De niño, Jorge soñó desde una azotea, entre arroyos, eucaliptos y sierras cordobesas, y en el vaivén viajero de un barco de papel. Así, mientras andaba lejos, con su guitarra, en 1976, los militares dieron el Golpe de Estado en Argentina y hubo de buscar refugio bajo otros cielos, en una tierra donde crece el maíz. Ahí, aquí, se quedó a vivir desde 1978 e imaginó una “x” mágica, al lado de niñas y niños, para escribir México; y aquí, en la FIL Guadalajara, recibió el XXI Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil.

Pero Jorge desplaza los «aquí» a cualquier lugar donde lean sus poemas, allí, siempre aquí, sucede su poesía: en el cuerpo absorto, en presente, de unos pies pequeños dispuestos a la ternura, al juego, a la desobediencia, a levantar la cabeza hacia las copas de los árboles.

Su compromiso anida con las infancias y las juventudes menos favorecidas por este mundo de ricos (que incluye gobiernos, empresas, ferias, fundaciones, editoriales…) que no pueden asistir a una feria de libro y crecen bajo amenaza.

«¿Cómo podemos acompañar y proteger a las niñas y los niños? ¿Qué palabras se requieren para detener la codicia insaciable que amenaza con llevar nuestro planeta a la ruina? No solo la de los Trump-osos, Put-in-drones, Nefast-yahus y re-hamases; podría suceder que a ellos los reemplacen educados y simpáticos simuladores al servicio de las mismas fuerzas financieras, armamentistas y tenebrosamente ecocidas», se preguntó, nos preguntó, Jorge, y denunció, congruente y valiente, en su discurso de recepción del reconocimiento. 

Recuperar esa pregunta, en pleno genocidio en Gaza, ¿cómo cuidar? ¿cómo acompañar? ¿cómo estar presente en tiempos de tanta virtualidad? Y recuerdo aquel error creativo del niño campechano, William Alberto, que conté en otra entrada, que dijo que la poesía era la que nos cuidaba de lo malo. 

En otro espacio en la FIL nos preguntábamos sobre la creación artística y las infancias en peligro, ¿qué decir ante lo indecible, ante una creación artística e industria editorial que mete poco las manos? Decir con poesía, como hace Jorge, y nombrar, señalar, como hizo él, a quienes representan ese peligro.

La valentía fue la séptima de las cualidades que destacó Isol en las palabras que le dedicó a Jorge como parte de la premiación. Con la cercanía de alguien que ha sido una de sus principales duplas creativas, Isol nombró siete rasgos distintivos en su amigo, pues siete minutos le dijeron que tenía para su intervención y siete son los Pablos y siete las niñas de dos libros de Jorge, nos recordó.

Isol. Foto: Cortesía Fundación SM.

Las otras seis: «1) Ser artesano que se toma su tiempo, con paciencia de oro, 2) Él es el duende de la guitarra, viajero y abierto a la magia», 3) Inventor de un sistema de enseñanza, 4) Humilde, sabio, sensible, respetuoso, siempre aprendiz, 5) Amoroso, amable, esperanzado, abierto y 6) Respetuoso de las infancias». Y a «valiente», agregó: «Dejó una carrera exitosa en la arquitectura por las letras, por la poesía para niños que no es fácil ni cómoda. Este mundo a veces no valora a estas personas que nos hacen ser más felices y nos enseñan con su ejemplo de vida y arte». 

Luján ha escrito y publicado más de cincuenta libros, sobre todo de poesía, álbumes ilustrados líricos, aunque también cuentos, dos novelas y ensayos que han sido traducidos a 18 idiomas y recibido los mayores reconocimientos de la literatura infantil y juvenil internacional (por su obra ha sido nominado en varias ocasiones al Premio Memorial Astrid Lindgren y finalista del Premio Hans Christian Andersen), e inspira la continua reinvención de su escritura y la búsqueda de esa sintaxis infantil que hable de cerca a niñas y niños. ¿Ya leyeron Lucas y Naíta, su primera novela infantil publicada el año pasado?

«Estar cerca de los niños es estar constantemente cerca de lo excepcional. Pero no hay que tener solo los oídos y la mirada atenta, hay que tener el corazón abierto…», le dijo hace poco en entrevista a Marité Iturriza a propósito de esa novela.

Jorge Luján en el Encuentro de Promotores de Lectura de la FIL. Foto: Cortesía Fundación SM.

