¿Cuántas vidas costó que la Corte Internacional de Justicia (CIJ) calificara de urgente detener la ofensiva militar del Estado de Israel sobre Gaza y le exigiera ofrecer acceso a expertos para investigar las denuncias de genocidio? ¿Cuántas que la Corte Penal Internacional (CPI) solicitara emitir órdenes de aprehensión contra Netanyahu, Yoav Gallant y los líderes terroristas de Hamas por crímenes de guerra y lesa humanidad? ¿Cuántas que la opinión pública global condenara los crímenes y las personas protestaran masivamente en calles, festivales y universidades? ¿Cuántas que tres países europeos que aún no reconocían a Palestina como Estado lo hicieran o que el Estado Mexicano se sumara a la denuncia de Sudáfrica y advirtieran una «catástrofe humanitaria»?

36 mil. Más de 36 mil personas han sido asesinadas, de las cuales casi la mitad son niñas y niños (15 mil). Más de 86 mil heridos y unos 10 mil niños desaparecidos, según cifras del 28 de mayo de Aljazeera, en un territorio demolido por un Estado, apoyado por tantos otros, como Estados Unidos, que pareciera haber olvidado que padeció horrores similares. 

Foto: Mahmoud Issa / Reuters.

Qué lejos parece el pronunciamiento de Investigadores y activistas por la defensa de la niñez en Palestina cuando ya encontrábamos atroz que: «A 20 días del conflicto han sido asesinados más de 3000 niños y niñas, incluyendo menores de dos años, bajo el bombardeo indiscriminado sobre civiles ejecutado por Israel, acción consignada por diversos organismos internacionales de derechos humanos como crímenes de guerra». 

Con todo y presión, y todas estas muertes, que tampoco olvidaremos nunca, el Estado de Israel no se detiene.

En Vida precaria. El poder del duelo y la violencia (Paidós), publicado hace 20 años, Judith Butler ya ofrecía una lúcida explicación a esta violencia impune ejercida sobre las vidas de ciertas personas o grupos sociales que se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema, constantemente amenazadas o expuestas a formas de violencia estructural, social o física. Para Butler, la vida precaria implica una falta de reconocimiento y protección por parte de las estructuras políticas y sociales, lo que deja a estos individuos en una posición de inseguridad y riesgo constante.

«Para algunos el duelo sólo puede resolverse por medio de la violencia, parece estar claro que la violencia sólo conduce a más pérdida, y que la imposibilidad de percibir los derechos de la vida precaria sólo conduce una y otra vez al amargo dolor de un odio político infinito».

Siguiendo a Butler, las vidas precarias palestinas cuentan menos (¿por eso se necesitaron tantas para que la opinión pública alzara su voz?): «La esfera pública se constituye en parte por lo que puede aparecer, y la regulación de la esfera de apariencia es un modo de establecer lo que se considerará como realidad y lo que no. También es una forma de establecer qué vida puede quedar marcada como vida, y qué muerte contará como muerte», escribió Butler.

En esa misma línea, Mikaelah Drullard, escritora y artista, denuncia: «Lo que ocurre en Palestina, el Congo, Sudán y Haití frente a los ojos del mundo, se sostiene sobre la premisa racista y colonial de que no existe “ningún humano involucrado».  Y continúa, en este artículo apremiante

«Hay más de un genocidio en curso y, pese a ello, el mundo sigue funcionando. ¿Qué ha tenido que pasar en nuestros cuerpos para asimilar el proceso de normalización del genocidio como forma de gobernanza de geografías del tercer mundo? ¿Cómo creemos aún en el discurso de los derechos humanos, cuando estos no son aplicables a todas las personas? ¿Qué clase de humano hay que ser para tener garantía de ellos? ¿Dónde hay que nacer, de qué color, con qué clase, qué identidad de género, orientación sexual, etnicidad, raza, religión y cultura para acceder a ellos?»

Sigo tejiendo, para llegar al texto de Áurea Xaydé Esquivel Flores que se pregunta por tanto silencio cómplice, que reconoce la protesta histórica de lxs jóvenes, que nos muestra a las bibliotecas como espacios de vida entre tanta muerte.

«¿Qué significa estar rodeada de muerte?», nos plantea las investigadora y teórica crítica Giulia Palladini. «Ni la escritura ni las artes pueden ser apolíticas en medio del genocidio israelí contra el pueblo palestino perpetuado por relaciones colonialistas e imperialistas reconfiguradas».

En su artículo «De la muerte en los ojos, de gestos contra la ausencia», Palladini señala cómo la continuidad/resurgimiento del poder conservador, de «genealogía fascista», o los «legados coloniales perdurables» en nuestra sociedad apuntan «hacia múltiples formas de borrado histórico, las cuales justifican modos de dominación violenta siempre por venir». Y más adelante:

«Frente al genocidio, la escritura no puede seguir siendo la misma, tampoco el pensamiento. Este texto, entonces, no puede más que volverse una cámara de resonancia: ponerse a la escucha de lo que las escuelas no enseñan a les niñes, de lo que los periódicos no están contando, de lo que los algoritmos están aprendiendo a ocultar, de lo que los escenarios prominentes de la escena del arte global —como la Bienal de Venecia— intentan enterrar con torpeza: que la violencia fascista sigue cambiando de forma, pero perdura y se sostiene por el sistema imperialista que una parte del mundo sigue imponiendo sobre otra».

Y entonces: la presencia performática de lxs jóvenes en los campamentos como afirmación de «que ser estudiantes no equivale a ser consumidores de conocimiento, sino ciudadanes de un espacio común de producción y reproducción de mundos». Estas protestas, escribe Palladini, reviven la memoria colectiva de las luchas estudiantiles, son «presencia para inventar cada día nuevas formas de resistencia contra el fascismo de la ausencia».

