 4. El paseador de perros de Emmanuel PÑA (Planeta Lector, 2024, México).

En esta segunda entrega toda una buena banda… dibujada: 5. Equis y Zeta de Jorge Luján e Isol (Alfaguara infantil, 2001, México; Ecoval, 2024, México/Argentina), 6. Chepita de Guillermo Durán, Guidú (Grafito Ediciones, 2024, Chile), 7. Lutino de Jozz Ojeda (Planeta Lector, 2024, México), 8. ¡Pombástico! de Silvia Guzmán y Camilo Vieco (Venturia Animation Studios/Cohete Cómics, 2025, Colombia).

Vamos primero hacia los rescates: un poecómic publicado originalmente hace veinticinco años, Equis y Zeta, y otro cuya historia se remonta medio siglo atrás, Chepita. La mirada por encima del hombro continúa con Lutino, que propone una fantasía épica atravesada por símbolos latinoamericanos, y ¡Pombástico!, regreso al origen de la LIJ: una relectura de Rafael Pombo que despega con vuelo propio.

 

5. Equis y Zeta

Jorge Luján e Isol. Alfaguara infantil, 2001, México; Sudamericana, 2008, Argentina; Ecoval, 2024, México/Argentina.

Esta hermandad empezó con Equis y Zeta. Jorge Luján le propuso a Isol que hicieran una serie de historietas a partir de las notas que él guardaba en un cuaderno con anécdotas y frases dichas por sus hijos (etnógrafo de su paternidad), lxs hermanxs Uriel y Nicole. Lo demás, es historieta. Dos volúmenes, ahora reunidos en uno solo por Ecoval, que obtuvieron premios y fueron traducidos a varios idiomas; y una amistad de siete libros juntos y dos carreras que han hecho escuela en la LIJ en Iberoamérica.

Vi por primera vez las historietas de Equis y Zeta (qué genial título, remate de abecedario: equis-y-griega-y-zeta) en 2008, cuando trabajaba en el periódico Reforma y conocí a Jorge; intenté entonces que el diario las incorporara como tiras cómicas en su semanario Gente Chiquita (también lo intenté con Macanudo de Liniers), pero se me argumentó que no iba con el corte (que tendía a lo clásico y bien peinado) del semanario.

Levantarse temprano y despertar a mamá y a papá, con mucha emoción, para preguntar: «¿estoy contento?». Y también: «¿por qué lloro?, ¿qué les pasó a los dinosaurios?, ¿se marchitaron?, Papi, ¿cómo subió Dios al cielo?». Las muchas preguntas compartidas y otros momentos tiernos y sabios, en los que las personas adultas también nos detenemos a pensar, fueron registradas y elegidas con mimo, casi siempre inalteradas, por el oído poeta de Jorge, que elogia la brevedad y concentra la emoción en pocas palabras. «Intentaba que la modificación [de las anécdotas y frases] fuera mínima porque me daba cuenta que cualquier agregado mío era una visión de adulto y que esa mezcla de infracción, invención y  frescura, se tenía que rescatar tal como había sido».

La otra mitad de esa naranja -infracción, invención y frescura- la aporta Isol, con sus expresivos dibujos de ternura bizarra y ojos desorbitados, que ya había explorado en Vida de perros (FCE, 1998) e Intercambio cultural (FCE, 2000), pero aquí aparece una línea distinta y también ese uso del color por bloques, como fondos desfasados, que se salen de los márgenes, la mano suelta y libre, que incorporará a su estilo de manera muy visible en El globo (FCE, 2002) y Petit, el monstruo (Calibroscopio, 2006).

En una entrevista a la revista Peonza (No.85, 2008), Isol habla de cómo la colaboración con Jorge para estas historietas la hizo buscar una estética nueva, que se correspondiera a la estética textual «muy simple y delicada, dulce», que le proponía Jorge. La xilografía desfasada de los años 60 es un claro antecedente. Y Jorge me cuenta sobre algún momento en esas conversaciones, cuando pensaban que las tiras cómicas serían en blanco y negro, en que la aparición de un cuadro de Paul Klee también es determinante.