Jorge es un pionero de la LIJ moderna, defensor de la sabiduría infantil y de las posibilidades del lenguaje desde la poesía, la música, el juego, el humor y es un generosísimo maestro de maestrxs y de escritorxs. Son muchos los libros que Jorge ha acompañado puntualmente (imparte talleres y asesorías virtuales y presenciales) y que han recibido premios, y muchas las personas a quienes dio talleres cuando eran niñxs o adolescentes que hoy son profesionales de las artes.

Generoso arquitecto, músico, juglar, escritor que ha tenido muchas vidas, renovador de la tradición poética infantil y juvenil en Iberoamérica y amado y admirado amigo de tantxs.

Gracias, Jorge, por tu corazón sonriente, por darnos palabras manzana, entre ser y parecer, muchos cuerpos, algunos ángeles, todavía; cucharitas, anillos míticos, juguetes, barcos de papel, osos de paseo, escarabajos, pantuflas de perrito, volcancitos nevados, vocales al vuelo, tardes de invierno, pablos, rocas, trompas, vacas rojas, animales a mano, una equis mágica y 17 de pasos para ver más allá de los brazos, con el sol en los ojos.

A continuación, el discurso que generosamente Jorge me envió para compartir en este blog. Y en la memoria de quienes allí estuvimos, las extensiones del discurso que Jorge fue improvisando, como ese gran conversador que es, y las emociones que nos provocó, con todo y lagrimones (aquí pueden ver un videitoque recupera algunos momentos). Que lo disfruten y les inspiren más preguntas y respuestas.

Adolfo Córdova

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Lectura del discurso el 2 de diciembre de 2025. Foto: Fundación SM.

Discurso ante la recepción del Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil 2025

Jorge Luján

Nací en la provincia de Córdoba, Argentina, en una casa sin libros, pero no sin palabras. Ellas me esperaban en las etiquetas de Calcigenol, Leche de Magnesia Phillips y vino Toro que se hallaban sobre la mesa. Cuenta mi madre que, antes de cumplir los 3, yo pasaba las horas copiando cada vocal y consonante hasta completar las etiquetas. Bromeando un poco, se podría decir que yo era ‘un chico de letras’, algo que habría hecho feliz a mi bisabuelo, un apasionado maestro que recorría los días a caballo enseñando el alfabeto en Río Ceballos y otros pueblos serranos.

Sorprendidos por mi afición tipográfica, mis padres solicitaron apoyo a un librero que cada semana seleccionaba un libro para mí. Así pasé de las historietas al Tigre de la Malasia, a Huckleberry Finn y a una larga lista que terminó arrancándome lagrimones cuando llegué a La guerra y la paz. Aunque poco comprendí de la novela, todavía te extraño, Natasha Rostova.

Siempre, desde que era niño y jugaba con mis primos, tuve el deseo de contagiar mi amor por las letras a quienes me rodeaban, tanto en mis talleres como en los recitales, fuera con niños o con adultos.

Entre mis primeros recuerdos, destaca una mañana en la que leía abstraído cuando tocaron a la puerta y aparecieron dos adolescentes en plena desnutrición y cubiertos de mugre; mi madre los hizo pasar y les cocinó una pila de espaguetis con salsa que devoraron sin despegar la nariz del plato. Tal vez allí surgió mi deseo de escribir para las infancias y de hacer visibles las dramáticas situaciones de tantos niños y niñas del mundo.

Como mi padre era empleado de un banco de provincia, nos tocó ser una familia ambulante. Al cumplir los 15 ya habíamos vivido en una docena de pueblos y, al final, nos mudamos a la ciudad de Córdoba. Dos años después me inscribí en arquitectura y, para mi sorpresa, en tercer año me dieron una beca Fulbright que me permitió estudiar artes plásticas y escenografía en Antioch College, Ohio, y después a realizar una pasantía con los arquitectos Harrison y Abramovitz en Nueva York.

Inspirado en mis héroes de la infancia y en la novela En el camino de Jack Kerouack, antes de regresar a Argentina realicé un largo viaje alrededor de Estados Unidos haciendo autostop. El llamativo cartel que elaboré cuidadosamente funcionó como un talismán que invitaba a los automovilistas a detenerse, cosa que durante el primer semestre había animado a varios compañeros y compañeras a solicitarme que ‘’los llevara” a visitar a sus lejanas familias durante los fines de semana.