También lo son las bibliotecas palestinas. 

En este texto, Áurea Xaydé Esquivel Flores, invitada recurrente en el blog y amiga querida, nos lo demuestra. Las historias/refugio del Centro Cultural Yafa, Centro Lajee Proyecto Bibliotecario Seraj en Palestina son presencia que resiste a la muerte. Me recordaron el caso de la biblioteca subterránea y secreta de Siria (aquí pueden leer el artículo de Mike Thomson que luego derivó en un libro): «Los libros nos ayudan a planear la vida una vez que al Assad se vaya. Queremos ser una nación libre. Ojalá que a través de la lectura podamos lograrlo», contaba Omar Abu Anas, un exestudiante de ingeniería y usuario.

Áurea empieza con un pase de lista de las 12 bibliotecas destruidas en los últimos ocho meses. Con ellas, sabemos, las escuelas y universidades y museos y parques y la memoria de otros gobiernos autoritarios y fascistas que han quemado libros y destruido bibliotecas, desde la Biblioteca de Alejandría hasta el Centro Editor de América Latina en Argentina.

En una segunda parte de su reflexión, Áurea revela una conexión poco conocida entre Roald Dahl y Palestina y analiza críticamente esa dicotomía en la que un joven es reconocido en el discurso como proyecto de un futuro, como potencia, y al mismo tiempo, un proyecto fallido, acallado, sin potencia. Con todo, sin embargo, nuevamente, nos recuerda Áurea, lxs jóvenes despertaron la indignación global con sus protestas.

Muchísimas gracias a Áurea por este artículo tan honesto, documentado y valiente para seguir gritando: ¡Alto al Genocidio! ¡Desde el río hasta el mar, Palestina en libertad!

Adolfo Córdova

 

Il. Clara Leon para Flyers for Falastin.

 

Desde el río hasta el mar:

bibliotecas palestinas y protestas juveniles

Áurea Xaydé Esquivel Flores*

 

Ojalá.

‘Ojalá’ es una palabra que usamos todo el tiempo para expresar deseo o esperanza como si fuera un ruego.

‘Ojalá’ es uno de los 4 mil arabismos que tenemos en la lengua española y viene de la expresión wa šá lláh o aw šá lláh,  dependiendo de a quién le pregunten, y significa “si Dios quiere” o “Dios quiera que…”

Ojalá pudiéramos proteger a los niños y jóvenes del sufrimiento y el terror. 

Ojalá pudiéramos sembrar bibliotecas públicas, universitarias y comunitarias por todos lados y protegerlas de la violencia.

Ojalá pudiera escribir desde la alegría y no desde la desesperación.

Pero no es posible. La historia se ha desarrollado de tal manera que hoy en día somos testigos (o incluso cómplices) de un conjunto de catástrofes que no se habían visto igual desde hace unos 85 años.

¿Qué puede hacer una bibliotecaria o un bibliotecario ante lo que está pasando en Palestina, ante tanta crueldad y destrucción? Lo he pensado mucho desde hace 225 días y contando; por ahora, he concluido, lo único que puedo hacer es lo que siempre hago: hablar de bibliotecas, libros y jóvenes.

Imagen de archivo de Seraj Library Project. Cortesía de Laurie Salameh.

 

 

Primera parte: Bibliotecas palestinas

Sólo quiero morir en mi tierra,
que me entierren en ella,
fundirme y desvanecerme en su fertilidad
para resucitar siendo hierba en mi tierra,
resucitar siendo flor
que deshoje un niño crecido
en mi país.

Sólo quiero estar en el seno de mi patria
siendo tierra
hierba o
flor.

Fadwa Tuqán, “Sólo quiero estar en su seno”.

 

Antes que otra cosa suceda, echemos un vistazo a la situación bibliotecaria actual en la Franja de Gaza. 

Gracias a la minuciosa labor de instancias voluntarias como “Librarians and Archivists with Palestine” (LAP, “Bibliotecarios y Archivistas con Palestina”, fundada en 2013), podemos darnos una idea informada de lo que ha ocurrido en sólo cuatro meses y fracción, por lo menos. Su informe de ”Daños israelíes a archivos, bibliotecas, y museos en Gaza, octubre 2023 a enero 2024  (Israeli Damage to Archives, Libraries, and Museums in Gaza, October 2023–January 2024) nos muestra un extenso listado de instituciones bibliotecarias que fueron dañadas, saqueadas o destruidas en su totalidad, las fechas y las fuentes. 

De acuerdo con el texto, en sólo cuatro meses, el ejército israelí ha atacado dos grandes archivos o fondos históricos, once bibliotecas públicas, cuatro bibliotecas universitarias, diez museos y asesinó a seis trabajadores de la información junto con sus familias.

Si bien los detalles pueden conocerse directamente en el informe, vale la pena recuperar la información relacionada con las bibliotecas públicas. ¿Qué bibliotecas han sido destruidas?