A propósito de una charla entre Isol y Liniers, que acompañé en LIBRAQ, en Barranquilla, Isol me contó previamente por correo electrónico de sus influencias artísticas, entre las que aparecen los libros del cantante Pipo Pescador y de la colección Polidoro (Ayax Barnes, Napoleón, Amalia Cernadas) y Poncho Negro, un radioteatro e historieta creada de su propio abuelo A. Ortiz Noguera, en los años 40 en Argentina. Además, claro, de maestros del humor gráfico como Fontanarrosa, Oski y Quino y «la revista grande de humor infantil», HuMI. «Las historietas de la revista Fierro, los discos de rock de mis padres y sus gráficas, las imágenes precolombinas que mi madre copiaba en sus cerámicas, y los libros de arte de mi padre, que me hacían volar, arte Naive o no académico (por ejemplo, Rousseau), art brut, folklórico…», me dice por mail.

Equis y Zeta es parte de una primera etapa en la carrera de Isol que había iniciado ya con cómic, el primer premio que obtuvo como ilustradora fue el Premio de Historieta de la Bienal de Arte Joven en 1994, y al que ahora regresa con la serie historietas inspiradas en su personaje Petit, y que en México empezó a publicar el año pasado Ediciones Castillo.

Es quizá por esa separación entre el mundo del cómic y el de la literatura infantil y juvenil que no encuentro a Isol en el Archivo de Autoras de la Historieta Argentina de la colectiva Feminismo Gráfico, un movimiento que conocí gracias al blog derivado del libro La historieta va a la escuela de Libertad Margolles. O quizá sea sencillamente porque no ha centrado su carrera en el cómic, pero sin duda es heredera de esa tradición.

Y ¿por qué Jorge e Isol no continuaron con estos gags cómicofilosóficos? Jorge me cuenta que tuvo que ver con que la editora que empezó publicando Equis y Zeta se fue de Alfaguara. Pero de alguna, de muchas maneras, continuaron, algo de ese niño travieso está en Petit, y algo de Petit está en la primera novela infantil de Jorge, Lucas y Naíta (Ecoval, , que, como él mismo dice, podría considerarse una secuela de Equis y Zeta.

 

 

6. Chepita

Guillermo Durán, Guidú. Grafito Ediciones, 2024, Chile.

«¿Sabían que en Chile se han hecho cómics desde hace más de 100 años? Les invitamos a conocer a algunos queridos personajes del cómic chileno». Esta es la bienvenida del atípico y muy valioso portal «Chile para niños» de la Biblioteca Nacional Digital. Allí, otra buena banda dibujada: Mampato, Federico von Pilsener, Ondita, Pelusita, Pablo, Toño, Cuca, Cachupín y Condorito, toda una genealogía de riesgos estéticos y temáticos que preparó la llegada de Chepita, esa niña inquieta, curiosa y valiente que, acompañada de su cabra Paloma y su amigo Chumingo, enfrenta situaciones extraordinarias y muy desafiantes.

Me sorprende la audacia con la que empieza el cómic: En la primera página, cinco viñetas después del arranque, un bandido disfrazado de viejecilla, a la usanza de lobo feroz, apunta con un arma a Chepita y le roba a Paloma. En la siguiente página, la amordaza y la ata a un árbol. «Dos horas después», llega Chimingo, quien la desata, y Chepita le cuenta que el viejo o vieja contrabandista le dijo que necesitaba a la cabra para transportar un moai que se había robado de la Isla de Pascua y que luego comería cabrita al horno. ¡Menuda misión de rescate! Y en la siguiente enfrentarán ¡terodáctilos!

A través de muchas aventuras, que incluyen desde ambientes naturales hasta encuentros con personajes malvados y escenarios misteriosos como ciudades dominadas por gusanos o cavernas subterráneas, la narración despliega un tono lúdico con episodios que mezclan fantasía.