De vuelta en Córdoba, en 1966, la policía asesina al joven Santiago Pampillón; salimos a las calles y las manifestaciones se tornan indetenibles. Clausuran la facultad de arquitectura y mi compañero y gran amigo, Daniel Deutsch y yo, zarpamos en barco hasta el Peñón de Gibaltar. Durante siete meses recorremos Europa sin un peso, cantando en tablaos, descargando fruta en el mercado de Halles en París y trabajando en lo que nos toca en suerte hasta llegar a Medio Oriente y regresar con siete kilos menos y vivencias que alternaban el asombro, la risa y no poco temor.

Otra vez en casa, acabo arquitectura, comienzo cine y composición musical, formo parte del movimiento Canto Popular y, durante la atroz dictadura, termino en México donde la poesía náhuatl, los mitos mayas, el misterio de las antiguas ciudades y la algarabía de las calles me llevan a abrazar a mi nueva patria y a tener dos hijos mexicanos que le han otorgado luz a mis textos y a mi vida.

Comienzo a escribir asiduamente y varios momentos significativos reorientan mis pasos. El primero, junto a la recordada doctora Mari Hass que durante varios años me invitó a dar cursos de creación literaria en Columbia University,

el segundo, con la impecable soprano Lourdes Ambriz, con quien grabamos varios discos y por más dos décadas nos presentamos en México, Brasilia, Sao Paulo, Buenos Aires y Roma;

otro, con la insustituible Isol, con quien dimos vida a siete libros productos del respeto, la complicidad inventiva y la alegría, un modo de crear que luego, con matices, retomaría junto a otras y otros talentosos ilustradores. En aquella época, Isol realizó una exposición en la Recoleta, Buenos Aires y, además de sus dibujos, pegó en un muro los emails que habíamos compartido marcando con flechas y círculos rojos los emotivos hallazgos de nuestro intercambio epistolar. ¿Cómo se llamó la expo? Ridículo y precioso,

el cuarto encuentro emblemático lo tuve con la querida Patsy Aldana, una luchadora por la infancia que me enseñó no solo el arte de la edición sino también su ética y, con toda naturalidad, le abrió las puertas a mis poemas y publicó una docena de libros;

el último encuentro decisivo ocurrió después de un recital que ofrecimos en el Centro Nacional de las Artes, cuando un campesino y su esposa se acercaron para contarnos que cada fin de semana atravesaban la ciudad llevando a sus dos niños a espectáculos poéticos o musicales sin importar a qué distancia se realizaban.

“Deseamos que nuestros hijos vivan la poesía desde pequeños…”, dijeron. “Así, cuando crezcan, nadie va a pensar por ellos.”

Esta frase fortaleció mi aspiración a crear poemas que apuesten por la polisemia y que estimulen el pensamiento crítico, sin olvidar que el lenguaje también un instrumento musical con maravillosas posibilidades sonoras y ritmos sorprendentes.

Sin embargo, como la poesía está inserta en este mundo, tan bello como cruel, no es fácil evitar preguntarnos: ¿Cómo podemos acompañar y proteger a las niñas y los niños? ¿Qué palabras se requieren para detener la codicia insaciable que amenaza con llevar nuestro planeta a la ruina? No solo la de los Trump-osos, Put-in-drones, Nefast-yahus y re-hamases; podría suceder que a ellos los reemplacen educados y simpáticos simuladores al servicio de las mismas fuerzas financieras, armamentistas y tenebrosamente ecocidas.

Con la emocionante Chiara Carrer y sus líneas solidarias, hemos intentado algunas respuestas. En nuestro libro Siete Pablos se lee:

«Un minero chileno del cobre, que pasa el día entero a 700 metros de profundidad, regresa a su choza y cae desmayado en un catre. Sin hacer el menor ruido, su hijo Pablo se acerca, le apoya su pequeña mano sobre el pecho y siente como si tocara el centro de la tierra.»

En Siete niñas, otro de nuestros álbumes a dúo, presentamos a Camila, una huérfana de la calle que canta y baila improvisando palabras que no sabría cómo escribir:

«Ni en familia, ni en la escuela, solo existo aquí en la calle, yo; ni siquiera aquí en la calle, pues no hay nadie que se mire en mis dos ojos, no. Giraré velozmente, hasta hacer que mis versos se vean, y se queden grabados en la memoria de los que pasan… y pasan…»

Y nos preguntamos nuevamente: ¿Cómo vamos a proteger a las niñas y niños si la violencia contra las infancias ha alcanzado niveles críticos sin precedentes? Gaza… Cisjordania… Sudán… Haití… el Congo… nombres candentes queman el corazón de las personas sensibles.

