Minuto de silencio.
Lo que no se ve, no duele… ¿o sí?, se pregunta Silvia Bleichmar, revisitando el dicho popular de ojos que no ven corazón que no siente. Hay dolores que no duelen a todos, dijo allá por 2001 y hay muchas vidas que se silencian con el volumen de los privilegios.
En 1953, apenas terminada la segunda guerra mundial, la filántropa Jella Lepman en respuesta al genocidio que el nazismo perpetró al pueblo judío, creó la Organización Internacional para el Libro Infantil y Juvenil (IBBY), el premio internacional que lleva el nombre de Hans Christian Andersen y las condiciones para la Feria del libro Infantil de Bolonia, los tres pilares internacionales sobre literatura e infancia, con el fin de promover el entendimiento y la paz en el mundo, a través de la lectura y los libros para niños.
La literatura para la infancia, todo lo que ella representa y su ecosistema (escritores, ilustradores, editores, especialistas, mediadores, maestros, bibliotecarios, lectores, editoriales, instituciones, organizaciones, premios y premiados) no puede hoy desviar la mirada de Gaza.
El periódico Haarez, el más antiguo de Israel, anterior a la creación del Estado de Israel, en una nota del 27 de junio pasado dice, cito traducción textual: “100.000 palestinos fueron asesinados en el genocidio de Israel contra Gaza”, y se estima que el 40% de esos muertos son niños, muertos directos por misiles o bombas y muertos indirectos por heridas, enfermedades, falta de comida o de agua. Las cifras están, por cierto, atrasadas (tuve que ajustar varias veces la información, mientras preparaba estas palabras) porque se incrementan hora a hora. Se trata del mayor infanticidio de la centuria, en un territorio sitiado, una jaula de 400 cuadras de largo por 100 de ancho.
Según Naciones Unidas ya hay más niños asesinados que adultos varones, y hay miles de otros mutilados, heridos o con quemaduras graves, más decenas de miles de niñas y niños desplazados que caminan perdidos por calles en ruinas sobre las que duermen, o mueren ya sin familiares y también hay miles de cuerpos de niños bajo los escombros, porque los rescatistas apenas si tienen tiempo de remover las ruinas y porque a raíz del bloqueo ya tampoco pueden ingresar rescatistas.
«La conciencia de generaciones futuras va a preguntarse qué hicimos cuando nos tocó defender lo que queda de humanidad en la humanidad», dice Ariel Feldman, nacido en Israel y residente en Argentina, profesor de filosofía, fotógrafo y cineasta.
Bichitos de luz.
Comparto estas palabras que siguen en la intención de -aun en medio de tanta destrucción- poder observar el vuelo de las luciérnagas.
1.
El deseo de volar está presente en los seres humanos desde la noche de los tiempos y también la desconfianza hacia los que intentan o deciden volar. Albrecht Berblinger, también conocido como el Sastre de Ulm, construyó una máquina voladora más pesada que el aire, presumiblemente un ala delta y declaró que alguna vez volaría en público para que todo el mundo lo viera. La ocasión se presentó cuando el rey anunció su visita a Ulm. Saltaría, dijo, desde la punta de la principal iglesia luterana de la Ciudad, una aguja de 162 metros de alto. Llegó el día, saltó el sastre… y se estrelló contra el suelo. Sobre el inventor y su invento, Bertolt Brecht escribió una balada.
-¡Obispo, puedo volar! -le dijo el sastre al obispo
Y con algo como alas subió a la catedral.
Como el hombre no es un ave, eso es pura falsedad.
–¡Que repiquen las campanas! Era pura falsedad
Como el hombre no es un ave – dijo el obispo a la gente
–¡nunca el hombre volará!
Se han hecho muchas lecturas sobre su significado, pero lo evidente es que, pese al fracaso del sastre, siglos después se pudo construir aparatos para volar. Eso le permite a Brecht, sostener que las aspiraciones del ser humano no tienen límite y que un día, aunque pasen muchos años, existirán hombres y mujeres que darán forma a las ideas que en su tiempo parecían locas.
2.
La estructura vertical del mundo con sus ascensos y descensos, su luz y su oscuridad, es uno de los arquetipos universales. En la cosmogonía cristiana la caída es el castigo a los ángeles rebeldes que se oponen al mandato de Dios, porque la lucha del de abajo contra el de arriba es rebelión y es castigada.
En el universo griego, Prometeo es torturado por los emisarios de los dioses que bajan para castigarlo por su amor a los hombres. En esa tragedia, la madre le dice al hijo que ya ha pasado el tiempo en que se podía ganar por la fuerza y que el futuro será de aquellos que sepan emplear la astucia. Los emisarios de Zeus vigilan al herrero que suelda con obediencia los eslabones para encadenar a Prometeo, pero Prometeo se niega a revelar el nombre de la mujer con la que Zeus engendrará al hijo que se va a vengar. Del prisionero depende entonces el porvenir del tirano y esa es la fuerza que pone al cosmos en movimiento.