La protagonista, con su espíritu explorador, funciona tanto como un motor de acción (al impulsarse hacia lo inesperado) como punto de identificación para lectorxs jóvenes que desean ver reflejada su agilidad para enfrentar obstáculos. Las peripecias con elementos fantásticos o “extraños” no están al servicio de un mensaje moral explícito, sino que parecen dirigidas a estimular la imaginación y el sentido de aventura, e invitan a recorrer un universo visual donde lo imprevisible es la norma.

La reedición de esta historieta por Grafito Ediciones no solo reintroduce un personaje clásico de la historieta chilena al presente, sino que actúa como un puente entre generaciones de lectores. Si bien mantiene una identidad visual de su época, la década de 1970, su publicación permite redescubrir la vigencia de esos buenos relatos de exploración en compañía. Chepita se afirma como un cómic que puede leerse tanto como obra de entretenimiento como pieza de patrimonio gráfico, invitando a nuevas lectoras y lectores a dejarse sorprender por el mundo a través de los ojos de una protagonista audaz.

Descubrirla, gracias a Claudio Aguilera, reeditada en un solo volumen por Grafito, fue toda una revelación. ¿Dónde había estado antes? Tan viajera Chepita, ¡ojalá viajara por toda Latinoamérica!

 

7. Lutino

Jozz Ojeda. Planeta Lector, 2024, México.

Si esta novela gráfica de Jozz Ojeda, una historietista mexicana, se hubiera publicado en Estados Unidos, Francia o Japón, creo que ya sería un fenómeno editorial y Netflix estaría a punto de comprar los derechos para hacerla serie animada. Sin embargo, como no es al revés (que primero haya sido una serie o película de Disney, por ejemplo) Planeta la tiene sepultada bajo sus bestsellers de Lilo y Stich, Gravity Falls y Zootopia… Ni siquiera la destaca en su sección de cómic, acaparado por manga. ¿La mandarían a algún premio o selección de LIJ? No creo. Algo parecido le ocurre a otros cómics como El paseador de perros de Emmanuel PÑA, que reseñé la entrada pasada, o Informe negro de Richard Zela y Francisco Hinojosa (2018), Foráneo de David Espinosa, El Dee (2023) y Fisk y el misterio del gato músico de B. Alvarez M. y Jorge A. Estrada (2023). El porqué Planeta no difunde algunos de los mejores títulos que publica no es asunto a profundizar aquí aunque tampoco es un enigma que requiera desvelos.

¡Enigma interesante el de Lutino! Ignis y Cinza, dos misteriosos hechiceros de fluida identidad y argollas mágicas (similares a orejeras mesoamericanas, aquí llamadas «astros») han huido de un pasado en llamas en busca de un objeto con forma de pájaro amarillo, «con el poder de transformar a quien lo posea en aquello que más desee». Siguiendo un mapa roto, se adentran en las brumosas montañas del Continente de Origen hasta toparse con una encantadora viejecita llamada Brote, que siempre evoca los consejos de su abuelita y pertenece a la antigua y casi extinta tribu de «Los murmullos del bosque», una de las nueve civilizaciones originarias de esa realidad.

Brote les ofrece comida, descanso y más pistas, y los acompaña por una gruta, cuya entrada, revelada a Cinza, en un sueño, por Murci, una suerte de espíritu de murciélago, conduce a un antiguo reino subterráneo. Allí continuarán engarzándose misterios enmascarados, maldiciones terribles y hongos sabrosos.

Con humorismo, prosa pulida y un arte cautivante, rico en gestos y dinamismo espacial, la obra erige una arquitectura narrativa ambiciosa, de múltiples tramas y capas (¡incluidas capas mágicas!), sentando las bases de una saga que se proyecta amplia. Me hizo pensar en La saga de los confines, de Liliana Bodoc, pues estamos ante una fantasía épica latinoamericana ¡en cómic! Al leer, con entusiasmo creciente, me sentía a la vez en El señor de los anillos y en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Jozz Ojeda me confirma su inspiración en Camazotz, dios murciélago del inframundo maya, así como en el imaginario visual zapoteca, al diseñar algunos de sus personajes. Y hay muchos detalles más: los dientes de Ignis, por ejemplo, afilados como jaguar.