Dejemos esta pregunta en el aire y nos despidamos con una escena entre una niña mexicana de 5 años y su madre que le prepara el desayuno mientras escucha las noticias. “Mami…”, dice la pequeña. “Yo sé que las cosas miedosas que ponen en la tele, son cosas verdad… Lo sé, Mamita… pero prefería no saberlo”.

 

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20 años del Premio Iberoamericano SM DE LIJ

Este premio reconoce la trayectoria de autoras y autores de literatura infantil y juvenil. Ha sido convocado desde 2005 por la Fundación SM, el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la ciencia y la Cultura (OIE), la International Board on Books for Young People (IBBY) y la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en México (UNESCO).

He aquí la lista de ganadoras y ganadores:

  • 2025: Jorge Luján (México/Argentina)
  • 2024: Irene Vasco (Colombia)
  • 2023: Alice Vieira (Portugal)
  • 2022: Antonio Orlando Rodríguez (Estados Unidos/Cuba)
  • 2021: María José Ferrada (Chile)
  • 2020: Yolanda Reyes (Colombia)
  • 2019: María Baranda (México)
  • 2018: Graciela Montes (Argentina)
  • 2017: Marina Colasanti (Brasil)
  • 2016: María Cristina Ramos (Argentina)
  • 2015: Antonio Malpica (México)
  • 2014: Ivar Da Coll (Colombia)
  • 2013: Jordi Sierra i Fabra (España)
  • 2012: Ana María Machado (Brasil)
  • 2011: Agustín Fernández Paz (España)
  • 2010: Laura Devetach (Argentina)
  • 2009: María Teresa Andruetto (Argentina)
  • 2008: Bartolomeu Campos de Queirós (Brasil)
  • 2007: Montserrat del Amo i Gili (España)
  • 2006: Gloria Cecilia Díaz (Colombia)
  • 2005: Juan Farias (España)

Como se aprecia en el listado, aún faltan representantes de Centroamérica, Perú, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay…

¿Y en 2026?

Ya están disponibles las bases de la edición XXII de este premio. Pero la recepción de candidaturas abrirá del 2 de febrero al 24 de abril de 2026, hasta las 23:59 horas de la Ciudad de México. Aquí la convocatoria.

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Entrada No. 276
Autor de la intro: Adolfo Córdova (retomé algunas ideas que escribí para una revisión y extensión que me pidió la Fundación SM del guión para el video sobre Jorge que se proyectó en la ceremonia del entrega del premio. Autor del discurso: Jorge Luján. Fotografía de portada: Cortesía de Fundación SM. Fecha original de publicación: 10 de diciembre de 2025.

2 Comentarios »

  1. Es muy emocionante leer la vida de Luján, de este escritor tan maravilloso e inspirador, porque canta, escribe, imagina, habla, y comparte. Por todo eso mi más profundo reconocimiento, y espero que muchísimos más niños y niñas sean capaces de disfrutar y aprender de este escritor maravilloso.

    Y para terminar este agradecimiento, quisiera responder o intenter responder tambien yo a su pregunta: ¿Cómo proteger y acompañar a los niños y niñas? En mi caso, quisiera agregar una palabra: ¿Cómo proteger y acompañar a los niños y niñas de Gaza, que hoy luchan para sobrevivir como a pocos niños les ha tocado. Los niños de Gaza son el objetivo de la guerra étnica que el Estado de Israel ejercita sobre ellos, a cada minuto, a cada hora de sus vidas. Una guerra étnica cruel, terrible, espantosa, algo que pocos podemos soportar y vivir como testigos, lejanos o cercanos todos los días. En mi caso, proteger a estos niños es nombrarlos, convocarlos, recordarles al mundo que estos niños nos piden ayuda, piden que exijamos que el genocidio sobre ellos se detenga definitivamente, porque ellos se merecen ser niños y niñas que viven en libertad.

    • Ana querida, muchas gracias por ampliar la pregunta. La comparto también y, como sabes, el deseo, la confianza de que este genocidio parará, aunque no habremos de olvidarlo. Les mando un abrazo grande.

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