  • Biblioteca Ataa (Biblioteca IBBY de “Niños en Crisis”, Beit Hanoun). Ya había sido arrasada por los bombardeos en 2014 y se reportó su destrucción total, en octubre de 2023, vía comunicación personal con la rama palestina de IBBY.
  • Biblioteca Diana Tamari Sabbagh del Centro Cultural Rashad al-Shawa (Al-Rimal, Ciudad de Gaza). Fue atacada el 25 de noviembre de 2023 y los bombardeos alcanzaron cientos de miles de libros. El edificio se convirtió en refugio para cientos de palestinos desplazados. 
  • Biblioteca Edward Said (Beit Lahia). Se desconoce la fecha del ataque, pero fue reportado vía comunicación personal con la Alianza de Niños de Medio Oriente. 
  • Biblioteca Municipal de Gaza, El edificio fue incendiado, provocando un daño considerable. Se reportó el 27 de diciembre de 2023, pero se desconoce la fecha del ataque.
  • Librería y Biblioteca Samir Mansour (Ciudad de Gaza). Recibió un daño considerable el 10 de octubre de 2023.
  • Biblioteca y editorial Al-Kalima (Sheikh Radwan). El 19 de febrero de 2024.
  • Biblioteca Enaim. Fue reportada el 6 de diciembre de 2023, pero se desconoce la fecha exacta de su destrucción.
  • El Instituto de Desarrollo Educativo Kana’an (Al-Rimal, Ciudad de Gaza), incluyendo su biblioteca comunitaria, la Biblioteca Lubbud, la Biblioteca Al-Nahda Library y la Biblioteca Al-Shorouq Al-Daem. Todas fueron reportadas el 6 de diciembre de 2023, pero se desconoce la fecha exacta de su destrucción.
  • Biblioteca al-Shawka (Biblioteca IBBY, Rafah). Se reportó su destrucción total en junio de 2024, vía correo masivo de IBBY Internacional.

¿Cuál es el valor estratégico de convertir las bibliotecas y museos en objetivos militares? Los bibliotecarios deberíamos saberlo mejor que nadie; después de todo, conmemoramos el Día Internacional de las Bibliotecas cada 24 de octubre [1].

Pues bien, ante este brutal panorama, ya sea por casualidad o por destino, tuve la oportunidad de visibilizar la labor de mis colegas palestinos en distintos frentes internacionales de gran prestigio. Con la venia y ánimo de autoras, mediadores y promotores de lectura mexicanos, me di a la tarea de aprovechar las redes tendidas por LAP y contactar a las personas a cargo de tres proyectos culturales y bibliotecarios que me parecen extraordinarios (y que me recuerdan tanto a muchas iniciativas latinoamericanas) para saber más sobre su labor y darla a conocer a cualquier persona hispanohablante dispuesta a escuchar, para que vean cómo, en medio de tanta crueldad y destrucción, Palestina resiste también desde sus bibliotecas.

 

Centro Cultural Yafa

(Campo de Refugiados de Balata, Nablus, también conocido como Naplusa)

Facebook | Centro Cultural Yafa

Con una trayectoria de casi 30 años, el Centro Cultural Yafa se ha consolidado como un eje de memoria y legado colectivos a partir del cual proveen tanto conocimiento como un lugar seguro para sus comunidades más vulnerables, confiando en el hecho de que el diálogo vivo entre generaciones es clave para un futuro más brillante. 

Se trata de una organización no gubernamental que, formada a través de una iniciativa del Comité de Defensa de los Derechos de los Refugiados en 1996 [2], trabaja para mejorar las condiciones culturales e intelectuales de los palestinos proveyendo de un espacio donde puedan desarrollar sus talentos y habilidades con el fin de fomentar la conciencia de sus derechos desde la educación cívica, especialmente la relacionada con la democracia y los derechos humanos. ¿Cómo lo hacen? Por medio de una amplia variedad de actividades y programas diseñados e impartidos por voluntarios que trabajan desde la generosidad, el amor y mucha experiencia profesional. La mayoría de las actividades están orientadas hacia jóvenes y mujeres, pues, según la propia institución, así es más probable que cambien la sociedad, pero el centro también se acerca a personas mayores que vivieron la Nakba (la Catástrofe Palestina de 1948) y cuyas experiencias son una base fundamental de la memoria colectiva palestina. Así, el CCY trabaja para documentar sus testimonios de primera mano y preservarlos para futuras generaciones. 

Imagen de archivo del Centro Cultural Yafa.
Imagen de archivo del Centro Cultural Yafa.

Por otro lado, tenemos la biblioteca infantil ‒fundada en 2006 con el apoyo de la Fundación “Karim Rida Said”‒ que se creó para servir a los niños del Campo de Refugiados de Balata y de la región oriental de la provincia de Nablus y donde se busca fortalecer las relaciones entre niños y libros, pues consideran que la lectura por gusto y el amor por los libros debería ser una cuestión alentadora y familiar, sin métodos preestablecidos.

Imagen de archivo del Centro Cultural Yafa.

La biblioteca también trabaja para: 1) ofrecer libros apropiados de varias disciplinas y así satisfacer las diferentes necesidades de los niños, 2) fomentar el conocimiento y la cultura de la sociedad palestina con énfasis en la preservación de la herencia, 3) asegurar a los niños que los servicios que se les proveen son gratuitos (pues son su derecho) y 4) proveer actividades lingüísticas y talleres organizacionales para madres interesadas en discutir temas educativos relacionados con sus hijos. Brindan actividades relacionadas con lecturas, películas educativas, manualidades, pintura, investigaciones científicas y juegos educativos.

También se esfuerzan en a) promover la confianza y el sentido del autodescubrimiento de los niños desde el desarrollo de habilidades para tomar buenas decisiones y así fomentar la creatividad que les permita superar las dificultades de la vida; y b) formar generaciones que sean capaces de continuar la causa palestina y alcanzar logros que nutran a su pueblo.

Ibrahim Jammal, director del CCY, habla con mucho cariño de su comunidad, pero la mayoría de las veces, es clara la rabia y la impotencia en sus mensajes. Dada mi ignorancia sobre la geografía palestina, cuando me enteré de que colonos israelíes estaban prendiendo fuego a casas en Duma (también en Nablus) me asusté y le escribí de inmediato para saber si estaban bien. El Campo de Refugiados de Balata queda un poco más al norte, pero claro que también es blanco de incontables agresiones: “Todos los días, atacan aldeas y causan destrucción”, me contó en inglés la última vez que nos escribimos por Messenger. 