Nada más terminar de leerlo, se convirtió en uno de mis nuevos libros favoritos. Para calmar la urgencia de disfrutar la siguiente entrega (habrá que tener paciencia pues el trabajo es minucioso), volví a empezarlo.

Como sucede con mucha literatura fantástica, Lutino propone una mirada crítica del orden mundo. Resultan evidentes, en el arranque, los paralelismos con la realidad mexicana: Ignis y Cinza desconfían; les cuesta creer que Brote sea genuinamente bondadosa. «Cuidar los unos de los otros es lo normal», le dice ella a Cinza. «Lo normal se siente raro», piensa el joven hechicero, e Ignis recuerda: «Las personas que tenían que cuidarnos nos lo arrebataron todo». Han dejado atrás una cadena de odio, «Quiero romper este ciclo de sufrimiento», en la que yo leo narco terrorismo de Estado.

¿Cómo contarle a niñxs que quien debería cuidarte a veces es cómplice de lo contrario?, me sorprendió escuchar tan nítidamente en este cómic una de las preguntas que guían más de 25 entradas en mi blog desde la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, y una posible respuesta.

Jozz nació en Querétaro y estudió Estudió Artes Visuales en la Universidad de Guanajuato y una Maestría en Narrativa Gráfica en Guadalajara, y precisamente realizó una residencia artística en Zapopan, Jalisco, para desarrollar Lutino. Ahora participa en otra célebre, en Angulema, Francia. Dado los acontecimientos recientes en nuestro país, centrados en Jalisco, reconforta saber que, por ahora, se encuentra, como sus personajes, en un territorio más luminoso buscando otras maneras de «transfigurar el horror en belleza», como dice Michèle Petit.

8. ¡Pombástico!

Silvia Guzmán y Camilo Vieco. Venturia Animation Studios/Cohete Cómics, 2025, Colombia.

Mientras preparaba esta entrada, encontré en mi biblioteca una novela gráfica de un rural fantástico, con ecos de Pedro Páramo, que compré en un viaje a Bogotá y me gusta mucho: El baile de San Pascual (Cohete Cómics, 2019). Entonces me pregunté en qué andaría su autor, Camilo Vieco, y lo busqué en Instagram. Así apareció, ¿o hizo erupción?, fosforescente y vibrante, ¡Pombástico!

Primera buena señal: Desconocer el sobrevalorado «estilo» del artista. ¿Es Camilo Vieco? Lo conocía a una tinta, sobrio y sombrío; este era fuscia, verde, amarillo, anaranjado, pero sí, también explosivo y rico en sus trazos (ya en El baile de San Pascual me habían llamado la atención sus distintos acentos y variaciones de registro en una misma secuencia de viñetas). Aquí, en ¡Pombástico!, más hiperbólico y cercano a las caricaturas (el proyecto surgió de un estudio de animación).

Todo esto nomás al ver portada y algunas páginas interiores. Entré en contacto con la coautora, Silvia Guzmán, quien me hizo llegar el cómic ¡y la luz! Segunda buena señal: se trataba de una adaptación radical que realmente hacía honor a su nombre y al nombre que evoca: Rafael Pombo.

Las adaptaciones de clásicos son fundacionales de la cultura infantil y juvenil, tanto a otros géneros literarios y formatos de libro, como a otras disciplinas artísticas y soportes. Las busco con especial interés. Prefiero las que menos se parecen al referente y exploran el nuevo género y/o soporte con libertad y atendiendo a las reglas propias del «idioma» al que se traduce. Todavía tarareo las canciones del Pedro Melenas mexicano y musical, sigo recordando con asombro la puesta en escena de títeres y actores de A la deriva, Joc (Huckleberry Finn) de La Liga Teatro Elástico y experimenté emocionantes misiones con el videojuego ochentero de Tom Sawyer de Nintendo y la película La historia interminable 2 (aunque muchos, incluido Ende, la odiaran).