El conocimiento y la memoria, el fuego robado a los dioses.
3.
El 13 de junio de 1968 el arqueólogo Mario Napoli trabajaba en las proximidades de Paestum, antigua ciudad griega al sur de Italia. Al abrir una tumba, después de 2.500 años de tinieblas, la luz inunda el interior y él ve por primera vez al tuffatore -el nadador de Paestum- la silueta de un joven desnudo que se lanza de cabeza al agua. El cuerpo del muchacho es un arco, figura suspendida entre un pasado que se ha ido y un futuro que todavía no se vislumbra. ¿Cae o se mantiene en el aire? Puro instante abierto a lo que vaya a suceder, porque en el mar que espera allá abajo están la palabra amar y la palabra amargo.
4.
Nos dice Silvia Barrios antropóloga, cantante y compositora que las canciones ancestrales del pueblo wichi habían sido olvidadas por la comunidad debido a la influencia de las religiones evangélicas que las consideraban, o tal vez todavía las consideran, producto del demonio. «El registro sonoro había desaparecido, pero yo estaba segura de que aún estaba presente entre los más viejos. Al principio yo era la que quería cantar esas canciones, pero luego de muchos años de trabajo mi propósito pasó a ser que ellos volvieran a cantarlas y así fue que en 1987 se reunieron los cuatro maestros Wichis y cantaron como si nunca hubiesen dejado de hacerlo».
5.
Al nacer, dice Todorov, el infante busca ser confortado, abrigado, nutrido, pero entre la séptima y la octava semana de vida «hace un gesto que no tiene igual»: ya no se contenta -como antes y como los cachorros de otras especies- con mirar a la madre, sino que trata de capturar su mirada para ser mirado, quiere contemplar la mirada que lo contempla: éste es el acontecimiento gracias al cual el niño entra en un mundo humano, porque la existencia humana comienza con el reconocimiento de nosotros por parte de otro.
Pero, me pregunto, si un niño ha sido abandonado y rechazado incluso hasta por su madre, que le ha negado esa mirada de amor, ¿se le puede negar por eso la dignidad de ser humano? Hoy tampoco podríamos asegurar que los simios o los delfines no busquen también cruzarse con los ojos de sus madres, porque, como dice un poema de Teresa Arijon:
¿qué sabemos?
¿Qué sabemos en la noche helada
bajo los pinos?
¿qué sabemos?
¿Qué sabemos cuándo la nieve quieta cubre los vidrios
y sólo se oye el sonido del cielo, afuera, lejos?
¿qué sabemos?
6.
«No se puede resolver una crisis con aquello que es su combustible. ¿Será que metidos en esta maraña somos capaces de buscar algo fuera de esto?», se pregunta Ailton Krenak líder indígena, poeta y filósofo brasileño, y dice también que todo lo posible de realizar está contenido en cada uno de nosotros, que nosotros somos la semilla de ese cambio. Que, si nos disponemos a ser semillas, la vida va a seguir, dice.
7.
En Alma se tiene a veces, Jorge Larrosa relata que cuando Aristóteles subió a las esferas celestiales comprendió que para salvarse tenía que afinar su alma y hacerla sonar convertida en música. Así atravesó todos los tonos y los estados (el amor, la angustia, el delirio, la locura) que la razón había dejado afuera. Descendió con su lira a esas zonas que la razón no ilumina, solo así pudo fijar y ordenar el tiempo que todo lo olvida y todo lo destruye sometiéndolo al tiempo humanizado, cuyas cualidades las artes comparten.
8.
Nadiezhda Mandelstam dedicó su vida a memorizar los poemas de su marido, el gran poeta ruso Osip Mandelstam, que murió durante el estalinismo en un campo de tránsito en Siberia. Como un personaje de Bradbury, memorizó cientos de poemas para que no se los tragara la noche y así los mantuvo vivos hasta después de la muerte de Stalin, cuando pudieron pasar al papel. Pues bien, ella se pregunta en su libro de memorias, si las nuevas generaciones le creerán y si la verdad se abrirá paso algún día entre tanto horror y tantas mentiras.
9.
La verdad, las verdades. Cuánto más tendrá que sucedernos para que, como el niño que en el cuento de Andersen ve un desfile de obscenidades, podamos -desde el centro de la ética y de la política- decir que el emperador está desnudo, y desactivar a los sastres mentirosos, tanto como a nuestra propia servidumbre.
10.
En 1975 Pier Paolo Pasolini publicó un artículo sobre las nuevas formas del fascismo, ese genocidio cultural que ha destruido el alma, el gesto, el lenguaje y el cuerpo de los habitantes de un país. Habla también de como debido a la contaminación del aire y sobre todo debido a la polución del agua, las luciérnagas comenzaron a desaparecer. El fenómeno fue fulminante y fulgurante. Pasados algunos años no había ya luciérnagas. “La supervivencia de las luciérnagas”, de George Didi Huberman toma algunas de sus ideas y nos propone mirar las cosas de otro modo. Las luciérnagas, esos punzantes recuerdos del pasado, pueden hacernos una señal en medio de la noche, para poder mirar un poco más allá. Focos de resistencia social y estética como bichitos de luz en la oscuridad. Señales en medio de la noche. Resplandores en tiempos en los que la crueldad se actúa y se exhibe con total obscenidad.