Yafa se escribe así: يافا 

Imagen de archivo del Centro Cultural Yafa.
Imagen de archivo del Centro Cultural Yafa.

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Centro Lajee

(Campo de Refugiados de Aida de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, UNRWA, Belén)

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Los niños y adolescentes son el corazón de los esfuerzos del Centro Lajee (lo cual es más significativo dado que la organización fue fundada por jóvenes), así que busca ofrecer la oportunidad para crecer y sanar en comunidad por medio de las artes y la cultura física. Por otro lado, resalta el compromiso de sus bibliotecarios para lidiar con el trauma psicológico y emocional de los niños por medio de los libros entre otros recursos, aun cuando resulta una empresa perenne.

Imagen de archivo del Centro Lajee.
Imagen de archivo del Centro Lajee.

El Centro Lajee [layi] (‘refugiado’ en árabe), fue fundado en el Campo de Refugiados de Aida en abril de 2000 por once jóvenes habitantes del campo que querían servir a su comunidad. Es un centro cultural creativo de base comunitaria que trabaja con nuevas generaciones mientras continúan con su lucha por los derechos de Palestina y su pueblo. Inició como un sueño, pero sus creadores trabajaron con auténtica sumoud, ‘fortaleza’, y lo hicieron realidad. En abril de 2001 rentaron sus primeras instalaciones (un antiguo garaje de 70m2) que se convertirían en su base hasta 2009. Ese mismo año fue registrado con el Ministerio de Asuntos de ONGs de la Autoridad Nacional Palestina.

Imagen de archivo del Centro Lajee.
Imagen de archivo del Centro Lajee.

El objetivo principal del Centro es proveer a las juventudes y a las mujeres refugiadas oportunidades de desarrollo cultural educativo y social; sus programas son diseñados en respuesta a necesidades particulares de la comunidad y las habilidades de sus miembros, al tiempo que buscan apoyar y defender los derechos de todos los palestinos. Organizan actividades culturales, sociales y artísticas con el fin de desarrollar conciencia social con perspectiva de Derechos Humanos entre jóvenes y  mujeres, pero su trabajo no se limita a los refugiados, pues sus proyectos y actividades están abiertos a todas las personas palestinas del área de Belén.

Imagen de archivo del Centro Lajee.

El centro abrió las puertas de su primera biblioteca pública en 2000. Empezó la compra tanto de libros literarios (novelas, poesía y cuentos infantiles) como de libros informativos de reconocimiento internacional y poco a poco fue incorporando talleres con niños y adolescentes del campo de refugiados. Dichas actividades incluyen lectura en voz alta, discusiones, actividades artísticas relacionadas con las historias y clubes de lectura mensual. En general, la biblioteca se enfoca en promover el conocimiento y la cultura por medio de la lectura y discusiones entre niños de varias edades, así como discusiones de obras literarias con jóvenes adultos (en los últimos cinco años, la población de niños y adolescentes participantes de los talleres educativos y culturales ya suman varios cientos).

Actualmente, el personal bibliotecario se ha entrenado con la Asociación Tamer y psicólogos profesionales para procurar el bienestar de los niños usuarios y el personal de la biblioteca mediante un entrenamiento especial para reconocer y trabajar con personas que han sufrido trauma psicológico y emocional; aprenden técnicas de alivio de estrés por medio de las artes visuales, la música o el baile/Dabka y las han sistematizado en talleres privados que han impartido entre niños habitantes del campo de refugiados. No obstante, a pesar de su determinación y esfuerzos para minimizar el trauma, los niños y sus familias reviven constantemente estos padecimientos con los ataques diarios al campo de Aida.

Imagen de archivo del Centro Lajee.

A pesar de que mis correos suelen empezar con saludos tímidos y preocupados, Mejd Azzeh, el enlace con el Centro Lajee, siempre me responde con tono animado y atento a lo que necesite. Aun así, desde hace meses, veo que en sus redes comparten elocuentes y puntuales infografías sobre la historia de las resistencias palestinas, así como dolorosas noticias sobre arrestos, muertes y desapariciones de miembros de su comunidad. La última habla sobre Mahmoud Mashayikh, trabajador de Salud Comunitaria y miembro de la Unidad Ambiental, quien fuera arrestado en la madrugada del 9 de mayo por el ejército israelí. La gente que lo ama por su buen humor, generosidad y ternura, teme lo que pueda pasarle, pues saben que la “detención administrativa” en realidad implica torturas y humillaciones indecibles. “Siempre está riendo y sonriendo mientras trabaja, por eso necesitamos que lo liberen”, dijo Aya Darwish.

Lajee [layi] se escribe así: لاجىء

Imagen de archivo del Centro Lajee.
Imagen de archivo del Centro Lajee.

 

Proyecto Bibliotecario Seraj

(Seraj Library Project, Ramallah)

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El Proyecto Bibliotecario Seraj ofrece una propuesta innovadora y afectuosa que nutre la capacidad de comunidades rurales y refugiadas para tener sus propias bibliotecas de acuerdo con sus necesidades particulares. Lo que es más, su trabajo alrededor de la hikaye (narración oral por mujeres) ‒que da forma a su identidad y memoria nacional‒ busca resignificar y valorar otros espacios como los talleres y las cocinas abiertas, además de las bibliotecas, como posibles hogares de la palabra hablada.

Imagen de archivo de Seraj Library Project. Cortesía de Laurie Salameh.