Muchísimos niñxs van familiarizándose con fábulas, cuentos de hadas y novelas de aventuras a través de obras de teatro, videojuegos, películas, series… y ¡cómics! como ¡Pombástico! Y cuán necesaria y refrescante una actualización de uno de nuestros clásicos latinoamericanos, que seguramente Pombo hubiera disfrutado mucho, él mismo un brillante adaptador de cuentos y canciones tradicionales inglesas.

Rinrín, el renacuajo paseador; Mirringa Mirronga, la gata; Simón, el bobito; Michín, el gato bandido y una pobre viejecita, son algunos de los personajes que inmortalizó en sus versiones (parte de la cultura popular colombiana e incluso latinoamericana) y que viajan hasta nuestros días para mezclarse en una misma historia.

Inspirados libremente en los originales, Silvia Guzmán y Camilo Vieco, nos presentan a un Rinrín, muy rapero, enamorado de una Mirringa, muy fashion, quien, como en los versos de Pombo «va a dar un convite jugando escondite» para celebrar el cumpleaños más trendy de la ciudad. Ambos asisten a la misma escuela, también Michín, Perro, Ratico, Pastorcita y otros animales de fábulas de Pombo. Rinrín planea con Ratico cantarle a Mirringa en su fiesta y Michín, también enamorado de la gatita, quiere darle un accesorio vintage de regalo. ¿Pero dónde conseguirlo? Quizá pueda servirle su amigo, Simón el bobito, que debe hacer de niñero de orquídeas en la mansión de Papalina, una pobre viejecita millonaria devenida espectro.

Cada cual encontrará en la fiesta un desenlace para sus deseos y la promesa de una continuación igual de pombástica.

El aire de lección, ya parodiado por Pombo, se explora también aquí con humor, a través de diálogos y trazos ágiles y nuevos gestos de irreverencia, sin que lxs autorxs recuperen textos íntegros, como sí hiciera el historiesta francés Sébastien Lumineau en otra reinterpretación similar de un clásico (Fables de La Fontaine, Éditions Cronélius, 2022, inédito en castellano). Pero nadie es castigado ni devorado en esta versión (o no hasta ahora) centrada en reflejar algunos sueños y preocupaciones de la juventud actual, desde volverse virales en redes sociales hasta destacar por la apariencia; así como en reconciliar diferencias de clase (a la Chavo del Ocho, con la señora Rana, mamá de Rinrín, homenajeando a Doña Florinda) y valorar la amistad.

¿Implica esto una despolitización del conflicto moral que atravesaba los cuentos en verso? ¿O se trata, más bien, de otra forma de pedagogía, menos punitiva y más afectiva? Quizá estamos ante una ética de la convivencia que sustituye la lógica del castigo por la negociación y el reconocimiento mutuo, una apuesta especialmente significativa hoy. Y, al mismo tiempo, ante una propuesta que no renuncia al placer narrativo: si algo prima aquí, afortunadamente, es el impulso de contar una historia ingeniosa y divertida.

¿Y se convertirá también en una serie animada? Quizás, aquí una probadita, pero mientras tanto hacen más falta aventuras así en papel.

En esta biblioteca virtual pueden encontrar todos los Cuentos pintados para niños y los Cuentos morales para niños formales que inspiran ¡Pombástico! Y aquí algunas de las ediciones originales.

 

Y en la tercera y última entrega… ⋙✷—ø

9. La búsqueda de Natalia Colombo (Ojoreja, 2021, Argentina), 10. El tungsteno de Fabli Soto y Jorge Lévano (Casa de la Literatura Peruana, 2020, Perú), 11. Salvar el fuego de Julio Serrano Echeverría y Rosario Lucas (Agencia Ocote/Editorial Celcius 232, 2022, Guatemala), 12. La inocencia de los árboles de Valentina Medina Pabón (Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia, 2025, Colombia).

Entrada No. 279
Autor: Adolfo Córdova.
Ilustración de portada: Jozz Ojeda.
Fecha original de publicación: 28 de febrero de 2026.

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