Para ir cerrando
La lucha del de abajo contra el de arriba es rebelión y por eso es castigada, pero del perseguido depende también en parte el porvenir del tirano. Esa es la fuerza que activa el movimiento. Recordar entonces, ese es el fuego que podemos arrebatar a los dioses, suspendidos entre un pasado que se ha ido y un futuro que todavía no se vislumbra, porque en este pasaje hacia lo desconocido tal vez sea posible, desde el corazón de lo ético y lo político, imaginar todavía un devenir.
«Si quieres pescar un gran pez dorado, tienes que adentrarte en aguas profundas. En las profundidades, los peces son más poderosos…», dice David Lynch. En la formación de nuevas generaciones trabajan (trabajamos, permítanme que me incluya) los maestros. La conciencia de lo colectivo ha ido mutando tristemente en las sociedades contemporáneas, giros hacia el más descarnado individualismo, enojos dirigidos no contra quienes nos dañan sino contra los más pobres o más necesitados que nosotros. Pero esa chispa de vida que hay en cada ser sobre la tierra, esa spark of life para decirlo con palabras de Charles Dickens en su novela Nuestro común amigo, el fuego de las vidas perdidas o en riesgo de perderse ya no son solo vidas particulares, sino la vida misma en tanto energía comunitaria.
Todos los que aquí estamos esta tarde somos de diversas maneras puentes entre libros y lectores. A lo largo de su historia, la literatura tuvo en muchos momentos necesidad de servir a causas, razones y objetivos diversos, y muchas de las obras mayores de la cultura universal fueron hechas al calor de un proyecto político, para desarrollar una identidad y conformar una nación o incluso más terrenalmente, para que no se quedara sin trabajo ningún integrante de la compañía de actores. Pero esas obras han llegado hasta nosotros por su capacidad de seguir diciendo más allá de su tiempo y sus circunstancias, por la resistencia que ofrecen a ser interpretados en un sentido completo, por su ofrenda de lectura que no se agota. Una educación literaria de este tenor resiste al afán de domesticación, inspira formas de resistencia, se sacude el miedo a equivocarse ante voces sociales que dicen lo que hay que hacer o lo que se tiene que decir. Eso puede aportar la literatura, creo yo. En esa disfunción habita su fuerza pedagógica, abre una puerta hacia mundos posibles. El arte en general y los textos literarios en particular son una reserva de potencialidad para horadar algo, para desplazar un margen, romper un límite, ponerse en cuestión, dar a pensar, porque el que obedece no puede hacerse preguntas.
Estamos en un espacio de celebración de libros. Con los libros podemos establecer conversaciones entre quienes estamos vivos y quienes están muertos, entre quienes pensamos en una lengua y quienes piensan en otras, entre los que somos de aquí y los que son de otros lugares o de otras épocas.
Porque leer da a pensar.
Porque leer es también imaginar. Y Imaginar es un acto de resistencia frente a las maquinarias de poder.
Resistencia. Eso que hacen a veces también los pueblos de las maneras menos pensadas, para que pueda suceder lo impensado, para poder escuchar algo más que lo que ya sabemos.

¿Cómo apoyar?
Buenas tardes, Primero, quiero agradecer la valiosa información que recibo. Por otra parte, solicito amablemente, si tienen bibliografía para adultos sobre autores literarios palestinos publicados en español, estoy interesada en leerlos Saludo afectuoso. Mary Suárez
Yahoo Mail: busca, organiza, toma el control de tu buzón
Hola Mary, sí, te recomiendo al poeta Nasser Rabah. Precisamente publiqué aquí una antología de libre descarga que hicieron: https://linternasybosques.com/2025/08/26/un-sexto-dedo-en-cada-mano-antologia-de-nasser-rabah-de-libre-descarga/ También publicó otra antología recientemente la UANL: https://tiendacasadellibro.uanl.mx/producto/caminantesconvest/
Y el FCE tiene esta otra con diferentes textos testimonios recientes: https://www.fondodeculturaeconomica.com/Ficha/9786071684394/F
Un abrazo!
Muchisimas gracias. En Italia, a Torino en el mese de septiembre, un grupo de ilustradores realizará una pequeña exposición y venderá sus obras para concienciar y recaudar fondos para Gaza. A diferencia del gobierno italiano, muchos son sensibles al tema, y sería importante considerar un esfuerzo conjunto entre todos los ilustradores y escritores del mundo sensibles a la infancia y los problemas de Gaza. Con muchoi respeto Emanuela Bussolati
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Emanuela, no había visto este mensaje, disculpa. Felicitaciones nuevamente por esta exposición. Pues mira, siguen las iniciativas. A ver si pueden organizar un «Libros contra la barbarie». Un abrazo grande grande.