Seraj [sirazh] es una organización sin fines de lucro (501(c)3) que provee apoyo e iniciativas de desarrollo de bibliotecas en pueblos rurales palestinos. Su lema es “empoderar a las comunidades palestinas, una biblioteca a la vez” y su misión es participar en la educación de campesinos y aldeanos de todas las edades y religiones por medio del desarrollo de programas bibliotecarios accesibles y de alta calidad.

Su proyecto se basa en la creencia de que la educación cívica es la mejor ruta para la democracia, los derechos humanos y la paz. Le dan vida a sus bibliotecas por medio de narraciones, música, arte, actividades culturales y ofrecen espacios para eventos, asesorías, entrenamientos, clases, ensayos y todo lo que los miembros de su comunidad puedan soñar. Asimismo, la infraestructura y modelo organizacional de Seraj le permite dar cuenta pública con boletines periódicos e informes mensuales y anuales, tanto de actividades como reportes financieros.

Han formado alianzas con comunidades palestinas para abrir trece bibliotecas en comunidades rurales y campos de refugiados en Palestina; ninguna es igual a otra y todas buscan satisfacer las necesidades e intereses de las personas a las que sirven. ¿Cómo se llaman? Aquí las tienen en orden de apertura:

  • Biblioteca Jifna (2007). En alianza con la “Sociedad de Caridad de Mujeres de Jifna” («Jifna Women Charitable Society»).
  • Biblioteca Kufor Ni’ameh (2009). En alianza con el Consejo Municipal y el “Club de Niños”. 
  • Biblioteca del Campo de Refugiados Deir Ammar (2010). En alianza con la “Organización por la Vida” («Life Organization»).
  • Biblioteca Taybeh (2011). En alianza con la Iglesia Católica Latina de Taybeh, con el apoyo principal de la comunidad de la Iglesia Episcopal St. Luke, en Evanston.
  • Biblioteca Al-Mizzra Al-Sharqiyyeh/Clyde M. Campbell (2012). En alianza con la Municipalidad de Al-Mizra’a Al-Sharqiyyeh y su Club Juvenil.
  • Biblioteca del Campo de Refugiados de Aida (2013). En alianza con la Sociedad Cultural y Teatral Al-Ruwwad.
  • Biblioteca Burham (2015). En alianza con la Sociedad de Caridad Burham (liderada por mujeres).
  • Biblioteca Jiftlek (2017). Creada en honor de Jim y Mary Eleanor Wall. en trabajo colaborativo con la aldea de Jiftlek, “Solidaridad del Valle de Jordania” (“Jordan Valley Solidarity”) y la Organización de Mujeres Sanabel Al Reef.
  • Biblioteca Abu Falah (2019). En alianza con la comunidad de Abu Falah y el Club Juvenil. 
  • Biblioteca Tubas (2019). Está cerca de la Biblioteca Jiftlek y ambas colaboran en diferentes programas.
  • Biblioteca y Centro Cultural Birzeit (2022). Por pedido de la Municipalidad de Birzeit y en colaboración con la Organización Riwaq. 
  • Biblioteca y Centro de Narración Kufor ‘Aqab (2022). Sede de la Academia de Narración de Seraj.
  • Biblioteca Al-Jeeb (2023). ¡Más información por venir!
Imagen de archivo de Seraj Library Project. Cortesía de Laurie Salameh.
Imagen de archivo de Seraj Library Project. Cortesía de Laurie Salameh.

Laurie Salameh, la directora ejecutiva, siempre me escribe con un tono lleno de ternura y agradecimiento, pidiendo que nunca deje de hablar de Palestina. Después de varios intercambios de correos para reunir información sobre el proyecto, me dijo: “tus ánimos y entendimiento desde el otro lado del mundo sobre nuestro trabajo y, sobre todo, sobre Palestina, son como una boya para los corazones de nuestro equipo y nuestras comunidades”. Y no pude evitar sentir un nudo en la garganta, pues acababa de revisar por tercera vez su boletín de diciembre de 2023, donde anunció que las actividades regulares se habían interrumpido por los ataques sobre Cisjordania, cómo le resultaba imposible entender el nivel de deshumanización que sufría su pueblo y recordaba que la población de Belén había cancelado la Navidad y llamaba a todos los cristianos alrededor del mundo para solidarizarse con las personas asesinadas y desplazadas en Gaza. ¿Qué más podían hacer en semejante situación? Lo que siempre han hecho: apoyar y arropar a las personas por medio de narraciones, artes visuales y espacios seguros. 

Seraj [sirazh] se escribe así: سراج

Imagen de archivo de Seraj Library Project. Cortesía de Laurie Salameh.

 

NOTAS 

[1] Para las personas que no estén familiarizadas con la fecha, durante la Guerra de Bosnia, en 1992, el ejército serbio avanzó para destruir la Biblioteca Nacional y Universitaria de Bosnia y Herzegovina, en Sarajevo. Los soldados bombardearon y quemaron miles de libros, documentos y registros, mientras bibliotecarias, bibliotecarios y otros civiles buscaban rescatarlos.

[2] El Ministerio de Cultura Palestina otorgó licencia al CCY en 1998 y fue el primer centro cultural en ser certificado en la región de Nablus. En 2000, fue certificado por el Ministerio de Interior de acuerdo con una nueva ley de organizaciones de caridad por el Consejo Legislativo Palestino.

 

Segunda parte: Libros políticos y protestas juveniles

Ningún olvido los reúne,
ningún recuerdo los separa…
Olvidados en la hierba invernal
sobre la vía pública,
Entre dos largos relatos de bravura
y sufrimiento.
“¡Yo soy la víctima!”. “¡No, yo soy
la única víctima!”. Ellos no replicaron:
“Una víctima no mata a otra.
Y en esta historia hay un asesino
y una víctima”. Eran niños,
recogían la nieve de los cipreses de Cristo
y jugaban con los ángeles porque tenían
la misma edad… huían de la escuela
para escapar de las matemáticas
y la antigua poesía heroica. En las barreras,
jugaban con los soldados
al juego inocente de la muerte.
No les decían: dejad los fusiles
y abrid las rutas para que la mariposa encuentre
y su madre cerca de la mañana,
para que volemos con la mariposa
fuera de los sueños, porque los sueños son estrechos
para nuestras puertas. Eran niños,
jugaban e inventaban un cuento para la rosa roja
bajo la nieve, detrás de dos largos relatos
de bravura y sufrimiento.
Luego escapaban con los ángeles pequeños
hacia un cielo límpido.”

Mahmud Darwish, “Cadáveres anónimos”.

 

Nunca me había tocado ser testigo consciente de una campaña tan cargada de odio contra los niños. Sin embargo, entre el horror y el asco que siento, no puedo decir que haya sorpresa, pues uno de los ámbitos en los que más evidente se hace el valor potencial de las infancias en torno a la violencia es durante la guerra.

Digo ‘potencial’, con toda la intención, en un sentido etimológico de ‘poder’, “capacidad para hacer o generar algo”. Después de todo, por un lado, una nación beligerante necesita nuevos soldados constantemente, individuos con cuerpos capaces y mentes adaptables que, cultivadas desde sus inicios, puedan replicar discursos y actitudes con naturalidad; por el otro, asimismo, una nación beligerante necesita controlar la población de sus enemigos, que no haya nuevos adversarios, necesita que sólo haya individuos con cuerpos y mentes rotas que, cultivadas desde sus inicios, se sometan o simplemente, se dejen morir. 

Al día de hoy, los niños palestinos llaman a conferencias de prensa para pedir no ser asesinados y, aún así, “mueren” ejecutados, por tortura, por paros cardiacos (debido a la adrenalina liberada por cada amenaza de ataque), por hambre, por calor o por enfermedades. Y muchos niños palestinos también desean morir. Hasta la fecha, más de 14,500 bebés y niños han sido asesinados por el ejército israelí y la catástrofe ha sido observada desde el principio por la UNICEF, Save the Children International, Médicos sin fronteras y ha sido asentada en el caso de Sudáfrica vs. Israel por genocidio en la Corte Internacional de Justicia. Incluso ha sido reconocida por miembros del gremio de la literatura infantil y juvenil, como muestra la Carta por la solidaridad con Palestina en la feria del libro de Bolonia y el pronunciamiento Investigadores y activistas por la defensa de la niñez en Palestina aunque me pregunto por qué son tan pocas las acciones y tan grande el silencio al respecto.

Las personas son una cuestión, pero ¿cómo se asoma el tema en el objeto de nuestra labor? Recordemos que todos los libros, especialmente los infantiles, son políticos en mayor o menor medida, precisamente porque forman parte intrínseca de la reafirmación o la desestabilización del status quo, y, gracias a las entradas de Linternas y Bosques dedicadas al terrorismo de Estado, conocemos ejemplos muy puntuales en Latinoamérica; sin embargo, aún falta conocer libros propios de la situación en Palestina, hechos por personas que la viven todos los días. En ese sentido, LAP se ha dado a la tarea de compilar recomendaciones de libros disponibles en árabe y en inglés para primaria, para secundaria y para bachillerato. ¿Qué tenemos traducido al español? Es una tarea que aún tengo pendiente, pero entre mis lecturas sí puedo contar breves fragmentos de Roald Dahl.

No hace falta presentar a Dahl; es uno de los autores más amados de la literatura infantil a nivel internacional, pero quizás no todo mundo sabe que fue piloto de la RAF (Royal Air Force) en la Segunda Guerra Mundial, que combatió durante la primera campaña griega y sobrevoló todo el norte de África y hasta territorio palestino, tal como lo cuenta en su libro Volando solo.

Otro aspecto que no todos conocen, y que no es grato reconocer, son las acusaciones de racismo y antisemitismo que pesan sobre su nombre. Su familia ha externado disculpas en su nombre, pues son innegables e inexcusables; desde su papel en el sometimiento de naciones como Tanzania al poder británico y las alusiones a personas negras en su primer borrador de Charly y la fábrica de chocolates, hasta declaraciones abiertamente en contra de las personas judías. La cosa se agrava aquí porque contextualizando sus narraciones, memorias y declaraciones, equipara el judaísmo con el sionismo y eso, en definitiva, no es correcto, porque no son iguales ni consecuentes; el judaísmo es el sistema de creencias religiosas de carácter abrahámico más antiguo (anterior al cristianismo y al Islam)  mientras que el sionismo es un movimiento ultranacionalista con intereses de colonización fundado en el siglo XIX. 

¿Por qué mencionar este detalle? Mientras platicaba con Adolfo sobre el tema, recordé el curso que di en torno a sus relatos autobiográficos y un capítulo que me llamó la atención en su momento, pero que no supe contextualizar sino hasta años después: «Palestina y Siria» en Volando solo.

Dahl cuenta cómo llegó a Haifa, en Palestina, y se encontró con un pequeño asentamiento de refugiados judíos, liderados en ese momento por un hombre barbudo de ojos negros. El hombre fue amable, pero desde el principio habló con una arrogancia y condescendencia que irritó a Dahl. Es estremecedor cómo desde entonces ya estaba armado el discurso para colonizar Palestina:

«‒¿Es suya esta tierra? ‒le pregunté.
‒Aún no ‒dijo.
‒¿Quiere usted decir que espera comprarla?
Me miró un rato en silencio. Luego dijo:
‒La tierra pertenece actualmente a un granjero palestino que nos ha autorizado vivir aquí. Nos ha dejado también algunos terrenos para que podamos procurarnos nuestro propio alimento.
‒¿Y a dónde irán desde aquí? ‒le pregunté‒. Usted y sus huérfanos.
‒No vamos a ninguna parte ‒dijo sonriendo‒. Nos quedamos aquí.
‒Entonces se harán todos palestinos ‒dije‒. O quizá lo sean ya.
Sonrió de nuevo, probablemente por la simpleza de mis preguntas.
‒No. No creo que nos hagamos palestinos.»

Y más adelante:

«‒¿Quiere decir que los judíos no tienen patria?
‒Eso es exactamente lo que quiero decir ‒respondió‒. Ya es hora de que tengamos una.
‒¿Pero cómo van a conseguir un país para ustedes en el mundo? ‒pregunté‒. Todos están ocupados. Noruega pertenece a los noruegos y Nicaragua a los nicaragüenses. Lo mismo pasa con los demás.
‒Ya veremos ‒dijo el hombre, sorbiendo su café. […]
‒Podrían tener Alemania ‒dije brillantemente‒. Cuando hayamos derrotado a Hitler, Inglaterra podría darles quizá Alemania.
‒No queremos Alemania ‒dijo.
‒Entonces, ¿en qué país piensan ustedes? ‒dije, demostrando más ignorancia que nunca.
‒Si usted quiere algo ‒dijo‒ y si lo necesita desesperadamente, lo puede conseguir siempre ‒se puso en pie y me palmeó la espalda‒. Tiene mucho que aprender, pero es usted un buen muchacho. Lucha por la libertad. Como yo.»

Esto fue en 1941, cuatro años antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, siete años antes de la concesión inglesa y estadounidense de territorios palestinos para la formación de Israel, siete años antes de la Nakba.

Dahl hizo declaraciones lamentables que deben ser recordadas y denunciadas, de eso no cabe duda, pero es irresponsable tildar todas sus críticas a Israel como antisemitas porque numerosas comunidades judías, incluyendo comunidades ultraortodoxas, se han pronunciado abiertamente en contra de la política de exterminio sistematizado y colonialista de Israel (entonces la situación no es tan simple). Entre las más vocales en redes, tenemos «Jewish Voice for Peace«, «Torah Judaism« en inglés, o Judíxs antisionistas contra el apartheid”, JudiesXPalestina en español, así como numerosas organizaciones de diferentes países que denuncian la banalización de sus sagradas escrituras y la apropiación e instrumentalización de la memoria de las víctimas del Holocausto para justificar un genocidio.

¿Quién más se ha pronunciado en contra del castigo colectivo e indiscriminado de Israel sobre la población Palestina? ¿Quiénes han arriesgado sus futuros e incluso sus vidas al posicionarse a favor del alto al fuego permanente en Palestina? 

Los jóvenes, los estudiantes, la generación Z (zoomers) tan menospreciada y vilipendiada por su supuesta fragilidad, falta de atención e incapacidad para despegarse de sus teléfonos.

Ante la tibieza, relativismo o indecisión de los adultos, los jóvenes empezaron a organizarse y, a finales del mes de abril, en la Universidad de Columbia (la que avala el Premio Pulitzer de periodismo) los estudiantes instalaron un campamento de solidaridad con Palestina para exigir la desinversión de su universidad en proyectos militares de Israel y esto catalizó un movimiento masivo de campamentos o acampadas en todo el mundo.

Foto: Joe Piette.

No era la primera vez que los estudiantes de Columbia se manifestaban contra la guerra y la injusticia; también lo hicieron en 1968 y, como en 1968, las autoridades llamaron a las fuerzas policiales para arrestar (con lujo de violencia) a sus propios estudiantes, en Columbia y en numerosas universidades más. Los jóvenes se atrincheraron porque ya sabían qué hacer; hasta hace poco habían sido niños obligados a entrenarse para proteger sus vidas durante los muy comunes tiroteos en sus escuelas primarias y secundarias. Más significativo resulta el hecho de que sólo un día antes, estos mismos jóvenes habían rebautizado el Hamilton Hall con el nombre de Hind Rajab, una niña palestina de seis años que murió rogando por ayuda rodeada por los cadáveres de su familia y de los rescatistas que fueron por ella.

El 29 de abril, el Profesor Thrasher escribía con desesperación en su cuenta de X: “No sé cómo puedes ser maestro, ver estudiantes ser atacados en 100 universidades (gaseados, golpeados, arrestados, expulsados, sofocados, enceguecidos) y no querer usar tu cuerpo o cualquier otro medio para protegerlos. El sistema está podrido. Esto no es educación.» 

¡Y todavía antes que los universitarios, desde octubre de 2023, los niños y adolescentes asiduos a Roblox, una plataforma de videojuegos multijugador, ya habían armado una manifestación masiva a favor de Palestina!

Las infancias y juventudes han sido usadas históricamente para reproducir el estatus quo de una sociedad. Pero por supuesto que a lo largo de la historia han sido las primeras en oponerse a él; si volvemos atrás en el tiempo, reconoceremos que cada década presenta guerras diferentes y siempre ha habido grupos de jóvenes protestando en todo el mundo, ¡incluso durante el apogeo del nazismo en el corazón de Alemania misma! ¿No me creen? Busquen la historia de los Piratas de Edelweiss y los «Swing Kids” que se negaron a formar parte de las Juventudes Hitlerianas (en el caso de los chicos) y de la Band Deutsche Madel (en el caso de las chicas) y se burlaban del régimen desde el graffiti, el baile, la música y la moda.

Pienso en todos esos jóvenes, en qué se distinguen las luchas de cada generación y en lo que ha ocurrido a partir de la mía, la millennial. En relación con la generación X y, claro, la generación boomer, ¿no han notado que los millennials y muchos zoomers suelen mostrar mayor acritud y cinismo frente a lo terrible?, ¿han notado la frivolidad con la que muchos hablan de su presente?, ¿la indiferencia ante lo que pueda pasar en sus vidas?, ¿que sueltan chistes o comentarios casuales sobre suicidarse o morirse pronto? No es gratuito. Francamente, ¿qué futuro puede haber ante las muchas presiones y pocas oportunidades de crecimiento al tiempo que se sufren cada vez más padecimientos clínicos, la desaparición de derechos laborales, el aumento de la inflación, el resurgimiento del fascismo y la irreversibilidad de la crisis climática?

Y de pronto me siento derrotada y vieja. Pero algo se remueve en mi interior y no me deja regodearme en mi cinismo. ¿Por qué, a pesar de todo, siguen luchando y renunciando al futuro domesticado que ofrecen los adultos? Quizás, por un lado, haber crecido en medio de tiempos desesperados también ha eliminado una buena parte del miedo al castigo; quizás, por otro, el acceso inmediato a infinidad de videos sobre lo que sufre la población civil palestina pone las cosas en perspectiva: “Esto no es nada en comparación con lo que generaciones de palestinos han vivido todos los días desde 1948”, como afirman en las protestas los estudiantes. Entonces, mi conciencia se niega a dejarme ser parte de los adultos que juzgan, castigan y abandonan a los niños y a los jóvenes a su suerte, ¿para qué crecí sin perder la memoria entonces?

Ojalá que el hecho de que yo tenga miedo ahora sirva para que ellos no tengan miedo después.

Ojalá me toque a mí soportar los pesos y angustias propias de la adultez y a ellos no.

Ojalá que lo que hago ayude a protegerlos del sufrimiento y el terror. 

Ojalá me toque ver un día a Palestina libre y sus bibliotecas, universidades, parques y museos reconstruidos.

Ojalá.

Foto: Idriss Belhamadia.

 

* Áurea Xaydé Esquivel Flores (Ciudad de México, 1987). Maestra en Letras Modernas con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana  y Licenciada en Lengua y Literaturas Hispánicas con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue co-organizadora de las primeras Jornadas LIJeras de la FFyL «José Martí» y el encuentro #80MM: 80 años de la Mujer Maravilla”. Es miembro de la Red Iberoamericana de Investigadores en Anime y Manga (RIIAM, Argentina) y la Red de Investigadoras e Investigadores de Narrativa Gráfica (RING, Chile). Es exmiembro del Comité Editorial del programa “Alas y Raíces” de la Secretaría de Cultura. Actualmente es miembro del comité general de la Sección de bibliotecas infantiles y juveniles de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA) y responsable de la Biblioteca «Alaíde Foppa» de la Unidad de Vinculación Artística del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (UNAM), la cual es cuerpo nominante del Astrid Lindgren Memorial Award.

 

Comunicado de IBBY Internacional del 17 de Junio de 2024:

Declaración sobre las actuales violaciones a los derechos de los niños en Gaza 

La International Board on Books for Young People (Organización Internacional para el Libro Juvenil, IBBY) defiende los principios establecidos en las Convenciones de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, especialmente la Convención sobre los Derechos del Niño, y exhorta a todos los líderes mundiales a trabajar juntos en favor de los niños de Gaza. 

IBBY nació tras la Segunda Guerra Mundial con la firme convicción de que el entendimiento internacional es una condición necesaria para la tolerancia y la paz mundial. Al promover libros infantiles de calidad y la lectura, ha contribuido a que niños y jóvenes de todo el mundo conozcan los ideales de solidaridad, respeto y cooperación.

IBBY ha ayudado a construir y enriquecer bibliotecas y programas de lectura para niños en todo el mundo, incluyendo Beit Hanoun y Rafah, en Palestina. Creadas en 2008, eran espacios seguros llenos de más de cinco mil libros, donde los niños podían leer, compartir pensamientos, escribir poemas, conocer autores e incluso ganar premios, como el concurso «Cuentos del Mundo» de la UNESCO, que ganó un joven miembro de la biblioteca al-Shawka de Rafah, en 2021. Esas bibliotecas han sido destruidas y, sin embargo, la pérdida de estos hitos culturales e infantiles es apenas una pequeña parte de la tragedia de Palestina. Mientras observamos la continua violencia y la destrucción en Gaza, lloramos por las familias y los niños asesinados, heridos, desplazados y convertidos en huérfanos. Deploramos el caos y la confusión que dominan sus vidas, y la falta de acceso a alimentos, agua, refugio y asistencia médica, que son necesidades humanas básicas.

Todos los niños del mundo merecen ser protegidos y cuidados. Condenamos las continuas violaciones de los derechos básicos de los niños en Gaza. IBBY suma su voz a las urgentes peticiones de acceso a la ayuda humanitaria y a los suministros vitales para la población de Gaza. Por otro lado, instamos encarecidamente a los líderes de Israel y Hamás a que cumplan las sentencias y resoluciones internacionales para concretar un alto el fuego inmediato.

Comité Ejecutivo 

International Board on Books for Young People.

Traducción: Áurea Esquivel

 

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Entrada No. 247
Autor de la intro: Adolfo Córdova. Autora del artículo: Áurea Xaydé Esquivel Flores.
Ilustración de portada: Clara Leon para Flyers for Falastin.
Fecha original de publicación: 31 de mayo de 2024. Primera actualización: 20 de junio de 2024.

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